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4 de enero de 2013

TODO ENRARECIDO, TODO CLARO

*Por José Antonio Gómez Di Vincenzo


Aquello de la historia repitiéndose como una farsa, esa famosa proposición que Marx dejara planteada ni bien comenzaba su Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, últimamente, resuena en sendos análisis de la realidad autóctona. En efecto, algunas cosas parecen volver a suceder de un modo patético. Hay como un halo que cubre de misterio las imágenes que se proyectan en la tele, ráfagas escenográficas que rememoran otros saqueos nacidos de un vacío que debía ser llenado como sea, del hambre negadora de la vida, allá por los inicios del nuevo siglo y el fin de una época. Hay una falla, algo distinto, saqueos tecnológicos versus saqueos de alimentos.

La historia… Mucha tela por cortar desde el punto de vista filosófico. Grandes fueron las mentes que se involucraron en la reflexión sobre la historia. Esta columna sólo puede escoger un minúsculo grupo de pensadores para hacerles homenaje tan sólo nombrándolos: Marx, Hegel, Sartre, Gramsci. Que el lector sepa que lo que leerá se inspira en sus legados de un modo particular. El escriba toma condimentos y licúa. A veces, da resultado, a veces, la jugada resulta un tanto riesgosa. ¡Qué los acartonados me juzguen!

En Matrix, esa famosa trilogía de ciencia ficción escrita y dirigida por los Hermanos Wachowski, Neo, el protagonista, ve más allá, es capaz de escudriñar lo que se esconde como fundamento de la realidad virtual, es competente para leer el programa que configura esa ilusoria sociedad de fines del siglo XX, en la que todos los humanos viven enajenados. Una falla aparece cada tanto en la matriz y quienes desde el mundo real se insertan en ella para realizar distintas acciones, en una especie de vanguardia revolucionaria, la notan en forma de dèjá vu. Algo no encaja, está fuera de lugar o es como que ya pasó y vuelve pero con un halo.

Quisiera jugar con la historia e invocar metáforas provenientes del cine y la computación para dar cuenta de mis tesis. Sea el lector paciente o deje de leer esto en este preciso momento, para dedicarse a mejores y más placenteras ocupaciones domingueras.

Un programa de computación (en el caso de la película de los Hermanos Wachowski, la matriz) es un conjunto de instrucciones que le dicen a una computadora cómo debe procesar los datos de entrada para producir resultados. El programa es siempre el mismo, es invariante. Cambian los datos de entrada, se modifican los resultados. Pero algo se mantiene en la historia de la máquina, el programa. La idea de programa surca diferentes ámbitos, ha circulado como metáfora en diferentes espacios disciplinares. El funcionamiento del ADN es presentado en sendos espacios de divulgación como un programa. En otros lugares, el cerebro funciona siguiendo programas para procesar los datos sensoriales. Pero también, algunos intérpretes han pretendido ver a los programas como métodos para dar tratamiento a diferentes input informativos.

Todo método se sustenta sobre una base, una racionalidad. Algunos filósofos han sugerido que dicha racionalidad debe, una vez depurada y fijada como la más eficiente, mantenerse a lo largo de la historia en forma invariante, por ejemplo, para fabricar conocimientos científicos. La historia, que se empecina contra aquellos que pretenden que nada cambie, ha mostrado que esto no ocurre. Y muchos buenos lectores de la historia han comprobado que los científicos, afortunadamente, producen adelantos significativos ignorando el seguimiento dogmático de los métodos, pateando el tablero metodológico.

Para aquellos que pretenden que los métodos se mantengan fieles a esa racionalidad que les diera sustento y les transfundiera eficiencia para la fabricación de conocimientos legítimos, la historia y la realidad nada pueden hacer para interferir en el programa. El programa es ahistorico. Otros, lejanos a este tipo de imagen, demuestran que el método es histórico, que sendos programas se tornaron obsoletos, que la racionalidad debe ajustarse a las necesidades humanas y que éstas dependen del contexto con una sola invariante: la idea de que los hombres transforman el mundo para cubrir sus necesidades de supervivencia y al hacerlo modifican su propia forma de ver el entorno natural y social.

Un programa que pretende no cambiar cuando todo a su alrededor muta es un programa que produce fallas, como los déjà vu que algunos lectores de la matriz podían percibir. El déjà vu dejaba ver que detrás algo había ocurrido, se había querido hacer algo con la historia, algo forzoso con el objetivo de interferir con los cambios que el devenir venía forjando, aún cuando detrás hubiera una praxis.

Porque, en efecto, la lucha política es la lucha por cómo hacer la historia. En política, la praxis es operar en la contingencia, apartando todo el tiempo la idea de que la historia vaya hacia un fin, siguiendo un programa inmutable; la praxis es operar sobre los programas y no pretender que haya una caja de herramientas de programas reciclables para cada caso.

Hay quienes creen que se puede intervenir en la historia reviviendo metodologías del pasado. Pero dichas metodologías no encajan en la historia y su forma de desenvolverse contemporánea. Entonces, dèjá vu, algo se repite pero mal, como farsa.

La película del devenir argento ha puesto en la pantalla esta semana algunos cuadros del pasado, repetidos tal cual con el objeto de que la película rebobine, algunos cuadros fallados que dan cuenta de errores producidos por programas obsoletos, algunos cuadros que adelantan nuevas escenas más productivas y fructíferas.

Los saqueos tecnológicos parecen dejar ver una falla en el programa político de un grupúsculo que a su vez, deja traslucir una metodología obsoleta. Y por más que en la matriz, ingenuos y enajenados sujetos se alarmen o entren en pánico, muchos lectores sagaces de la realidad lograron ver el dèjá vu. El saqueo de hace años se repite pero ahora tecnológico, acaparación violente de LCDs y demás artefactos del hogar.

Es importante recordar que la historia se hace haciendo historia y no repitiendo viejas mañas y que si la forma de hacer política pasa por una praxis transformadora basada en una buena lectura de la base económico social y cultural, todo intento de volver la película hacia atrás basado en la repetición de escenas perimidas contrastará irremediablemente dándose de bruces con una realidad que se construye desde una praxis transformadora procurando la igualdad social.

Como sea, hay algo más profundo y que trasunta estos episodios. Hay todo un intento desestabilizador en marcha tramado desde grupúsculos en sintonía con el Departamento de Estado. En el contexto de la lucha por definir, de una vez, si es la democracia la que logra imponerse por sobre las operaciones de los grupos mediático-económicos, donde diferentes operadores traman por saquear una tajada de poder algunos prefieren la traición a la defensa de los intereses del pueblo.

Habrá que analizar si, en definitiva, todo el sistema se va al carajo bajo la dictadura de unos pocos capaces de defecarse en la voluntad popular. Habrá que ver si la política logra imponerse a la economía, si el proceso al evento, si los justos a los traidores.

Y, por suerte, a pesar de que todo parezca enrarecido, todo está muy claro.


*Publicado en  Agora Diario
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