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5 de septiembre de 2014

6 DE SEPTIEMBRE DE 1930: GOLPE DE ESTADO CONTRA EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL YRIGOYEN ENCABEZADO POR EL GENERAL FASCISTA JOSÉ FÉLIX URIBURU

*Por Prof. Daniel Chiarenza

El 6 de septiembre de 1930, los generales José Félix de Uriburu y Agustín Pedro Justo derrocaron al gobierno constitucional del presidente radical Hipólito Yrigoyen.

El 4 de septiembre, los estudiantes son usados por la oligarquía como elemento provocador contra el gobierno. Una importante movilización culmina en represión policial y muere un joven, que los universitarios toman como símbolo de su lucha, aunque no es estudiante. Se trata de Juvencio Aguilar, un empleado bancario, que se encontraba en la zona.

Juvencio Aguilar, el joven diamantino (entrerriano) que murió participando en la manifestación antiyrigoyenista en plaza Mayo, frente a la Casa Rosada en Buenos Aires.

“La oposición de derecha, encrespada, acusa a Yrigoyen de dictador, de tirano. Los estudiantes recorren las calles al grito de ‘Democracia sí, dictadura, no!’, ‘¡Muera la mazorca, abajo la policía de los tiranos!’. De ‘caudillo senil y bárbaro’ lo califica Raúl Uranga, que habla en nombre de la FUBA. ‘Presidente mazorquero’, apunta un socialista independiente”.
En pocos cuarteles, algunos jefes conspiran manifestándose dos tendencias: los nacionalistas de derecha, adictos al fascismo, liderados por el general retirado José Félix Uriburu, y otra, que responde a la línea liberal conservadora, mitrista y probritánica, en la cual predomina el general Agustín Pedro Justo.

Los jefes de la conspiración contra la democracia, los generales José Félix Uriburu
y Agustín P. Justo. 

El 5 de septiembre, el Dr. Alfredo Palacios dicta una resolución como decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales: “Asumir como propio el imperativo, enunciado en forma indeclinable por la concepción juvenil, de exigir la renuncia al Presidente de la Nación, señor Hipólito Yrigoyen y la inmediata restauración de los procedimientos democráticos, dentro de las normas constitucionales” – ¡Qué bruto! ¿Cómo va a ponerse una resolución del decanato de Derecho por encima de la Constitución y mucho menos para pedir la renuncia del presidente elegido en comicios libres?- Y después algunos se atreven de hablar positivamente del mito Palacios. El matutino La Nación plantea idéntica salida (coherente, mitrista = bruto con chapa periodística): “Si el Sr. Yrigoyen no se siente en condiciones de gobernar el país con energía, inteligencia [lo que le faltó siempre al diario La Nación] y abnegación necesarias, tiene el solemne deber de recurrir a las soluciones legales previstas por la constitución”.
El proyecto de nacionalización del petróleo, aprobado por Diputados, ha pasado al Senado y se encuentra en discusión. Pero señala Jauretche: “Yrigoyen nunca tuvo Senado. Por primera vez iba a tener mayoría en el Senado en 1930, entrando los senadores de San Juan y Mendoza para sancionar la ley de petróleo. La elección –fraudulenta, es cierto- era el 7 de septiembre. La revolución fue el 6, creo que las fechas lo están diciendo todo” (Jauretche).

Arturo Jauretche atribuye el golpe a que en el Senado, por primera vez, el yrigoyenismo iba a tener en forma inminente quorum propio  y eso iba a facilitar la sanción de la ley del petróleo. 

Efectivamente, el 6 de septiembre estalla el golpe. El Colegio Militar dirigido por el coronel Reynolds –que había sido revolucionario del 4 de febrero de 1905-, se pliega a la oficialidad sublevada, junto a la Escuela de Comunicaciones y la aviación, en apoyo del pronunciamiento del general Uriburu, quien marcha hacia la Casa de Gobierno. Lo acompañan algunos grupos civiles, la mayor parte nacionalistas de derecha, mientras el general Agustín P. Justo y sus amigos liberales prefieren ocupar un segundo plano, dispuestos a usufructuar el golpe. Yrigoyen, que ha delegado el mando, en su vicepresidente, el día 5, se retira hacia La Plata, desde donde redacta su renuncia, mientras algunas parroquias radicales intentan la defensa del gobierno legal, produciéndose un tiroteo frente al Congreso de la Nación, que ocasiona varias muertes. Enrique Martínez, vicepresidente en ejercicio del Poder Ejecutivo, renuncia poco después.

El vicepresidente, Dr. Enrique Martínez, en ejercicio de la presidencia ese trágico 6 de septiembre de 1930 en que se inaugura la falta de respeto a la institucionalidad de la Nación.

En Mendoza, un joven de 28 años sale a la calle, revólver en mano, gritando ¡Viva Hipólito Yrigoyen! Y enfrenta a un grupo conservador. Detenido, es trasladado al regimiento, donde su jefe –que podía fusilarlo por hallarlo armado en vigencia de la ley marcial- lo deja escapar a Buenos Aires. El joven es Arturo Jauretche. El militar se llama Edelmiro J. Farrell.

Así, el 6 de septiembre de 1930, concluye el segundo gobierno Yrigoyen. En la tarde de ese día, el general Uriburu se dirige a sus seguidores desde la Casa Rosada, anunciando que el Orden será el principal objetivo de su gobierno.
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