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15 de abril de 2012

LA COMUNIDAD ORGANIZADA

El camino revolucionario de la autodeterminación popular

*Por Daniel Di Giancinti

En abril de 1949 Perón expone su pensamiento filosófico-social "La Comunidad Organizada" en la clausura del Primer Congreso Nacional de Filosofía, llevado a cabo en la provincia de Mendoza.

En junio de 1943 un joven coronel Juan Domingo Perón comenzaba a desarrollar su extraordinaria labor desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, persuadiendo a los trabajadores de que se unieran y organizaran para conquistar los derechos usurpados por la ambición desmedida de la explotación capitalista.

Pero, por encima de todos los objetivos, resaltaba la necesidad de preparar al individuo para el advenimiento de un protagonismo distinto.
Juan Perón propugnó la construcción de un hombre nuevo

Él denominó a esta acción la preparación “humana” de la revolución, en la que el despertar de la conciencia solidaria de los trabajadores era el primer paso para lanzarlos a la organización política.

No se trataba solamente de implantar derechos sociales –o recuperar el rol del Estado como mediador entre trabajadores y empresarios– sino de algo mucho más profundo.

Perón necesitaba un hombre dignificado que fuera capaz de construir esa democracia social y popular superadora de dos conceptos políticos que ya advertía agotados: el capitalismo y el comunismo, ambos hijos del positivismo liberal que, en la práctica, consideraba a los pueblos sólo como meros espectadores.

Necesitaba un hombre nuevo, con un nivel de conciencia trascendental, dispuesto a participar de una acción solidaria con su comunidad luchando en conjunto para la implantación de una verdadera justicia.
Díptico del Presidente Perón y su esposa. 1951
Ese objetivo no se lograría resolviendo únicamente el aspecto jurídico de la injusticia social sino que llevaba implícita la necesidad de un proceso de dignificación humana, para romper el proceso de “cosificación” que el capitalismo había impuesto sobre los trabajadores, al tratarlos como valor de intercambio.

Junto con esa preparación humana se debía poner en marcha la preparación técnica de la revolución, para lo cual se creó el Consejo Nacional de Posguerra, que reunió a referentes intelectuales, técnicos y empresarios de la época.

Este Consejo tenía la misión de planificar la futura acción del gobierno para cimentar la independencia económica del país y ponerla al servicio de un nuevo proceso político. Y, asimismo, para que “los triunfadores de la guerra no nos hagan pagar la Segunda como nos hicieron pagar la Primera”, según sus propias palabras.
Afiche de la Fundación Eva Perón.

Fue en estas circunstancias cuando, además, decidió delinear la ideología de la incipiente revolución, encargando el trabajo al grupo de pensadores del Consejo Nacional de Posguerra. De acuerdo con su propio testimonio, los resultados no fueron los esperados y él mismo se encargó entonces de redactar lo que se transformaría en el marco ideológico de la revolución justicialista: La Comunidad Organizada.

Para definir la jerarquía que asignaba a este libro podemos tomar su propio testimonio en La hora de los pueblos, escrito en tiempos del exilio español, en el que dirigiéndose a la juventud expresaba:

"[...] Ninguno que no conozca perfectamente las directrices de nuestra ideología, como las prescripciones de nuestra doctrina, estará en condiciones de aspirar a la conducción o el encuadramiento de nuestras fuerzas. Sólo se puede ser revolucionario si se tienen presentes en todo momento los objetivos que se persiguen y se poseen los valores morales y la mística necesarios para luchar por ellos sin descanso y sin desfallecimientos.

En los tres libros publicados por el Jefe del Movimiento, los jóvenes peronistas encontrarán tales principios; la ideología en el libro La Comunidad Organizada, las formas de ejecutar esa ideología en el libro de Doctrina peronista y los conocimientos de la teoría y la técnica de la conducción en el libro Conducción política. [...]
El joven Coronel Perón en Italia, 1938.

[...] Capacitado el dirigente juvenil, podrá pensar en la responsabilidad que también a nosotros concierne en la solución de los graves problemas creados por la insensatez de los que les han precedido. Una juventud libre de perjuicios y banderías, que fuera capaz de obrar con grandeza y desprendimiento, es la que podrá defender con éxito esa responsabilidad. "

Nunca es poco el asombro cuando se piensa que ya por aquellos años quedaba definida –para el peronismo– una “ideología rectora” con características absolutamente diferentes de las desarrolladas por los últimos movimientos revolucionarios mundiales que la precedieron.

Y hoy, ya en siglo XXI, podemos afirmar con toda justicia que la historia política de la humanidad de los años posteriores a Perón no ha hecho más que confirmar la vitalidad revolucionaria de su concepción ideológica –simple, humana y profundamente cristiana–.
Manifestación de mujeres peronistas. 1951

El paciente lector que se empeñe en tal profundización jamás quedará indigente para enfrentar su destino.

Porque, por lo general, las ideologías no han sido más que interpretaciones de una elite integrada por un grupo de pensadores o filósofos, que analizaba los problemas del hombre desde un determinado perfil de ideas, con las que se diagnosticaban las contrariedades de la realidad, para enunciar soluciones o respuestas. De este modo, la acción de las comunidades quedaba circunscripta a la aceptación o no de las distintas metodologías planteadas.

La ideología así aceptada brindaba, además, una muy definida identidad sociológica, que permitía ser capitalista o marxista, conservador o socialista, etcétera.
Grupo escolar apoyando la fórmula Perón-Perón. 1952.

Todo aquello que ocurriese por fuera de su pauta ideológica autorreferencial, o bien carecía de sentido, o era reducido al término ideológico equivalente más próximo a su propio sistema, el que explicaría (nuevamente “in cátedra” cerrada) el fenómeno evaluado. Y todo lo que no coincidiera con esta pauta ideológica debía ser excluido de su condición de “realidad”.

La visión justicialista plantearía una concepción diametralmente opuesta a todas estas ideologías tradicionales.



La hora de los pueblos



En su viaje a Europa de 1938 Perón había comprendido que, en la evolución natural de la humanidad, comenzaba una nueva época signada por un nuevo protagonista: los pueblos.

La Revolución Francesa había sido precedida por una enorme transformación de la comunicación y la cultura que había permitido el ascenso al poder político de un nuevo protagonista: la clase burguesa.
La revolución francesa. La toma de la Bastilla

La vida política de la comunidad, que había descansado hasta entonces en algunos cientos de personas que conformaban las cortes monárquicas, pasó a ser protagonizada por miles. La aparición de la imprenta de tipos móviles, junto con la aceleración cultural provocada por la revolución industrial, provocaron una verdadera conmoción que permitió a la burguesía tener los elementos necesarios para exigir su inclusión en la vida política, que hasta entonces le estaba vedada.

La información pública y los elementos culturales necesarios para la toma de decisiones políticas, que eran ejercidos por los consejeros reales y los aristócratas, empezaron a ser manejados también por los nuevos empresarios, los fabricantes, los inventores, los comerciantes y la clase media educada.

Esta transformación revolucionaria se sostenía en las nuevas ideas de la Ilustración, en que brillaba un individualismo secular, racionalista y progresivo que quería dejar atrás las sombras de un tradicionalismo oscurantista.
Antigua imprenta de tipos móviles.

Las nuevas consignas de libertad, igualdad y fraternidad de todos los hombres rompían la aterradora visión de clases altas y serviles determinadas por el origen social.

A toda esta revolución ideológica se sumó la presión por instalar un nuevo método de representación política que diera cabida “institucional” al nuevo protagonista: la clase media.

El nacimiento del nuevo “ciudadano”, representado por personalidades como Benjamin Franklin, James Watt, Eramus Darwin y Baskerville, por citar a algunos de los personajes más destacados, exigía un nuevo sistema, en el que estos protagonistas pudieran ejercer sus influencias y decisiones. El surgimiento del sistema de representación por medio de partidos políticos fue, sin embargo, un intento de resolver un tema metodológico más que ideológico: era la respuesta a la necesidad de incluir a una capa dirigencial en el poder político.
La familia alrededor de la radio. Una nueva revolución cultural.

Si bien los pueblos compartían los nuevos ideales y participaban de los procesos políticos, no estaban presentes aún en las tomas de decisiones. Era impensable que esas multitudes desinformadas y, en su mayoría, analfabetas pudieran participar de alguna otra forma que la adhesión o el rechazo –muchas veces turbulento– a las distintas alternativas políticas que surgían.

Sin embargo, en el siglo XX esto comenzó a cambiar. La aparición de los medios de comunicación de masas, representados en ese entonces por los diarios, el cine y la radio, multiplicó en la mente de millones de personas la información necesaria para esclarecerlos y lanzarlos a la acción política.

Perón observó en Europa este fenómeno de las masas pugnando por un nuevo protagonismo y comprendió que el enorme desarrollo económico del capitalismo había sido sostenido por la explotación de los trabajadores. Esta masa que estaba siendo esclarecida por la nueva revolución cultural, concluyó, pronto exigiría convertirse en actora de su destino.
Ciclistas en apoyo de la fórmula Perón-Perón.

Así como había sucedido con la burguesía en la época de la Ilustración, los pueblos empezarían a presionar para exigir una participación activa en la toma de decisiones.

Esas decisiones políticas, que eran tomadas por algunos miles de dirigentes, deberían pasar a ser tomadas por millones.

El peronismo intentaría desarrollar una metodología revolucionaria que permitiera el acceso de los pueblos al poder, no como meros espectadores sino como actores partícipes de la creación de las normas que definieran a las futuras comunidades. El justicialismo intentaría dejar atrás la cristalización provocada por la guerra y alcanzar la concreción de un nuevo hombre acorde con la evolución cultural del siglo XX.

La política debería dejar de ser resuelta solamente por los representantes o políticos profesionales de los partidos políticos liberales o las dirigencias “esclarecidas” de los Estados socialistas y transformarse en la expresión colectiva del conjunto de la comunidad.

Así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesa y sus distintas evoluciones democráticas, de que hacen uso las plutocracias dominantes.


Un Hombre Nuevo


La construcción de una nueva alternativa política debía respetar a este hombre nuevo y brindarle las herramientas para su expresión y consolidación. Perón sostenía que el único poder político revolucionario residía en el desarrollo de la solidaridad nacional, lo que implicaba generar una alta conciencia política comunitaria que mantuviera en alto lo que él interpretaba como los valores supremos de la comunidad argentina: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Para el desarrollo de esta nueva conciencia eran fundamentales la dignificación social y la organización política del país, desbordando los esquemas de participación demoliberales.
Barrio marginal de Buenos Aires. 1980.

Había que organizar la sociedad para que empezara a construir su propio destino, brindando a los pueblos canales adecuados para su participación creativa, en un proceso político donde todos los que tuvieran algo que aportar al bien común pudieran hacerlo.

Hoy no es posible pensar organizarse sin el pueblo, ni organizar un Estado de minorías para entregar a unos pocos privilegiados la administración de la libertad. Esto quiere decir que de la democracia liberal hemos pasado a la democracia social.
Este ascenso al poder de los pueblos tendría características inéditas que habría que respetar.

Para que surgiera una solidaridad comunitaria, la elaboración de los objetivos a cumplir debía ser una acción colectiva. Había que finalizar con la actitud pasiva y sin compromiso del liberalismo, donde el pueblo vota y consume, y a la vez, también con la rigidez de los ideólogos que se presentan como rectores y delineadores de los objetivos a cumplir, propia del socialismo dogmático.
Evita en su despacho de la Fundación.

El Hombre Nuevo de la hora de los pueblos no podría mantener la actitud de indiferencia individualista del capitalismo, ni la rígida sumisión al camino trazado por una vanguardia esclarecida. La maduración cultural de la comunidad sólo podría realizarse a través de un proceso comunitario, en el que el pueblo mismo definiera en qué tipo de sociedad deseaba vivir.

Era esta la propuesta de democracia social y popular en la que el pueblo no solamente debía votar y consumir, sino que, si realmente quería liberarse del sojuzgamiento, debía además desarrollar una conciencia política solidaria que elevara la confianza comunitaria hasta alcanzar la unión nacional.

Para ello, la revolución debería organizar políticamente al pueblo, permitiéndole compartir la acción de gobierno con el Estado mismo.
Presidente Juan Perón. 1953.

"Ya no sirven las ideologías, Marx fue el último de los ideólogos, la Z de las ideologías. Hoy la revolución pasa por la doctrina.

Las ideologías le daban a los pueblos tres o cuatro líneas generales a seguir. Los obligaban a ajustarse a un libreto fijo para cumplir con un objetivo.

[...] El hombre de hoy quiere saber qué papel juega en todo esto y aportar lo suyo. Las ideologías han fracasado porque los problemas son diferentes. El hombre de hoy se resiste a que se lo embrete, a que se lo empuje.

Quiere ser hombre. La doctrina, al estimularlo, al comprenderlo, le da ese lugar que le corresponde en la historia.
Y sólo así es como se puede liberar, lograr la unión nacional, regional, continental, la Revolución Humana. [...]

Se trata de que todos los argentinos construyamos la estructura revolucionaria, que es el poder mismo. De esta forma el pueblo no delegará el poder, sino que lo ejercerá, será suyo.

El poder no es el gobierno solamente. El poder surge del bienestar general y de la participación total. " (JDP)


Un nuevo concepto ideológico


¿Cuál es entonces la ideología peronista?

De acuerdo con una visión tradicional, uno podría esperar una respuesta del tipo: “Es una especie de socialismo nacional, o es una democracia cristiana con acento en lo popular”, o algún enunciado similar.

Es decir, una identificación con un pensamiento político que defina la situación y proponga desde lo ideológico su solución, marcando un camino a seguir.
Afiche sobre el Primer Plan Quinquenal.

La respuesta de Perón era distinta: no hay ideologías cerradas o abstractas a alcanzar, ni etiquetas predefinidas, la ideología de la revolución es una acción creativa colectiva y permanente que haremos entre todos.

Los aspectos teóricos que definan los pasos a seguir no pueden ser resueltos de otra forma que con la organización política de la comunidad, porque a este hombre nuevo no se le puede anular el proceso creativo de la norma que es, en definitiva, lo que le brinda la maduración cultural necesaria para su liberación.

Esto era la revolución, ya que significaba el nacimiento de una nueva ética para el hombre, basada en una moral social que era construida día a día en esa participación política junto a su comunidad.

El grado de ética de esa comunidad estaría dado por el grado de solidaridad que se pudiera alcanzar resolviendo en conjunto los problemas de injusticia que el egoísmo entre los hombres había creado.

Es una revolución trascendente.


La Comunidad Organizada: un llamado


Por eso La Comunidad Organizada no define el objetivo a alcanzar en términos abstractos, sino que es simplemente un llamado, una convocatoria a la liberación, primero individual y luego comunitaria.

En este camino intenta retomar como orientación filosófica el perdido rol pedagógico de la ciencia política, y trata de ser una interpretación que, más que deslumbrar por descubrir “la verdad” de los problemas del hombre, redescubre sencillamente al hombre y anuncia que sólo la organización de la comunidad podrá permitirle ir descubriendo “esa verdad”.
Añadir leyenda

Afiche de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

El desarrollo del texto explora las razones del desvío en esa búsqueda de la sociedad en términos históricos y filosóficos, y abre la esperanza de encontrar el equilibrio perdido entre el hombre como individuo y su comunidad.

A la par, pronostica la inviabilidad del camino del materialismo, que desemboca en el liberalismo o en el marxismo. Perón anuncia claramente que no le es posible al hombre construir una nueva moral a partir de una exégesis puramente científica.

Anticipa con precisión la tremenda crisis terminal del capitalismo actual, en el que la infamia de sus estructuras financieras, replicadas en todo el mundo occidental, involucran en una actitud inmoral rayana con la delincuencia común a miles de sus cuadros de conducción e instituciones financieras y bancarias.
Los trabajadores en las calles de Buenos Aires en las jornadas de octubre de 1945.

Demuestra también como improcedente la lucha de clases para resolver la injusticia entre los hombres, adelantándose en más de cincuenta años a las crisis del marxismo dogmático.

Destaca, en consecuencia, que no se trata sólo de denunciar la cruel explotación del capitalismo y la perniciosa ideología de su escuela individualista, sino de construir un poder político que la supere en carácter moral y ético.

Y anuncia que los problemas de la injusticia sólo podrán ser resueltos por los pueblos cuando asuman la conducción política de sus comunidades y, desde esa nueva autoridad, impongan las soluciones que correspondan en el marco de una nueva ética y una moral revolucionaria.

Por lo tanto, el camino revolucionario no debe circunscribirse a la denuncia de la injusticia y explotación capitalista (hoy de una evidencia inapelable), sino que debe garantizar la construcción de un poder político que pueda eliminarla. Para eso debe construir una alternativa que dé lugar a las potencialidades del Nuevo Hombre de la hora de los pueblos.

Como dignos hijos del positivismo, estamos acostumbrados a encontrar la mística de las acciones políticas en un objetivo abstracto a lograr, definido por una interpretación ideológica predeterminada, para proyectarnos luego en el sendero de esa lucha con una visión de nuestras propias vidas. Nos imaginamos a nosotros mismos en ese camino liberador, que nos brinda esperanza y nos da seguridad, generando la fuerza motriz de nuestras acciones militantes.
Afiche de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

La Comunidad Organizada nos da nuevos parámetros para reencontrar esa mística desde una óptica distinta. El desplazamiento de nuestra fe hacia lo ideológico fue producto de una desviación lógica y necesaria, pero al fin incorrecta.

Perón supo demostrar que es posible la corrección adecuada para que esa fe volviera a surgir, no de una elucubración intelectual con un fin desarrollado en sí mismo, sino de una convicción profunda sobre el Hombre Nuevo como reflejo de entidades superiores.

Una fe que encuentra su mística, más que en un idealizado objetivo a alcanzar, en el sentirse parte del momentáneo y diario desarrollo de la decisión revolucionaria de un pueblo, que con una acción creativa dinámica y multitudinaria va construyendo una realidad más justa.

La Comunidad Organizada es entonces el escrito que traza el camino revolucionario de la autodeterminación popular.

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