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4 de julio de 2011

"LA DEUDA EXTERNA ES UN GENOCIDIO"





Evelina Ramírez

Periodista

Semanas atrás, Huellas de la Historia y El Club de la Pluma organizaron una serie de presentaciones literarias con el objetivo de repensar críticamente nuestra historia pasada y reciente, en el marco de la conmemoración de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.
En la oportunidad, uno de los escritores invitados fue Néstor Forero(1), quien presentó su último libro “El crimen de la deuda externa”, una obra necesaria para entender el presente de nuestro país. En ella el autor detalla el minucioso trabajo de investigación que viene desarrollando desde hace 27 años para conocer el origen y crecimiento de la deuda externa argentina.
Desde el 16 de diciembre de 2009 Forero forma parte del grupo que asesora al juzgado que investiga la deuda desde 1976 a la fecha. Su designación le permitió tener acceso a las dos causas iniciadas por Alejandro Olmos: la que investigó la deuda externa contraída por el Estado Nacional durante el período 1976/1982 que tuvo el fallo en julio de 2000, en que se calificó a la deuda como fraudulenta e ilegítima; y otra posterior por la deuda privada traspasada al Estado y toda la deuda externa contraída y renegociada durante los sucesivos gobiernos democráticos hasta nuestros días.
Su escrito es un testimonio valioso que explica con sencillez los cómo, cuándo, porqué de este crimen organizado contra el pueblo argentino, y la pelea de un puñado de argentinos para que se decrete la nulidad de la deuda contraída durante el proceso cívico-militar de 1976/1983 en base a la ilicitud y fraudulencia de las operaciones. Cruda descripción de un saqueo permanente de un país que produce alimentos para 300 millones de personas pero tiene una parte de su población por debajo de la lía de la pobreza.

-¿De dónde surge la idea del libro y cuánto hace que viene investigando?-El tema de la deuda externa lo vengo investigando desde hace 27 años. En diciembre de 2009 fui nombrado auditor por el juzgado que investiga la deuda. Justamente este libro, “El crimen de la deuda externa”, pretende ser un documento de rendición de cuentas a la nación de lo que hemos visto, investigado, denunciado y solicitado. Hemos tratado de hacer un libro sencillo, de no más de 200 páginas para que pueda ser leído porque sabemos que los grandes volúmenes quedan en el olvido. Simplemente queremos que la gente tenga un pantallazo sobre el principal problema que ha tenido la República Argentina, este fraude que se ha creado a la nación y al pueblo argentino y porqué esto explica la pobreza que hemos tenido en estos años, la desnutrición, la falta de industrialización, la falta de educación y el saqueo permanente de los recursos, lo cual convirtió a nuestro país en territorio tributario.



-En cierto modo, la investigación que viene desarrollando es una continuación del trabajo de Alejandro Olmos, ¿verdad?-Sí, yo tomo las investigaciones que había presentado don Alejandro Olmos. Él presentó más de una denuncia; la primera la hizo en el año 1982 por la deuda del Estado contraída durante la dictadura militar, que tuvo un fallo en julio del año 2000, donde se decretó que la misma era fraudulenta y ficticia. Pero además, él hizo otra denuncia por la deuda privada contraída durante el proceso militar y las renegociaciones posteriores que hizo el gobierno de Alfonsín y que también abarca el período democrático hasta nuestros días. Eso se juntó en otra causa que es en la que fui designado auditor. Lo que nosotros hemos hecho como auditores –y digo nosotros porque somos cuatro personas: dos maestros: el doctor Miguel Ángel Espeche Gil, dos veces candidato al premio Nobel de la Paz y el doctor Julio González, que fue secretario Legal y Técnico de Perón, y sus discípulos: la doctora Graciela González, quien es abogada al igual que las dos personas que mencioné anteriormente, y un contador público, que soy yo. Nosotros nos presentamos en el juzgado y al tener acceso a ambas causas, 55 mil fojas, notamos que en la causa que ya tiene fallo, el mismo es incompleto porque si bien allí se declara que el proceso de endeudamiento fue fraudulento, ficticio e ilegítimo, y lo detecta, como dice el fallo, en no menos de 477 operaciones, el juez tendría que haber decretado la nulidad absoluta de esas operaciones. Esto implica que todas las renovaciones que se hayan hecho caen por su propio peso. Es decir, todos los pagos que se han efectuado se han hecho por deudas que no se deben. Entonces hay que reclamar la restitución de los pagos efectuados. Eso convertiría a la República Argentina de deudora a acreedora internacional.
El fallo ya lo señala así. Ha habido varias pericias que demuestran que Argentina al 31 de diciembre de 1983, al regreso de la democracia, era acreedora y no deudora del mundo. Lo que nosotros le pedimos al juez – y ahora a la Cámara porque el juez se negó a tratarlo- es que simplemente se cumpla con la ley. El juez debe declarar la nulidad de la deuda; lo manda el Código Civil, debe decretar la nulidad de las operaciones que han sido fraudulentas. Para eso necesitamos que el pueblo argentino conozca este fraude y tome conciencia y nos ayude para que la presión popular haga que el juez cumpla con su obligación.

-El fallo del año 2000 declaró la deuda ilegítima y fraudulenta. Pero ¿cuál ha sido el peso en concreto que ha tenido este dictamen?-Si no se declara la nulidad, es una simple declaración de barricada porque no tiene ningún efecto jurídico, ni económico, ni social, ni político. Es como si a una persona le falsificaran la firma en un pagaré. Esa persona va a la Justicia y el juez dice: “La firma es falsificada, pero pague”. Ese es el escándalo que tenemos hoy. Por eso necesitamos llevarle todo el conocimiento a todo nuestro pueblo para que sepan lo que pasa y tomen conciencia de que este es el principal problema de Argentina, porque somos acreedores y no deudores, y en el medio hemos pagado 218 mil millones de dólares por una deuda de 7.600, y todavía debemos 180 mil millones más. Es una locura y un verdadero saqueo; es una estafa al pueblo argentino y lo peor es que lo estamos pagando con el hambre de nuestros hijos, con la falta de salud y de educación. Es un genocidio hecho, no por entelequia, sino por organizaciones delictivas como el Fondo Monetarios Internacional, el Banco Mundial, empresas que han participado de este saqueo y funcionarios públicos que hoy están impunes, que andan por la calle y muchos de ellos nos siguen queriendo dar lecciones de moral por las cámaras de televisión.

-¿Cuáles son las principales consecuencias que el pueblo argentino ha tenido que padecer por esta deuda ilegal?
-El hambre, la desnutrición, la falta de recursos, la desindustrialización. La deuda era originariamente de 7.600 millones al 24 de marzo de 1976. Cuando asume Alfonsín, la deuda era de 44.300 millones de dólares y 18.000 fábricas menos. Cuando Alfonsín le entrega el gobierno a Menem, la deuda ascendía a 64.000 millones de dólares y 54.000 fábricas menos. Cuando Menem termina su mandato, entrega el poder con una deuda de 140.000 millones de dólares, después de haber entregado todo el patrimonio público a través de las privatizaciones y con 108.000 fábricas menos. Esa es la causa de la falta de recursos, de la falta de trabajo genuino, de la falta de las cuestiones más elementales de la vida. En el medio, se nos mueren los niños y los ancianos por la falta de recursos. Todo este sistema de injusticia que padece el pueblo argentino, la represión, las guerras químicas y bacteriológicas que nos han metido, como las drogas o las pandemias, son parte de la dominación. Ellos necesitan que no sólo la República Argentina sino todo el continente americano, el africano y distintas partes del mundo requieren de una escasa cantidad de población, la mínima esencial para su propia seguridad. El problema de la deuda no es sólo argentino, sino que es mundial en el cual los bancos han estafado al mundo. Escuchamos decir que la crisis financiera de 2008 al 2010 se produjo por activos tóxicos. ¿Qué tóxicos? Son fraudes producidos por bancos contra los norteamericanos y los ahorristas del mundo. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Los bancos hoy por hoy son los verdaderos ejércitos de ocupación imperiales que someten a los pueblos, y la deuda externa es el mecanismo que tienen para el saqueo.

-¿Considera que la población conoce este tema?-Creo que el pueblo intuye que esto es una trampa, pero no conoce los mecanismos. Además, la mayoría de los partidos políticos tiene un discurso uniforme: hay que pagar, no se discute, de la deuda no se habla; son parte de la dominación. Pero, ¿cuál es nuestra tarea? Dar testimonio. Tuvimos la oportunidad de ver in situ el fraude y por eso tenemos que darlo a publicidad para que, ante la estúpida resignación, estalle la santa indignación del pueblo argentino ante los responsables de esta tragedia, que ha sido planificada. Nosotros en el libro decimos que no tenemos 30.000 desaparecidos, tenemos casi un millón y para decir esto utilizamos las cifras de los censos.  Cuando en el año 70 nos censaron, éramos 21 millones de habitantes. Por la tasa de crecimiento que teníamos, que era del 2,2 por ciento, los censistas planificaban que en el año 2000 íbamos a ser 40 millones. Cuando nos censaron en el año 2001, la sorpresa fue que éramos 36,2 millones y teníamos 2,8 millones de argentinos en el exterior. El total era de 39 millones, cuando en realidad tendríamos que haber sido 40 millones. Nos falta un millón de argentinos. Recién ahora, 10 años después, somos 40 millones. Eso se debe analizar teniendo en cuenta el cambio del sistema económico, porque pasamos de tener un sistema de producción industrial y tecnológico a otro basado en la renta financiera y la explotación sólo de materias primas sin valor agregado. En el medio se nos murieron un millón de personas a razón de que casi 10 mil niños mueren por año antes de cumplir un año de vida y 19 mil niños antes de cumplir cinco años, por razones solamente económicas, sociales y culturales totalmente evitables. Multiplicando esa cifra por 30 años que lleva la implementación de este sistema y nos da como resultado la cifra que nos marca la magnitud de este genocidio de carácter financiero, que tiene a la deuda externa como el pilar básico de esta esclavitud. Somos esclavos en nuestra propia tierra.

-En este proceso de investigación que viene llevando, ¿has recibido algún tipo de presiones o intimidaciones?-Sí, pero es parte del juego y uno lo debe tomar como las reglas básicas de lo que está haciendo. Me preocuparía que lo que estamos haciendo no tuviera ningún tipo de repercusión. Cuando uno se decide a hacer esto, sabe que son las condiciones lógicas y las asume. Es más importante dar el testimonio que los miedos personales; es más importante que los jóvenes entiendan porqué pasa lo que pasa, que las chicanas que podamos recibir por ahí.

-La gente interesada en colaborar con esta causa, ¿qué puede hacer? -Estaría muy bien poder juntar unas cuantas firmas para entregárselas a la Cámara que hoy tiene el fallo, en apoyo a nuestra gestión. Nosotros estamos pidiendo, por un lado, la nulidad absoluta de la deuda contraída por el Estado durante el proceso militar, y por el otro, en otro juzgado, estamos pidiendo que se suspenda la prescripción de las condiciones civiles para que los responsables de haber contraído este fraude a la nación, paguen con sus bienes personales. Estamos hablando de que todos los Ministros de Economía y todos los Presidentes del Banco Central, que son los que fundamentalmente firman los acuerdos por la deuda externa, paguen con sus bienes personales. Estamos diciendo que Martínez de Hoz, Alemman, Sourrouille, Cavallo, Machinea y unos cuantos más, le restituyan al Estado y al pueblo argentino la riqueza mal habida que han tenido por su inconducta y su traición a la patria.

-La suspensión de la prescriptibilidad, ¿sólo se puede hacer declarándolo un crimen de lesa humanidad?-Nos vendría muy bien que la causa sea imprescriptible, pero con las normas jurídicas actuales cuando pasan 10 años de un fallo penal, tenés 10 años para hacer una demanda civil. El día que se cumplían 10 años del fallo de la causa de Alejandro Olmos y quedaban impunes todos estos crímenes contraídos durante el proceso militar, nosotros nos presentamos ante un juez contencioso administrativo y solicitamos la suspensión de la prescripción hasta tanto el Estado argentino se presente y sea querellante contra los civiles que contrajeron fraudulentamente esta deuda. Así como en el actual gobierno hay toda una política para perseguir justicieramente a los civiles que participaron del proceso militar y del genocidio, desde el punto de vista del saqueo y la muerte de nuestros compañeros, también los responsables financieros de ese proceso deben pagar con sus bienes personales por el saqueo argentino.

-En este proceso de dar a conocer su libro y su investigación, ¿cuál ha sido la respuesta de la gente?-Primero no lo pueden creer y luego tiene lugar la indignación. Espero dar la movilización para que, por un lado, los movimientos sociales apoyen esta causa, porque aquí estamos librando una batalla cultural ante la resignación.  Nos quieren imponer la resignación de que nada se puede hacer ya. Ante eso decimos: “Si se puede hacer” y no tenemos que inventar nada, las leyes están y dentro del marco jurídico podemos hacer justicia. La movilización popular es la única que nos puede ayudar.

Notas:1. Néstor Forero es doctor en Ciencias Económicas y se ha especializado en temas vinculados a la deuda externa. Realizó estudios ampliatorios y maestrías en economía, economía monetaria, cuentas públicas, impuestos nacionales, derecho tributario internacional, estrategia y filosofía medieval. Ha publicado los libros "Deuda externa y crimen social en Argentina" (2003) y "El saqueo de 1806. Valor actual del saqueo inglés" (2005) y “La matriz bicentenaria de dominación” (2008). Sus artículos han sido difundidos por periódicos y revistas, siendo actualmente un conferencista permanentemente invitado por Universidades y Sindicatos. Como único contador público independiente que asesora al juzgado que investiga la deuda externa argentina desde 1976 a la fecha este es su testimonio.

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