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11 de abril de 2013

"PREGUNTAS AUSENTES ANTES DE LA PREGUNTA"

*Por Ariel Magirena

(a propósito de Micelli y Larroque)

Una pregunta es siempre una oportunidad para informar y Larroque, como cuadro político, la aprovechó y demolió sus intenciones, aun acusando la sorpresa de lo que en realidad no fue: una pregunta. Si el cuestionamiento es sobre ella (la pregunta de Micelli) tengo que reivindicar el derecho a preguntar. Pero de hecho no fue una simple pregunta sino una verdadera zancadilla, ya que el contexto explicitado de esa interrogante fue para desautorizar la respuesta. Cuando el periodista dice que "las donaciones son anónimas" y sugiere que luego son "apropiadas" por quienes portan identificación, está señalando un modelo de caridad por encima de cualquier respuesta social organizada. La Cámpora, el Movimiento Evita y Kolina (sólo como ejemplos) representan la presencia de un proyecto solidario de país con vocación de poder y voluntad de cambio. Manifiestan los límites del estado liberal que suplen con trabajo y compromiso, hasta que se logre el cambio de paradigma de gestión que se impuso con el previo de un genocidio.
 
Pero hay que cuestionar a Micelli por su explícita y transparente posición ideológica? El mismo periodista, en la semana de su "pase" de TN a la TV Pública, le dijo a Página 12 que "la Argentina no se merece" una ley de medios nacida del odio. Y en ocasión de la desgraciada muerte de Hugo Chávez, sostuvo (ante el silencio de dos periodistas del canal, un conductor y un columnista) que Venezuela enfrentaba los conflictos de "los regímenes personalistas", que es el discurso de la derecha para negar a lo pueblos su derecho a darse un líder. 
 
No hubo ningún cambio en Micelli en todos estos años ni se disfrazó de nada para ser conductor de los espacios informativos del Canal 7. Habrá que preguntarse quién fué el cráneo que lo llevó ahí y los que lo sostuvieron y sostienen. Porque la "pregunta de Micelli" no es "prueba de la pluralidad" de la TV Pública sino de la ingenuidad (por lo menos) de sus directivos, cuando permiten a un genuino (y con su derecho) exponente del paradigma liberal-progresita del periodismo manejar sin contrapeso su noticiero, ya que ni la reacción digna y voluntarista de Agustina Díaz ni la crónica correcta y ecuánime del cronista en La Plata, Ariel Lima, lo lograron. Contrario de otros personajes tenebrosos que tienen su cuota de aire en ese noticiero en el que trabajo (recidiva de gestiones que llegan a la dictadura y pasan por los residuos ideológicos del alfonsinismo, el menemismo y la corruptísima "alianza", además de una estructura de poder interno corrompida por el duhaldato), Micelli fue buscado a domicilio y presentado como un "logro" al ser "rescatado" de las entrañas mismas de la "corpo". 
 
Hoy estamos en el terreno que el enemigo quiere, sentenciando a un periodista por ser fiel a su ideología. Sin autocrítica y sin resolver los errores que, de hecho, cometen nuestros funcionarios, estaremos sometidos a esta clase de "sorpresas".


Los muertos son velados, sepultados y llorados en duelo.

Nada, ninguna palabra va a ser consuelo suficiente. Caer en la bajeza principista de calificar “la tragedia” como un generalizador suficiente para desplazar responsabilidades es de miserables.

Tampoco la solidaridad servirá de alivio. Se podrán reemplazar enseres, indumentaria, todo aquello que se paga con dinero. Nunca se recuperarán los recuerdos que se fueron con fotos, cartas, pequeñas pertenencias afectivas de incalculables valores sentimentales.

Ni hablar de los temores que llegaron para quedarse. Las angustias de ausencias. Los silencios cómplices. La temida oscuridad. Momentos como estos marcan para toda la vida a quienes lo han sufrido. Ya nunca volverán a ser como fueron antes de la inundación. El agua los atravesó para siempre.

Los muertos son velados, sepultados y llorados en duelo, pero nadie llorará a los muertos políticos...


Gentileza de: Megafon
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