Seguidores

13 de marzo de 2013

LA SALUD: UNA BATALLA CONSTANTE

*Por Jorge Rachid

El difícil equilibrio que desarrollamos desde el momento mismo del nacimiento, está destinado a protegernos de las agresiones del medio ambiente, que en definitiva es el hábitat en que nos desarrollamos, crecemos, nos reproducimos, trabajamos y realizamos todas nuestras actividades físicas e intelectuales. Esa lucha sorda y desconocida por nuestra vida cotidiana que dan nuestros organismos personales y sociales, es sin embargo desconocida también por los procesos sanitarios oficiales que se ocupan preferentemente de la atención de la enfermedad, verdadero paradigma dominante, producto de la irrupción del lucro, que fueron avasallando los sistemas solidarios y que entraron al país de la mano planificada, financiada y consolidada en la etapa neoliberal dominada por el Banco Mundial y el BIRF, apadrinados esos planes por los organismos regionales y mundiales de salud, OPS y OMS.

No es casual que ese paradigma coincida con los planes de la industria farmaceútica y con la irrupción de la aparatología médica como panacea del diagnóstico, desplazando la semiología como práctica central del conocimiento médico y la íntima relación médico-paciente, eje de cualquier proceso de resolución de la enfermedad. La cronificación de las enfermedades, los controles medicamentosos de alteraciones humorales de hallazgo casual o preventivo, le medicalización de los estados de ánimo y afectivos, los controles de obesidad milagrosos, la droga de última generación en la enfermedad terminal entre otras cotidianeidades de la práctica médica, han distorsionado el concepto profundamente humanista de la medicina, llevando al sistema sanitario a intentar dar respuestas, cuando el equilibrio salud-enfermedad se ha perdido o sea que el organismo ha claudicado frente a la agresión de cualquier tipo física, psíquica, ambiental o social.

Nuestro país pionero en los sistemas nacionales sanitarios en América Latina, desde la gestión del Dr. Carrillo en adelante con la Teoría del Hospital verdadero hito de los años 50, sostuvo un modelo de contención social sanitaria de alto nivel prestacional por niveles, con especial incidencia en esa época, en la prevención de la salud y su fortalecimiento. Estos dos ejes preventivos, no se dan sólo a través de modelos sanitarios, es mas desde Carrillo sabemos que desde la obra pública, del estado presente se hace mas por la preservación de la salud, que desde modelos de atención médica, de ahí “que el mejor sistema de salud son cloacas y agua corriente” al decir del primer ministro de salud de la Argentina. Los indicadores de salud son innumerables, verificables y esenciales en la calidad de vida de la población y van desde la inserción de la escolaridad de los niños hasta la laboral de los padres, el tipo de vivienda y acceso a los servicios, por supuesto los planes de vacunación y el seguimiento escolar de detección precoz de patologías, salud bucal, deportes su práctica y sus accesibilidad, entre otras variantes que aún en muchos casos nos debemos en el marco de la construcción del modelo social solidario del siglo XXl.

Esta situación ha invadido cada rincón de los sistemas sanitarios, tanto en su concepción economicista, como por su afán de lucro.
En efecto, desde el hospital público kioscazo, es decir entregado a sectores privados, verdaderos negocios insertos en sistemas solidarios hasta la irrupción de las prepagas en los sistemas de obras sociales, gracias a la desregulación, han alterado el concepto central de la planificación sanitaria que es establecer prioridades epidemiológicas, antes que económicas en los diseños políticos. Es así que se producen en función del lucro los procesos económicos de “descreme” de los sistemas solidarios, es decir coaptar los sectores de mayores ingresos, los mas jóvenes y por lo tanto los mas rentables en el tiempo por baja demanda prestacional y los mas sanos, deshechando los enfermos, viejos y de bajos ingresos, que sin margen de acción son empujados a los prestadores sanitarios mas precarios.
Esa mecánica perversa escribió el mapa sanitario argentino de la mano del Banco Mundial con el acompañamiento de la OPS y la OMS, verdaderas herramientas funcionales y promotoras de ese diseño privatista de los sistemas solidarios. Es el mismo sistema que funcionó desde el FMI en el endeudamiento y privatizaciones del erario público, con sumisión nacional, también funcionó en la salud y la educación en su desmantelamiento público.

Los procesos sanitarios por programas, generalmente financiados por los organismos internacionales de crédito, son la expresión mas acabada de la fragmentación de los sistemas, que ha llevado a la municipalización del hospital público o provincialización del mismo, con las asimetrías naturales de cada región del país, lo cual genera inequidad en el seno del pueblo.
La ruptura de la solidaridad en los sistemas desarrolla la teoría darwiniana del triunfo de los mas fuertes, absolutamente injusta y ahistórica en el caso de nuestro país, verdadero emblema latinoamericano del desarrollo social como modelo solidario, desde el peronismo en la década del 50 en adelante, que se intentó abortar desde el neoliberalismo globalizador en los últimos 35 años, enarbolado como cultura dominante y avasalladora.

En la Constitución Nacional del 94 el tema salud figura sólo en un artículo y en ese se define a los pacientes como consumidores, es la expresión mas acabada de la consumación de la derrota cultural que permitió comenzar a plantear la inversión en salud, como gasto y la enfermedad como negocio.
En forma rápida los procesos industriales farmacéuticos comenzaron a desarrollar una agresiva política de medicalización de “nuevas patologías” que llevaron a este sector a participar del 32% del gasto total de salud de nuestro país en el año 2011 por un monto cercano a los 40 mil millones ya que el gasto total de ese período fue de 122 mil millones entre todos los subsistemas y gastos de bolsillo de los pacientes.
Esa mecánica impacta en forma negativa en la formación curricular de los profesionales de la salud, ya que son instruídos e imbuídos de un concepto de cura de enfermedad dependiente del fármaco, con el agravante de uso indebido de la tecnología médica como método diagnóstico precoz ante la consulta. Una vez mas el matrimonio medicamento-tecnología médica se dan la mano, en sistemas de consultas empujados por la urgencia de atención, en sistemas colapsados de consulta médica del nivel primario. La necesidad del lucro implica hasta 8 turnos por hora de consultorio, lo cual significa “no atención”, receta y estudio como respuesta prestacional, sin interrogatorio ni semiología mínima.

Cambiar el paradigma es intentar reconstruir un modelo nacional de salud solidario, que integre todos los subsistemas en una concepción sanitaria de profunda raíz nacional y popular, respetando los perfiles epidemiológicos, cambiando las currículas de formación profesional, apuntalando la producción pública de medicamentos, igualando las posibilidades de cualquier argentino resida donde resida, trabaje en lo que trabaje, nazca donde nazca. Un Plan Nacional participativo e integrativo con participación plena de la comunidad tanto en la planificación como en la gestión de los recursos, priorizando la prevención como eje constituyente del nuevo paradigma, es decir el fortalecimiento de la salud, su desarrollo como derecho humano esencial y derecho constitucional, trabajando el medio ambiente y el deporte integrados al desarrollo del Plan, en una lucha desigual porque es donde los intereses económicos y financieros hace años predominan en el sistema, forman parte de su estructura cultural y han producido un enorme daño al cuerpo social argentino.

Por último ese modelo social sanitario socialmente justo, debe comenzar a integrarse con los sistemas solidarios, “la mesa de las cuarto patas” que son el PAMI, las Obras Sociales sindicales, los Institutos provinciales y el sector público hospitalario, que entre ellos constituyen la fuente de atención del 90% de la población argentina, que determinan el 60% del total de la inversión en salud y que al no estar integrados, son violados en forma permanente por los sistemas de lucro, la corrupción, la sobreventa de medicamentos y la sobreoferta prestacional de aparatología médica, todo lo cual desfinancia cualquier sistema y determina una precarización en la atención de la enfermedad y cero inversión en salud
Revertir este modelo es parte de la batalla cultural por desalojar el neoliberalismo residual y aún dominante en algunas áreas pero en forma especial y por la presión de los organismos internacionales supuestamente impolutos como la OMS y la OPS gerenciadores de modelos prearmados, aún siguen vigentes y que son los tomadores de deuda externa en el sector salud, que termina en alto porcentaje en manos de consultoras, de dudosa capacidad y anónimos personajes.

Debemos salir por arriba de estas verdaderas trampas, verdaderas bombas sin espoleta que el neoliberalismo y sus agentes locales implantaron por décadas, forjando una nueva cultura sanitaria, con una propuesta totalizadora, integrativa, nacional y federal de contenido nacional, popular y revolucionario en el campo de la salud, enfrentando sin sumisión los desafíos de la hora.
Publicar un comentario