Seguidores

6 de marzo de 2013

SEREMOS COMO CHAVEZ



No voy a seguir llorando, me dije nuevamente. Y fallé.
No voy a estar más triste, dije a unos compañeros. Y fallé también.
Pero inspiro fuertemente el aire de azucenas y jazmines en un humilde patio de ladrillos y digo:
Con el último suspiro de Hugo Chávez se escribió la definitiva confirmación de que la revolución de la Patria Grande es irreversible. Que tiemble la derecha.

Y el imperialismo donde quiera que esté, allá en el norte.
Algo semejante sucedió en la Argentina cuando murió Néstor Kirchner.
Se fue Néstor y el viento nacional y popular que venía del sur del continente confirmó a propios y extraños que esta vez el camino continuaba andando con un pueblo y una mujer que se llama Cristina.
Hay que llorarse todo lo que a cada uno se le venga en ganas.

Hay que putear, con perdón de la palabra. Hay que carajear. Hay que animarse a ponerse triste sabiendo que estar triste, no es para cualquiera. Pero no hay que olvidar este momento, ni racionalmente, ni políticamente, ni humanísticamente hablando; porque como pocas veces sucede, la historia se muestra al derecho y al revés.

Ahí tenés al enemigo: el odio. Ahí tenés al adversario: la desesperanza. Ahí tenés a la derecha oligarca en toda su desnudez inhumana, con sus mensajes crispados saludando a la muerte y mofándose del dolor de un pueblo.

Y cuando hablamos de pueblo hablamos de Venezuela pero también de Ecuador, de Brasil y de Argentina, de Uruguay y de Chile, de Cuba y de Bolivia.

Los pueblos construyen su historia mirándose en su propio espejo y por la mirilla, mirando el odio que expulsó a Bolívar, San Martín y Artigas y más acá a Evita, al Ché y a Cámpora y desapareció a 30 mil compañeros y asesinó a Rodolfo Walsh y otros tantos y tantas, tan gigantes como él.
La muerte de Chávez es, como la de Néstor, un compromiso de vida. 
 
Para decirlo brutalmente: No hay mejor manera de deshonrar su historia, la de ambos líderes, que bajar los brazos por la pena y hundirnos despacito en un mar de olvidos.

Hay una necesidad vital de honrarlos con la mirada en alto, con el ejemplo de vida por más modesto que fuese, con la señal de la patria, del pueblo y la justicia.

Los procesos populares son una cosa curiosa para los estrategas del mal y la desesperanza: no pueden entender que cómo es eso de que nuestros pueblos reviven con la muerte de los grandes héroes. Pero es así nomás. Como si la historia se empeñara que para viejo sabio y revolucionario, en esta etapa alcanza y sobra con Fidel.

Alguien dijo en esta noche de adiós bolivariano: que Chávez descanse en paz, nosotros no.
Nosotros, en tanto pueblo latinoamericano, estamos en vísperas de una Patria que amanece, hoy y siempre, en cada encrucijada.


Martes 5 de marzo de 2013
Publicar un comentario