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30 de julio de 2018

EL DRAMA DEL HAMBRE

*Por Jorge Rachid

Las elaboraciones teóricas de hipotéticas salidas, la construcción ingenieril de plataformas electorales y la búsqueda desesperada de caudillajes que permitan canalizar ansiedades, no son los mejores caminos de una militancia que se propone poner el hombro junto al pueblo. “Sólo la organización, vence al tiempo”.

En realidad sucede que la política diaria, está transitando andariveles paralelos a las necesidades de millones de compatriotas que necesitados de lo más elemental, encuentran discursos desde el poder de “poner el esfuerzo” y de la oposición política “animémonos y vayan”, mientras transcurren peleas acotadas a la superestructura. El barrio, el lugar del trabajo, la calle es el territorio a trabajar, junto al pueblo.

Se está desarrollando, desde hace dos años, un nuevo Genocidio Social, que está desplazando millones de compatriotas a escenarios que no conocían, ámbitos generalmente hostiles, desde vivir de pronto en la calle, hasta asumir trabajos que nunca imaginaron, como cartonear o pedir vendiendo, para mantener sus familias. Invisibilizar esta situación es inhumano y criminal.

Los Movimientos sociales están atrapados en la dinámica de la tensión gobierno-necesidades sociales, donde la relación siempre es del dominador sobre el dominado, el tironeo por las migajas del manejo económico espurio, del saqueo nacional que provoca el neoliberalismo neocolonial. Esa realidad condiciona, ante la responsabilidad con miles de compatriotas, un avance mayor de sus reclamos hacia el todo o nada, que reclaman quienes aún están dentro del sistema.

El Movimiento obrero pugnando por los salarios, provoca un nivel de enfrentamiento con las directrices políticas del gobierno brutal e inhumano, que desnuda desde sus luchas por las condiciones laborales, los planes estratégicos últimos, que se desarrollan desde el gobierno, al calor de las órdenes emanadas de la Embajada de EEUU, en el diseño estratégico que el Imperio viene desarrollando en América Latina, enterrar el “populismo”.

El hambre y la pobreza llevan como todos sabemos a enfermedades y muertes, no sólo por desnutrición sino por disminución de las defensas inmunológicas, por inmunodepresión que dispara, por angustia prolongada, miedo a perder el trabajo, pérdida de los proyectos de vida familiares. Exclusión social plena en una nueva ingeniería social del siglo XXl, neoliberal.

Ver la muerte de cerca, internalizar lo lábil de la vida, frente a la agresión permanente de los poderosos, lleva a asumir los riesgos del “todo o nada”, desde lo individual o desde lo colectivo, aumentando el conflicto social y la inseguridad, que en la primera etapa de la violencia, descripta por Franz Fannon en “Los condenados de la tierra”, siempre se desarrolla de pobres contra pobres, antes de canalizar su esfuerzo hacia aquellos personajes, que provocan estas situaciones de crisis.

Quizás algunas mentes brillantes crean en la eutanasia normativa de los procesos sociales, que significa que los mayores de 70 años, lejos de ser una alegría y un canto a la vida, una experiencia vital, son tomados como una carga económica insoportable por la economía neoliberal, que enarbola que su mayor ambición, es limitar el presupuesto social, al amparo de los dueños del dinero, que usan al gobierno de verdugo de sus compatriotas. Neoliberalismo es muerte, temprana en los niños y en los adultos mayores.

Poco tiempo puede transcurrir en, esta situación que el enemigo intenta naturalizar. Así es, el gobierno surgido legalmente, destrozó su legitimidad en la gestión, al entregar la economía y la soberanía al poder extranjero y se ampara en los consejos marketineros, para intentar llevar esperanza, donde existe desolación. La etapa de crear expectativas se agotó, al quedar al desnudo una realidad dramática de niños y viejos abandonados, de hombres y mujeres desolados, con un marco de dolor y desesperanza, como no se conocían desde el inicio democrático.

Las organizaciones sociales y políticas viene luchando por sus derechos, en esta etapa de Resistencia. Esas batallas van limitando el margen de maniobra del enemigo, pero no alcanzan a conectar con la necesidad urgente del hambre y la desesperación de millones de compatriotas, que encima son bombardeados por una carga mediática cómplice, que intenta desviar las responsabilidades de la situación. En política, lograr lo máximo posible al menor costo social, es lo óptimo, pero al calor de la lucha por el conflicto social, se llega a territorios desconocidos, siempre nuevos y nunca en paz, desgraciadamente.


Fuente: NAC&POP
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