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11 de mayo de 2015

EVITA Y EL PRIMERO DE MAYO


Por Pablo Adrián Vázquez*


A partir del gobierno de Perón los 1º de mayo fueron, junto al 17 de octubre, las reuniones más importantes del peronismo como símbolo de la unión entre los trabajadores y el gobierno.

En las reuniones masivas organizadas por la CGT, Evita y Perón explicaban a los trabajadores la marcha del país y los logros sociales alcanzados, entre ello el Decálogo de los Derechos del Trabajador, incluidos en la Constitución Nacional de 1949, junto a otros derechos sociales, políticos y económicos.

Además se celebraba una fiesta, con desfiles de carruajes de cada sindicato integrante de la CGT, donde se realizaba la coronación de la Reina del Trabajo con las reinas de las fiestas regionales argentinas. Así se buscaba aunar la idea del trabajo de todo el país junto a la representación de la mujer, en su nueva participación social y política como sujeto pleno de derechos.

Y estaba Evita… La que declara en su primer mensaje del 1º de mayo de 1948 que “Todavía las fuerzas del mal siguen agazapadas y no creen ni en la justicia social ni en la obra patriótica del general Perón. No sé lo que se proponen pero pueden ustedes tener la plena seguridad de que, mientras en la Casa Rosada esté el general Perón, la masa trabajadora argentina puede dormir tranquila porque la justicia social se cumplirá inexorablemente, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

Al año siguiente reafirma: “En nuestra patria el 1º de mayo es el canto a la vida, a la esperanza y las sonrisas. Los labios del pueblo, que se habían hecho para la sonrisa, por la inercia de los gobiernos despóticos y oligárquicos sólo conocían el odio y las negaciones.”

Para 1950 ratifica su rol de nexo entre los trabajadores y su Líder, al sostener: “Yo no me cansaré jamás de recoger las esperanzas del pueblo argentino y ponerlas en las manos realizadoras de todos los sueños de la patria”.

Vínculo que es fuerza y pasión, buscando ser la voz del pueblo, tal como explicita en 1951: “Yo quiero que ustedes me autoricen para que diga lo que ustedes sienten; ustedes que, a través de un siglo de oligarquía, de entrega, de explotación, sufrieron la amargura infinita de ver a la patria humillada y sometida por sus propios hijos. No, no eran sus hijos. No, por sus venas no corría sangre de argentinos; por sus venas corría sangre de traidores.”

Y que sostiene hasta su último aliento en 1952, casual y causalmente su último discurso público, en el cual llama a defender a Perón y la revolución hasta el final: “Yo le pido a Dios que no permita a esos insectos levantar la mano contra Perón, porque ¡guay de ese día! Ese día, mi general, yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista.”

El final es esperanzador, a pesar de tener sus días contados por el cáncer: "Compañeras, compañeros: Otra vez estoy en la lucha, otra vez estoy con ustedes, como ayer, como hoy y como mañana. Estoy con ustedes para ser un arco iris de amor entre el pueblo y Perón; estoy con ustedes para ser ese puente de amor y de felicidad que siempre he tratado de ser entre ustedes y el líder de los trabajadores.”

Palabras inmortales como fuego en el corazón del pueblo trabajador.



* Politólogo; Docente de la UCES; Miembro de Número de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Dorrego
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