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17 de mayo de 2009

EL VOTO DE JUNIO TIENE QUE SER PERONISTA

(El futuro, también…)




*Por Claudio Díaz y Eliana Valci

En este espacio que nos reúne semanalmente para pensar entre todos cuál es el camino que debemos tomar para forjar nuestro destino, dijimos alguna vez que no se puede construir un verdadero proyecto popular sobre la negación de nuestro origen. Y que lo único que va a permitirnos alcanzar ese estado de gracia es la construcción de un poder nacional, sin complejos de identidad.

Seguimos padeciendo la zoncera de algunos dirigentes que piensan que el peronismo es un colectivo al que se suben todos, sin importar de dónde vienen y hacia dónde quieren viajar. Esto hay que empezar a discutirlo seriamente, porque el no haberlo hecho permitió en el pasado reciente que varios nefastos personajes de la política hayan desembarcado en nuestro puerto con la vista gorda de los encargados de la “aduana”.

Es más, no sólo hay que discutir esto, sino que hay que debatir acerca del rol de las generaciones futuras. Al respecto el Gral. Juan Domingo Perón había sido muy claro en su “Mensaje a los Jóvenes del Año 2000”, al sentenciar: “La humanidad debe comprender que hay que formar una juventud inspirada en otros sentimientos, que sea capaz de realizar lo que nosotros no hemos sido capaces. Esa es la verdad más grande que en estos tiempos debemos sustentar sin egoísmos, porque éstos nos han conducido solamente a desastres.”

Sin embargo, no se los tiene en cuenta a los jóvenes más que para adornar discursos, entre otras cosas, y eso hace que la mayor parte de los hombres y mujeres que van a construir el futuro de nuestra República, descrean de la política como herramienta de cambio, se desilucionen, se frusten, etc., etc; en tanto hay otros, que la siguen remando, contra viento y marea, porque saben fehacientemente que es tan solo cuestión de tiempo, que más que politico, podríamos decir biológico.

Ahora es esto justo?...considerando que hay algunos personajes que los venimos votando desde el ´83 y han rotado por todos los cargos, la balanza nos indica que hay algo que anda mal.

No nos van a decir que no hubiera sido maravilloso, tener el Congreso Nacional, las Legislaturas Provinciales, los Concejos Municipales, con los pibes al frente?. Con esto no queremos dar a entender que a los que están hoy los mandemos a su casa a dormir, sino que bien pudieran haber sido los guías de cada uno de esos jóvenes, (porque de la formación política en la actualidad, ni hablar, brilla por su ausencia) y asi cada uno ocuparía el lugar que verdaderamente le corresponde y estaríamos contruyendo la nueva Argentina de cara al Bicentenario.

Dado los últimos acontecimientos, lo antedicho, no sólo no se tuvo en cuenta, sino que ni siquiera lo pensaron. Directamente, nuestra Juventud Maravillosa fue ninguneada una vez más, incluso por quienes fueron jóvenes alguna vez, y ocuparon el mismo lugar que hoy ostentan en las bancas.

Continuando con nuestra contribución a la memoria colectiva, seguimos con el relato de las idas y vueltas electorales, prácticamente desde el inicio del caos:
Primero fue Domingo Cavallo, el Caballo de Troya que los cordobeses De la Sota y Schiaretti nos metieron de prepo porque la Fundación Mediterránea se encargaba de cubrir sus “gastos” de militancia. Después llegó el turno de Aldo Rico, quien tras servir a la dictadura de Videla y Martínez de Hoz dijo ser “peronista de toda la vida” y se coló primero con Duhalde y después con Kirchner. Ahora anda por ahí para ver qué camiseta se calza.

Remarcamos a propósito estos episodios porque ahora los peronistas porteños que tienen que votar al kirchnerismo deberán poner la papeleta que lleva en el primer lugar a Carlos Heller. Nos preguntamos: ¿por qué Heller como número 1 y Julio Piumato como el 3? ¿Por qué no al revés? ¿Por qué la “pole position” para un banquero que surgió del Partido Comunista? ¿Por qué tan atrás un compañero digno, luchador, hombre clave del movimiento obrero que purgó siete años de cárcel por ser peronista?

Son preguntas que no tienen respuesta. Dudas que se suman a otras tantas, como las que surgen cuando vemos en los medios de comunicación que controla el Estado a periodistas e intelectuales de todos los colores ideológicos menos del peronismo. O como cuando nos enteramos que el Gobierno dispensa generosas pautas publicitarias a comunicadores del mismo establishment al que pretende combatir, mientras que aquellos que expresan el pensamiento nacional son marginados y se les niega el acceso a los medios.  

Son -se insiste- muchas preguntas que esperan respuesta. Y que los verdaderos peronistas seguimos esperando con paciencia porque tenemos claro aquello de que primero está la Patria, después el movimiento y por último los hombres. Y la verdad es que, con muchos temas para discutir, con errores, inconsecuencias, contradicciones y falta de convicciones, es una realidad incontrastable que a los costados del matrimonio que conduce a la Argentina desde 2003 no hay nada de nada. O sí: el precipicio al que nos quiere empujar el liberalismo.

El 28 de junio, en el cuarto oscuro, no hay alternativa. Pero también hay que decir, repetir, insistir, en que el peronismo no puede ser vehículo de cualquier política. Y hoy, la equivocación sería pensar en un “cambio de mano”. Que si en los 90 el “conductor” se adelantó por derecha (y terminamos en la banquina, destrozados), ahora deberíamos probar de hacerlo por izquierda. Esto también entraña un gran riesgo: es altamente probable que acabemos por chocar ahí nomás, apenas unos metros más adelante. Cabría recordar que el peronismo tiene su propio camino. Y un único conductor que nos dejó bien explicitado el trayecto hacia nuestra liberación como comunidad y Nación

Como en algún momento hubieron coqueteos y hasta piquitos con Binner, con Sabbatella, con Libres del Sur, no vamos a dejar de decir que quienes crean que el “progresismo” argentino puede ser un buen compañero de ruta porque tiene una mirada más “moderna” del presente, se olvidan de que en nuestro país el ingreso a la modernidad y al verdadero progreso se produjo de la mano de ese hombre y de esa mujer que a puro amor, sin tantos ideologismos estériles, armaron la revolución más original y profunda que se haya conocido. Ahí fue cuando este territorio explotado encontró su futuro. Y es por ahí donde sigue transitando la resolución de nuestra patria como Nación definitivamente libre y soberana.

“Serás lo que debas ser...” y “El peronismo será revolucionario o no será...” son dos sentencias-mandatos que el pueblo argentino guarda en su memoria histórica. Seamos originales, entonces. Y actuemos de acuerdo a lo que nos marca esa historia. Las malas copias que nos quisieron vender (antes del liberalismo, ahora del progresismo) fracasaron y van a fracasar por ser justamente eso, una imitación falsa y trucha. Los que realmente no están del lado de la Patria jamás van a comprar nuestra propuesta, por más que se las queramos vender cambiada. Ellos son prácticos: quieren el modelo original, el que viene de la casa matriz, el auténticamente liberal. Por lo tanto, si este próximo 28 de junio es una suerte de gran semifinal que anticipa la finalísima del 2011, vayamos pensando para esa fecha en jugar de una buena vez con los jugadores que surgieron de nuestro semillero: los nacionales, los populares, los revolucionarios; es decir, con los peronistas.
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