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25 de abril de 2015

EL GENOCIDIO ARMENIO


Por Maximiliano Pedranzini*

Se cumple el centenario del genocidio que abre el siglo XX: el genocidio contra el pueblo armenio. El “Medz Yeghern”, el “Gran Crimen” como bien lo denominan. Un exterminio que duraría casi una década y que tendría como verdugo bestial al entonces imperio otomano que supo dominar un vastísimo territorio en el que se encontraban la región de los Balcanes y parte del Mediterráneo, el Cáucaso, Oriente Medio y el norte de África, y en el que se encontraba sometido el pueblo armenio entre tantos otros pueblos sojuzgados por la mano imperial.

El derrotero del genocidio se produjo hondamente entre 1915 y 1923, año en que el imperio cae definitivamente para dar paso a la moderna república de Turquía impulsada por Kemal Atatürk y la fuerza progresiva de los llamados “Jóvenes Turcos” que estaban en franco ascenso. El ocaso estrepitoso del imperio que surgiera por el siglo XIII era un hecho inevitable. Su ingreso en la “Gran Guerra” de la mano del sultán Mehmed V en 1914 en la alianza con las Potencias Centrales aceleró la desintegración del imperio. La derrota fue el corolario del imperio y la dimisión del Mehmet VI, último sultán y hermano de su predecesor. Los jóvenes nacionalistas turcos estuvieron de acuerdo con que el imperio participé de la contienda bélica, presionando al sultanato a sumarse a Alemania y al imperio austrohúngaro.

Pero el momento de mayor crueldad tuvo su antecedente de la mano del sultán Abdul Hamid II, llamado el “sultán sanguinario” quien condujo la matanza sistemática de 200.000 armenios en su reinado. La cifra fue en aumento ya en el reinado de los hermanos Mehmed y la logística operacional de los Jóvenes Turcos asesinando a más 1.500.000 armenios. Las ideas reformistas de estos laicos antiabsolutistas no cambiaría la esencia de su pensamiento contra los armenios y los demás pueblos que conformaban el imperio. Más bien funcionaron como un vector de profundización ideológica de la maquinaria genocida otomana. Este comportamiento fortalecía a un nacionalismo que se situaba en el pináculo de las demás naciones y etnias que integraban el imperio, siendo los principales hacedores de las prácticas más nefastas que haya conocido la humanidad del siglo pasado. Fueron los grupos de tareas, los escuadrones de la muerte contra el pueblo armenio. El brazo asesino del imperio. Un partido que surge en 1906 en un contexto de descontento masivo contra el gobierno de Abdul Hamid II exigiendo reformas políticas y la modernización del Estado.

En efecto, el genocidio fue perpetrado por el imperio otomano con la activa participación de los jóvenes nacionalistas turcos, pero no por la república de Turquía, creada oficialmente el 29 de octubre de 1923 cuando el exterminio ya había cedido. Desde el lugar de la memoria y la conciencia histórica, es fundamental que Turquía reconozca que hubo un genocidio en lo que hoy es su territorio y que fueron los Jóvenes Turcos participes de esta feroz matanza contra el pueblo armenio. Pero al mismo tiempo, es menester aclarar que el genocidio fue cometido por el otrora imperio y no por la actual república. Cuestión que, en este sentido y por la reivindicación de la memoria del pueblo armenio debe o debería dejar tranquilo a los turcos contemporáneos que aún continúan apelando al “negacionismo” como discurso oficial, nos empuja a pensar que la Turquía republicana hace suya las acciones sangrientas de esos años. ¿A qué le temen los turcos? Como un reflejo permanente del inconsciente colectivo que se replica desde el Estado nacional. Una situación histórica interesante que se repite en las repúblicas que alguna vez fueron grandes imperios. Hacen suyo ese pasado que consideran glorioso, colmado de majestuosidad; son parte de ese pasado monárquico, imperial, se zambullen en él reivindicándolo desde su presente republicano. Aspecto que torna difícil el reconocimiento del genocidio por parte de Turquía, ya que sin duda representa la pieza más importante de este rompecabezas al que llamamos “memoria”.



* Ensayista. Integrante del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales “Felipe Varela”
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