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11 de septiembre de 2011

INSEGURIDAD Y SENSACIÓN DE INSEGURIDAD


Sobre la inseguridad, las sensaciones, el tratamiento mediático del tema y la búsqueda de atajos para su solución, el libro Tupacamaria de Demian Konfino atribuye a su personaje principal el siguiente texto, basado en el Plan Nacional de Prevención del Delito, dirigido a los medios de comunicación.

“Latinoamérica ha vivido un constante crecimiento de la inseguridad urbana, desde la década del 90 a esta parte. Se trata de un problema complejo que abarca una ambigüedad constitutiva. Existe una cuestión objetiva, relacionada con el nivel de criminalidad, y una parte subjetiva del problema,  que es lo que se denomina “sensación de inseguridad”.

En el caso de la criminalidad, lo que ha aumentado notablemente son los “delitos callejeros”, proviniendo la mayor parte de sus víctimas, como muchos de sus autores de los sectores más vulnerables de estas sociedades capitalistas de nuestras urbes americanas. No se les escapará a ustedes que éstos son el centro de atención de los “medios masivos”, y en su consecuencia, son el núcleo generador de alarma social.

Asimismo son los delitos que generalmente procesa el sistema penal, más allá de la alta cantidad que quedan impunes o que ni siquiera son denunciados.

Mas también, a la par ha aumentado palmariamente los “delitos de cuello blanco”, es decir, la criminalidad económica y la corrupción política, que son desarrollados por sujetos con recursos económicos, sociales o culturales mucho más elevados. A diferencia de aquellos, éstos sólo excepcionalmente son procesados por el sistema penal, cuando la necesidad de hacerlo debería ser prioritaria, no sólo por su entidad propia, sino también por sus estrechos vínculos con los delitos callejeros.

En paralelo ha crecido significativamente la sensación de inseguridad, lo que genera comportamientos de autoprotección o de evitamiento, para reducir el riesgo de ser víctimas, surgiendo el abandono del espacio público y la mentalidad de fortaleza, cuyos paradigmas son los guetos, quiero decir, los countries, las chacras, los clubes de campo, los barrios cerrados.

La demanda social hacia las autoridades peticionando “seguridad” también ha subido.

Se critica el funcionamiento del sistema penal, por su aroma a ineficiente, lo que deriva en la desconfianza pública. Su causa habrá que rastrearla en la impunidad de delitos graves que han conmocionado a la “opinión pública” o en el crecimiento de la violencia y corrupción de las agencias policiales.

La crisis de las instituciones de los sistemas penales ha generado dos efectos realmente perversos para los objetivos de una sociedad inclusiva. La seguridad urbana se ha privatizado, junto al auge de la industria de la seguridad privada, reforzando las desigualdades sociales, ya que sólo acceden a ella los sectores más pudientes de nuestras sociedades.

El segundo efecto se vincula con la aparición de este problema en la agenda política, con un persistente reclamo de distintos actores, léase señor Blumberg, Macri, doña Rosa y otros etcéteras, respecto a un incremento de la punitividad en las políticas de control de delito, como única herramienta. Quieren subir las penas.

Y ello, ha generado un aumento de las penas en forma asfixiante. Se observan las superpoblaciones carcelarias que sólo son mitigadas por matanzas periódicas perpetradas por los servicios penitenciarios.

Aumentos de la graduación legal de las penas, propuestas de introducir penas de muerte al código penal, entre muchas otras, han producido un correlativo incremento de los costos sociales y humanos de los sistemas penales.

Señores periodistas, apelo a su humanidad, alejada  de los intereses de su corporación. Es necesario prevenir el delito de la única manera posible, a partir de políticas sociales inclusivas por parte de los estados; a partir de transmisión de valores como la solidaridad, el respeto por el otro.

Una sociedad desarticulada como tal, es decir, individualista en sus componentes sólo se da cuenta del problema cuando lo padece. Pero no le incumbe cuando el que lo sufre es el otro lejano, cuando el riesgo está en otra parte. Si fuéramos hermanados nos jodería cuando millones de personas quedan en el backstage del “progreso”.

Seamos buenos, ustedes tienen herramientas inmejorables para comunicar estos valores, para exigir a los gobiernos que la gente se eduque, tenga pan y trabajo.

Cada uno que aporte lo suyo. Todos somos miembros de este colectivo. Todos nos debemos comprometer con él. Si queremos evitar el crimen, subamos a todos a este bondi, que suban los excluidos, que todos tengan laburo y puedan mandar a sus hijos a la escuela y después a la universidad. El sistema penal simplemente debe ocupar un lugar residual, subsidiario. No exijamos cárceles, exijamos escuelas.*


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