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8 de septiembre de 2019

CASO MALDONADO: ORDENAN REABRIR LA CAUSA E INVESTIGAR EL ABANDONO DE PERSONA

Lo hizo una cámara de Comodoro Rivadavia, que cuestionó al juez Lleral por haber investigado únicamente la desaparición forzada.


La Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia ordenó reabrir la investigación por la muerte de Santiago Maldonado -que había sido archivada por el juez de Rawson Gustavo Lleral- para que se indague sobre el posible abandono de persona, un hipotético delito que según el tribunal no se tuvo en cuenta.


El fallo de la Cámara apunta a determinar si los gendarmes que participaron del operativo para desalojar una manifestación de un grupo mapuche o los mismos compañeros de Maldonado cometieron el delito de abandono de persona, una posibilidad que Lleral no siguió en la investigación ya que se concentró en la desaparición forzada.

"Consideramos que se investigó una única hipótesis delictiva -aquí definitivamente descartada- sin que haya sido objeto de valoración y pronunciamiento algún posible nexo causal entre cualquier omisión de personal de Gendarmería o de quienes se introdujeron en el río con Maldonado", dice el fallo.


El tribunal (integrado por Javier Leal de Ibarra, Aldo Suárez y Hebe Corchuelo de Huberman) revocó el cierre de la causa dispuesto por Lleral y le ordenó que avance con una serie de medidas de prueba para determinar las circunstancias en que se produjo el hecho. Asimismo, revocó el sobreseimiento del gendarme Emmanuel Echazú, que fue el principal sospechoso de la muerte de Maldonado.

El fallo implica un revés para el gobierno de Macri, que celebró el año pasado el cierre de la causa y el sobreseimiento de Echazú, aunque también un alivio porque la Cámara reafirma que no existió la desaparición forzada o que los gendarmes hubieran matado al joven.

"Los resultados de la autopsia anularon prácticamente la posibilidad de sostener cualquier accionar doloso" por parte de los gendarmes, indica el texto. "La autopsia reveló datos concretos que contribuyen a desestimar la intervención directa de terceras personas en la muerte de Santiago Maldonado. Sus ropas no presentaban desgarros, roturas, ni signos de arrastre, erigiéndose en un dato relevante la ausencia de lesiones externas (ni contusas, ni cortantes, ni penetrantes), ni signos compatibles con medidas de sujeción. Por su parte tanto el estudio radiológico como el examen corporal interno, permitieron descartar la presencia de lesiones traumáticas", agregan los camaristas.

Los jueces coinciden con Lleral en que la "hipótesis más probable" es que Maldonado haya muerto por "asfixia por sumersión" y que "el cuerpo haya permanecido desde su desaparición en el medio acuático", pero le exigen al juez de primera instancia que tome nuevas medidas de prueba para "despejar cualquier duda".


OLOR A JAZMÍN: ENTRE OCTUBRE Y DICIEMBRE





*Por Ariel Pennisi


En las cercanías de diciembre de 2017 el amigo Federico Levín lanzó la invitación de pensar el olor a jazmín en relación a nuestros diciembres de revueltas callejeras y agites conurbanos. No prosperó. Tal vez sea éste el momento de compartir la breve historia que surgió entonces. Justamente ahora, que, parece, no habrá diciembre porque habrá octubre. Pero de eso se trata: no marchamos con anteojeras a la repetición de lo mismo, sino que nos lanzamos a la pregunta por lo que se agita de la vida en común, otra vez. La revuelta no es una fruta de estación, tendremos nuestros jazmines, pero ya sin la referencia dosmilunera; habremos de tirar los dados nuevamente.

Es difícil describir un olor. Parecería que apenas hay un puñado de palabras disponibles, de aquellas que evocan sensaciones en común sin alejarnos, a su vez, de ese sentido sutilísimo. Cuando pretendemos avanzar hondo o hilar más fino la evocación queda condenada a arrestos experimentales (ininteligibles), o a la más o menos burda sustitución metafórica: olores ásperos, aromas graves… Prefiero llamarlo “hipnótico” por su efecto para nada metafórico.

Lo cierto es que, medio huérfanos de palabras que los bauticen, a salvo de significantes que los cristalicen o vuelvan rígidos, los olores vagan por la memoria con una libertad, un potencial de errancia, que no comparten con el resto de las sensaciones, condenadas en general a reproducir lo que la palabra que las nombra nos hace esperar de ellas.

Por eso, cuando un olor vuelve y activa una vitalidad memoriosa es posible percibir la vibración de la justeza, del dardo en el blanco. Se unen dos recorridos distantes con un hilo hasta entonces invisible. Cuando un olor conecta con un recuerdo, cuando un olor se repite y ata dos cabos distantes, algo se vuelve preciso, una verdad que imaginamos arcaica.

Por eso, no deja de resonar un grafiti escrito al calor de ese diciembre, junto a las vías del tren, en Villa Domínico, que leí sumido en un trance de sopor conurbano: HAY OLOR A 2001. ¿Será el olor hipnótico de los jazmines?

Hay más de una Historia, hay muchas historias. La más curiosa es la historia nunca hecha del olfato. Un fárrago de historias, en realidad. El olor, en sí mismo, es una suerte de máquina del tiempo que no se programa. Una tecnología tan perfecta que no solo no se atrevió el animal humano a duplicarla o “perfeccionarla” en su gesta técnica, sino que le entregó parte de su potencial olfativo al perro, según dicen los biólogos especializados en “coevolución”. ¿Habrá sido para cuidar al olfato del descuidado animal técnico? Es ésta una tecnología que funciona cuando quiere. Pero cuando funciona, hay viaje… en el tiempo. La provocación olfativa, cuando acontece, conecta lo muy lejano de manera muy directa (es decir, cercana).

Ese día en el subte, la transpiración metálica de las manijas… el infierno está en la superficie, huele a restos de gas lacrimógeno y amalgamas de cosas quemadas. Infierno ambiguo, como enseñó Dante –no el traducido por Mitre, sino uno nuestro, aún por traducir–, nos quema y nos despierta justo cuando empezábamos a creerlo castigo. La llama, antes que el bien, está de nuestro lado. La escena policial atemoriza, reprime, pero también indica un poder: el nuestro en un diciembre de éstos. Olor a revuelta. Olor genealógico (y algo metafórico, admitámoslo), viajamos sin miedo.

Las historias olfativas, olorientas o como se las quiera presentar, son tan intensas en arrebatos corporales como huidizas al discurso. Ese racimo de historias que compondrían nuestra historia provisoria del olfato se acumula directamente en la experiencia del común, encarnada en singularidades inconfesas. Ningún Estado puede arrogarse un “archivo general”, ningún historiador una sapiencia oficial. Más sutil que la tradición oral, es un oxímoron burlón para la historiografía. Si la cultura historiadora quisiera echar mano a sus huellas sólo lograría algún resultado a costa de perder la historia del olfato. Porque, en algún punto, es el olfato el que nos historiza y no al revés.

¿Hay unidades de medida olfativas para esas genealogías en nuestros cuerpos? ¿Hay registro del pasaje biográfico a la historia común –ya que la historia común, ontológicamente anterior, sí vive en cada quien? Los jazmines me llevan del jardín de mis abuelos a la Plaza de Mayo, con una diferencia de más de veinte años. En Monte Grande, un árbol de jazmines estiraba la primavera hasta el verano y se repartía entre floreros improvisados. El aroma de jazmín ya sintetizado por la memoria olfativa entre recién nacido y podrido, se mezclaba con los vahos del frigorífico de Monte Grande, entre la sangre quemada con destino de morcilla y las carnes abombadas de las reses en espera.

No hay conexión lógica entre la estancia infantil con los abuelos amorosos y las corridas juveniles en la plaza desmadrada (donde la yuta le pegó a las Madres). Hay una relación olfativa directa que sólo actualizan los jazmines plegándose con los gases lacrimógenos.

El idilio siempre extrañado con abuelos todo lo alegres que el cansancio ya irremediable del destierro y los restos de guerra en el cuerpo posibilitan, la gloria destituyente de una multitud inorgánica hecha también de alegrías soldadas de golpe, que un diciembre, sin aviso, se hace cargo de sus jazmines. 
 

*Ensayista, editor, docente (UNDAV, UNPAZ), coautor de Filosofía para perros perdidos. Variaciones sobre Max Stirner (Autonomía, en Red Editorial), autor de Papa Negra (EL) y de Globalización. Sacralización del mercado (Errepar)



LA TRAMPA DEL REPERFILAMIENTO DE LACUNZA

A las actuales tasas de interés de mercado, un reperfilamiento voluntario implica un incremento aproximado del 20 por ciento en dólares de la deuda por cada año que se aplaza su vencimiento.


*Por Andrés Asiain y Estanislao Malic

Ya aceptada la derrota electoral de Mauricio Macri, un sector del establishment busca dejar la cancha marcada a Alberto Fernández. En ese sentido deben leerse las declaraciones del ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, sobre el reperfilamiento de la deuda antes de terminar su mandato. La propuesta fue presentada como una forma de dejar despejado el horizonte de vencimientos de deuda del próximo gobierno. También tiene el objetivo político de comprometer a la oposición en esa medida, en el marco de la campaña oficial del temor de los mercados al regreso del populismo y el pedido de señales a Alberto Fernández para tranquilizarlo. Justamente, la idea de evitar un defaut y posterior restructuración, implementando un reperfilamiento vountario de la deuda, había sido expresada por algunos referentes económicos cercanos al candidato opositor que buscaban mostrarse como “sensatos” frente al lobby de los acreedores.

Reperfilar la deuda implica un canje voluntario de bonos que vencen en el corto plazo por otros que tienen vencimientos más largos. Pero el nudo de la propuesta pasa por la que tasa se logre la reperfilación y comparar su costo con la que podría obtenerse de una cesación de pagos y posterior reestructuración. A las actuales tasas de interés de mercado, un reperfilamiento voluntario implica un incremento aproximado del 20 por ciento en dólares de la deuda por cada año que se aplaza su vencimiento. Un costo superior al que tuvo el último reperfilamiento de la deuda, más conocido como Megacanje, realizado por David Mulford y Domingo Felipe Cavallo en la agonía de la convertibilidad. Un canje que, pese al costoso incremento de la deuda que implicó, no logró evitar el default.

Hay quien imagina que los acreedores podrían aceptar tasas de reperfilamiento menores a las de mercado. Sin embargo, a cada tasa se corresponde un precio: si el gobierno quiere entregar bonos largos a un precio que no represente tales tasas, en cuanto el tenedor tenga que valuarlo a precio de mercado, presentará pérdidas en el balance. Sólo un acuerdo muy amplio que involucre a los principales acreedores podría cerrarse a tasas menores que las de mercado, pero requiere que esos acreedores confíen en que la mejora del perfil de vencimientos derive en un incremento en el valor de los bonos que compense la pérdida implícita en las tasas del canje.

Aún en ese hipotético e improbable caso, las tasas que se lograrían difícilmente tornen sustentable la deuda externa argentina. El saldo comercial argentino, que podría desaparecer en caso de una reactivación, apenas alcanza a cubrir las salidas de capital de un año sin corrida, dejando escaso margen para el pago de interés de deuda y, mucho menos, para cubrir el capital. Ante esa estrecha situación de las cuentas externas, el “reperfilamiento”sólo serviría para que los bancos que compraron los bonos a precios de default en la previa del canje, armen una ficticia bonanza financiera para revender los bonos momentáneamente valorizados a inversores desprevenidos.

Fuente: Pág. 12

MACRISIS CULTURAL VS FUTURO: LAS DIVERSIDADES DE LOS PLANTEOS CULTURALES



*Por María Silvina Silvestre

No hay mejor ciego que el que no quiere ver, ni mejor sordo que el que no quiere oír, decía mi abuela.

En esta semana tuvimos dos oportunidades de escuchar por un lado la campana del gobierno en la voz del secretario de cultura de la nación quien se refiriera a la hambreada situación de nuestra sociedad como inexistente. Claro está que esto refiere a la negación de la realidad, la cual es producción directa de gestión y de sus jefes políticos.

Quienes deben administrar cultura deben conocer a sus pueblos y sus necesidades, eso es condición elemental para poder delinear políticas culturales que los identifiquen. En tanto en boca de Avelluto, tuvimos que escuchar "Ahora, que alguien me diga exactamente qué es emergencia alimentaria, qué es lo que quiere decir técnicamente y prácticamente. Porque parece que en Argentina medio país se estuviera muriendo de hambre y eso es mentira”, dijo el funcionario" es que este funcionario carece de sentido común cuanto menos; por no decir que es un irrespetuoso e ignorante. Un negador de la realidad. ¿O es que el mismo no sabe que es la emergencia y la alimentación? Si algo queda al descubierto es que no solo medio país paga y pagara por cien años la fiesta con globitos incluidos.
Estamos frente a una gestión de psicópatas, negadores e inmorales. En tanto nos empobrecen y hambrean, escuchamos en conferencia proselitista "lo bien que estamos y los esfuerzos que tenemos que hacer para que aquellos que ni tienen registro del hambre, ni del prójimo nos den cátedra de  ética y moral.

Entre tanto y tanta desidia actual en un encuentro por la cultura y el deporte del que tuvimos el placer de participar, pudimos escuchar la otra campana, la de la integridad del ser humano; claro! es que quienes emitían las palabras ya han transitado el camino del bien común. De entraña peronista uno de los oradores, el reconocido compañero Jorge Coscia, el ex Secretario de Cultura de la Nación en mandato de CFK, se remitía a la cultura como algo integral de la sociedad, como una propuesta de bienestar integradora del individuo dentro de ella. En esta actividad de unidad y creatividad Coscia y el conocido político Pato Galmarini plantearon una sociedad más justa con disfrute de la vida, la cobertura de las necesidades básicas y la interacción de nuevas políticas inclusivas en la gestión que vendrá.

Desde la cultura y el deporte se confeccionó un documento que se llama Declaración de la Cultura y el Deporte que vale la pena conocer. Un aire fresco de esperanza para reincorporarnos como pueblo después de tanto destrato. Una caricia al alma de la cual todos podemos ser participes; de un proyecto nuevo de país del que podamos ser participes.


Ahora, ves por que Macrisis cultural vs futuro? La diferencia se nota cuando la piensan los notables (valga la redundancia, decía mi abuela)


AVELLUTO: "LA EMERGENCIA ALIMENTARIA ES UN SLOGAN DE CAMPAÑA"

El secretario de Cultura cuestionó el pedido del peronismo y las organizaciones sociales. "Situación de pobreza no significa que hay hambre", soltó.


El Gobierno salió desestimar el reclamo del peronismo y las organizaciones sociales para declarar la emergencia alimentaria por medio del secretario de Cultura, Pablo Avelluto. A pesar de la multitudinaria movilización que se desarrollaba al mediodía de este miércoles en el centro porteño y el alerta por el incremento de la pobreza que lanzó la Iglesia, el funcionario nacional consideró que el pedido parece "un eslogan de campaña".

"No voy a negar que hay gente que la está pasando muy mal y me constan los esfuerzos que se hacen desde el Ministerio de Desarrollo Social para aliviar esa situación. Quiero que alguien me diga exactamente qué quiere decir técnicamente y prácticamente la emergencia alimentaria, porque parece que en la Argentina medio país se estuviera muriendo de hambre y eso es mentira", sostuvo Avelluto.

Según su visión, los movimientos sociales y la Iglesia "no explican qué quiere decir declarar la emergencia". "¿Quiere decir que hay que repartirles comida a los movimientos sociales? ¿Que hay que darle más plata Juan Grabois? ¿Que hay que establecer la reforma agraria? ", atizó en declaraciones a Radio Con Vos.

Los impulsores de esas medida se han esforzado en explicar que su alcance habilitaría al Gobierno a redistribuir partidas y a acelerar procesos de compras para atender a situaciones alimentarias urgentes, pero el funcionario no se hizo eco de esos dichos.

Para Avelluto, la "situación de pobreza no significa que hay hambre". "Es uno de los factores más angustiantes, pero el Gobierno está haciendo esfuerzos por aliviar la situación de los más vulnerables", destacó Avelluto, quien se quejó de que el presidente Mauricio Macri "sea percibido como insensible porque no hace una declaración sobre la emergencia alimentaria".


Fuente: LetraP

¿QUÉ ES LA EMERGENCIA ALIMENTARIA Y NUTRICIONAL?


Es uno de los mayores pedidos de la oposición al presidente Mauricio Macri en esta época de crisis. Son las partidas presupuestarias extraordinarias de dinero destinadas a los sectores más vulnerables.


La oposición le reclama al Gobierno desde año 2017 la ley de Emergencia Alimentaria en todo el país, que consiste en partidas presupuestales extraordinarias destinadas a la asistencia alimentaria y nutricional y garantizar el abastecimiento y acceso a la compra de alimentos básicos por parte de todas las provincias a lo largo y ancho de la Argentina.

La organizaciones sociales y este miércoles la CGT le pidieron a Mauricio Macri que la declare en virtud del crecimiento de la pobreza y la superpoblación que hay, tanto de padres como de nenes, en los comedores comunitarios.

La última ve. que se aplicó en nuestro territorio fue con la crisis de 2001 y duró hasta el 31 de diciembre de 2002.

La ley tiene como finalidad garantizar la alimentación de la población considerada más vulnerables, que incluye a los nenes y nenas menor de 16 años.

Gracias a esto, se distribuirán 10 mil millones de pesos para fortalecer la asistencia a merenderos y comedores comunitarios.

A pesar de la crisis económica y social, Cambiemos no tienen en mente aprobarla, ya que considera que varios de los alcances de la misma están contemplados en la Ley de Emergencia Social que el Congreso aprobó en diciembre de 2016.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la pobreza afecta al 46,8% de los menores de 14 años. Otro número alarmante del informe es que el 14,5% de los chicos pasó hambre el último año.

Por otro lado el Centro de Economía Política (CEPA) asegura que el Gobierno devaluó cualquier tipo de política a menores por los diferentes recortes y la provisión de vacunas.



Fuente: Crónica

A 40 AÑOS DE LA VISITA DE LA CIDH: EL PLAN DE VIDELA PARA OCULTAR LOS DESAPARECIDOS



*Por Luciana Bertoia


Cuando los seis integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le estrecharon la mano, Jorge Rafael Videla estaba exultante. Era el 7 de septiembre de 1979 y la selección juvenil acababa de ganar el mundial juvenil en Japón. La hazaña futbolística había arrancado a miles de sus casas. Las calles eran un hervidero celeste y blanco. Una pequeña multitud se había acercado hasta la Casa Rosada para festejar con los dictadores. Videla había hecho lo propio: con su mejor sonrisa, los había saludado con los pulgares en alto desde el balcón.

Para Videla era un presagio de que todo iba a salir como estaba planeado. La dictadura había empezado a planificar la visita de la CIDH el mismo día en que había formalizado la invitación: el 18 de diciembre de 1978. Querían que el mundo se enterara de que los argentinos eran “derechos y humanos” –como decían las calcomanías que el gobierno había hecho imprimir para la ocasión.

La planificación quedó plasmada en un documento producido por la Secretaría de Información Pública (SIP), que dependía de la Presidencia de la Nación y que llevaba por título: Campaña “Visita de la CIDH”.

Los desaparecidos

Si la CIDH estaba en el país era porque quería saber qué había pasado con los miles de desaparecidos que denunciaban organismos de derechos humanos. La dictadura tenía varias respuestas frente a esa pregunta. Ninguna contenía la verdad.

El manual preparado por la SIP alertaba a los integrantes del Proceso de Reorganización Nacional de que no deberían hablar de “excesos de la represión”, desandando una explicación que ya habían dado. En este momento era preferible decir que los desaparecidos podrían haber sido ejecutados por sus propios compañeros de militancia, habrían desertado, se habrían fugado al exterior o podrían haber caído en combates con las fuerzas legales. Si nada de eso funcionaba, podían decir que estaban escondidos en el país.

Frenen a las Madres

Un subtítulo del documento de la SIP decía: “Neutralización del activismo de Madres de Plaza de Mayo”. Los militares querían que sus testimonios no ganaran espacio en la prensa ni demasiado contacto con los integrantes de la CIDH. Para eso, la dictadura proponía oponer a las denuncias de las Madres que buscaban a sus hijos e hijas una solicitada de la Asociación de Padres de Familia, una entidad directamente ligada con la Iglesia católica. La solicitada debía, entre otras cosas, denunciar la violencia anterior al golpe de Estado y repudiar “la época en que se desquició la enseñanza en los claustros universitarios y en la enseñanza media”.

La estrategia de los militares implicaba también empujar a otro actor a la palestra: las “familias de víctimas de la subversión”. Ellas debían hablar de ataques guerrilleros, amenazas y persecuciones. El plan decía que este relato debía hacerse oír con fuerza quince días antes de la llegada de la Comisión.

La otra arista del plan implicaba descalificar a las fuentes de información nacionales o internacionales. En otras palabras, atacar a los organismos de derechos humanos y a los exiliados que desde el extranjero alertaban sobre los crímenes de la dictadura. Para ellos, la dictadura tenía una serie de acciones de neutralización preparadas, como difundir imágenes de atentados guerrilleros y asociarlos con los denunciantes en el exterior.

Los medios

Mientras fomentaba algunas solicitadas, la SIP pensaba que otras debían evitarse. Para ello, la dictadura tenía que coordinar con los medios para que no publicaran textos denunciando desapariciones o, en caso de hacerlo, para que les proveyeran a las autoridades los nombres de quiénes lo habían presentado y pagado por su publicación.

Las solicitadas de los organismos de derechos humanos podían ser una fuente valiosa de información para la dictadura. Según el plan de campaña, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) –asistida por las áreas de inteligencia de las fuerzas– tenía que analizar quiénes firmaban esos textos y su “calidad ideológica”.

La perla de la propuesta de la SIP era el armado de dos conferencias de prensa, una tras la llegada y otra antes de la partida, para que algunos periodistas hostigaran a los comisionados. “Las pautas se manejarán de acuerdo a un cuidadoso interrogatorio que no se formulará como tal, sino como un ingenuo mecanismo de preguntas que se formularán con el criterio de obtener respuestas de carácter general”, decía el documento.

Las ingenuas preguntas listadas al final del dossier incluían:

– ¿Por qué trabajaban más sobre el tema “derechos humanos” y, sin embargo, admiten la existencia de humanos sin derechos, como sería el caso de las víctimas del terrorismo subversivo?

– ¿Por qué la tendencia a admitir a los terroristas como mártires en vez de apologistas de la violencia y muertos en la ley que crearon?

– Si han visto a su arribo algunas de las fantasiosas versiones que se describen como que ocurren en las calles argentinas.

La verdad explota

A poco de llegar al país, los comisionados pudieron comprobar que las “fantasiosas versiones” eran mínimas frente al horror que recogían en las denuncias. Las filas se habían vuelto interminables en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Avenida de Mayo al 760. Las imágenes de los familiares que esperaban para denunciar ante la CIDH se convirtieron en una agenda ineludible de los medios nacionales y extranjeros.

En medio de la visita, la dictadura secuestró a una familia completa. El 13 de septiembre, un grupo de tareas se llevó a María Consuelo Castaño Blanco de su casa de Munro con sus tres hijitas de entre tres y cinco años. A su marido, Regino Adolfo González, se lo habían llevado antes.

El padre de María Consuelo apareció en la redacción del Buenos Aires Herald, el diario publicado en inglés que desde el inicio de la dictadura venía denunciando las desapariciones. Su director, Robert Cox, no lo dudó. El 16 de septiembre dedicó su tapa a denunciar el secuestro de la familia. La nota iba ilustrada con fotos de las nenas. El secretario ejecutivo de la CIDH, Edmundo Vargas Carreño, se comunicó con el ministro del Interior de la dictadura, Albano Harguindeguy, para saber qué había pasado. María Consuelo se salvó de un fusilamiento, pero no de la cárcel. Las nenas fueron entregadas a sus abuelos. Regino no volvió a aparecer.

La publicación del Herald obligó a otros medios, como Clarín, a replicar la información de un secuestro ocurrido ante los ojos de la CIDH. No había versiones fantasiosas.

La Comisión partió el 20 de septiembre, después de catorce días en el país, pero dejó instalada en las páginas de los diarios la palabra “desaparecidos”. No hubo plan de prensa que pudiera tapar la verdad.


Fuente: Cosecha Roja