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19 de septiembre de 2010

LOS PERIÓDICOS CLANDESTINOS TRAS LA CAÍDA DE PERON


(*) Lic. PABLO VAZQUEZ

Aprovechando el actual clima de revisión de los medios de comunicación concentrados y la adquisición de Papel Prensa es bueno darle un vistazo a lo acontecido tras la caída del gobierno constitucional de Juan Perón en materia de prensa y resistencia.

El 16 de septiembre de 1955 se inició un proceso que clausuró la experiencia más movilizadora a nivel político en Argentina. La dirigencia partidaria oficialista que conspiró contra Evita y provocó la caída de Mercante acompañó desde la defección la caída de Perón. Teissaire y Mendé fueron los primero en denunciarlo como traidor y corrupto. Lo mismo hicieron otros dirigentes peronistas de igual calaña…

Mientras, desde el exilio montevideano, el grupo de ex forjistas y el propio Domingo Mercante intentaron reagrupar las fuerzas y plantear su oposición a la Revolución Libertadora. Al igual que los obreros en Argentina, los exiliados se pusieron a la cabeza de la resistencia desde la pluma y la acción.

Si las publicaciones gráficas durante el primer peronismo fueron del grupo editorial ALEA, dirigido por Carlos Aloé, que “centralizó la mayoría de los diarios, radios y publicaciones del país. (y que) Tuvo a su cargo Radio El Mundo y las emisoras de red Azul y Blanca, Radio Splendid y Radio Belgrano, entre otras; las agencias noticiosas Saporiti y Agencia Latina; en sus talleres se imprimieron casi todos los diarios nacionales y de ella dependió, entre otros, los diarios El Mundo, Democracia, La Prensa (cuando dependió de la CGT), etc, y las publicaciones El Hogar, Selecta, Caras y Caretas, PBT, Mundo Argentino y todas las publicaciones conexas del Mundo…”.[1]

La primera medida de los “libertadores” fue intervenir esos periódicos e imponer algún escritor antiperonista para reorientar su mensaje. Carlos Alberto Erro fue el interventor de ALEA y ATLAS y se asignó a José Barreiro, director de El Mundo; Ricardo Mosquera, director de Democracia; Walter Costanza, director de La Epoca; Ernesto Sábato (sí, el paladín de la libertad!) director de Mundo Argentino; Vicente Barbieri, director del Hogar; Premio Moos Cabot, director de Crítica, (cuñado de Don Noble); y el inefable Roberto Noble, que siguió como director de Clarín.

A su vez son censurados, perseguidos y / o  incautados El Líder; Esto Es; Lucha Obrera; y De Frente, entre otros, siendo su director John W. Cooke encarcelado.

Como reacción comenzó la resistencia peronista desde los suburbios de Villa Manuelita, en la esquina de Corrientes y  Esmeralda, y en la prensa clandestina favorable a Perón.

El 45, cuyo lema fue: “Ya no son campanas de palo las razones de los pobres”, dirigido por Arturo Jauretche comenzó su lucha por confrontar con el Plan económico de Raúl Prebich y en las medidas impuestas por los “libertadores”. A este se le sumó Debate, de Resistencia, cuyo lema fue: “Una voz Argentina clara y firme en defensa de los intereses populares”; El Descamisado, dirigido por Malfredo Sawady; y La Argentina, dirigida por Nora Lagos, con el lema “Justa, libre y soberana”; Doctrina, dirigida por José Rubén García Martín, con el lema: “es verdad y nuestra guía”; Renovación, de Tomás Farías; y El Fedrealista, dirigido por José Antonio Guemes, cuyo lema fue: “El pulso nacional de las inquietudes de los trabajadores”, entre otros.[2]

Luego se incorporarían durante los siguientes años Tres Banderas y Compañeros, ambos dirigidos por J. Bernado Iturraspe; Bandera Popular, Palabra Argentina, dirigido por Alejandro Olmos; Pero… Qué dice el pueblo, dirigido por Aldo Paciello; Palabra Prohibida, dirigido por Luis A. Sobrino Aranda; Rebeldía, dirigido por Manuel E. Bustos Nuñez; El Guerrillero, dirigido en forma real por César Marcos; Soberanía, dirigido por Nora Lagos y Luis A. Sobrino Aranda; Batalla, dirigido por Héctor Tristán; Línea Dura, dirigido por María Granata; y El Grasita, dirigido por Enrique Oliva, con la consiga “Perón o Muerte. Las fábricas y los barrios vigilando las consignas del Hombre. Órgano de los soldados anónimos del Movimiento Peronista”, como ejemplo de algunos de los más significativos.

En el 1º número de El 45 del16 de noviembre de 1955 de 4 páginas se señalo “Los diarios intervenidos al servicio del vencedor no aseguran la libre opinión”, amén de consignar el cierre de El Líder, una carta de Jauretche a Prebisch, las consignas de Leloir, sobre la Junta de abogados pro defensa de los presos, y – desde la editorial - una constante crítica al gobierno provisional, entre otras notas.

Para el 2º número del 30 de noviembre de ese año. Ya con 8 páginas, se profundizó la crítica al Plan Prebisch, se habla sobre el paradero del cadáver de Evita, una carta de Jauretche a Jules Dubois, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa; una nota del ex forjista Francisco Capelli sobre el Teniente coronel Guevara de la Comisión Investigadora y el dr. Rodríguez Araya, sobre la cuestión de la mujer y el movimiento obrero, la detención de Alicia Eguren, la incautación de De Frente, amén de estrena el poema canción No me olvides, que con el tiempo por su simbología fue el símbolo de la resistencia peronista desafiante del decreto 4161/56:

¡No me olvides, no me olvides / No me olvides!...Canta el pueblo de Perón / No me olvides sobre el pecho / no me olvides, pegadito al corazón.

Como dato extra, en la carta al citado Dubois su director Jauretche expresó que El 45 tuvo una tirada de 200.000 ejemplares, cantidad que demostró la necesidad del pueblo peronista de información fuera del canal oficial de la “libertadora”.

En un apartado Jauretche escribió “Al lector: No hay ninguna seguridad bajo la libertad de prensa hasta que El 45 está en sus manos. Pueden secuestrar la edición como a Lucha Obrera, perseguir a los redactores como en los casos de Lucha Obrera, El 45 y De Frente; o incautarse del periódico, como el caso último de De Frente. Utilizando para ese menester a los intelectuales libres.

No destruya este ejemplar, hágalo circular y después remítalo a sus amistades del interior. Cada lector debe ser un agente de El 45. Una hoja de publicidad es un arma en sus manos. Utilícela al máximo”.

Estas líneas describieron mejor que nadie el clima inicial de represión al ser desplazado Lonardi y quedar Aramburu como presidente provisional de la citada “libertadora”, teniéndo el acompañamiento de Rojas y los políticos opositores.

Esa lucha por el sentido y el discurso tuvo su reflejo lúcido años después en la pluma de Jauretche al afirmar en Ejército y Política: “Hay en plan general de coloniaje, con planes particulares para cada actividad... Hay un solo plan que comprende varios planes. Plan económico encomendado a Prebicsh. Plan cultural, ya ejecutado instaurado en la totalidad de la prensa, en la Universidad, en la enseñanza media y privada la formación que viene desde Caseros y se mantiene por el monopolio mitrista de los instrumentos de la cultura, para que la deformación histórica se consolide, impidiendo la formación de una conciencia nacional.”

Esta lucha acompañó el heroísmo de los primeros resistentes que anhelaron el retorno de Perón y de las conquistas sociales a fin de recupera su ciudadanía negada por la anulación de los derechos políticos a los peronistas. Esa lucha de 18 años contó con voluntades, cuerpos y corazones que encontraban en el compañerismo de su sindicato y en las cocinas donde, mate por medio, improvisaban las unidades básicas que cimentaron un retorno casi dos décadas después y que tuvieron en dichas páginas de periódicos clandestinos  un puntal en la lucha.

Valga como final las palabras de Raúl Scalabrini Ortíz quien, como Presidente Provisional de la Junta Reorganizadora de FORJA, instó a recuperar la esencia de la transformación peronista coincidente con el pensamiento jauretcheano:

“Aprendimos y enseñamos a desconfiar de las bellas palabras y (…) quien no lucha se estanca, y quien se estanca se pudre como el agua del albañal.

No volver atrás en lo que se avanzó, completar lo que quedó inconcluso y realizar lo que no se intentó será la consigna de nuestra palabra indistintamente dirigida a obreros y estudiantes, ciudadanos y labradores, técnicos y legos, entrelazados y mancomunados en la afinidad de un destino irrenunciablemente común
Seguros del eco que esta satisfacción encontrará en las conciencias limpias y alertas y en los corazones templados y decididos, convocamos a los viejos forjistas que supieron mantener incólumes su integridad y su independencia y a los jóvenes –obreros y estudiantes- que otean ansiosos la ruta en que pueden ser útiles a sus conciudadanos.

Para cada uno de ellos hay una verdad afilada como una bayoneta”.

Valga este recordatorio para que nunca más un golpe de Estado interrumpa el curso del pueblo a su destino nacional!



[1] VAZQUEZ, Pablo, El peronismo y la modernidad política. Nuevas formas de comunicación, publicado en Primer Congreso de estudios sobre el peronismo: la primera década, Mar del Plata, UNMDP, noviembre 2008, p. 11.

[2] Ver MOYANO LAISSUE, Miguel Angel (editor), El periodismo de la resistencia peronista 1955 – 1972 (años de luchas y de victorias), Bs. As, Miguel Angel MOYANO LAISSUE editor, 2000.
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