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28 de agosto de 2010

PAPEL PRENSA MUESTRA LOS VINCULO ENTRE EL PODER ECONÓMICO Y EL GENOCIDIO






(*) Néstor Leone 




Juan Manuel Abal Medina, vicejefe de Gabinete, analiza las repercusiones del caso Papel Prensa, la disputa del Gobierno con el Grupo Clarín y el rol de la oposición
Vicejefe de Gabinete en el gobierno de Cristina Fernández y asesor de Néstor Kirchner en su gestión al frente de Unasur, Juan Manuel Abal Medina se convirtió en una voz importante en la política argentina. Respetado aun entre los más acérrimos opositores y con pergaminos académicos, es uno de los encargados de brindar la impronta más conceptual de las decisiones de gobierno. En entrevista con Debate habla, entre otros temas, de la disputa de los Kirchner con el Grupo Clarín y de las razones de la lucha contra ciertas corporaciones.
¿Qué evaluación hace de la presentación del Informe Papel Prensa-La Verdad?
Creo que fue contundente y de una claridad absoluta. Por primera vez, en tantos años de democracia, se pone sobre la mesa la trama concreta que vinculó al poder económico con el genocidio que sufrió el país. Y se hizo con un discurso brillante de la Presidenta, desairando todos los rumores previos, que hablaban de expropiación, de avasallamiento y no sé cuántas mentiras más.Acá funcionan las instituciones como tienen que funcionar: la Justicia, investigando; el Congreso, legislando. 
La oposición y los socios privados de Papel Prensa esperaban la intervención de la empresa.
Jugaron con eso, lo instalaron para generar incertidumbre. Quedó demostrado que lo que se pretende es que sea la Justicia la que investigue y la que determine culpabilidades o no. Y como bien dijo Cristina, que sea el Congreso el que, de aquí en adelante, se tome el trabajo y el que asuma la responsabilidad de regular un tema tan importante como éste. 
¿Nunca estuvo en los planes la intervención?
No, en absoluto. Ya lo aclaró el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. 
¿Qué pasará en el Congreso? Algunos sectores de la oposición salieron de inmediato a criticar lo hecho por el Gobierno. Otros ya mostraron cierta apertura a discutir el tema.
La oposición, me parece, quedó sorprendida. No sé si esperaban otra cosa, o qué. Dieron, otra vez, un espectáculo patético. No se sabía bien de qué hablaban, si eran abogados defensores de 
Clarín o representantes de la ciudadanía. Otros no quisieron hablar, otros dijeron generalidades. De todos modos se abrió un abanico de voces, desde las posiciones más duras de Elisa Carrió, quien habló de “terrorismo de Estado”, hasta posiciones más moderadas, como las de Hermes Binner, quien dijo que le había parecido “positivo”.
Sí, no sólo Binner. Escuché a Luis Juez, a Alcira Argumendo y a varios dirigentes más hablar en el mismo sentido. Son actores con trayectoria, ¿qué van a decir? ¿Que la Justicia no investigue? ¿Que el Congreso no pueda debatir un marco de regulación para obtener transparencia y equidad en el manejo de un insumo clave como el papel? Es imposible que digan eso. Frente a esto, la Cámara va a cumplir su función y, seguramente, se va a aprobar un esquema que garantice lo que ellos mismos dicen que hay que hacer. 
Es probable, entonces, que el llamado Grupo A quede partido entre estas dos posiciones.
Es probable. Más allá de los discursos que hagan ahora, una vez en la Cámara, a muchos se les va a hacer muy difícil darle la espalda a nuestro planteo. ¿Se van a negar a regular? ¿Cuál va a ser el argumento? ¿Qué van a decir? ¿que no regulemos porque Clarín no quiere?  
¿En qué esquema de regulación están pensando?
No son temas que yo maneje, así que no es mucho lo que puedo decir. La idea, supongo, es que sea similar al que tienen los servicios públicos o el resto de las actividades consideradas de interés público. Nada novedoso. Al declararlo de interés público recibirá el mismo tratamiento que la energía, los medios audiovisuales, el agua o el gas. La trascendencia de esto se percibió en el acto mismo. Cuando la Presidenta mencionó el tema, el aplauso más fuerte, más ruidoso, vino de atrás, donde estaban sentados los dueños de los medios provinciales, que más sufrieron los abusos de estas empresas. 
La defensa de Clarín La Nación fue poner sobre la mesa la declaración de Isidoro Graiver, donde niega que la operación se haya dado en los términos que dijo el Gobierno.
Es un tema familiar, muy sensible, sobre el que cuesta meterse. Lo que sé es que hay una disputa que viene desde hace tiempo y que su situación económica no es todo lo holgada que se requiere para pagar semejante solicitada en los principales medios. Es llamativo, ¿no? Y triste cómo se quisieron aprovechar de eso. Ni hablar del caso de Gustavo Caraballo, quien tuvo declaraciones de un pésimo gusto. Que él diga que, porque estuvieron presos juntos y Lidia Papaleo no contó nada entonces, ya es motivo suficiente para rechazar su denuncia, me parece fuera de lugar.     
Con el material que ofrece el informe, tanto Bartolomé Mitre como Héctor Magnetto, pueden ser juzgados por crímenes de lesa humanidad. ¿Es así?
Ahí están los expedientes, ahí están los datos. Son todos documentos que hablan por sí mismos. La Presidenta contó muy bien cómo está la situación. Será tarea de la Justicia definirlo. Los elementos están. 
¿Cómo sigue esto?
Con la Justicia investigando y con una discusión en el Congreso que demuestre esto que ya dijo la Presidenta: que no hay más miedos en la Argentina, como tenían antes los políticos. Hay que demostrar que ahora se puede debatir, definir y que cada uno es responsable de las decisiones que toma. Si se quiere profundizar la democracia, necesariamente se tiene que de-sestructurar la madeja de poderes que actúan en las sombras. Y también se tiene que tiene que subrayar que todos los poderes tienen que estar sujetos de la voluntad. Nadie puede estar por encima de eso ni de las leyes. 
¿Le sorprendió la reacción de Clarín La NaciónNo, como tampoco me sorprendió el rol de cierta oposición. Algunos habían decidido apelar a los fantasmas para asustar a la sociedad, pero cuando los fantasmas no aparecieron en la realidad siguieron actuando como si existieran o si lo anunciado fuese otra cosa. Pero es un “como si” de corto plazo, porque la realidad es la realidad.  ¿Qué sintió en lo personal?
Fue muy fuerte. La Presidenta tuvo la enorme capacidad para contar cuestiones bastante terribles y un expediente judicial tan complejo con mucha claridad. Y después queda la enorme satisfacción de haber puesto en el corazón de la democracia un tema que siempre estuvo en sus suburbios. Que se puedan hablar sobre estos temas, que se puedan discutir, que estén a la luz pública y que todo el mundo pueda opinar me parece un avance importantísimo y me dio mucho orgullo de ser parte de este proyecto.  
Éste parece ser el mejor momento del gobierno de Cristina Kirchner, cosa que parecía inimaginable hace poco más de un año. ¿Lo está a pesar de los frentes de conflicto que abrió, o debido a eso?
Por los frentes de conflicto. Desde 2003 en adelante, nuestro proyecto político decidió que, para reconstruir a la Argentina devastada, necesitábamos resituar la política de cambio en el centro de las relaciones de poder. Por eso, desde un principio, fue un tira y afloje con las corporaciones. Que, obviamente, por su historia y tradición intentaban mantener todo como estaba. Se hizo más simple luego de la crisis, por la situación misma del país y por cierta sorpresa que les causó Néstor Kirchner. Pero ya en 2006 o 2007 los mismos factores de poder habían empezado a hacer sentir su disgusto a través de la inflación, para frenar el proceso de distribución del ingreso.  
Hasta que llegó el conflicto con el “campo”, que significó un punto de inflexión. El punto de inflexión se da cuando asume Cristina. En la campaña de 2007 hubo toda una campaña mediática muy fuerte que quería imponer la idea de que venía la etapa de la moderación, de la tranquilidad, de la preservación del statu quo. Analistas y voceros del capital concentrado decían lo que supuestamente iba a pasar, pero en realidad nos estaban sugiriendo qué debíamos hacer. Obviamente, cuando Cristina asumió, dejó bien en claro que, para nosotros, calidad institucional era profundizar el modelo y no moderarlo. Cuando llega el conflicto con el campo todos estos factores de poder se montaron sobre él para intentar ponerle un límite. Y hoy la lucha contra las corporaciones se reduce al Grupo Clarín.
No, la lucha sigue siendo la misma. Hoy se discute, nuevamente, si hay que reducir o no las retenciones, con todo lo que eso implica en términos de la renta; o las discusiones sobre el trabajo o la cuestión sindical. Lo que todavía se tarda en comprender es que, cuando las discusiones con las corporaciones se dejan de dar, es cuando se las empieza a perder. No es que si uno deja de darlas, queda todo como está. No, se retrocede. Con los factores de poder concentrado, la tarea de construcción de poder democrático es permanente. Cuando no se la profundiza, se pierde. 
El poder de fuego de Clarín ya no es el mismo, ciertamente se corrió el velo sobre la forma en la que construye la agenda mediática. Pero para el Gobierno puede ser un triunfo pírrico.
Es un triunfo de la democracia y del pueblo argentino. De ahora en adelante, cuando se lea qué dice cada uno, va a estar más claro qué hay detrás. Ya no es la opinión pública, como hace cinco años; ni los periodistas independientes, como hace dos; ni 
Clarín, como hace uno. Ahora es Magnetto, un grupo político que expresa un factor de poder. La pregunta era si no podía ser un triunfo pírrico.
No. Es un triunfo real.
¿No teme, por ejemplo, que el caso Fibertel pueda convertirse en un boomerang para el Gobierno?
Cada vez que avanzamos con algo, se nos dice algo por el estilo. El error es no hacer las transformaciones que el país necesita. Hay un manual de la política tradicional y un manual de marketing de cómo debe ser un gobierno: recomiendan no hacer mucho lío y medir siempre lo que dice la opinión pública. No es nuestra idea de la política. Si cada vez que tenemos que hacer algo nos movemos sobre la base de encuestas corremos el riesgo de sacralizar y replicar el presente estado de cosas. Y cuando uno transforma la realidad tiene que estar mirando mucho más en el mañana que en el hoy. Microsoft es una empresa mucho más eficiente que Fibertel y Bill Gates tiene mucha mejor imagen que Magnetto, pero cuando demócratas o republicanos los obligan a cumplir con la ley no les queda  más remedio que aceptar. Y no hay marchas de usuarios Microsoft pidiendo por la fortuna personal de Bill Gates.


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