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28 de julio de 2013

BRASIL: FUTBOL, MEDIOS Y CAPITALISMO


Por Maximiliano Pedranzini*

El último 30 de junio, la selección brasileña de fútbol se consagró campeón de la Copa Confederaciones en su edición 2013, disputada en su país, tras imponerse al combinado de España. Un trofeo merecido, sin dejar dudas de lo que representa a nivel de selecciones, en la previa de lo que va a ser el Mundial a desarrollarse en la tierra del “gigante sudamericano”. Pero no vamos a hablar de fútbol, sino de los acontecimientos que se esconden detrás de las bambalinas del espectáculo deportivo.
Bajo el manto festivo que encarna el balompié, ha surgido una serie de manifestaciones sociales que estallaron en medio del contexto futbolístico y que no son producto del azar. La espontaneidad popular es un discurso un tanto absurdo si analizamos detenidamente el proceso que atraviesa Brasil y las consecuencias que esto trae para los sectores más conservadores. Como ser, la oligarquía, parte de la burguesía industrial y su proyección ideológico-discursiva: los medios de comunicación masivos encabezados por la señal Globo que incita a marchar en contra del gobierno.
Las movilizaciones masivas hacen temblar la gestión de Dilma Rousseff, que pese a eso se mantiene firme frente a la insatisfacción colectiva de una parte de la sociedad que tomó las calles. Asimismo, el Estado no dudó en reprimir a las multitudes que se aglutinaban alrededor de los distintos estadios donde se jugaba el torneo.
Una cuestión que debemos tener presente es que los conflictos que surgen en Brasil, como en otras partes del continente, son emergentes de las contradicciones propias del capitalismo. Ergo, Brasil representa, en este sentido, el “Alma máter” del sistema capitalista en la región y su meteórico ascenso al mapa económico mundial (cristalizado en IBSA y el BRICS) pone en perspectiva una situación interna que deja en la encrucijada el buen momento de la economía “carioca”. La lógica del surgimiento de nuevas potencias económicas en el contexto de crisis del orden central, obedece al desarrollo de las fuerzas productivas, pero este desarrollo tiene el desafío de enfrentar los núcleos duros de pobreza y desigualdad social que viene arrastrando desde hace varias décadas.
Sin embargo, el devenir histórico brasileño esta signado por dos momentos previos al proceso de modernización industrial: El imperio esclavista que abarcó gran parte de siglo XIX, y la república agroexportadora que inició su paso por el umbral del siglo XX con el golpe militar liderado por el general Deodoro da Fonseca en 1889, Pero el verdadero acontecimiento previo a la aparición de la república fue la abolición de la esclavitud en 1888, última en América Latina, lo que ha conformado una sociedad compleja étnica y culturalmente. El tren del capitalismo avanza con fuerza, pero corre el riesgo de colisionar contra el muro de una estructura social atrasada.
No obstante, la presencia del populismo de la mano de Getúlio Vargas puso sobre la mesa al Estado como eje de la política económica, que empezó con el incipiente proceso de industrialización nacional. Este periplo no se vio interrumpido por la dictadura que derrocó al presidente João Goulart en 1964, que duraría casi dos décadas. El avance económico continuaría pese a la ausencia de una democracia civil. El peso de la década de los ´90 mermó relativamente su economía, principalmente con la política llevada a cabo por Fernando Henrique Cardozo y su “Plan Real” de estabilidad monetaria tuvo como objetivo mitigar la inflación. Esto, como pasara en todas las economías del cono sur, dañaría el aparato productivo, dejando una profunda herida social que aún se sigue reparando.
La actual coyuntura marcada por el enfriamiento de su economía, la sobrevaluación de la moneda, sumado al clima de protestas, sitúa a Brasil en el reto de resolver el litigio con su propia historia, la que viene insinuando desde hace tiempo que será una nación grande y poderosa en Sudamérica y el planeta. Pero este lugar que ocupa en el sistema mundial se lo ha venido ganando con creces, gracias a las políticas implementadas por Luiz Inácio Lula da Silva en materia de inclusión social. Este es quizás, el gran mérito de esta última década para Brasil, pero que exige en este nuevo siglo profundizar lo conseguido hasta ahora.


*Escritor y ensayista. Integrante del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela, de Argentina
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