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11 de abril de 2013

TRAICIÓN


*Por Alberto Lettieri


Texto del derecho a réplica negado por Miradas al Sur, tras infame ataque de su Secretario de Redación hacia mi persona

De todas las traiciones posibles, ninguna peor que la del enemigo interno que, agazapado, espera su oportunidad para tratar de aplicar su golpe letal contra aquel que, hasta ayer, le había premiado su confianza y su abrazo sincero. Muchas veces retomé este tópico en las columnas que publiqué hasta hoy en Miradas al Sur. Lo sufrieron Rosas, Urquiza, Perón, Néstor, Cristina… La lista es interminable. Agazapado, silencioso, el gatopardo elige cuidadosamente su presa, espera la oportunidad y trata de cumplir con su infame tarea.  

Lo triste y lamentable es cuando uno mismo es el objeto de tan infame acción. En este caso, el agresor tiene nombre y apellido: es el Secretario de Redacción de Miradas al Sur, Alberto Elizalde Leal, quien, desmintiendo su propio apellido, ha decidido descargar su saña sobre un compañero que compartió durante varios meses las páginas de este semanario. Efectivamente, en la contratapa del último número, correspondiente al 24 de marzo, Elizalde (des) Leal publicó un editorial titulado “Borges disciplinado”, que en realidad debería haberse llamado “Tratando de disciplinar a Lettieri”. ¿Cuál es la razón por la cual, en una fecha histórica que sintetiza tanto la memoria del oprobio cuanto la identificación de la mayor parte de la sociedad argentina con los DDHH y la democracia, y la exigencia de condena de los responsables, militares y civiles, del Terrorismo de Estado, un semanario progresista dedique su contratapa –tan luego su contratapa!!!!!-a reivindicar a José Luis Borges, quien representa exactamente la concepción inversa de la sociedad, y a descargar su mazazo artero contra un intelectual comprometido con los principios del campo nacional y popular?

¿Era el 24 de marzo, una jornada que significó un verdadero plebiscito de los valores democráticos y del compromiso con la vida, el momento adecuado para reivindicar a Borges, quien no tuvo empacho en almorzar con Videla y Ernesto Sabato a pocos días del Golpe Macabro de 1976, ni de estrechar calurosamente la mano de Augusto Pinochet[1]? ¿Qué pasó por la cabeza de los compañeros de la redacción de Miradas al tomar semejante determinación? ¿Fue una decisión personal de Elizalde (des) Leal, o del Comité Editor en conjunto?

Estos interrogantes exigen una respuesta clara e inmediata de la conducción del semanario. Frente a la gravedad de esta decisión de marchar directamente en contra de la voluntad del pueblo argentino y de su conducción democrática, los agravios personales que me propina el Secretario de Redacción de Miradas al Sur pasan a un plano accesorio. Sin embargo, en lo que seguramente será mi última intervención en estas páginas, no puedo omitir referirme a su artera operación panfletaria. No objeto que se formulen criticas a mis intervenciones, siempre y cuando sean realizadas con altura, honestidad y fundamento. Realmente, no alcanzo a comprender las razones por las cuales la conducción del semanario consintió en publicar este desagradable panfleto, , que no implica sino una manifiesta agresión ad hominem en mi contra, sin siquiera anoticiarme de ello.

Tal como manifesté explícitamente en mi artículo “Borges y la magnifica ironía de Dios” (Miradas, 3/3/2013), en ningún momento me propuse evaluar la obra literaria de Borges, sino su acción pública y sus posicionamientos políticos. Según concede el propio Elizalde, "la parte más inerte y viscosa de sí mismo: su ser social". Sin embargo, ya que mi crítico no encuentra un solo elemento de prueba que le permita objetar ni responder mis argumentos, cae en el amarillismo de descalificar los datos utilizados, señalando que algunos de ellos están disponibles en "Google y Wikipedia, fuentes donde Lettieri parece haber abrevado en la escritura de su texto." Al respecto, pueden señalarse dos consideraciones: por un lado, que sería complicado que Elizalde pudiera demostrar que esas fueron mis fuentes, ya que, como el mismo sostiene, se trata de "información archiconocida"; por otro, que la información sea "archiconocida", o que pueda encontrarse en esos portales, no la inhabilita como argumento válido para analizar el desempeño público de Borges. Más bien todo lo contrario.

Llamativamente, las agresiones del Redactor de Miradas no cesan: "pedestre enumeración", "crayón militante pero grosero", "ominoso", aplicación de un "canon conceptual absolutamente inadecuado para la comprensión de la obra y la vida de un autor y las condiciones de producción de su discurso estético y simbólico.", son sólo algunas de las expresiones agraviantes con que Elizalde pretende invalidar mis sólidos y probados argumentos. No hay un solo fundamento que sostenga sus trasnochadas afirmaciones; sólo retórica vacía y mal gusto evidente.

"¿Creerán -los lectores- la imagen que nos entrega ese texto inútilmente despiadado?-se pregunta el Redactor de Miradas-. ¿O se sumergirán, maravillados, en un mundo de impecables metáforas, de inquietante universos desconocidos, de morosas poesías alejandrinas y amables aunque implacables cuchilleros?" Evidentemente Elizalde, seducido por el Borges escritor, ha decidido tender un piadoso manto de olvido sobre su desempeño público, y sobre las implicancias sociales de ese desempeño público, que es precisamente la dimensión en la que se centra mi artículo.

¿Miopía? ¿Incapacidad para diferenciar los distintos ámbitos de acción social? Lo cierto es que Elizalde demuestra estar totalmente contaminado por un canon cultural eurocentrista, fascinado por un personaje que enajena su voluntad a punto tal de convertirlo en su sicario.

Elizalde objeta mi “insistencia” en presentar “un Borges unilateral, insensible aprovechador de los recursos del Estado”. ¿No es unilateral el Borges que construye mi detractor? A su juicio, mi error ha sido ofrecer una lectura de Borges desde el "catecismo peronista". Sin embargo, le parece natural y hasta “progresista” presentar su propia interpretación infestada de provincialismo cultural y de sumisión a la estética eurocentrista.

A lo largo de mi participación en el semanario Miradas al Sur, mis artículos adoptaron una MIRADA DESDE EL SUR, característica de mi compromiso militante y de mi acción como intelectual. Por el contrario, Elizalde, su Secretario de Redacción, paradójicamente, demuestra que MIRA AL SUR DESDE LA PERSPECTIVA DEL NORTE.

"Criticar la nota de un amigo de la casa no es fácil ni especialmente gratificante", apunta el redactor. Sin embargo, no critica la nota de un amigo de la casa, sino que pone en cuestión el derecho de un amigo de la casa a examinar de manera crítica la acción pública de uno de los principales referentes de la cultura oligárquica y colonial y, a falta de argumentos, pretende poner impugnar mi sólido prestigio intelectual, del cual él carece, apelando a una retórica cuidada pero vacía de  contenidos.

El campo popular ha sido víctima reiteradamente de las acciones de quintacolumnas que terminaron provocando la fragmentación y el colapso de los proyectos más promisorios. Urquiza o Lonardi han sido ejemplo de esto. He escrito reiteradamente sobre este tópico en estas mismas páginas. ¿Será la de Elizalde una nueva reencarnación de este Ave Fénix? ¿Los enemigos del proyecto nacional y popular sólo se cobijan en la órbita de los oligopolios que han eludido la aplicación de la Ley de Medios, o también acechan, camuflados, en los medios que se identifican con nuestro propio espacio? ¿El panfleto amarillista de Elizalde, publicado groseramente un 24 de marzo, implica un juicio personal o sintetiza  la opinión de la dirección de Miradas al Sur? 

“El pueblo quiere saber de que se trata”, fue la consigna popular del 25 de mayo  de 1810. También desea saberlo ahora. ¿Elizalde o Lettieri expresan el compromiso y el programa de Miradas al Sur? ¿Con Braden o con Perón? El 24 de marzo pasado el pueblo argentino, masivamente, dio su respuesta a este interrogante. Es hora de que la dirección de Miradas haga lo propio.



[1] Vease: Hector D’Amico: “Sabato y Borges almuerzan con Videla”, La Nación, 2/5/2011.


*Historiador
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