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23 de agosto de 2009

AGRADECIMIENTO A LOS COMPAÑEROS/AS DE VENEZUELA


En nombre de todos los que hacemos Ida & Vuelta, quiero hacer público nuestro agradecimiento a los compañeros de la Hermana República Bolivariana de Venezuela, por haber incluido nuestro espacio dentro de los Medios Alternativos, que figuran en la Web de la Juventud Socialista de Venezuela.


Por ello, este acto de unión y hermandad que hacen a la Patria Grande, podemos sintetizarlo en palabras del compatriota Simón Bolívar:

"La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino."

Tomemos las palabras y el ejemplo de nuestros líderes y hagamos realidad el sueño de la Revolución.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!!

Eliana Valci

Directora

EVITA RENUNCIO A LOS HONORES PERO NO A SU PUESTO DE LUCHA, EN EL HISTORICO CABILDO ABIERTO DEL 22 DE AGOSTO DE 1951

*Por Alberto Castagnoli

El 22 de agosto de 1951 el temple de una mujer amada por su pueblo se puso de manifiesto en toda su dimensión. Eva Perón, en un acto multitudinario -el más grande que se había visto en la Argentina-, y ya con el cáncer a cuestas que comenzaba a carcomerla, tuvo, en una verdadera asamblea popular, uno de los diálogos más profundos y emotivos con su gente. Desde entonces, ese día ha quedado en la historia de las luchas populares como el Día del Renunciamiento, marcando a fuego una comunión entre esa mujer y su pueblo que aún hoy, cincuenta años después, conmueve por la sinceridad. Evita, en el Cabildo Abierto convocado por la CGT en las avenidas 9 de Julio y Belgrano de Buenos Aires, frente al entonces Ministerio de Obras Públicas, ante el anuncio de que se le ofrecía ser candidata a vicepresidente del general Perón en las siguientes elecciones del 11 de noviembre le habló así a más de un millón y medio de trabajadores: “Hoy, mi general, en este Cabildo del Justicialismo, el pueblo que en 1810 se reunió para preguntar de qué se trataba, se reúne para decir que quieren que Perón siga dirigiendo los destinos de la patria”.Espejo, secretario general de la CGT, propone a Eva Perón como compañera de fórmula. Y ésta responde:“Mis queridos descamisados: yo les pido a los compañeros de la CGT, a las mujeres, a los niños, a los trabajadores aquí congregados, que no me hagan hacer lo que nunca quise hacer. Yo les pido a la Confederación General del Trabajo y a ustedes, por el cariño que nos une, por el amor que nos profesamos mutuamente, que para una decisión tan trascendental en la vida de esta humilde mujer, me den por lo menos cuatro días más para pensarlo”.Terminante, el pueblo no quiso esperar más, pidiendo su aprobación en ese mismo momento, a lo que Evita continuó diciendo: “Compañeros: Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. Yo me guardo, como Alejandro, la esperanza, por la gloria y el cariño de ustedes y del general Perón.“Compañeros: les digo a todos que yo tenía tomada otra posición pero haré al final lo que el pueblo diga. ¿Ustedes creen que si el puesto de vicepresidente fuera una carga y yo hubiera sido una solución no hubiera contestado que sí? Es que estando al lado del general Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidente no es más que un honor y yo aspiro nada más que al honor del cariño de los humildes de mi patria.“Compañeros: se lanzó por el mundo que yo era una mujer egoísta y ambiciosa y saben ustedes muy bien que no es así. Pero también saben que todo lo que hice no fue nunca para ocupar ninguna posición política en mi país. Yo no quiero que mañana un trabajador de mi patria se quede sin argumentos cuando los resentidos, los mediocres que no me comprendieron ni me comprenden, creyendo que todo lo que hago es por intereses mezquinos..., se los reproche”. Luego de cinco días, Eva Perón anunció por radio su decisión irrevocable y definitiva de renunciar a la candidatura a vicepresidente.58 años después, el espíritu entrañable de Evita, hoy tan ausente como necesario, debe resucitar en la Argentina, con la mística de aquella histórica jornada en que renuncio a los honores pero no a su puesto de lucha.-

*Abogado - Periodista

SE CUMPLEN 37 AÑOS DE LA MASACRE DE TRELEW


Ocurrió el 22 de agosto de 1972 y fueron asesinados 16 militantes populares en la Base Aeronaval Almirante Zar de Chubut. Se recordará mañana con la causa judicial elevada a juicio oral y en marcha el proceso de extradición desde los Estados Unidos de uno de los responsables de los fusilamientos.

La causa, caratulada como "Sosa, Luis Emilia; Bravo, Roberto Guillermo y otros de privación ilegítima de la libertad, torturas y homicidio agravado", fue elevada a juicio oral en mayo pasado por el juez federal Hugo Sastre.

Las actuaciones por los fusilamientos, justificados en aquel momento por el Ministro del Interior, Arturo Mor Roig, como un intento de fuga, están contenidas en 29 cuerpos de 200 fojas cada uno, embalados en 10 cajas con documental, fotos, prueba fílmica y libros donde se detalla cómo fueron acribillados 19 militantes, 16 de los cuales murieron en el acto y los restantes resultaron gravemente heridos, siendo luego asesinados por la dictadura militar.

Según relata la elevación a juicio, la Masacre de Trelew ocurrió en la madrugada del 22 de agosto de 1972, siendo aproximadamente entre las 2.30 y 3.30 cuando Sosa, en compañía del teniente Bravo, quien se espera sea extraditado, del capitán Emilio del Real y del capitán Herrera (hoy fallecido) se presentaron en el lugar de detención de la Base Aeronaval Almirante Zar.

"Encontrándose como guardia el cabo Marandino, se les ordenó a los detenidos que doblaran sus mantas y sacaran los colchones para que los dejaran en el extremo del pasillo por donde se ingresaba a dicho sector, luego de lo cual se los hizo formar en fila en el pasillo", describe la elevación a juicio.

Las víctimas "estaban orientadas hacia el ingreso del mismo algunos y otros hacia las celdas de enfrente y disponiendo que miraran hacia el suelo tras lo cual junto con los otros oficiales y suboficiales abrieron fuego contra los detenidos", indica el texto que Sastre dirigió a la cámara, al cual tuvo acceso Télam.

Como consecuencia de los disparos fallecieron Rubén Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Segundo Suárez, José Ricardo Mena, Humberto Adrián Toschi, Miguel Angel Polto, Mario Emilio Delfino, Alberto Carlos del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Rosa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Heriberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart.

La nota aclara que en los casos Antonio Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar no murieron, ya que "fueron heridos gravemente y actualmente están desaparecidos en hechos posteriores al relatado".

La elevación dice además que "este cuadro fáctico ha sido calificado jurídicamente como homicidio doblemente agravado por alevosía y por ser ejecutado con el concurso premeditado de 2 o mas personas (16 hechos) y homicidio doblemente agravado por alevosía en el grado de tentativa (3 hechos) todos en concurso real".

En el lugar del fusilamiento, la instrucción determinó la participación de 6 cuadros de la Armada: Luis Emilio Sosa, teniente Roberto Bravo, capitán Emilio del Real, capitán Herrera (fallecido), Carlos Amadeo Marandino y el cabo Marchand (fallecido).

De los mencionados solo cumple prisión efectiva en la Alcaidía Policial de Trelew el ex cabo Marandino, el único de los que participó en el fusilamiento que reconoció haber estado presente, dando detalles sobre lo ocurrido en la sangrienta madrugada.

Los restantes se aferraron a la versión oficial de un "intento de fuga" y tras permanecer unos días detenidos 1§ en comisarías y luego en la prisión de Marcos Paz, lograron el beneficio de la prisión domiciliaria por ser mayores de 70 años y padecer problemas de salud.

Además de los mencionados se acusa a Rubén Norberto Paccagnini (jefe de la base), Horacio Alberto Mayorge y Jorge Enrique Bautista, este último por el delito de encubrimiento.

La última noticia en la causa por la Masacre fue el cumplimiento de todos los pasos para la extradición desde los Estados Unidos del ex teniente Roberto Guillermo Bravo.

Bravo es el único prófugo en la Masacre y se encuentra desde la década del 70 en los Estados Unidos de donde se negó a viajar a Argentina para comparecer ante el Juzgado Federal de Rawson que abrió la causa paralizada durante varias décadas.

El pedido de extradición de Bravo se comenzó a gestionar desde mediados del año pasado, una vez que se acreditó su participación activa en el acribillamiento de los militantes.

Fuente: TÉLAM

CARTA ABIERTA SEXTA

En la esquina de Defensa e Independencia

No somos mujeres y hombres del escándalo, nuestras conciencias no son saltimbanquis de la alarma. Al contrario: los hechos graves como el de la pobreza de amplios sectores de la población nos atañen. La pobreza atañe al fondo último de nuestros compromisos, la idea de igualdad, nuestras antiguas y recientes militancias. Nos compete, nos atraviesa. Por eso podemos decir: no nos escandaliza. El escándalo es gesto espectacular y ademán avieso. El rostro de los pobres se vuelve superficie de inscripción de llamados evangélicos, sacralidades disponibles, obsceno plano televisivo y objeto de malversación política. Nos atañen tanto las vidas dañadas por la miseria como su circulación en un imaginario que las despoja de creación, potencia y libertad.

Un presidente que desguazó las anteriores tramas sociales pudo decir “pobres habrá siempre” mientras creaba las condiciones para un inédito hundimiento de los salarios y los empleos. La conmoción del 2001 hizo visibles a contingentes de desocupados que habían encontrado en su exclusión el ímpetu para un descubrimiento de sus propias facultades organizativas y políticas. El gobierno iniciado en 2003 pensó al trabajo como una vía de recuperación de la dignidad para los desposeídos. Expansión del empleo y paritarias fueron las llaves precisas y, a la vez, el horizonte deseado. Detenido el ciclo, en la tormenta del mundo, la pobreza se hizo tópico de lo irresuelto. También, núcleo rutilante de una confrontación que es necesario deshojar.

En una iglesia de Liniers, en los palacios vaticanos, en los palcos ruralistas y en los grandes medios se agitan hilos que provienen del mismo ovillo. Ovillo que es idea: es posible aunar la mayor riqueza –dada por la propiedad privada de ciertos recursos- con la asistencia caritativa a los más pobres. Campo y Cáritas. Soja y comedor popular. Para que ese enlace sea fructífero y económico debe prescindir de lo que es visto como poder coercitivo y expoliador: el Estado. Y también del enlace de la cuestión de la pobreza con los temas de la justicia y la igualdad. Pobres habrá siempre, para atenderlos está Cáritas. La limosna es la vía celeste para unos y la sobrevivencia menoscabada para otros. Contra ella es necesario volver a situar la defensa de lo público, el engarce de la cuestión social con otros modos de la justicia y la apuesta no a la victimización de lo popular sino a su recreación política.

¿La justicia pendiente del presente no está ligada a la justicia respecto de un pasado criminal? ¿No está la deuda social impaga vinculada a una renovada reflexión sobre las condiciones de una redistribución del ingreso que afecte no sólo a los trabajadores en blanco? ¿Es posible encarar medidas imprescindibles, como un plan orientado a la resolución de las necesidades alimentarias de la población, que tenga alcance nacional y solidez nutricional, sin herramientas impositivas y recaudatorias? Sin retenciones hay limosna. Con retenciones: debate público y politización.

Decir eso suena a mala palabra: ¡quiénes son los extraviados que en el contexto de un ataque masivo a la política reclaman mayor politización! Nosotros: en la intersección, ya lo decimos, de Defensa e Independencia. En otras esquinas priman otros tonos: la indignación y la sospecha. El hombre típico de Corrientes y Esmeralda es hoy alguien que sospecha. Alguien que ve, tras los discursos y los valores de la política, una razón oscura que sería su verdadero sentido. Una razón material, crematística, que funcionaría como hilo explicativo de toda conducta pública. ¡Quién les paga!, es el grito de guerra en una Argentina con una larga devastación de las conductas políticas. Contemporáneo a ese sentimiento está el de la indignación, el ademán del usuario enojado, del ciudadano reclamante, del movilero agitado en persecuciones varias, del periodista de piso que frunce el ceño. ¡Hasta cuándo!, resuena como eco. Entre la sospecha y la indignación se sumerge la vida política del país. Quizás el ejemplo más claro de esto es la mutación de la condición del lector en gritón de los diarios digitales: ya no es el que acude a un encuentro con lo desconocido -que le exige no poca disposición amorosa para comprender- sino el que lee como excusa para el rezongo o la suspicacia insidiosa. Es el rumor mismo, la pasión arraigada en los subsuelos de los modos de vida que agrieta los cimientos mismos de lo público. Alimentados por una larga historia de desalientos y exacciones. Recreados como fábula moral en las usinas mediáticas. La nueva derecha vive en esos relatos y hace de ellos santo y seña.

Hoy esos ríos profundos de la vida contemporánea minan las bases de la gobernabilidad. Lo hacen ahora con el gobierno nacional. Lo harán luego contra otras representaciones. Lo que en su momento llamamos destituyente es eso: una articulación y un impulso, una organización de sentimientos difusos para dirigirlos, sin pausa y sin errancia, contra un objetivo determinado. Por eso los jefes de ese movimiento no son hombres de la política, aunque ellos pretendan usufructuar sus resultados inmediatos. En el fondo se intuyen las futuras víctimas si no logran pactar con ese sordo rumor. Nadie es creíble, nadie está firme. Parecen a salvo aquellos que se escudan en el reconocimiento directo de las razones mercantiles: los que declaman sus historias empresarias, los que piensan la política como un momento más de la expansión de los negocios. Bajo sospecha quedan aquellos que intentan recurrir a los discursos ideológicos o a las tradiciones políticas. Los que confiesan se convierten en testigos protegidos del juicio al entero sistema partidario.

¿Puede reconstituirse lo público en un tembladeral animado por esas fuerzas sentimentales y anímicas? ¿Puede reconstituirse lo público amenazado por la sensibilidad del miedo, la sospecha y la indignación? ¿Qué política podrá sustraerse de esa atmósfera en la que se reclama el reino desembozado de los intereses privados, porque finalmente serían los únicos sinceros?

Una elección parlamentaria ha transcurrido hace algunas semanas. Los resultados fueron adversos para el proyecto que desde estas cartas acompañamos. En cierto sentido, las advertencias que recorrían los escritos anteriores fueron confirmadas: crecieron electoralmente los adalides de la restauración conservadora, fueron ungidos los que debaten en sus gabinetes cerrados si apurar el paso hasta la caída o dejar llegar las cosas –el gobierno exánime- hasta el 2011. El triunfo de Unión Pro en la provincia de Buenos Aires, con un candidato que exhibe como méritos una caudalosa fortuna y destrezas televisivas, pone en evidencia la articulación política de los rasgos profundos de la época: el llamado a la desnuda presencia de las razones mercantiles como latir vital de la actividad pública y la mediatización de la política, convertida en mero apéndice de ficciones publicitarias que toman inspiraciones épicas –en una época que sin embargo pretenden disciplinada por las grandes fuerzas corporativas económicas- y se basan en idealizaciones de la vida popular –cuando estamos en un tiempo en que lo popular resiste dificultosamente la segmentación brutal de las experiencias colectivas-. Esos rasgos no los inventó la derecha. A lo sumo, sus políticos y publicistas son los que más descarnadamente, sin culpa y sin velos, los incorporan y expanden y por ello pueden recibir los mejores dividendos. Los que se mueven como peces en el agua en la sociedad del espectáculo.

La elección de junio hizo visible la debilidad en la construcción de otra escena para la política. De una escena en la que las fuerzas provengan de la militancia popular y no de las mediciones de rating, en la que los candidatos y funcionarios se elijan menos por la opinión pública y más por sus compromisos persistentes, en la que los diálogos tengan menos de representación de roles que de apertura a problemas, en la que el voto se dirima por la defensa de las condiciones reales de vida y no por la presión de los conjurados mediáticos. ¿No serían éstos menos eficaces en su monserga destituyente si estuvieran menos impagas las deudas sociales? Al gobierno lo atacan los jefes agromediáticos por sus aciertos y no por sus errores. Pero en las urnas perdió también por sus traspiés, sus titubeos, sus debilidades. En manos de un electorado que parece más tomado por el desánimo o la apatía que por el entusiasta abrazo a las consignas de derecha.

La restauración conservadora está en curso y en ella se unifican poderes corporativos –el empresariado nucleado en AEA, la airada mesa de enlace, el bloque mediático y algunos políticos-. Sin embargo no puede pavonearse de legitimidad por el resultado electoral. Porque no está mellada la capacidad gubernamental y porque en los cuartos oscuros también fueron ungidas representaciones parlamentarias que arrojan a la escena problemas necesarios de ser tratados en pos de una sociedad más equitativa y justa.

Si el proceso abierto en el 2003 estuviera cerrado, si sólo quedase la organización de una retirada ordenada, el gesto de la crítica sería intento de autoexclusión de la derrota. Una precaria salvación. Por el contrario, si hay que mencionar errores es en función de otra hipótesis: la de que hay un núcleo de valores fundamentales de este proceso que es necesario no sólo defender sino expandir en los próximos dos años. Y que se defienden y se expanden si hay capacidad de reinventar a la vez políticas de gobierno y de impulso de las autónomas voluntades militantes. Si hay capacidad de pensar como interlocutores no a las corporaciones con sus poderes de veto y sus agitadas amenazas sino a los argentinos de a pie: a esos que tienen el poder de su reunión, su fuerza y su voluntad.

Las urnas hablaron, pero su mensaje no tiene por qué ser aquel que los personeros de la destitución creen escuchar. Al contrario, muchos leyeron en ellas el llamado a un activismo renovado, capaz de procurar ámbitos de encuentro, creación de ideas en común, imaginativas defensas de lo público. En algunos lugares el nombre de Carta abierta bautizó esas experiencias que cavan el presente no sólo para atrincherarse en la prioritaria defensa de un gobierno legítimo sino también para encontrar los destellos de una política renacida. En muchas ciudades los hombres se reúnen en Defensa e Independencia. Quizás porque esa esquina siempre esté en el núcleo más íntimo de nuestras búsquedas.

No venimos aquí, al púlpito de la esquina, a presentar la cartilla para la reconstrucción de una militancia popular. Por el contrario: venimos a decir que estamos perplejos y asombrados. Que a la vez que hay indicios de la posibilidad cierta de una catástrofe conservadora hay un énfasis del gobierno en no retroceder en sus decisiones fundamentales y los hay también de una múltiple voluntad colectiva. Podríamos decir: falta la construcción. Nos privamos de hacerlo, para que quede el vacío ruidoso de aquello que no sabemos ni qué sería ni cómo se hace. Apenas intuimos, y que valga como susurro, que mucho de pasión por el presente, de donación a los entusiasmos de lo que viene y de renuncia a las rigideces del pasado, serán actitudes necesarias.

¿Estamos pidiendo más a un gobierno cuya existencia está, sin dudas, amenazada? ¿Estamos concurriendo a la conjura de las exigencias que pueden alterar la vida institucional? ¿Es tiempo de solicitar, una vez más, profundización de los cambios, o sólo se trata de apegarnos a los hechos, a un realismo de la continuidad, para evitar lo peor: la desestabilización, el ascenso brusco de las derechas, el triunfo de las más radicales presiones corporativas, el escenario hondureño? El gobierno está sitiado. Por una confluencia que quizás nadie pueda detener. En el sitio conjuga gestos defensivos, audacias inesperadas y perseverantes compromisos. Entre estos últimos, la actitud de condena frente al golpe en Honduras ante la indiferencia de muchos e incluso la crítica obtusa ante la decisión de la Presidenta de ir al lugar de los hechos para dejar claro que la recuperación democrática en ese país no sólo reclama la acción de las cancillerías o de las instancias diplomáticas internacionales. Honduras nos atañe. Habla de nosotros. Como Argentina habla de Bolivia. Y Bolivia de Venezuela. Y Venezuela de Ecuador. Destinos cruzados y necesidades mutuas en un contexto signado por la expansión de la presencia estadounidense en Colombia de un modo que remeda, amenazante, las viejas prácticas imperiales.

En cuanto a la actitud que el gobierno de Cristina Fernández debiera tener en esta situación amenazada, algunos prescriben concesiones ante grupos de presión; otros la defensa de las políticas económicas sostenidas. Si solicitamos más, es porque consideramos que esa defensa sólo puede desplegarse sobre la constitución de un horizonte político, sobre el hallazgo colectivo de un proyecto que exceda y desborde la actualidad, sobre el sueño común de reinvención de lo público. Sin esa dimensión utópica, sin esa perspectiva que reinscriba los hechos cotidianos en un relato que los excede y potencia, no hay renovación de las posibilidades gubernamentales pero tampoco de las políticas populares. La idea de cambio fue, publicitariamente, capturada por las derechas mientras el gobierno hizo campañas de reivindicación de lo hecho. Pero la política no es el cierre sobre el presente, salvo que se resigne a devenir administración de lo dado. Es desde las fuerzas que efectivamente han transformado mucho en este país y en estos años, desde las fuerzas que han puesto en discusión razones profundas de la transformación social, que se debe recuperar la invocación al cambio. El llamado a la construcción de una sociedad emancipada de sus grilletes y reparadora de sus injusticias.

Se hizo, es cierto. Defendemos lo hecho. Pero lo que pende es fundamental: la reposición de las instituciones estatales en las condiciones de producción contemporáneas, el planteo de un sistema impositivo que tenga un carácter progresivo o desplegar nuevas regulaciones al capital financiero, son algunas. Otras ya las hemos mencionado. Insistimos: no como gestores de un balance de una empresa en quiebra. Sino como trabajadores de su recuperación. La nación está en juego. Y las vísperas del bicentenario podrían ser ocasión de una apuesta imaginativa que desborde los fastos conmemorativos y los rituales previsibles. De una apuesta que incluya los temas postergados de la emancipación, como la relación entre la nación y las comunidades culturales y étnicas que la precedieron. La reivindicación de los pueblos originarios presupone una profunda invitación a poner en cuestión los fundamentos culturales que nos cobijan, no para abandonar los que nos son comunes sino para que nos sean comunes los que surjan de nuevas revisiones históricas.

La idea de que es necesario reabrir las posibilidades de la historia, no puede escindirse de la emergencia renovada de organizaciones populares. ¿A quién le habla el gobierno cuando habla?, es una pregunta que si notoriamente está vinculada con los estilos comunicacionales dice también sobre cuestiones estratégicas. Porque a la escena de las presiones de las corporaciones patronales sólo se la combate con una escena de escucha y conversación con los partidos políticos populares y con los movimientos sociales. Y a la escena de los titiriteros mediáticos se la confronta no sólo con medios públicos -que son necesarios-, no sólo con la democratización que supone una ley de servicios audiovisuales -que es urgente e imprescindible-, sino también con una escena política autonomizada de la lógica mediática. Incluso, la que ocurra en los esfuerzos últimos que realicemos para que nuestra propia conciencia vuelva a albergar la noción básica de autonomía crítica, ética de convicción y templadas responsabilidades para reconstruir un sentido de verdad ante las derechas que en el vaciadero de los conceptos, se revisten con los viejos temas de las izquierdas. No es que las ideologías hayan desaparecido, sino que se las modula como una más de las mercancías que se le ofrecen al consumidor.

Alguna vez dijimos que a las acciones de este gobierno, incluso a algunas de las más relevantes, les faltaba lo previo: una cierta elaboración en la cual se inscribieran con la fuerza necesaria, pero también su enhebramiento con un entramado de voluntades y activismo, capaz de proponer temas, de situar problemas, de hacer y defender políticas. No se trata sólo del horizonte político futuro. Incluso la institucionalidad gubernamental requiere, para sustentarse sin graves cesiones a los poderes corporativos -que encuentran hoy en el empresariado más concentrado un programa completo de transformación de la economía argentina- , de una revitalización de las organizaciones populares.

Eso que falta es necesario para preservar los aspectos más profundos y relevantes de estos años. Para preservar y expandir la política de derechos humanos; la integración regional; los derechos laborales; decisiones soberanas respecto de los organismos financieros internacionales; instituciones de defensa alejadas de las doctrinas de la represión; la inversión de recursos en ciencia y técnica. Preservar y expandir es, también, ir más allá de una concepción economicista que sitúa al crecimiento como estrategia rectora última. La crisis mundial dejó interrumpido ese camino de expansión de la inversión, empleo y mercado interno. La idea de distribución de la riqueza vino asociada no sólo a un retintineo promisorio sino a la efectiva reactivación de la economía. La crisis afecta ese despliegue, que quizás tenía núcleos internos que lo volvían ciego ante ciertas situaciones de exclusión y desigualdad social.

El debate sobre las asignaciones familiares a trabajadores informales o a desocupados, la idea de ingreso universal de ciudadanía, los planes diferenciados para atender situaciones de pobreza, fue postergado en función de una perspectiva economicista. La ausencia de políticas reparatorias que atenuaran las desigualdades dentro del interior del mundo laboral, aligeró como palabras al viento aquellas que nombraban las efectivas medidas de justicia existentes. ¿No tuvieron relación los resultados electorales con esa ausencia? Porque no hay metáfora más errónea que la de traición, que supone a los votantes como seres arrastrados a una decisión cuyo sentido ignoran. Hay, en todo caso, un disgusto, una necesidad, una crítica, que benefició, especialmente, a los dirigentes surgidos de las falanges restauradoras y los gabinetes fantochescos que inventan políticos por encargo. Lamentamos esa decisión emanada de las urnas. Pero no serán las explicaciones consoladoras las que permitan revertirla.

La reversión es posible, pero requiere un modo novedoso de tratar lo público. De volver a considerar lo público. Está en juego eso en la política nacional pero también en la ciudad de Buenos Aires, en esta ciudad con sus plazas en las que se leen estas cartas, con sus edificios sanitarios amenazados por operaciones inmobiliarias, con sus parapoliciales que desalojan espacios comunitarios, con sus jefes de policía que surgen de las más tenebrosas historias de encubrimientos y exacciones. Medidas que pretenden hacer campo raso de lo heterogéneo y de la ciudad laboratorio de la nueva derecha. Nuestra calle, aquí, es Resistencia.

El jefe de gobierno de esta ciudad es un empresario. Como tal parece menos enjuiciable que los hombres de la política. Ante el banquillo del juicio que la sociedad mediática encara, se lo presume inocente. Quizás no del todo, pero sí más que aquellos que hablan más de política que de negocios. Por eso, puede reírse de las combinaciones entre tintorerías y prostíbulos en los barrios pobres de la ciudad. Ha ordenado desalojar huertas y expulsar hombres y mujeres sin techo. Ha burlado a los docentes y a los trabajadores de la salud. Ha imaginado desalojar los antiguos neurosiquiátricos, menos por un libertarismo antimanicomial que por la valorización de los terrenos. Ha nombrado un jefe de policía en cuyo nombre se anuncia la acentuación de estrategias represivas y de funcionamientos corruptos. Perdiendo votos, sin embargo ha ganado las elecciones. Quizás porque en figuras así se condensan las fuerzas anímicas del miedo, la sospecha y la indignación.

No es un problema de los porteños. En Nueva York le pagan a los desocupados un pasaje de ida para privar de su miseria a la ciudad. Pero esta es nuestra ciudad: en ella debemos disputar cada esquina, cada barrio, cada discurso y cada idea. Contra esa articulación reaccionaria, es necesario situar una agenda de recuperación de lo público: del espacio, de las conversaciones, de las políticas, de las instituciones, de los recursos naturales, de las facultades humanas. El mercado, sabemos, es capaz de apropiarse y gestionar todo eso, bajo la lógica de la ganancia y el rendimiento comercial. Y hay políticas estatales que se subordinan a la obediencia de esa lógica. Incluso, algunas políticas nacionales, como la que regula la minería, en la que prima la explotación inmediata antes que el resguardo de los derechos comunitarios. Recuperar lo público es poner en cuestión esos criterios, situarlos en el marco de una discusión que no debe aceptar para sí los límites de lo ya dado, sino que debe constituir el horizonte utópico y realizable de lo porvenir.

Hay mucho que preservar y hay mucho por hacer. Aunque minado por la sospecha y la indignación existe un terreno en el que eso se dirime: la política. Las diversas tradiciones ideológicas que han puesto el acento en lo popular y sus potencias tienen ante sí un desafío mayúsculo: el de considerar su confluencia sin exclusiones, su situación sin mezquindades y el futuro con inédita imaginación.

Aquí en esta esquina somos una suerte de conjurados. En defensa de un conjunto de políticas desplegadas desde el 2003 y del derecho del gobierno a perseverar en ese camino y con la independencia de criterio que nos dan nuestras propias experiencias, valores, ideas. Nuestro llamado al coraje colectivo contra el operativo derrumbe no resuena en el eco de los espacios vacíos. Al contrario, rebota en los cuerpos, se ahínca en los sueños, se intercambia en la reflexión común. Por eso creemos que no se puede hablar de derrota ni de victoria ni nos está dado el tono de la certeza. Sí saber que lo que sucede nos atañe. Y por eso no nos escandaliza.

FUSILAMIENTOS MEDIÁTICOS

*Por Daniel Mojica

Es un nuevo hallazgo de nuestra presidenta Cristina Fernández, describir con esa frase, la salvaje oposición que lidera el monopolio desinformativo, cuando de comentar las medidas del gobierno nacional se trata, o de calificar a los funcionarios que lo integran.

La pregunta es ¿Por qué ese ensañamiento?

La respuesta es muy simple: porque el monopolio del Diario Clarin, la corporación mediática con sus periodistas independientes, y la claseopositora, con la Junta de Enlace a la cabeza solo defienden sus privilegios.

Aunque hasta aquí los han disfrazado muy bien, pero con la rescisión del contrato leonino entre El Monopolio Futbolero y la AFA ha quedado demostrado de manera contundente quienes defienden intereses particulares, privilegios de clase y quienes se preocupan por los intereses populares.

Acá no se trata de la supina estupidez que salio de boca de Jorge Lanata, quien habló de estatizar a Tinelli o a Susana Gimenez.

Lo de Lanata no merece el más mínimo comentario.

Parece que la AFA sacudió el árbol correcto y empezaron a caerse todos los gorilas.

El sistema de poder, los grupos económicos concentrados, las corporaciones patronales, no se bancan un gobierno que defienda los intereses nacionales y populares, aun cuando falta mucho, mucho para lograr el pleno empleo que -como peronistas- es a lo que aspiramos y una distribución de la riqueza en que la participación del trabajador sea del 50%.

Por eso es muy atinado el comentario acerca de Manuel Dorrego que trajo la Presidenta.

Porque los grupos de poder funcionan de esa manera.

Se sacan del medio a quienes no se subordinan y preparan el terreno mediático para los traidores de cada época.

Esos dirigentes valientes con los que menos tienen (para reprimirlos e imponerles miserias) y dóciles y cobardes con los que manejan el sistema que los lleva a ser candidatos de la entrega y la sumisión.

ESTAMOS EN EL MEJOR CAMINO POSIBLE PARA LA DISCUSION DE LA NUEVA LEY DE SERVICIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL.

PROPUESTA MILITANTE:

¡NO COMPREMOS MAS EL DIARIO

ClarinETE1

Cuestión Cultural

Un espacio para el cambio desde la política y la cultura.

DE ANGELI SALIO CORRIDO POR LOS COMPAÑEROS EN UN ACTO DENTRO DEL CONGRESO NACIONAL

*Por Martín García


Las comisiones de Cultura y de la Tercera Edad condecoraron el viernes 21 de agosto, por la mañana, en el Salón de los Pesos Perdidos Juan Domingo Perón de la Cámara de Diputados a figuras de la historia argentina en el marco del Día de los Mayores Notables Argentinos.


Durante el encuentro ser realizó un reconocimiento a todos aquellos que marcaron un rumbo y un destino tales como profesionales, historiadores y médicos: José Cabrera, Arnoldo Canclini, Adelina Dematti de Alaye (fundadora de Madres), María Teresa Merciadri de Morini, Raúl Knop, Constante José Aguer, Agustín López, Arturo Roig; Susana Soba, José Freaza, Humberto Volando (de la Federación agraria), y el Doctor Floreal Ferrara, discipulo del gran sanitarista Ramón Carrillo..


Entre los premiados también estaba el ex médico del ex presidente Domingo Perón, ex embajador argentino en Liberia Hipólito Barreiro, autor de la biografía del General: Juancito Sosa, el indio que cambió la historia, , quien fue condecorado por Secretario de Cultura de la Nación, el Compañero Jorge Coscia.


En el año 1994, las comisiones de la tercera Edad, de Educación, de Cultura, de Ciencia y Tecnología y de Deportes consideraron el proyecto del por entonces diputado Sánchez Galdeano de declarar el primer viernes siguiente al 17 de agosto de cada año como el Día de los Ancianos Ilustres Argentinos.


Uno de los homenajeados nominado por la diputada Gloria Bidegain (FpV-Buenos Aires) fué Floreal Antonio Ferrara, médico, hombre de Perón, Ministro de Salud de Oscar Bidegain en la Provincia de Buenos Aires y de Antonio Cafiero en la etapa de la “Renovación” e hijo de quien fuera uno de los fundadores del Sindicato Luz y Fuerza.


Una gran cantidad de compañeros peronistas fueron a agasajarlo a Floreal Ferrara, ovacionándolo, ya que es un maestro reconocido, un intelectual del movimiento nacional y popular y uno de los más importantes discípulos de Ramón Carrillo, el primer Ministro de Salud de Argentina, durante el gobierno de Juan Perón, que revolucionara la medicina preventiva en el país y en el mundo.


Como contraparte inesperada se homenajeaba también en el mismo recinto al otrora titular de la Federación Agraria Argentina, Humberto Volando quien fue vivado por los productores y dirigentes del agro, entre los que se encontraban Guillermo Giannasi, integrante de la Mesa Nacional de Productores Lecheros y el controvertido patotero Alfredo De Ángeli.


Presentes estaban en el Salón Perón, Andrés Castillo, dirigente de la Asociación bancaria y héroe de la Operación Cóndor que en los años 60 secuestrara un avión de Aerolíneas Argentinas y lo desviara a las islas Malvinas, ( junto a Dardo Cabo, Hector Giovenco, María Cristina Verrier y otros compañeros), Carlos Juliá del periódico El Grito de los Oprimidos, ligado a la militancia católica; Héctor Negro y Justo Alberto Pereira (esposo de la fallecida Diputada Lita Artola), de la Casa de la Memoria y la Resistencia Nono Lizaso de Florida; Jorge Rachid de la ASPA (Presidente de la Asociación de la Salud Publica de Argentina); Ana Lorenzo (destacada educadora que rompió con el Proyecto Sur de Solanas por su posición respecto de la 125 de las retenciones al agro); Víctor Correa de Perón Vive y la Corriente Peronista Federal, editor de la Hoja, periódico peronista de Luján y General Rodríguez; el Colorado Cravero, destacado militante peronista cordobés, también de la Bancaria; Bastía; la familia del desaparecido dirigente de la juventud Peronista, Carlos Caride; y otros queridos compañeros.


Castillo, que estaba cerca del escenario, cuando vió aparecer a De Angeli saludando a unos y otros como buena estrella de la televisión oligopólica -que es- se corrió hacia las últimas filas para no toparse con él. Como a todos los peronistas, De Angeli le produce rechazo y bronca. Un socio y testaferro de Yabrán disfrazado de popular chacarero que permanentemente ataca a los peronistas y sus símbolos y le falta el respeto a la Compañera Presidenta. Mejor irse p´al fondo.


Pero resulta que el “divo” que hacia guardia desde hacía 48 horas dándole con sus epítetos a las cámaras y micrófonos del Show mediático televisivo del establishment en contra de la sanción de la extensión de los poderes al Poder ejecutivo por parte de la legislatura nacional, con expresiones golpistas, también se mando para las últimas filas, sobre todo porque había algunos peronistas al frente que habían venido por Ferrara, por Barreiro, por Knop, por Freaza, por la Compañera de Azucena Villaflor, Adelina Dematti de Alaye que lo miraban con mirada torva, aunque discretamente, a pesar de las sonrisas de barrio norte que acompañaban al líder del “medio pelo rural” y de cerca, lo tocaban y mimaban.


Claro al final de la multitud que había llenado el Salón Juan Domingo Perón, se volvieron a encontrar De Angeli y Castillo.


De Angeli le sonrió, acostumbrado a saludar al cholulismo que despierta en la gente gorila, la televisión privada y sus operaciones de prensa.


Entonces, Andrés Castillo, sonriente, le dijo:- ¿Te va bien con la Sociedad Rural?


De Angeli lo miró, y siguió caminando


Castillo repitió:- ¿Te va bien con la Sociedad Rural?


De Angeli le contestó condescendiente…”No, yo soy de la Federación Agraria…”


Entonces Castillo le espetó: -No, digo, si te va bien de alcahuete de la Sociedad Rural.


Ahí De Angeli se dio cuenta de lo que pasaba, pero antes que pudiera reaccionar, los compañeros que ocupaban el lugar comenzaron a gritarle…


-¡Forro!

-¡Golpista!

-¡Volvete al corral con las vacas, monigote!

-Andáte a comer con los chanchos, ¡mentiroso!

- ¡Gorila!


De Angeli salió del recinto sin llegara saludar a Volando y salió volando, retirándose abruptamente del lugar sin pararse siquiera para afrontar las notas que el periodismo le sugería en el pasillo de salida.


Desapareció raudamente como si se lo hubiera tragado la tierra. El miedo no es sonso. Se había metido en un territorio cenagoso. A pesar de hacer la pata anchaen el frente del Congreso protegido por los periodistas del oligopolio, dentro del edificio, la cosa era diferente. ¡Muchos peronistas!


Mientras tanto, los cumpas reían y festejaban acercándose al gran sanitarista Floreal Ferrara a quien se veía muy delgado, después de padecer una furibunda gripe “A”, reconociendo a los que lo saludaban a besos, por la voz, ya que parecía no ver con sus ojos abiertos, y su sonrisa ancha.


Floreal fue abrazado por Adelina Dematti de Alaye, la madre de Plaza de Mayo homenajeada:-Sabes que tengo 30.000 razones para abrazarte, le dijo Ferrara. -Lo se, lo sé le contesto con lagrimas en los ojos la amiga de Azucena Villaflor, emocionada.


El gran médico del Proyecto ATAMDOS, Ferrara, satisfecho por el justo homenaje y la distinción que había propuesto Gloria Bidegain quien junto a su hermana Cristina Bidegain, estaban muy contentas y felices ya que Ferrara había hecho, también, en su discurso de agradecimiento, un homenaje sincero y militante a su padre el gran médico que fuera Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en 1973, Oscar Bidegain.


Mientras tanto, la diputada Dellia Bisutti (SI-Ciudad de Buenos Aires), le entregaba el premio a José Cabrera, docente normal nacional quien ya obtuvo varias distinciones entre ellas Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Maestro Ilustre del Ministerio de Educación de la Nación.


La diputada Cynthia Hotton (Valores para mi País), premiaba a Arnoldo Canclini, reconocido historiador, escritor, filósofo y pastor, miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia por Tierra del Fuego, perteneciente al instituto de las Malvinas y Tierras Australes Argentinas; también Nora César (FpV- Buenos Aires) distinguió a la profesora Adelina Dematti de Alaye, fundadora junto con Azucena Villaflor de Devicenci de la agrupación Madres de Plaza de Mayo.


El diputado Raúl Solanas (FpV-Entre Ríos) distinguía al ingeniero Raúl Knop, investigador y docente. También se premió a Constante José Aguer, escritor y poeta que fue propuesto por el diputado Luis Galvalisi (PRO-Ciudad de Buenos Aires).


A su debido turno Agustín López, recibió el premio de manos de la diputada Hilda Aguirre de Soria (FpV-La Rioja) por su trayectoria como maestro normal nacional, premiado por los escritos publicados entre los que se destacan premio Literario Casa de La Rioja.


La doctora María Teresa Merciadri de Morini fue nominada por el fallecido diputado tucumano (FpV) José García Hamilton pero en su reemplazo lo hizo Nora Castaldo, por haber impulsado y defendido el cumplimiento de la Ley de Cupos; en tanto la legisladora Stella Maris Leverberg (FpV-Misiones) homenajeó a José Freaza, procurador, militante y político; ex candidato a gobernador por la provincia de Misiones por el Frepaso en 1995.

El diputado Guillermo Pereyra (FpV-Mendoza) entregó el premio al profesor, escritor y filósofo Arturo Roig; en tanto el legislador Francisco Ferro (CC-Buenos Aires) condecoró a Susana Soba destacada educadora, escritora y promotora de diversas actividades culturales.


El diputado Lisandro Viale (Socialista-Entre Ríos) entregó la distinción a Humberto Volando quien fue durante 25 años presidente de Federación Agraria Argentina y por último, Nelio Calza (FpV-Entre Ríos) premió a Marta Zamarripa profesora de Lengua y Literatura, escritora y editora.


Una mañana de emociones y justos reconocimientos que tuvo la escena que merecía la presencia de los Compañeros y Compañeras que venían a reconocer y agasajar a un militante revolucionario como Floreal Ferrara.


-Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores –decía Homero Manzi- somos revolucionarios.

La escena describía el enfrentamiento con los sectores retrógrados del país. Estos mismo sectores que enfrentó Perón en 1945. cipayos pro ingleses antes y pro norteamericanos, después, con Aramburu, Rojas, Krieger Vasena; Lanusse y Ongania, Videla, Massera, Agosti, Viola, Martinez de Hoz, Cavallo, Menem y De la Rua. Son los que adhieren a un país sojero, se niegan a la industrialización que genera fuentes de trabajo y a la distribución de la riqueza, ya que creen que el territorio nacional y su producido, es de ellos y para defenderlo están dispuestos a matar por la miseria o por la represión.


De este lado del ring, no en el campo de los agrogarcas sino en el camponacional y popular se veía, vivitos y coleando, a los legendarios representantes de la Jotapé de los ´70. Un poco más grandes, pero incorregibles, como en sus mejores épocas de combatientes de liberación del Pueblo y de la Patria de todos.


Salió cagando fruta.


¡Muy bueno!