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26 de septiembre de 2010

PROGRESISMO TELEVISIVO, ORAL y ESCRITO.....SI MAGNETO LOS BANCA ?


 (*)  Daniel Mojica

Hay un concepto que desvela a cierto segmento de la sociedad.
Pareciera que ser etiquetado con esa palabreja, otorga cierto prestigio en determinados cenáculos.


Ser “progresista” vendría a ser algo así como ser el “bueno de la película”.
Esa definición comenzó a circular en la década de los ochenta. Para ser más precisos, luego que recuperamos la democracia de las garras de la genocida dictadura cívica, militar y mediática.


Claro, es que “revolucionario”, además de quedarles un tanto grande, sonaba demasiado fuerte.
Además, había treinta mil razones para ser cuidadosos. Los límites estaban muy claramente definidos.
Entonces, ser “progresista” devino de la devaluación subjetiva, sutil y conceptual que la sociedad, o cierto sector, aplicó a aquella otra que sonaba muy fuerte.


Así es que ser “progre” es como ser un primo lejano del “ché” Guevara.
Muuuuuuy lejano. Casi como una versión desteñida, light y aceptada socialmente.
Era una cosa así como “ser todo lo revolucionario que el sistema te permite”.
Más tarde vendría “el fin de la historia” y luego “la muerte de las ideologías”. Como si fuera una trilogía escrita por el establishment. De la cual el “progresismo” era el primer tomo.


Tomo prestada una idea que le escuché a Eduardo Aliverti “durante el menemato era muy fácil ser progre”.
Tal vez, durante la “democracia preambularia” de Raúl Alfonsín, el progresismo haya pretendido tener otro espesor. La historia se encargó de poner en su lugar esas pretensiones.


Ahora ¿qué sucede con ese “progresismo” cuando se encuentra con un gobierno dispuesto a enfrentar los límites del sistema de poder?


¿Cuándo tiene frente a sí un gobierno que representa y defiende los intereses del campo nacional y popular?
¿Qué sucede con ese ser que teorizó, hizo caracterizaciones, definió pautas, describió posibles y aceptables medidas; cuando esas medidas son implementadas por el gobierno?


Hay un sector que se identifica con muchas y/o algunas medidas de este gobierno y acompaña desde una postura crítica, pero no obstruccionista.
Hay otro sector que no puede “soportar” las “formas” que acompañan esas medidas que siempre reclamaron. Entonces se enredan con argumentaciones donde sus palabras se tropiezan, sus gestos se hacen inabarcables, sus ojos no saben hacia donde mirar.

El maestro Arturo Jauretche tenía un nombre que definía muy bien a esta clase de individuos. “Tilingos” los llamaba.


El problema, en mi particular opinión, no radica en cómo piensan. Son libres de pensar como mejor les parece. Pero si objetivamente, ese modo de ver la realidad HOY los ubica junto a Hugo Biolcati, Mariano Grondona, Héctor Magneto, Jorge Videla, Samuel Gelblung, Von Wernich, Astiz y compañía. No tienen derecho a creerse mejores. No tienen derecho a exhibir ajados laureles de pretéritas épocas donde quedaba bien concurrir a determinadas plazas y escribir determinados libros.


Yo tampoco respeto a quienes banalizan las torturas, vejaciones, asesinatos, robo de bebés y apropiación de bienes durante la genocida dictadura cívica, militar y mediática.


Mientras quede un solo nieto por recuperar, mientras quede un solo genocida civil o militar sin condena, vamos a seguir hablando y denunciando.


Le guste a quien le guste, le pese a quien le pese.


¡Qué cosa! Estos “progresistas” tienen tantos pruritos para ser tildados de oficialistas o cercanos al gobierno nacional, pero no les molesta en lo más mínimo quedar pegados a socios y cómplices de la genocida dictadura cívica, militar y mediática.
Estos “periodistas independientes” son cada día más Magneto dependientes.


FUENTE : Mensaje Walsh
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