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20 de octubre de 2019

DEBATE PRESIDENCIAL 2019


CHILE AMANECE CON ESTADO DE EMERGENCIA Y TOQUE DE QUEDA


*Por Prensa Latina

Chile amanece hoy con estado de emergencia en la provincia de Concepción y toque de queda en Valparaíso y en esta capital tras una jornada sabatina de represión contra las protestas sociales en varias zonas del país.

El jefe de Defensa de Chile, general Javier Iturriaga, decretó la víspera toque de queda en Santiago de Chile, un anuncio que llegó pocos minutos después de que el presidente, Sebastián Piñera, anunciara la suspensión del alza del precio al pasaje del metro en esta capital.

Dicho incremento generó una ola de protestas fuertemente reprimida por carabineros con balas de gomas, chorros de agua, gases lacrimógenos y otras tácticas represivas.

Quien incumpla la medida, vigente hasta las 07:00, hora local, de este domingo, corre el riesgo de ser arrestado o embestido por la policía. Sin embargo, las personas siguen manifestando su descontento a través de cacerolazos.

Posteriormente, el Gobierno decretó el estado de emergencia para las provincias de Concepción y Valparaíso.

Adicionalmente, la autoridad militar de la Armada de Chile determinó el toque de queda a partir de la medianoche en Valparaíso.

Muchos chilenos aseguran que las manifestaciones por la subida de precios al transporte no son más que la punta del iceberg del descontento popular.

Entretanto, la Unión Portuaria de Chile convocó a una paralización de todos los sindicatos portuarios que se realizará hoy.

‘Las razones detrás de esta movilización tienen relación con el amplio y profundo descontento social del pueblo chileno que, el día de ayer, se reflejó en las calles de Santiago a través del ejercicio del derecho a protesta y rebelión’, expresó mediante un comunicado.

La organización agregó que ‘Chile debe despertar de su letargo y si ayer comenzó Santiago, hoy las regiones deben sumarse activamente para hacer presente los problemas de todo el país.

Rechazamos la militarización y la represión a los estudiantes, trabajadores, pobladores y jubilados. El pueblo tiene derecho a defenderse de estas agresiones. Que se levante el estado de emergencia y se hagan valer las responsabilidades políticas de quienes resulten responsables de la violencia contra el pueblo chileno, subrayó.


UNA TENSA CALMA REINA EN ECUADOR: RELATOS DE DÍAS QUE NO TERMINARON

En el conocido como Parque del Arbolito hubo batallas desesperadas que no solo protagonizaron los pueblos originarios. Hubo gritos de "Fuera Lenín" con puños blancos y mestizos entrelazados. Fueron 11 días de reivindicación popular y rechazo a las medidas alineadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).


Poco antes de las 6:00 de la mañana comienza a salir el sol en Quito y el frío continúa adentrando los huesos. Cada noche llegan más camiones con indígenas de todas las provincias de Ecuador que vienen a sumarse a la protesta y al paro nacional convocado para los primeros días de octubre. Más de 20.000 indígenas toman la capital; protestan contra la subida del precio del combustible. El centro de la ciudad es su trinchera de operaciones.

Son familias enteras que miran recelosas a la capital, pero llegan porque saben que tienen una historia reciente de victoria. Los pueblos originarios han conseguido derrocar hasta a tres presidentes (Abdalá Bucaram, en 1997; Jamil Mahuad, en 2002; y Lucio Gutiérrez, en 2005) por medidas menos graves que el 'paquetazo' con el que el actual mandatario, Lenín Moreno, pretende contentar al FMI tras un acuerdo de 4.209 millones de dólares.

Karina Garzón es psicóloga y está trabajando de voluntaria en la zona de conflictos. Está desbordada. Como todos. Se levanta por la mañana y llega al Arbolito junto a otros compañeros de la organización sin ánimo de lucro "Árbol de la Vida".

Lo que quizás no se ha contado en las crónicas de esta revuelta es el gran apoyo popular que el movimiento indígena ha tenido por un sector importante de la sociedad quiteña. Comida, útiles de aseo, transporte, dónde dormir; eran necesidades básicas que había que garantizar bajo presión.

"De repente llegaban 100 en la madrugada", cuenta Karina. "Y no tenían donde quedarse; entonces había que buscarles un lugar para dormir, cuadrar un transporte para dirigirles… Además, cuando les veían reunidos en grupos de más de cinco, la Policía les reprimía o les detenía".

Las universidades cercanas al Arbolito: la Salesiana, la Católica y la Central se convirtieron en zonas cero de acopio y descanso. "Todas las donaciones que nos llegaban las mandábamos a estos puntos y de ahí comenzábamos a repartir entre los grupos de las diferentes comunidades", relata la psicóloga, que asegura que el nivel de donaciones fue tan alto que acumularon víveres para mantener la revuelta un mes. 

La guerra en Quito


Para Karina, lo más difícil fue "la guerra". "Nunca había visto nada a este nivel en Ecuador. Sabes que pueden matarte en cualquier momento y nadie va a decir nada. No había compasión, ni límites de DDHH, ni respeto. La Policía iba a matar y la gente a defenderse y no retroceder. Unos nos estábamos dejando la vida y a otros (la Policía) no le interesaba nada la vida de nadie".

El Ágora, punto neurálgico de debate, asambleas y reuniones del movimiento dentro del edificio de la Casa de la Cultura, en el mismo Parque del Arbolito, fue declarado zona de paz. Bajo esos parámetros, no podía ser atacado por las fuerzas de seguridad ecuatoriana. En el Ágora dormían mujeres, niños, ancianos y enfermos. La zona de paz no se respetó y varias noches fue atacada sin aviso por los militares y la Policía que hacía guardia sin descanso con sus armaduras de fuego prevenidas.

"Sufrimos varias emboscadas", dice Karina y las describe: "La policía lanzaba bombas lacrimógenas y había momentos en los que veía salir heridos cada cinco minutos y no podíamos hacer nada. Hacíamos cordones humanos para sacar a los niños a un sitio seguro y a las madres no les quedaba más remedio que soltarles y confiar en que iban a estar bien". La imagen en la memoria es terror.

La voluntaria está preocupada por los heridos. Según cifras oficiales, se ha atendido a 1.507 personas y muchas de ellas continúan en el Hospital Eugenio Espejo, que depende del Estado y donde nadie, salvo familiares directos de las víctimas, puede entrar ni salir bajo estrictos controles de seguridad.

Como psicóloga, su credencial médica le permite transitar los pasillos imposibles para el resto de la mediática. "Hay casos muy graves que van a quedar en el olvido y que nadie está atendiendo. Es gente muy humilde que no tiene recursos para costear los tratamientos que necesita. Entonces, ¿qué va a pasar con ellos y sus familias?", cuestiona, preocupada.

Y comienza a enumerar algunas historias que se han quedado atrapadas en las trincheras sin futuro inmediato. Karina no se olvida, por ejemplo, de una adolescente de 15 años, huérfana, que vive con su abuela y ha perdido un ojo. Está en un pozo depresivo, "deshecha emocionalmente. No tiene cómo mantenerse", asegura y sigue enumerando dramas.

Otras varias decenas de personas están esperando prótesis para el rostro que quedó desfigurado por el impacto de las bombas lacrimógenas. La ortopedia cuesta más de 3.000 dólares.

En el Ágora también mataron a Inocencio Tucumbí, uno de los principales líderes indígenas que estaban participando en las protestas. Lo mataron los caballos de la Policía el día del gran paro nacional. Lo arrollaron, y el fotógrafo quiteño Juan Diego Montenegro presenció toda la secuencia, desmintiendo la versión inicial del Gobierno que aseguró que el dirigente había sufrido "una caída durante las manifestaciones".

"Mi trabajo es retratar los hechos. Siempre he tenido una afinidad hacia las luchas sociales y trato de usar la fotografía como herramienta de denuncia", observa a Sputnik Juan Diego, que ha permanecido día y noche junto al movimiento y ha sufrido el hostigamiento de los militares que llegaron a borrar parte de su trabajo, además de intimidarlo diciendo que sabían quién es y dónde trabaja.

El joven fotografió la muerte de Tucumbí y la agencia alemana para la que trabaja no quiso publicarla. Al día siguiente, los indígenas hicieron un velorio multitudinario en la Casa de la Cultura. Había varios medios internacionales, muy pocos ecuatorianos.

"La lucha es de todos porque todos somos ciudadanos parte de este Ecuador plurinacional y diverso", responde el fotógrafo, en entrevista con Sputnik, ante la pregunta: "¿por qué apoyas al movimiento indígena?".

El también fotógrafo independiente Rafael Rodríguez es compañero de Juan Diego y también conversó con Sputnik. Apoyó las movilizaciones desde el principio porque considera que "el 'paquetazo' económico" a raíz de los acuerdos con el FMI va a afectar a todos los ecuatorianos por igual.

"Ya ha pasado en otros países como Grecia, Chipre, o mira ahora Argentina. Entraron en crisis y todavía siguen pagando la deuda externa. Van a venir recortes, menos trabajo y de peor calidad. Para mí, Ecuador ya no es un destino para vivir", evalúa.

"Lo que va a venir va a ser duro. Lenín Moreno ha demostrado que no tiene ningún tipo de reparo en encarcelar gente. Entonces, si piensas distinto, ¿qué haces aquí?", concluye Rodríguez.

Cuando escuchó que había un acuerdo con el FMI, a Andrea Moreno, actriz, quiteña, voluntaria; se le encendieron todas las alarmas y enseguida supo que participaría apoyando al movimiento indígena. La historia de su familia ha transcurrido siempre bajo relaciones muy estrechas con comunidades de los pueblos originarios de Cayembe, una localidad a unas dos horas de Quito.

Andrea participó en las marchas y también en lo que podía con la logística. Comenzó encargándose de la comida: "había gente que literalmente nos prestaba las cocinas de sus casas", cuenta. "Y hay que entender que la solidaridad fue espontánea. Nos fuimos organizando poco a poco y como buenamente pudimos", remarca en diálogo con Sputnik.

Según la voluntaria, en los comercios les preguntaban si lo que compraban era para los que estaban protestando. Ella respondía que sí y a cambio recibía un gran paquete con toda la mercancía disponible. Los tres primeros días fueron imposibles por la cantidad de donaciones que llegaban.

Por otro lado, Andrea se emociona de ganas de cambiar las cosas y de recuerdos de unos días que han sido demasiado intensos para todos. "Ecuador es un país plurinacional pero la gente no lo tiene interiorizado aunque esté en la Constitución; y esa fue una de las cosas que se evidenció muy fuertemente con estas protestas", opina.

"Yo apoyé al movimiento indígena para terminar con el racismo y con el clasismo de una parte de la sociedad ecuatoriana", defiende la actriz quiteña y completa: "Me relaciono con personas, no con indios, mestizos o blancos; pero disfrutando mucho de la diversidad, de la interculturalidad. No planteo que somos iguales porque no lo somos, pero esa es la riqueza."

Ni Andrea, ni Karina, ni Juan Diego ni Rafael creen en este Gobierno. En lo que sí creen es que esta protesta no acaba aquí. Que habrá más porque todavía tiene que aprobarse un nuevo decreto a gusto de todos, y todavía Moreno debe cumplir. Y no solo con la sociedad ecuatoriana. Debe cumplir con ajustes fiscales para atender al FMI y pagar el crédito con el que se comprometió.

Ecuador, y más en concreto el pueblo indígena, tiene una historia evidenciada de lucha. Sabe cómo destronar presidentes del Palacio de Carondelet; y la última victoria ha sido innegable, aunque pausa una crisis estructural del entramado político del Gobierno. La tensa calma es ahora la reina de Ecuador hasta nuevo aviso sin tregua, ni perdón, ni olvido.

Fuente: Sputnik News

ECONOMÍA DE ARGENTINA SE SITÚA EN LAS PEORES DEL MUNDO EN 2019




Las últimas declaraciones del FMI respecto al futuro económico y financiero de Argentina muestran una desmejora porcentual en los índices de inflación y desempleo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) develó mediante la publicación del informe Perspectivas Económicas Mundiales (WEO), que Argentina presenta una de las peores economías del mundo, y además aseveró que esta situación financiera empeorará en lo sucesivo.

“Se espera que la economía en Argentina se contraiga más en 2019 debido a la caída de la confianza y a condiciones de financiamiento externo más ajustadas”, afirma el estudio de pronóstico.

En este sentido, el reporte del FMI hizo de conocimiento público que Argentina experimenta un puntaje inflacionario importante que sitúa a esa nación en el tercer lugar mundial y la ubica en el séptimo puesto de las naciones con mayor caída económica en 2019.

Dentro de las estimaciones que detalló el informe, se encuentra una devaluación del Producto Interno Bruto (PIB) de Argentina, el cual decaerá en un 3,1 por ciento de su cifra actual, a la vez que sufrirá una elevación en la tasa de inflación de 57,3 por ciento, mientras que los índices de desempleo rayarán los 10, 6 por ciento antes de finalizar este año.

Este informe de panorama económico mundial fue presentado en la ciudad de Washington, capital de Estados Unidos (EE.UU.) como antesala a la reunión anual del FMI que será encabezada por su nueva directora gerente, la economista búlgara, Kristalina Georgieva.

"La economía global se encuentra ahora en una desaceleración sincronizada en parte debido a las crecientes barreras comerciales y las crecientes tensiones geopolíticas", aseveró el FMI en su cuenta de Twitter tras la publicación de las proyecciones económicas.

La República Argentina ha sigo golpeada con una cartera de restructuraciones financieras y recortes presupuestarios por parte del actual presidente de esa nación suramericana, Mauricio Macri, quien además adquirió en 2018 un préstamo de 57.000 millones de dólares de las arcas del FMI.



Fuente: Telesur

INDEC INFORMA SEPTIEMBRE: 2019 SE CONSOLIDA COMO EL AÑO MÁS INFLACIONARIO DE LA GESTIÓN



La medición del período pasado se ubicaría cerca del 6%. Números tapados por quita del IVA y postergaciones de subas en gas y combustibles.

Este miércoles, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dió a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del pasado mes de septiembre.

La consolidación, de acuerdo a las previsiones, es que este año es el de mayor inflación de la gestión de Mauricio Macri, que viene con el 47,6% de 2018, de quebrar la marca histórica de 1991.

Con la devaluación posterior a las elecciones primarias, los precios de la canasta básica se dispararon, el resto acompañó la cotización del dólar, y tendrán en el mes de septiembre un pico que se estima cercano al 6 por ciento.

El 4 por ciento que marcó agosto, con un 54,5 en el interanual, era el anticipo de lo que llegó en septiembre.

La certeza es que la presión que generaron los precios en 2019 es la mayor de los últimos cuatro años, aplacada por decisiones en el marco de la campaña electoral.

De hecho el número actual está condicionado por la quita del IVA impuesta por el gobierno nacional a 14 categorías de productos básicos, en el marco de medidas “de alivio”.

Del mismo modo, vienen empujando con las actualizaciones de precios por un lado los combustibles líquidos, con subas impositivas paralizadas en los últimos meses. Y por el otro, el del gas natural, que la actual gestión decidió postergar y tendrá su implosión posiblemente en diciembre, donde deberían implementarse los últimos dos ajustes semestrales.


Fuente: Cba24

DARWIN PASSAPONTI, EL PRIMER MÁRTIR DEL PERONISMO

*Por Diego Carbone

Concluida la movilización popular e inmediatamente después del diálogo del Coronel Perón con el Pueblo trabajador que se movilizo espontánea y casi increíblemente, los manifestantes comenzaron a abandonar la Plaza de Mayo ya en la noche del 18, con el colorido de las antorchas encendidas.

La Avenida de Mayo era un desfile incesante de personas que al pasar frente al edificio del diario "Crítica", un grupo de cipayos e izquierdistas antiperonistas, silbaban estruendosamente al paso de las columnas.

Al comenzar a pasar las columnas de la "Alianza Libertadora Nacionalista", comenzaron a disparar con armas de fuego desde las ventanas del diario.

Los grupos de la Alianza se parapetaron en la vereda de enfrente y utilizando las mesas como escudo, respondieron el ataque generándose un grueso tiroteo. En medio de la vereda, cayó alcanzado por las balas de los enemigos del Pueblo, Darwin Passaponti, un joven poeta de 17 años. 
Había recibido un tiro en la frente, llevaba en su solapa el cóndor insignia de la "Alianza Libertadora Nacionalista", hacía unos meses había comenzado a militar en la "Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios"; otros dos jóvenes heridos de la "Alianza Nacionalista", murieron varios días después.

Llegado el día 18 de octubre, la cifra fue de cincuenta heridos y un muerto. Del bando agresor, luego de la intervención policial y del Regimiento 3, detuvieron a los atacantes pertenecientes al diario "Crítica" y secuestraron todas las armas. La sinrazón se cobraba la primera victima entre las filas de las juventudes peronistas.


POEMA DE LA AUTORÍA DEL JOVEN DARWIN

"Quise cruzar la vida

con la luz del rayo
que el espacio alumbra,
seguro de no vivir más que un instante,
seguro de no morir debilitado.
Así como el rayo,
corto, breve y soberano".


CARTA DEL GENERAL PERÓN AL PADRE DEL JOVEN ALIANCISTA ASESINADO EL 17 DE OCTUBRE DE 1945
Madrid, 20 de diciembre de 1967.-
Señor Don Darwin Passaponti
Buenos Aires


Querido compañero:

He recibido y le agradezco el envío de su libro "La Chacra del Mangrullo", como las generosas palabras de su dedicatoria. No sabe usted el placer que he tenido al leerlo porque yo he nacido en la estancia de mi padre en Lobos y he crecido después en otra estancia en la Patagonia, de manera que todo cuanto usted menciona me es casi familiar.

Muchas gracias por el buen rato que me ha proporcionado con tantos recuerdos.

Su amabilidad me ha traído el recuerdo de su hijo DARWIN PASSAPONTI, nuestro primer peronista, muerto el 17 de octubre de 1945 frente a "Crítica" y desde aquí me uní al homenaje que el Peronismo en su tumba rindió con motivo del aniversario de su fallecimiento y que en esta ocasión rememoro con emoción.

Le ruego acepte, con mi saludo más afectuoso, mi agradecimiento por todo.

Un gran abrazo.

JUAN PERÓN

HISPANOAMÉRICA ANTE UN NUEVO 12 DE OCTUBRE

*Por José Luis Muñoz Azpiri (h)
“Hay tres clases de seres humanos: los vivos, los muertos y los que se hacen a la mar” 

ANACARSIS (s.VI a.C) 


Apenas fue descubierta América, comenzó la recreación hispánica en el Nuevo Mundo: Ninguna potencia estaba tan capacitada como España para esa empresa civilizadora pues había alcanzado la mayor estatura política de la modernidad, con la unidad nacional, la expulsión de los moros invasores y el desarrollo del proceso cultural que impulsaban sus científicos, comerciantes y navegantes.. España llegaba, pues, en su apogeo nacional y con la ocupación del territorio americano, y se proyectaba en una dimensión evangelizadora, cultural, política y económica.

En el Nuevo Mundo encontró civilizaciones y culturas que, no obstante su valor relativo en ciencias, artes y organización social, eran incapaces de afrontar la superioridad de España. La falta de una conciencia de su condición histórica y geográfica, el fanatismo religiosos que inferiorizaba la condición humana y el primitivismo cultural que reducía la capacidad expresiva y de comunicación, impidieron la trascendencia del mundo precolombino.

Pero su realidad étnica y social se fundió con la civilización hispánica para producir un “nuevo género humano” – como dirá Bolívar – en ese mestizaje que definirá su originalidad con la recreación, en términos americanos, de la religión católica, la lengua castellana y la organización institucional hispánica.

Durante más de tres siglos se desarrolló en el Nuevo Mundo una civilización que prolongaba los valores clásicos y cristianos, protagonizados por España con una personalidad propia y que se ensanchaban en América con características tan originales y fecundas como las hispánicas.

Desde el Océano Pacífico y las costas de la América del Norte hasta las heladas lejanías del Sur, desde el Mar Caribe hasta la Cordillera de los Andes, crecieron pueblos y culturas que, no obstante su heterogeneidad, llevaban un sello de unidad racial y cultural capaz de integrar las notas más diversas de su humanidad.

Esa civilización se debe ponderar en varios planos. En primer lugar, los ahora denominados “originarios” ( que no lo eran de América sino de las estepas siberianas) se beneficiaron de la igualdad con que España asimiló, durante siglos, a judíos moros y cristianos en un mestizaje racial que es nuestro origen común y que si fusionó, primero, a los aborígenes y los españoles, sumó luego los pueblos más diversos: negros, judíos, árabes, japoneses, italianos, franceses, alemanes y anglosajones y a los que ahora se suman los provenientes de Lejano Oriente. Toda Iberoamérica comparte esa mezcla, cuyos componentes varían según las regiones y los momentos históricos, sin que se altere la convivencia étnica, hazaña social y cultural que nos singulariza y que se proyecta hoy como una virtualidad ejemplar.

Los pueblos americanos fueron evangelizados por una religión cuyo ecumenismo superó prejuicios e impregnó desde las formas elementales de la vida cotidiana hasta la organización cultural. La sabiduría de la Iglesia contribuyó, además, a preservar los rasgos más valiosos del mundo aborigen pues bautizó símbolos y costumbres, integrándolas en la variedad de la liturgia católica. Sin duda fueron arrasados ritos sangrientos y prácticas viciosas pero gracias a que se evangelizó en las lenguas de los infieles, las crónicas, gramáticas vocabularios permitieron el rescate de una tradición oral que, de otro modo, se hubiera perdido para siempre, a diferencia del legado de signos, piedras y monumentos que se conservó, incorporado a la civilización hispánica, con valores estéticos que con orgullo podemos considerar propios.

La otra singularidad que une a nuestros pueblos, es la lengua castellana, que llegó a América cuando comenzaba su florecimiento expresivo y artístico y que se impuso por su universalidad frente a los rudimentarios sistemas idiomáticos precolombinos, confinados a la oralidad por la carencia de una escritura alfabética, limitados por el primitivismo de sus contenidos intelectuales y por la ignorancia en que unas culturas se encontraban respecto de las otras, sin más relación que las guerras y el dominio tiránico.

Mediante la lengua castellana, nos liberamos de aquella ignorancia y por encima de cualquier diversidad nos en lazamos en el cono cimiento y la expresión, fundamos nuestra existencia cultural y alcanzamos la verdadera unidad americana: El castellano en América también comportó un mestizaje, por cuanto sin alterar la estructura esencial de la lengua, integramos términos, sonidos y matices autóctonos que enriquecieron nuestra vinculación con España, cuya tradición de pensamiento y belleza, de valores supremos en a épica, la mística y la lírica, asumimos como propia. Gracias a la lengua castellana que nos cristianizaba e hispanizaba, proyectamos la personalidad americana a una dimensión universal, sin mengua de la propiedad de nuestra voz.

Por último, nos singularizó la organización política e institucional, que engarzaba la fundación de la sociedad iberoamericana en el orden jurídico del Estado de derecho más avanzado del mundo moderno. Hacia América se extendió un tejido de leyes que aseguraban los derechos de los súbditos del Imperio, acogidos al monumento jurídico que fueron las Leyes de Indias. con cuya guía se ordenó la nueva sociedad. Heredamos esa tradición y la continuamos, sin que la organización de los nuevos tiempos históricos significara la renuncia de aquel pasado que está en la base de nuestra personalidad institucional.

El mestizaje racial, la religión católica, la lengua castellana y la tradición política, constituyen, pues, los factores de unidad de Iberoamérica: pero tienen una condición: son esenciales, es decir, que no pueden desaparecer con los tiempos, pues están intrínsecamente unidos a los que es la personalidad de nuestros pueblos. El carácter mestizo de la constitución étnica persiste, al igual que la fe religiosa; seguimos hablando en castellano – o en la lengua hermana de Portugal – y la tradición política y jurídica, todavía se conserva, aún con los cambios y modificaciones más extremas.

Hay otros factores que separan a nuestros pueblos, como son las diferencias geográficas, los intereses económicos, algunos rasgos de la psicología socias y, sobre todo, los diversos grados del desarrollo cultural e institucional. Pero son sólo factores accidentales, porque están en permanente cambio y sus caracteres actuales posiblemente serán diferentes en el futuro. Las inmigraciones pueden alterar los matices de las fusiones étnicas, los desarrollos del urbanismo y los cambios económicos y tecnológicos, lo mismo que el progreso político perfeccionarán la índole de muchos países iberoamericanos. Pero estas modificaciones, por más importantes que fueran, son accidentales y no anulan aquellos rasgos que denominamos sustanciales. Podemos ignorarlos, renegar de ellos y hasta repudiarlos, descalificando sus valores, pero jamás podremos anular su realidad, ya que se refieren a la esencia de nuestras sociedades.

Esas características definen rotundamente la identidad iberoamericana, esa fisonomía que viene desde nuestros orígenes históricos y que no plantea dudas ni interrogantes angustiosos, porque la hemos reconocido siempre a través de “estos cuatro siglos que en ella hemos servido”, como dijo para siempre nuestro Leopoldo Lugones.

Cabe, sin embargo, preguntarse por el futuro de esta personalidad iberoamericana, que con el dinamismo propio de toda sociedad humana, afronta un proceso de desarrollo y cambio. Más aún, valorada nuestra singularidad desde su perspectiva histórica, es urgente inquirir sobre cuál será su destino previsible en un mundo donde no basta la singularidad o la diferencia, es en ese marco de universalidad donde Iberoamérica tendrá que significarse por una contribución que, además de singular y original, deberá ostentar valores superiores.

En primer lugar, quiero llamar la atención sobre un tema que visto desde Buenos Aires – donde cuesta reconocer esa Hispanoamérica que, como decía Enrique Zuleta Álvarez citando a Pedro Henríquez Ureña, comienza en Córdoba… -, no es considerado en toda la importancia que tiene: el mestizaje, étnico y cultural. Como todo lo ocurrido en un largo período histórico, la composición racial de Iberoamérica presenta aspectos conflictivos. La asimilación de los naturales de la tierra a través de la evangelización, la hispanización y la instrucción, que son requisitos ineludibles del progreso está incompleta y hay millones de indígenas marginados. Aún hoy, en la Argentina, se discute el desalojo de las tierras donde habitan por no citar otras zonas como la Amazonia donde han sido sometidos a verdaderas expediciones punitivas. Pero este grave problema no implica que el mestizaje haya caducado, por el contrario sigue siendo el camino de los marginados a la civilización criolla y la posibilidad de renovación biológica de nuestras sociedades, porque la fusión étnica y cultural sigue siendo la clave de un crecimiento pacífico, sin los conflictos raciales de casi todas las regiones del mundo.

En América, el ciclo histórico de los Estados indígenas concluyó con la conquista, pero no su ciclo cultural. Dice Carlos Fuentes que “El repertorio de nuestras insuficiencias urbanas, occidentales, nos aguarda calladamente en el mundo indígena, reserva de todo lo que hemos olvidado y despreciado: la intensidad ritual, la sabiduría atávica, la imaginación mítica, el cuidado de la naturaleza, la capacidad de autogobierno, la relación con la muerte.”

En la actualidad asistimos a cambios sociales profundos. El derrumbe del bloque soviético ha rediseñado políticamente el mapa mundial, con problemas raciales, religiosos y culturales que, aparentemente, habían desaparecido frente a la hegemonía de los grandes países industriales. No han sido así y las viejas civilizaciones son incapaces de renunciar a la “pureza étnica” y a las guerras culturales y religiosas de las cuales la ex-Yugoslavia es su demostración más reciente. En esas circunstancias, Iberoamérica exhibe la solución étnica del mestizaje como un ejemplo de eficacia probada.

Es difícil conjeturar si se puede producir un movimiento de emigración hacia Iberoamérica, como el que hubo en el pasado y que tanto influyó en los países del Cono Sur. Al iniciarse la década de los años 80, en el siglo XIX, la realidad social, cultural, económica y política de la Argentina tendría una profunda transformación estructural a causa de una importante masa de inmigrantes que, a partir de esa década y hasta 1910, tuvo un ritmo vertiginoso. El historiador José Luis Romero caracterizó a este período como “la era aluvional”.

El impacto de la inmigración masiva – analiza el sociólogo Raúl Puigbó – “fue de tal magnitud como para generar una crisis en la identidad nacional, de características diferentes, pero de similar efecto, que la producida en los inicios de la colonización española, por el proceso de mestización, aculturación, asimilación e integración de los componentes étnicos originales – españoles, indígenas y negros – amén de los subproductos derivados de la miscegenación (mezcla de tres troncos raciales – en el caso americano -, mongoloide, caucasoide y negroide) ,hasta conformar un biotipo estabilizado y perfectamente adaptado al escenario físico. Este biotipo original poseía los rasgos caracterológicos y la autoconciencia de su identidad nacional. Este proceso se realizó – coetánea y simétricamente a la homogeneización y a la estratificación de la sociedad rioplatense. El proceso de asimilación se desenvolvió sin conflictos y de un modo progresivo; hasta se puede decir que fue relativamente armónico. El blanco español se constituyó en el núcleo fundamental, que logró imponer rasgos morfológicos al biotipo, así como los valores culturales, la religión, las formas de sociabilidad, las instituciones y la estructura jurídico-política.”

En cuanto al catolicismo hispanoamericano, conserva todas las virtualidades de una religiosidad auténtica, últimamente vigorizada de una forma espectacular e inédita por el magisterio del Papa Francisco, porque desde el Descubrimiento, la Iglesia interpretó el alma primitiva de los aborígenes, los rescató del paganismo y les mostró el camino de la esperanza y la salvación. El catolicismo ha sufrido la erosión de la cultura moderna, sobre todo en los núcleos urbanos más conflictivos, pero superado el extravío de algunos sectores intelectuales por la desaparición del dogmatismo marxista, mantiene sus valores específicos robustecidos desde que hace unos pocos años el argentino Jorge Mario Bergoglio se convirtió en Francisco, Papa universal elegido por el Cónclave en la Capilla Sixtina. Su revolución evangélica, su adhesión radical al Evangelio que ha hecho crecer en forma extraordinaria la cercanía de la Iglesia con la gente en la frontera de la misericordia, con un leguaje a veces fuerte en el combate contra la exclusión social, la desigualdad, la marginalidad en todos los niveles, el descarte de los débiles, pobres y sufrientes, componen un mensaje incómodo que fastidia y mueve al rencor a muchos sectores conservadores.

En cuanto a la lengua castellana, es un factor central de la unidad hispanoamericana. Superados los temores de anarquía lingüística, las comunicaciones y la cultura han consolidado el nivel de normalidad idiomática, y la lenguas castellana se establece como el instrumento principal para la educación de los pueblos, el desarrollo de sus posibilidades creativas y el ingreso a una dimensión universal de la cultura.

Nuestros pueblos hablan y leen el mismo idioma, y a la hispanización por medio de la lengua ha sido el pórtico a través del cual ingresamos, con títulos análogos a los peninsulares, a la cultura hispánica y a sus valores ideológicos y artísticos que ahora son tan nuestros como los españoles.

Gracias al castellano que poseemos en América, son nuestros Cervantes, Fray Luis de León, Quevedo, Galdós, Azorín, Maeztu y los Machado, y los hispanoamericanos podemos enorgullecernos tanto de los humanistas del Barroco mexicano como de la prosa Romántica de Sarmiento y Martí. Las dos transformaciones principales de la lírica hispánica en el siglo XX se debieron al nicaragüense Rubén Darío y al chileno Pablo Neruda; el humanismo literario hispánico cuenta con una personalidad mayor como la del mexicano Alfonso Reyes y bastarían los nombre de Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal para caracterizar la contribución argentina a un panorama literario que hoy resplandece en la narrativa del colombiano Gabriel García Márquez y de los mexicanos Carlos Fuentes y Octavio Paz, como algunos de los ejemplos de la originalidad y el valor de la siembra de la lengua castellana en América.

Es probable que uno de los aspectos más criticados de la realidad hispanoamericana sea el de la organización social y política. Enrique Zuleta Álvarez lo atribuye al espíritu mimético de nuestra clase dirigente que no logró un sistema que pusiera de acuerdo las teorías con los reclamos de paz, justicia, progreso y libertad que comparten todos los pueblos. Hemos padecido una inestabilidad crónica, jalonada por revoluciones y tiranías que arrojan, al cabo del medio milenio del Descubrimiento, un balance de equilibrio muy difícil.

Quizás no supimos continuar la tradición de realismo político que España infundió en América y que solo declinó cuando hacia fines del siglo XVIII, la propia Metrópoli cedió en su temple imperial. “La capacidad y el saber de la clase política – continúa Zuleta Álvarez – no ha sabido recoger en fórmulas estables algunos datos esenciales que vienen desde nuestro fondo histórico: el igualitarismo republicano que debe coexistir con el reconocimiento de la excelencia de las élites, el personalismo, que exige la unión de la eficacia con la ética, el orgullo nacional que repugna la sumisión y la inferioridad, en fin, esas bases reales de la sociedad iberoamericana que debieran recogerse en sistemas políticos animados por la voluntad de vivir con honra, de acuerdo con el derecho y la razón, sin estar sometidos a la humillación de la fuerza y la violencia”.

Los iberoamericanos conservamos casi intacta nuestra capacidad de idealismo y no hemos renunciado a proyectos políticos que satisfagan las exigencias sociales auténticas. En una escala universal no somos inferiores a ningún pueblo y no hemos cedido a la tentación de abusar del poder en aventuras exteriores, ni justificamos las tiranías ni los odios, de modo que nuestras debilidades y desaciertos no son peores que los de muchos que se exhiben como faros de la libertad y el progreso.

Es imperativo respetar los dictados de la índole propia y a no inclinarnos frente a las modas ideológicas, siempre fugaces y cambiantes. Por ello nunca insistiremos bastante en la urgencia de aprovechar nuestra experiencia del pasado para extraer de allí las lecciones que puedan iluminarnos.

Desde la conmemoración del Quinto Centenario, Iberoamérica puede y debe culminar un juicio sobre su lugar en la historia, una rendición de cuentas donde el saldo de los fracasos no impida valorar y ponderar las contribuciones positivas. Lejos estoy de establecer un juicio o tan siquiera una ponderación de ese proceso, de modo que las reflexiones que expongo solo apuntan a algunos hechos que en los últimos tiempos han cobrado una curiosa e inusitada trascendencia.

Parto de dos ejes centrales: el primero es el reconocimiento de la obra de España en América pues, como dije, es nuestro pasado ineludible. Negar la presencia de España en América es negar mi presencia y la de muchos que para esta fecha se anotan en el coro lacrimógeno de la ópera del “genocidio”. Y el segundo es la ponderación de lo que Iberoamérica ha desarrollado a partir de aquella tradición.

Este punto de vista responde a la constante diatriba y esmerilado de de la obra de España en América, que ya no responde a una vetusta y arcaica “Leyenda Negra” ya desacreditada por la moderna crítica historiográfica, sino también a la actitud de algunos poderosos sectores oficiales de la propia España, que han renunciado a la gloria posible de la hispanización de América y concluye con un retorno imposible a un estado edénico, utópico a las civilizaciones precolombinas; bastante lejanas, por cierto, de un inexistente Paraíso perdido.

Esta campaña, cuyo origen y características no alcanzamos a comprender, y que algún día habrá que estudiar en una sociología de la cultura, con un análisis semántico de sus principales argumentos, no tiene un propósito científico. Ninguna historia presentó jamás la que se ha llamado “la Leyenda Negra”, estamos ante un panfleto propagandístico, un libelo, una crítica que desprecia la verdad histórica, con una sentencia ideológica dictada antes de toda consideración imparcial.

Nos enorgullecemos de nuestra “Romanitas” y no por ello manifestamos acuerdo con los sangrientos juegos de circo. Recordamos al Imperio romano por su obra jurídica y política y no por sus guerras de conquista. Nadie ha juzgado con ese criterio la historia de la humanidad, jalonada por una violencia inherente a la especie humana. Nunca se negó que la conquista de América implicó muertes, abusos y violencias de toda índole. En una América sembrada de conflictos interétnicos, que solo conocía la fuerza, la imposición del nuevo orden hispánico sin duda acarreó injusticias y crueldades, pero España nunca las justificó y, por el contrario, ha sido la única nación en la historia, que enjuició sus derechos y acciones y las sometió a los tribunales de la religión, la filosofía y el derecho, para vigilar y corregir su empresa política.

Reducir la acción ibérica a la codicia y el fanatismo no solo es una injusticia sino un desatino y una absoluta imbecilidad, que no les interesa rechazar a los sectores ya aludidos de la España actual, cuya falta de solidaridad son su propia tradición no queremos calificar, pero que nos interesa a nosotros los hispanoamericanos de hoy, porque venimos directamente de aquellos años fundacionales y tenemos el derecho de juzgar sobre las luces y sombras de nuestra propia historia.

España volcó sobre América todo lo que tenía de más valioso en cultura y sociedad y junto con la religión y la lengua, sembró el Nuevo mundo de ciudades, universidades, catedrales, leyes, instituciones, ciencias y artes. Aborígenes y españoles pagamos por todo ello un precio de sangre y violencia, pero quedó un legado que transformó nuestra condición humana y desde esa perspectiva debemos juzgar esta nueva conmemoración.

Las acusaciones absurdas de genocidios, podrían extenderse a toda la historia humana, comenzando en Occidente con el Viejo Testamento y aún antes sin otro resultado que una incomprensión absoluta de la realidad. Nadie ha negado jamás las inevitables luchas entre españoles e indígenas que dirimían la modificación del mundo, pero sería insensato pretender que en esa época se hubiera hecho de otro modo, sobre todo cuando el ejemplo de la ferocidad, el sectarismo cruel y la intolerancia de los otros países europeos en sus guerras religiosas y de conquista, enaltecen, por contraste la España que conquistó América.

Pero cuando callaron las armas, comenzó la creación del mundo criollo, donde mestizamos sangres y culturas en esa realidad nueva que nos define. Por eso no somos indios ni tampoco españoles, somos lo que Vasconcelos bautizó como “Raza Cósmica” compuesta a través de España, por un torrente ibérico, mediterráneo, griego y romano, cristiano, pero también árabe y judío y por los ” Centinelas del silencio” que habitaban las selvas, llanuras, montañas y pampas del aquel Mundo Perdido, profetizado por el latino Séneca. De esa mezcla estaban hechos esos antepasados lejanos que hoy se pretende que neguemos.

La mayor injusticia que podríamos cometer con nuestros pueblos sería proponerles volver al pasado. Los retornos no existen en la historia, pero aún si fuera posible ¿Renunciaríamos al lugar que hemos ganado, a través de España, en el concierto universal ¿Renegaríamos del mensaje evangélico que predica con renovados bríos un Papa surgido en el confín austral del Nuevo Mundo y que manifiesta a un Occidente adormecido y embriagado en los espejismos del consumismo, para retornar a cultos bárbaros, con dioses crueles y fatídicos, cuya desaparición permitió la esperanza y salvación de los esclavos? ¿Abandonaríamos a nuestra eufónica y melodiosa lengua castellana para volver a desaparecidos dialectos sin escritura ni memoria, donde sólo podría recogerse una sabiduría silvestre, confinada a los rincones de un mundo que ha desaparecido para siempre? ¿Vaciaríamos nuestra idiosincrasia cultural criolla cultural criolla de todo lo que tiene de hispánico, desde nuestros nombres y apellidos hasta las formas del pensamiento y el arte, como la jota y el flamenco, con su océano de refranes, coplas y romances que recorre Iberoamérica, desde el corrido mexicano hasta el joropo venezolano, la guabina colombiana, la marinera peruana, la cueca chilena, la zamba, la chacarera y al milonga argentinas? La sola mención de estas alternativas, terribles si no fueran pueriles, basta para comprender el absurdo de un indigenismo tan regresivo como felizmente imposible.

La construcción de esta Iberoamérica, frustrada y exitosa, incompleta y siempre en busca de una perfección soñada, se basa en una obra de civilización que España emprendió en el Nuevo Mundo con lo mejor y peor que tenía, es decir, con todo. Los que quedaron aquí, dejaron su progenie y sus huesos, hicieron su fortuna o su desgracia, medraron o fracasaron y los aborígenes se les fueron sumando en un lento proceso de fusión que aún no ha concluido. Juntos hemos vivido estos cinco siglos, que no fueron iguales como dice una lacrimógena y tendenciosa canción, juntos hemos extendido la cultura y empujado la barbarie (en sentido Morganiano) hasta sus últimos confines y cuando logramos nuestra Emancipación, no lo hicimos para renegar de nuestra herencia inalienable de fe, lengua y cultura, sino para continuarla pero con títulos propios. De ese origen venimos los hispanoamericanos y no los peninsulares de hoy, fascinados con un europeísmo a ultranza, y por esa razón es nuestro privilegio reivindicar esa historia.

Incorporada al mundo civilizado con los valores que hemos tratado de ponderar, Iberoamérica se presenta ante la historia universal con sus grandes personalidades y la vergüenza de sus errores, que no son peores que las de muchos poderosos de la tierra, y aun cuando queda mucho por conquistar, solo podremos hacerlo si conservamos nuestra originalidad, nuestra personalidad de sello hispánico, declarando y asumiendo el nombre y el apellido con que nos presentamos ante el mundo. No lo haremos sometiéndonos a las modas políticas y culturales o abdicando de nuestra identidad histórica.

Dice Zuleta Álvarez: “Conservar la heredad significa adelantar en la conquista de los ideales que resplandecen en todo lo que Iberoamérica ofrece al mundo como su contribución más valiosa. Mucho es lo que nos queda por hacer, dentro de nuestro propio mundo. Hay territorios por integrar, sociedades y países que aún esperan la plenitud de su independencia y soberanía y millones de iberoamericanos que aguardan la liberación de las tinieblas de la ignorancia por medio de la fe y la cultura. Hay una humanidad sometida a la miseria, la marginación y el abandono, iberoamericanos que todavía no ejercen la plenitud de sus derechos porque no hemos logrado la organización estable de nuestras sociedades políticas, dentro de las cuales deberá consolidarse esa convivencia fraterna en la libertad y la justicia.”

Nos hicieron creer en un supuesto “Fin de la Historia” y en la sepultura de los relatos y sin embargo, vemos en este principio de siglo que todo lo que parecía muerto – religiones, regiones, memorias, lenguas, sueños – estaba intensamente vivo, coincidiendo con todo aquello que identificará a la modernidad, desde internet hasta un diseño industrial, desde la fibra óptica hasta un teléfono celular.

De la forma en que coexistan estas dos realidades, de la voluntad de ensamblarlas sin mutilaciones de ningún tipo surgirá el perfil de nuestro continente en las próximas décadas.


LIBRO RECOMENDADO: INSEGURIDAD ¿POLÍTICA O POLICIAL?



Es sabido que los “Consejeros de Seguridad”, proliferan cuanto más aumenta el desconcierto ante el delito, abundando en opiniones y analogías con situaciones similares, en distintos países de este planeta. La “Seguridad Ciudadana” como bien social, es un concepto que va más allá de la inmediata protección contra el delito, constituyendo la base necesaria para el ejercicio de la libertad, vinculándose directamente a la existencia de un Estado democrático, con el fin de proteger los derechos básicos de las personas.

Antiguamente definir una “Política de Seguridad” resultaba razonablemente simple: el objetivo era sancionar eficazmente a los infractores. Posteriormente, a medida del desarrollo de propuestas en torno a la prevención y a la investigación sobre las causas del delito, el objetivo pasó a ser la reducción en el número de infracciones delictivas, volviéndose la temática cada vez más compleja e incorporando a su solución, un mayor número de actores.

A consecuencia de esas nuevas políticas, el ciudadano común pregunta angustiado: ¿Quién nos cuida? ¿Cómo nos cuida? ¿De quién o de qué se nos protege?.

Las actuales Políticas de Seguridad Ciudadana, tienden a saturar el territorio nacional de efectivos policiales, que si bien no llevan en la actualidad el sino represivo social de antaño, crean expectativas de que la salida sea solo el mayor número de custodios de la sociedad. En realidad, la tarea es un trabajo conjunto de toda la comunidad y en especial, de los decidores políticos, por la responsabilidad que le cabe y que generalmente eluden. Los responsables, son solo aquellos, que delinquen. Por ello el título de este ensayo: “Inseguridad: ¿Política o Policial”?. Dilucidar este interrogante, es el dilema.

Cuando se entienda, que el objetivo final de la policía no es la detención del delincuente, sino la resolución de un problema y que el problema suele ser demasiado complejo, como para que lo resuelva solamente la policía, podremos abocarnos a una integra Política de Seguridad Ciudadana.

De ahí la afirmación de que el problema de la Inseguridad, no es una cuestión exclusiva de policía y ladrones, ya que para solucionarlo, con la Policía sola, no alcanza. Este libro, trata de explicar el fenómeno que tanto nos angustia a los argentinos.