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26 de febrero de 2012

Y SE SUBIERON A LOS BARCOS


*Por Jorge Rachid


Los argentinos que, autoexiliados en Montevideo, conspiraban contra el gobierno del Restaurador Juan Manuel Rosas, quien desde la gobernación de Buenos Aires comandaba el intento de unificación federal de un país en ciernes, no dudaron en sumarse subiendo a los noventa buques mercantes y veinte de guerra ingleses y franceses, que en nombre de la libertad de comercio y la libre navegabilidad de los ríos interiores, a fuerza de cañonazos y prepotencia colonial quisieron imponer condiciones a un gobierno que consideraron débil e incapaz de enfrentarlos. Se equivocaron de bando y de percepción de la realidad.

Esos argentinos de ayer como Florencio Varela o Luis Bustamente, entre otros, que no escucharon ni siquiera la proclama de Juan B. Alberdi desde su exilio chileno, unitario enemigo de Rosas, pero en su fecunda y lúcida madurez se le debe esta significativa frase: “Prefiero a los dictadores de mi patria que a los libertadores extranjeros”, hoy repiten la historia, justificando desde supuestas “academias” del pensamiento, los argumentos coloniales que esgrime el Imperio inglés para desconocer las 11 resoluciones de Naciones Unidas destinadas a discutir la soberanía de las Islas Malvinas, invocando la base de los “derechos de los kelpers”.

Los mismos habitantes a quienes llamaban kelpers por ser discriminados del Reino para quienes eran, hasta la guerra del 82, habitantes de los territorios de ultramar, llamadas por Naciones Unidas “colonias” inglesas como Gibraltar, Isla Ascención, Santa Elena entre otras que suman 13 en total, además de la British Commonwealth of Nations, comunidad de naciones que significa “riqueza común” y que suman 53 en total países, que en función de intereses supuestamente comunes mientras tributan al Imperio.

O sea el Imperio está vivo y tan despierto que después de la guerra nombró a los habitantes de las Islas Malvinas, ciudadanos ingleses de pleno derecho, cosa que no había realizado en casi 160 años. Recién a partir de entonces comenzaron a ser ciudadanos de primera categoría, hecho negado a ellos por toda la historia colonial.

Pleno derecho es lo que parecen reconocerles, algunos argentinos cuya formalidad forjada en supuestas cuestiones humanitarias bordea el cipayismo ( término derivado de los soldados coloniales indios al servicio de los ingleses), haciendo base en una falacia, ya que nunca la Argentina pretendió desconocer el derecho humano a la vida, ni al lugar de residencia como demostraron las tropas argentinas durante la recuperación del archipiélago, que les fueron preservados incluso en detrimento de las condiciones de vida de nuestros propios muchachos, heroicos patriotas combatientes. No fue tomada su propiedad privada, ni sus alimentos ni medicinas ni su dinero, no se restringió su libertad de movimientos ni se invadió su privacidad. Quizás esta actitud constituyó un error desde el punto de vista militar.

Estamos discutiendo soberanía nacional, no si siguen siendo o no ingleses, cuestión absolutamente menor, menos aún si se tienen que ir o no que nunca estuvo planteado, si pueden o no seguir desarrollando sus actividades laborales y empresariales, nada de eso fue planteado jamás, por lo cual la declaración de este conjunto de intelectuales eurocéntricos anglófilos discute sobre las “calendas griegas”, construcciones, abstracciones y relatos de cosas que jamás estuvieron planteadas, jamás por ningún gobierno argentino.

Ahora, reconocer el derecho a la autodeterminación de una población implantada por la fuerza de las armas inglesas, con costo de vidas argentinas que vivían y gobernaban las Islas Malvinas, es no sólo desconocer la historia sino mucho mas grave aún, es avalar la prepotencia de la fuerza para imponer nuevos escenarios. Es como si nuestros antepasados patriotas de la independencia hubiesen reconocido los derechos españoles por haber estado casi tres siglos ocupando estas tierras en función de derechos adquiridos, por el hecho de haber sometido a los pueblos originarios, que maltrataron, esclavizaron y mataron en nombre de la “civilización y la fe”, desplazando de sus tierras a millones de compatriotas indígenas.

Que derecho a la autodeterminación puede tener una población que ha hecho del conflicto de una de las zonas del mundo de su mayor ingreso por cápita, producto del saqueo de recursos de todo el pueblo argentino, desde petroleros hasta pesqueros, ganaderos y otros que significan además pérdida de trabajo argentino, en manos inglesas, que como plantea el premier inglés son base de recursos estratégicos con miras al Tratado Antártico que se reúne este año. Además la supuesta política de seducción implementada en la década infame de los 90, que los intelectuales de mentas parecen añorar, derivada de políticas neoliberales, de relaciones carnales y sometimientos financieros, no sólo fueron un fracaso en cuanto a respuesta política, tanto de los kelpers como de los ingleses. Entregamos todo lo pedido a cambio de nada, ni siquiera ofrecieron una mesa de negociaciones en el marco de la UN.

Los mismos que piden institucionalidad y “ser un país serio” son capaces de servir a los pies del Imperio Inglés y negarse a acoplarse a las políticas de estado de su país, en el marco estratégico.

Suben a cualquier barco que debilite la política nacional, a la cual están enfrentados, son capaces de alegrarse de los triunfos de los “fondos buitres” en los juzgados de EEUU y criticar al ejecutivo y la justicia argentina cuando logra fallos a favor en el CIADI ante demandas de las multinacionales voraces.

Añoran el país de la estabilidad de los cementerios o el de la prepotencia de los poderosos donde no vuela una mosca negra, donde la apropiación de la riqueza está garantizada por la complicidad del gobierno, siendo mas proclives a discutir de sobre su majestad la corona inglesa y su historia, que de rescatar la nuestra de gauchos y criollos heroicos y luchadores de la libertad que fue enterrada en nombre de la Baring y los intereses ingleses por el mitrismo.

Lamentable y a la vez auspicioso el devenir intelectual de los tiempos actuales, en donde la polémica se instala como hecho cotidiano de la política que ha sido recuperada, del cajón prisionero de pensamientos mesiánicos y únicos, donde la discrepancia llevaba a la muerte, a la prisión o la exilio. Es muy auspicioso que discutamos el rol de ,los intelectuales en la formación de la conciencia nacional, su aporte a la construcción de identidad, la visión del país en lo estratégico, todo eso es muy bueno ya que apuntala el debate y enriquece los fundamentos.

Ahora de ahí a darle herramientas al enemigo colonial es “traición a la Patria” y expresar esto no es xenófobo, es releer la Constitución Nacional, la que gusten la del 1853, la del 49 o la del 94, siempre está en el texto y todos sabemos que significa este término doloroso.
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