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1 de diciembre de 2019

ATE SE PONE A DISPOSICIÓN DE ALBERTO FERNÁNDEZ

El Secretario Gremial de ATE Capital, Luciano Fernández se expresa sobre de las políticas desleales llevadas a cabo por el gobierno de Mauricio Macri.


A 14 días de terminar su mandato, Mauricio Macri continúa su tarea de condicionar y dejar un campo minado a Alberto Fernández,quien, por decisión de la mayoría del pueblo argentino asume el desafío de volver a poner de pie a la Argentina.

A los aumentos de tarifas públicas, el vaciamiento de las reservas, las compensaciones millonarias a los grandes beneficiados de la actual política económica, en el Boletín oficial del día de hoy, se promulga el Decreto 788/2019 https://www.boletinoficial.gob.ar/detalle…/…/221918/20191126

Mediante esta normativa, Mauricio Macri pretende modificar las prioridades que el nuevo Gobierno ha señalado en la campaña y después de su triunfo. Desde el 1 de enero de 2020, o sea, durante el gobierno de Alberto Fernández, se aprueba un aumento salarial considerable a los mas altos cargos de la Administración Pública Nacional, que incluso impactará sobre el salario de Ministros y Presidente, sólo con la intención de desligitimar a quien está haciendo los mayores esfuerzos por poner un plato de comida en cada uno de los hogares de la Argentina.

Por otra parte, Mauricio Macri pretende que sus propios funcionarios que fueron designados a dedo y en excepción al cumplimiento de los requisitos para el cargo, se queden aún después del 10 de diciembre.

Las organizaciones sindicales, entendimos al enfrentar las políticas económicas de este gobierno neoliberal, que las necesidades de las grandes mayorías populares y de los y las trabajadoras son otras y no dudamos en construir la unidad mas amplia que hoy expresan Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en el Frente de Todos.

Es por esa misma razón, que desde ATE, integrantes de la Comisión de Negociación Paritaria del Estado Nacional, prevista por el Decreto 214/2006 en base a la Ley de Negociación Colectiva que nos legara Germán Abdala, vamos a poner a disposición de Alberto Fernández desde el mismo día 10 de diciembre nuestra voluntad como organización para postergar la entrada en vigencia del Decreto 788/2019 y constituir las mesas de negociación correspondiente para ordenar las prioridades sobre el empleo público, aumento a los mas bajos salarios por debajo de la linea de la pobreza, precariedad laboral, despidos, políticas públicas y contribuir así a los tiempos y desafíos que afronta nuestra Nación.

MARIPOSAS LUCHADORAS: LAS HERMANAS MIRABAL


Hace 38 años en el Iº Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe se estableció el 25 de noviembre como el Día de lucha contra la violencia hacia las mujeres, hoy se relata su historia.

*Por Julia Lorenzo


El 16 de agosto de 1930 Rafael Leónidas Trujillo inició en República Dominicana la dictadura que se extendería por 31 años, hasta el 30 de mayo de 1961.

Transcurría el año 1960 y en América Central se producían cambios políticos rotundos, que terminaron con las dictaduras de Rojas Pinalla en Colombia y Pérez Jiménez en Venezuela. Un año antes había huído de Cuba por el triunfo de la Revolución el dictador Fulgencio Batista. En República Dominicana un movimiento clandestino de izquierda se organizó contra la dictadura de Trujillo.

En este movimiento participaban las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, junto a sus esposos y a un centenar de luchadores antidictatoriales. Dentro de este grupo eran conocidas como Las Mariposas, porque ese era el nombre con que Minerva se identificaba en las relaciones políticas.

A poco tiempo de iniciar la resistencia, Minerva y María Teresa fueron encarceladas y torturadas, como también sus maridos y el hijo mayor de Patria.

Sin embargo, el 9 de agosto de 1960, en un gesto que resultó extraño, el dictador Trujillo les concedió el arresto domiciliario, permitiéndoles salir para visitar a sus esposos y para ir a misa. Tras un par de semanas en libertad, ya existían informes sobre reuniones secretas contra el régimen encabezadas de nuevo por las hermanas Mirabal. Fue entonces que Trujillo dio la orden de eliminar a Las Mariposas.

El 25 de noviembre de ese año, cuando volvían de la cárcel de visitar a sus esposos, junto con Minerva y María Teresa, estaba Patria. El jeep en el que viajaban fue interceptado en la carretera por fuerzas militares del dictador. Las tres hermanas y el chofer fueron brutalmente asesinados a golpes, y lanzados a un barranco para simular un accidente.

Trujillo supuso que con la desaparición de las hermanas terminaba con un problema. Sin embargo, el asesinato le trajo muchos inconvenientes y fue el principio del fin de su dictadura. La muerte de las Mirabal causó gran repercusión en la República Dominicana y provocó que el pueblo se mostrara cada vez más proclive a apoyar a las Mirabal y sus ideales. Esta reacción contribuyó a despertar conciencia y finalmente culminó con el asesinato del dictador el 30 de mayo de 1961.



En el año 1981 se realizó el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Bogotá. Allí se propuso establecer el 25 de noviembre como el Día de Lucha Contra La Violencia Hacia las Mujeres, rindiendo así un homenaje a las hermanas dominicanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. Mujeres que son un ejemplo de organización y lucha.
Volvamos a las calles y gritemos #NiUnaMenos

Hoy en Argentina todos los índices estadísticos muestran un aumento exponencial de femicidios. Miles de mujeres desaparecen a manos de las redes de trata con fines de explotación sexual y 300 mujeres mueren al año por la clandestinidad del aborto.
En el año 2015 surgió la necesidad de salir a las calles en contra de la violencia machista. Así el movimiento de mujeres se organizó y llenó las calles el 3 de Junio con una exigencia básica: paren de matarnos. La consigna #NiUnaMenos fue bandera en estos años de lucha contra la violencia machista. Y también fue el inicio de una serie de demandas que hicieron que el movimiento de mujeres se transformara en una maravillosa marea verde que exigió y lo seguirá haciendo, la legalización del aborto legal, seguro y gratuito.

Fuente: Resumen Latinoamericano

MACRI ANULÓ EL PROTOCOLO DEL ABORTO NO PUNIBLE Y RENUNCIÓ RUBINSTEIN



*Por Rocío Cereijo

A dieciocho días del fin de su gobierno, el presidente Mauricio Macri derogó, mediante el Decreto 785/2019, la actualización del protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo. La medida había sido publicada en el Boletín Oficial el pasado 19 de noviembre bajo la Resolución 3158/2019, con la firma de su secretario de Salud, Adolfo Rubinstein, quien renunció tras este revés.

En el escrito publicado se acusa al secretario de Salud de no «consultar la opinión de sus superiores jerárquicos, máxime teniendo en particular consideración la relevancia e implicancias de las cuestiones en ella reguladas». Entre otros puntos, también se señala que no intervinieron organismos competentes como los de Niñez, Adolescencia y Familia; la Agencia Federal de Discapacidad y el Instituto Nacional de la Mujer.

La derogación que evidencia las internas del gobierno saliente y pone en peligro el funcionamiento de un área clave también lleva las firmas del jefe de Gabinete, Marcos Peña y de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Cabe recordar que Macri eliminó diez ministerios el año pasado, entre los que se encontraba el de Salud, y la Secretaría depende de la ministra macrista.

Rubinstein explicó en su carta de renuncia que la actualización del protocolo estaba «destinada a los médicos y a los equipos de salud para darles certeza y protección en la realización de los procedimientos que deben realizar para garantizar los derechos que están consagrados en nuestro Código Penal y refendados por el fallo F.A.L. de la Corte Suprema de Justicia de la Nación».

Además, el ex secretario de Salud explicó que su intención fue responder a la necesidad de adaptar la normativa al Código Civil y Comercial de 2015 y a la Resolución 65/2015 del entonces Ministerio de Salud, acorde a las recomendaciones internacionales de uso de medicamentos y procedimientos para la interrupción voluntaria del embarazo en las personas gestantes.

Stanley había anunciado la eliminación de la resolución por considerar que se trató de «una decisión inconsulta» y porque «debe tener trámite legislativo». Sus declaraciones fueron apoyadas la mayoría de las bancadas del PRO y rechazadas por sectores del radicalismo que reclamaron por la continuidad de Rubinstein. La crisis dentro de la futura oposición puede tener sus repercusiones en las distintas legislaturas nacionales y provinciales.

El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical se había pronunciado contra la posible derogación, y el bloque de diputados nacionales solicitó al presidente en un comunicado «que sostenga la resolución entendiendo que estas acciones deben enmarcarse en una política pública con perspectiva federal de aplicación articulada en todo el territorio nacional».

Sin embargo, también referentes del PRO se expresaron contra la decisión de Macri, Peña y Stanley. La diputada nacional de la bancada oficialista, Silvia Lospenatto, dijo: «Creo que revocar la resolución es la peor decisión. Si fue inconsulta, si no siguió los procedimientos internos, hay que sancionar o repudiar el procedimiento, pero no la norma que es excelente. La progresividad en los derechos es la regla, siempre».

El protocolo incorporaba las recomendaciones internacionales acerca de los procedimientos para la interrupción legal del embarazo (dosis de medicamentos y aspiración manual endouterina) y establecía los plazos que se deben seguir en la atención primaria, integral y en la práctica. Es decir, se trataba de una actualización del derecho que rige en la Argentina desde 1921.


LATINOAMERICA EN DISPUTA

"El golpe de Estado en Bolivia marca el retorno de las Fuerzas Armadas como sostén principal de las derechas neoliberales en la región". Apuntes para pensar la región.


*Por Sebastián Artola

I

El golpe de Estado en Bolivia marca el retorno de las Fuerzas Armadas como sostén principal de las derechas neoliberales en la región.

Algo de esto ya se había empezado a insinuar el año pasado en Brasil con la presión de altos mandos militares, pidiendo la detención de Lula y amenazando con una intervención militar si resultaba ser candidato. En el último mes, lo vimos en Chile, con la decisión de Piñera de declarar el “estado de excepción” y sacar el ejército a la calle para reprimir la protesta social.

El rápido debilitamiento de la tercera experiencia neoliberal y la posibilidad de un nueva etapa de gobiernos populares, parecen haber detonado el pasaje de la estrategia de los “golpes blandos” y lawfare contra los proyectos populares, para volver al viejo esquema de los golpes clásicos, directos, violentos, cívicos y militares.

II

En los llamados “Documentos de Santa Fe I y II”, de 1980 y 1988, respectivamente, los Estados Unidos empiezan a diagnosticar el agotamiento de la variante militar para América Latina. El largo ciclo de dictaduras en la región, planteaba el necesario pasaje hacia formas democráticas controladas, con el poder judicial y las fuerzas policiales como resortes estratégicos principales, la reconversión neoliberal de nuestras economías y la reforma de las culturas nacionales.

De ahí en más, la prioridad estaría en formar y financiar jueces, fiscales, periodistas, académicos y políticos, como nuevo ariete de control, disciplinamiento y desestabilización, haciendo de la “guerra jurídica” o lawfare – término promocionado por el general Charles Dunlap, en el año 2001, al interior de las Fuerzas Armadas norteamericanas - la estrategia principal contra los gobiernos populares que poblaron el continente en la primera década del siglo XXI.

Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016), fueron ejemplos de este neo golpismo que se lleva puesta la voluntad popular, bajo apariencia de legalidad, a través de mecanismos formalmente institucionales y sin necesidad de recurrir a las Fuerzas Armadas.

Ahora bien, cuando parecía que la región se normalizaba, la derrota electoral de Macri en Argentina y la vuelta del peronismo al gobierno, la protesta del movimiento indígena de Ecuador que hizo retroceder el “paquetazo” del gobierno de Lenin Moreno, el estallido social en Chile en la cuna del neoliberalismo y la liberación de Lula, obligaron a las derechas y al poder imperial a recalcular.

La imposibilidad de alcanzar la hegemonía ideológica y política que habían logrado en los años noventa, si por un lado mostró el techo de la estrategias de lawfare (lo que no significa su abandono, ni mucho menos), por el otro explica la vuelta al recurso de la fuerza directa, a su rostro más violento, con sus viejos protagonistas, echando por tierra todo ropaje de formalidad, como última valla de contención, dando una nueva y última vuelta de tuerca autoritaria al modelo de dominación política, que pone en riesgo la democracia en nuestra América como nunca antes desde su recuperación.

III

Una vez más, queda en claro que la violencia y el autoritarismo en nuestro continente tiene origen en el carácter oligárquico y antidemocrático de las elites, y no en las clases populares como muchas veces se diagnostica desde la academia y se repite a coro entre los medios hegemónicos y los políticos neoliberales.

Las derechas de nuestro tiempo podrán caracterizarse como “nuevas” (en relación a las derechas más ideológicas del siglo XX) por su carácter político, el uso del marketing, la incorporación de las tecnologías de la información y la comprensión de la importancia de ocupar la calle y disputar el territorio, pero nada tienen de modernas y mucho menos de democráticas.

Mal que le pese a cierta politología y muchos analistas, “oligarquía” e “imperialismo” siguen siendo dos categorías explicativas imprescindibles para dar cuenta de los dramas que desgarran nuestro continente.

La imposibilidad de aceptar la soberanía popular y la participación de las mayorías en la vida pública de nuestros países, es una marca grabada a fuego que les viene desde lejos y no terminan de superar.

“Barbarie” en el siglo XIX, “aluvión zoológico” a mediados del XX y “alienígenas” ahora - como escuchamos decir a la mujer del presidente de Chile - son algunas de las figuras usadas para afirmar la inferioridad cultural de las clases populares, su dudoso status humano, la incapacidad de un ejercicio político responsable y, en consecuencia, - claro está – el recurso para justificar el derecho natural a mandar de las élites.

IV

“Los pobres no son un problema, sino la solución para nuestros países”, dice Lula, en una definición portadora de una radicalidad política y epistémica imprescindible para los tiempos que corren y los desafíos de nuestras democracias.

La historia del continente muestra que la democratización de nuestras sociedades, la ampliación de derechos y la conquista de nuevas libertades, siempre vinieron de la mano del protagonismo de las mayorías y los movimientos populares.

Frente al acecho que vive la democracia y el retorno abierto de los peores discursos (como el informe que publicó en estos días el diario La Nación, titulado “La democracia pierde atractivo en la región: la mayoría no la prefiere como forma de gobierno”), la respuesta tiene que ser con más y mejor democracia.

El tránsito hacia formas democráticas más participativas, que pongan la política al alcance de todxs, empoderen la ciudadanía, repiensen el Estado y sus instituciones, permita avanzar hacia representaciones nacidas desde abajo, defina la igualdad como principio y no como un fin que nunca termina de llegar, promueva relaciones horizontales con lxs otrxs, son parte de los desafíos que tenemos.

V

Pese a la resistencia de la academia y cierta parte de la sociedad, el pueblo es el actor central y la posibilidad misma de la democracia en nuestros tiempos.

El pueblo como lugar de unidad, articulación de intereses variados, tejido de pactos de convivencia entre diferentes y configuración de una voluntad común, mayoritaria, plural, contingente y flexible.

Ahora bien, definir al pueblo como clave de una política igualitarista también significa situarlo como sujeto político protagónico y no como mero concepto, objeto o destinatario pasivo de políticas públicas.

Por último, la derrota neoliberal en Argentina y la recreación de un proyecto popular, contiene una experiencia compartida a tener en cuenta para una nueva sabiduría política.

En una nota reciente intentamos pasar en limpio algunas de estas lecciones, que bien valen la pena repasar: 1) La movilización social y la política desde abajo es la fuerza y el motor principal de todo proyecto político popular y democrático; 2) En la dialéctica virtuosa y conjunción entre política desde arriba y demandas del movimiento popular se juega la potencia de una política de transformación; 3) La alianza social entre los sectores populares y las más amplias clases medias es la base imprescindible de todo proyecto popular; 4) La delimitación ideológica del campo político entre neoliberalismo/endeudamiento externo/capitalismo financiero y pueblo/nación, es la dicotomía que permite amalgamar y articular una mayoría popular.

Al retorno de la peor violencia y el terror de Estado, opongamos la unidad popular, la memoria de nuestras luchas, la movilización de nuestras pasiones, los aprendizajes colectivos que supimos hacer en estos años y la inquebrantable voluntad democrática de nuestros pueblos. Para decir bien fuerte y todxs juntxs: ¡Nunca más golpes de Estado y neoliberalismo en América Latina!


(*) El autor es Doctor en Ciencia Política, docente de la Universidad Nacional de Rosario y profesor titular de la cátedra “Proyectos Políticos Argentinos y Latinoamericanos” de la carrera de Ciencia Política de la UNR.


Fuente: APU

¿CUAL ES LA IDEOLOGÍA PERONISTA?


*Por Daniel Di Giacinti



Un nuevo concepto ideológico


De acuerdo con una visión tradicional, uno podría esperar una respuesta del tipo: “Es una especie de socialismo nacional, o es una democracia cristiana con acento en lo popular”, o algún enunciado similar. Es decir, una identificación con un pensamiento político que defina la situación y proponga desde lo ideológico su solución, marcando un camino a seguir. La respuesta de Perón era distinta: no hay ideologías cerradas o abstractas a alcanzar, ni etiquetas predefinidas, la identidad ideológica de la revolución dependerá de una acción creativa colectiva y permanente de la comunidad. Los aspectos teóricos que definan los pasos a seguir no pueden ser resueltos de otra forma que con la organización política popular, porque a este hombre nuevo no se le puede anular el proceso creativo de la norma que es, en definitiva, lo que le brinda la maduración cultural necesaria para su liberación. Esto era la revolución, ya que significaba el nacimiento de una nueva ética para el hombre, basada en una moral social que era construida día a día en esa participación política junto a su comunidad. El grado de ética de esa comunidad estaría dado por el grado de solidaridad que se pudiera alcanzar resolviendo en conjunto los problemas de injusticia que el egoísmo entre los hombres había creado. Era una revolución trascendente.

La Comunidad Organizada: un llamado

Por eso La Comunidad Organizada no define el objetivo a alcanzar en términos abstractos, sino que es simplemente un llamado, una convocatoria a la liberación, primero individual y luego comunitaria. En este camino intenta retomar como orientación filosófica el perdido rol pedagógico de la ciencia política, y trata de ser una interpretación que, más que deslumbrar por descubrir “la verdad” de los problemas del hombre, redescubre sencillamente al hombre y anuncia que sólo la organización de la comunidad podrá permitirle ir descubriendo “esa verdad”. El desarrollo del texto explora las razones del desvío en esa búsqueda de la sociedad en términos históricos y filosóficos, y abre la esperanza de encontrar el equilibrio perdido entre el hombre como individuo y su comunidad. A la par, pronostica la inviabilidad del camino del materialismo, que desemboca en el liberalismo o en el marxismo. Perón anuncia claramente que no le es posible al hombre construir una nueva moral a partir de una exégesis puramente científica. Anticipa con precisión la tremenda crisis terminal del capitalismo actual, en el que la infamia de sus estructuras financieras, replicadas en todo el mundo occidental, involucran en una actitud inmoral rayana con la delincuencia común a miles de sus cuadros de conducción e instituciones financieras y bancarias. Demuestra también como improcedente la lucha de clases para resolver la injusticia entre los hombres, adelantándose en más de cincuenta años a las crisis del marxismo dogmático. Destaca, en consecuencia, que no se trata sólo de denunciar la cruel explotación del capitalismo y la perniciosa ideología de su escuela individualista, sino de construir un poder político que la supere en carácter moral y ético. Y anuncia que los problemas de la injusticia sólo podrán ser resueltos por los pueblos cuando asuman la conducción política de sus comunidades y, desde esa nueva autoridad, impongan las soluciones que correspondan en el marco de una nueva ética y una moral revolucionaria. Por lo tanto, el camino revolucionario no debe circunscribirse a la denuncia de la injusticia y explotación capitalista (hoy de una evidencia inapelable), sino que debe garantizar la construcción de un poder político que pueda eliminarla. Para eso debe construir una alternativa que dé lugar a las potencialidades del Nuevo Hombre de la hora de los pueblos.

Como dignos hijos del positivismo, estamos acostumbrados a encontrar la mística de las acciones políticas en un objetivo abstracto a lograr, definido por una interpretación ideológica predeterminada, para proyectarnos luego en el sendero de esa lucha con una visión de nuestras propias vidas. Nos imaginamos a nosotros mismos en ese camino liberador, que nos brinda esperanza y nos da seguridad, generando la fuerza motriz de nuestras acciones militantes.

La Comunidad Organizada nos da nuevos parámetros para reencontrar esa mística desde una óptica distinta. El desplazamiento de nuestra fe hacia lo ideológico fue producto de una desviación lógica y necesaria, pero al fin incorrecta. Perón supo demostrar que es posible la corrección adecuada para que esa fe vuelva a surgir, no de una elucubración intelectual con un fin desarrollado en sí mismo, sino de una convicción profunda sobre el Hombre Nuevo como reflejo de entidades superiores. Una fe que encuentra su mística, más que en un idealizado objetivo a alcanzar, en el sentirse parte del momentáneo y diario desarrollo de la decisión revolucionaria de un pueblo, que con una acción creativa dinámica y multitudinaria va construyendo una realidad más justa.

La Comunidad Organizada es entonces el escrito que traza el camino revolucionario de la autodeterminación popular.

EL PENSAMIENTO NACIONAL Y POPULAR


*Por Aritz Recalde



¿Cómo definir al pensamiento nacional y popular?


El pensamiento nacional y popular es una corriente intelectual y política con rasgos propios. Su particularidad no estriba en la ubicación geográfica de nacimiento de sus titulares y no tiene que ver tampoco con una línea disciplinaria en particular. El pensamiento nacional no supone necesariamente una única afiliación partidaria. Se puede nacer en cualquier país y ser nacionalista, liberal, de izquierda o desarrollista. Los miembros de dicha corriente intelectual poseen una formación disciplinar diversa, siendo Raúl Scalabrini Ortiz agrimensor, Alberto Baldrich obtuvo el título de abogado, Juan José Hernández Arregui era filósofo, Juan Perón adquirió una formación militar y Leonardo Castellani era filósofo y teólogo. Dentro del pensamiento nacional existió una diversidad de orígenes y de modalidades de acción partidaria y no se los puede circunscribir a una sola expresión política.

El pensamiento nacional es una perspectiva para analizar los problemas y para construir los proyectos de país, de región y de mundo. En una gran síntesis, articula tres grandes perspectivas:

- La pregunta por el ser nacional. ¿Qué rasgos históricos, presentes y futuros definen la personalidad nacional?. Dicho interrogante contempla aspectos culturales e históricos y también temas sociales, económicos y políticos. La nación es una herencia espiritual y un patrimonio civilizacional que pasa de generación en generación. La afirmación nacional de una comunidad contiene un pasado compartido, un adversario y/o enemigo presente y una unidad de destino futuro.

- Un análisis de nuestra condición nacional a partir de la inscripción del país en el sistema mundo. Este aspecto supone un análisis crítico de la dependencia y de todo tipo de colonialismo o de neocolonialismo en las relaciones internacionales.

- Una voluntad de emancipación política. El pensamiento nacional y popular valida sus análisis y sus aportes conceptuales en la capacidad histórica de la comunidad de realizarse. Lejos de ser una mera especulación teórica o académica, el pensamiento nacional se consuma y se valida en la acción política de las organizaciones libres del pueblo.

En una gran síntesis, para esta corriente intelectual y política, la comunidad nacional debe edificar y potenciar cuatro grandes pilares:

PRIMERO. La nación es una unidad de destino. La nación se construye a partir de lo que una comunidad siente, desea y funda políticamente. Tal definición supone un principio de unidad cultural y una identidad colectiva que se despliegan en tensiones y en contradicciones. Las disputas de clases, de etnias o las diferencias de género existentes en el seno de cada país, no deben imponerse si ello supone desandar el interés nacional. En caso que esto ocurra, se puede llegar a fragmentar territorialmente un Estado en guerras étnicas o incluso destruir el proyecto colectivo en enfrentamientos internos de facciones. Si bien el conflicto nunca desaparece dentro de una nación, la tendencia a edificar una unidad superior debe prevalecer. Juan Perón lo explicó con lucidez cuando afirmó que primero están la patria, luego el movimiento y finalmente los hombres y sus intereses y sus ambiciones.

La unidad de destino de una nación se desenvuelve como un proyecto social de vida en comunidad, como una organización de poder y como una fe. Los pueblos que no tienen fe en la legitimidad de su causa y en su capacidad histórica, presente y futura para realizarla, no serán una nación, sino un mero conglomerado de individuos.

La nación es un principio de unidad moral y emocional y para que pueda unificase es necesario que el individuo actúe libremente al servicio de la colectividad, percibiendo en su tarea diaria la satisfacción del deber cumplido.

SEGUNDO. la nación es un principio de solidaridad social. Los pueblos sin ideales y sin sentimientos de justicia, no pueden conformar una comunidad y serán una mera acumulación gregaria de egoísmos. El interés comercial puede constituir un mercado, pero no una nación. Las naciones avanzan si tienen la capacidad de imponer un imperativo moral de colaboración con el prójimo, de bien común y de solidaridad con los hijos de la misma patria.

TERCERO. La nación requiere del efectivo cumplimiento del derecho de los pueblos a la autodeterminación política. Cada comunidad organizada es única y diferenciada en relación a las otras unidades humanas. Como tal, cada pueblo debe tener el derecho propio e irrenunciable a construir y a planificar su propio modelo de desarrollo nacional.

CUARTO. La nación requiere de una economía independiente. En el siglo XX la categoría de nación se convirtió en sinónimo de industrialización y de planificación productiva y social. No hay nación posible, si los principales elementos de la economía de un país son manejados por el “mercado mundial”, que es la forma eufemística de nombrar a un grupo reducido de países y de corporaciones a ellos vinculadas.

Los Estados sin industria y sin una actividad productiva planificada socialmente, no pueden generar condiciones de empleo y dignidad para su pueblo. El resultado de dicho modelo económico es el descarte en masa de los seres humanos, que son sumergidos en la pobreza, el subconsumo y en la marginalidad. El pensamiento nacional argentino del siglo XX conceptuó como los pilares fundamentales de la soberanía de un país, la capacidad de los Estados para administrar los recursos naturales, la finanza (bancos y Banco Central), el comercio exterior y los servicios públicos.

El pensamiento nacional y popular comparte el respeto hacia las minorías, sin por eso olvidar el principio fundamental e irrenunciable de consumar primero la emancipación de las mayorías. Esta corriente intelectual considera al pueblo y a sus dirigentes como actores centrales de la nación y descree de la capacidad de las oligarquías para construir un programa colectivo y soberano. También niega el modelo de la dictadura del proletariado o del clasismo como posible esquema para organizar una comunidad libre. El pensamiento nacional no es xenófobo y su participación activa de apoyo al peronismo, demostró que es posible asimilar la diversidad étnica, en el marco de un programa soberano y antiimperialista.



El pensamiento nacional del siglo XXI es la antítesis del pensamiento neoliberal

Hay que decirlo sin titubear: actualmente el país y la región se encuentran ante el dilema histórico de forjar la soberanía nacional o de profundizar la sumisión al imperio anglosajón.

Los comunicadores e ideólogos del establishment presentan a la globalización como un único e incuestionable camino al desarrollo. En realidad, detrás de esta categoría aparentemente neutral, se esconden los intereses y el proceso de expansión política de los norteamericanos que fue desenvuelto con fuerza desde la caída de la Unión Soviética.

El gobierno de las elites financieras trasnacionales pone en riesgo las democracias. El neoliberalismo busca destruir la organización del pueblo y le entrega la soberanía política y las decisiones gubernamentales a los organismos multilaterales y a los CEOS. En este sistema, el pueblo a lo sumo delibera, pero nunca gobierna y sus decisiones están enajenadas en las elites que son designadas por las corporaciones.

En nombre de la libertad el régimen político neoliberal conforma un totalitarismo de mercado, que está caracterizado por exportar las riquezas del centro hacia la periferia y por fabricar millones de pobres y de desempleados.

En el aspecto económico, la “división neoliberal del subdesarrollo” opera como un programa de socialización de pérdidas y de privatización de ganancias. A los países del sur les cabe la tarea de primarizar la producción, para reconvertirse definitivamente en economías agropecuarias y en una plaza para la especulación financiera. A este proceso, se le suma la tendencia a la concentración y a la extranjerización permanente de su patrimonio que se fuga hacia los centros de poder occidental. De no revertirse la tendencia, el capitalismo neoliberal puede destruir la propiedad privada y productiva de Sudamérica.

En el plano social, el gobierno de la finanza del siglo XXI está superando la clásica lucha entre las clases productivas. En su lugar, quiere instaurar el sistema de los descartados y de los excluidos que pelean por ingresar al mercado o por no caerse definitivamente al abismo de la miseria estructural. Los grupos financieros y los Estados que controlan las principales decisiones del mundo, están insectificando la vida de las barriadas populares en Sudamérica. La geografía del hambre y la cultura de la marginalidad estructural, se están tornando dos características centrales del caos políticos del mundo contemporáneo. Al modelo actual le sobran trabajadores y a diferencia de la modernidad liberal, ya no plantea un progreso en el futuro que sea capaz de revertir la tenebrosa tendencia.

La cultura neoliberal se presenta como universal y eso la hace represiva. En dicha ideología, se piensa como ellos o se está contra ellos. Caracterizan a las ideas políticas que no son liberales anglosajonas, como antidemocráticas y autoritarias (hoy le dicen “populistas”). A este esquema lógicamente totalitario, hay que enfrentarlo con la bandera del derecho a la identidad nacional, en el marco de un proyecto mundial de pluri-verso cultural y civilizatorio.

El neoliberalismo difunde una ideología individualista, narcisista y nihilista y es por eso anti nacional y anti colectivista. La evocación al individuo consumista con derechos y sin deberes con la comunidad, conduce a que desaparezca el concepto de colectividad. La sociedad se disgrega y aumenta la violencia y la desigualdad. Lo que nunca debe olvidarse y pese a que quieran encubrirlo los cultores del liberalismo, es que la supervivencia de la nación es la única garantía de la libertad del individuo.

En el sistema neoliberal el hombre no tiene fe en el progreso de la humanidad y la remplazó por el deseo de consumir. Se es lo que se tiene y la patria es el dólar, la bolsa de valores es la iglesia y la ganancia su Dios único.

El fetiche tecnológico neoliberal está corroyendo los valores humanos fundamentales. Se plantea como un hecho positivo remplazar al trabajador en una empresa con la finalidad de no pagar cargas sociales, no financiar una licencia por maternidad o para evitar conflictos sindicales. Esta ideología conduce a la sustitución del hombre por la máquina. Con esa actitud aumentan el desempleo y se reduce el mercado interno y a la larga van conformando una crisis capitalista de superproducción. La ciencia desligada de la filosofía y de la metafísica puede conducir al mundo al caos ecológico, al desempleo, la pobreza y al enfrentamiento bélico de inusitadas dimensiones.

El neoliberalismo difunde el mito de la republica formal y tal cual explicó Antonio Cafiero “Los liberales hablan del Estado de Derecho, nosotros hablamos del Estado de Justicia. Los liberales hablan de los derechos del ciudadano, nosotros hablamos de los derechos del hombre, que es más que un ciudadano: el hombre es una persona que genera familia, trabajo, profesionales, vida barrial, vida vecinal, partidos políticos y una multitud de acciones sociales”.

Los argentinos y sudamericanos tenemos el deber histórico de rehacer la patria sobre las ruinas del neoliberalismo. Para eso, es necesario fortalecer la comunidad nacional y la unidad moral del pueblo en una nueva fe cívica movilizadora y vital.

HUMOR INTELIGENTE