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24 de agosto de 2013

UN NORTE SIN NORTE

Por Gabriel Fernández *

Los debates que se registran por estas horas en la potencia norteña podrían servir como pauta comparativa para quienes pretenden cambios neoliberales en el Sur del continente. El presidente estadounidense, Barack Obama, intentará esta semana ganar apoyo para su enfrentamiento con la oposición republicana, reacia a permitir el avance de sus propuestas en Salud, pero también en Educación.

Obama arrancó con su prédica el mes pasado en Knox Collage, en Illinois. Está previsto que entre jueves y viernes el mandatario se desplace en ómnibus por áreas del noreste del país donde presentará iniciativas para reducir los costos que acarrrea para los jóvenes la educación superior. La gira incluirá paradas en Buffalo, Syracuse y Binghamton, en Nueva York, y aún está por determinar una ciudad del noreste de Pensilvania, lugares donde se espera su palabra en las universidades.

Según la Casa Blanca el presidente esbozará algunas ideas para reducir el costo de la educación universitaria o al menos disminuir la velocidad a la que está creciendo lo que deben pagar los jóvenes por sus estudios. El periplo de Obama busca enmarcar el próximo debate sobre el presupuesto federal y el techo de la deuda, atendiendo a que el Congreso debe aprobar una medida de financiamiento del gobierno el 30 de septiembre para evitar la primera parada federal en casi dos décadas.

Los legisladores deben también alcanzar un compromiso sobre el aumento del techo de deuda, ya que se espera que el país alcance su límite de endeudamiento en algún momento de noviembre.

La oposición de los republicanos es terminante. Ya se han manifestado contra el trípode de iniciativas sociales de los demócratas: ampliación del servicio de Salud, reforma migratoria y ahora, reducción de los aranceles universitarios. Vale consignar que los cambios propuestos por Obama son tan tenues y la situación norteamericana es tan grave, que las discusiones, en un país refinado como la Argentina, donde se analiza el impuesto a las ganancias, sonarían exóticas si se difundieran.

De hecho, un profesional universitario norteamericano queda tan endeudado tras sus costosísimos estudios, que pasa buena parte de su carrera destinando una porción de sus ingresos a “devolver” recursos. El panorama configura un esquema expulsivo en la educación superior desconocido en nuestro país y que durante bastante tiempo fue objeto de burlas en Europa.

En materia de Salud Pública, cuando el ex presidente Richard Nixon acordó el sistema que rige hasta hoy con las empresas privadas de atención pre paga, dejó fuera de la prestación a millones de estadounidenses; una importante parcela de las capas medias y casi la totalidad de los sectores populares. Tan es así que, como lo demuestran testimonios contundentes, si una embarazada no cuenta al menos con cinco mil dólares en la mano, tendrá su hijo en casa, sin atención médica. El abandono en las calles de pacientes que quedaron sin capacidad de pago, es otra de las acciones habituales de las firmas que han copado la atención sanitaria.

Lo revela claramente la película Sicko, de Michael Moore: cualquier esbozo de atención primaria ha sido desterrado de la vida norteamericana, y las propuestas en esa dirección son caracterizadas sin rubor como socializantes. Hay un slogan que, asombrosamente, el estadounidense promedio ha debatido como si se tratara de una opción a evaluar: “los comunistas empiezan por la salud y luego se quedan con el país”.

El horizonte es complejo para el pueblo norteamericano, que ha sufrido un fuerte bombardeo conceptual desde hace más de tres décadas para dejar de lado las instancias de razonamiento político y ha simplificado su análisis en una dualidad de ganadores y perdedores que se asemeja al karma oriental, pues nadie se pregunta acerca de las oportunidades y los derechos que un poblador promedio podría aspirar a poseer. Todo reclamo de asistencia social es interpretado como un injustificado regalo de dinero para quien no sabe qué hacer con él; y además, por no tenerlo, no lo merece.

Esto ha deteriorado el gran mercado interno del Norte. Obama lo ha observado, y sin ningún afán socialista –sigue invadiendo regiones de Medio Oriente e interviniendo sin tapujos en la política interior de otras naciones- está buscando, de algún modo, recrear las condiciones de supervivencia del capitalismo en la que fuera su gran locomotora. Sin embargo, la hegemonía del capital financiero, la fabricación de armamentos y el narcotráfico, ha deteriorado las posibilidades productivas y por tanto, de inversión social.

Vale el nivel comparativo ante la andanada de propuestas neoliberales surgidas en nuestro país durante las elecciones primarias con el objetivo de deteriorar el potencial oficial hacia el comicio de octubre. Buena parte de los votantes de esas listas quedarían sin Salud y sin Educación si lograran imponerse a futuro. Pero el desequilibrio entre modelos no termina ahí.

La gran bandera de la oposición mediática en la Argentina –la corrupción- olvida que en los Estados Unidos la capacidad de lobby de las empresas de Salud y de Educación es tan potente, que muchos congresistas han incorporado esos ingresos (coimas) como parte de su salario mensual. Eso explica porqué, pese a estar en juego el desarrollo económico norteamericano, las propuestas de Obama no han logrado ningún éxito en el Congreso y reciben el rechazo airado de quienes dicen visualizarlo como un marxista irredento.
GF/jvj/LB

*Director La Señal Medios / Área Periodística Radio Gráfica.
Prensa Latina / La Señal Medios


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