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12 de abril de 2009

LOS FINES CONFESABLES DEL "PERONISMO DISIDENTE"




* Por Luis Tino Sicilia


Vamos a disentir con Néstor Kirchner cuando dice que en los próximos comicios y con el ropaje del peronismo disidente la oposición alienta “fines inconfesables”. Hace rato que la derecha hizo públicos tales designios: restaurar el modelo conservador fuertemente enraizado en la derecha. Esa derecha, además de reaccionaria es hipócrita y allí están las declaraciones de Hugo Biolcati, titular de la Sociedad Rural y miembro activo de la Mesa de Enlace para demostrarlo. Cuando en el velatorio de Raúl Alfonsín le preguntaron qué opinaba del ex presidente sin sonrojarse respondió: “Fue un hombre digno, que tanto ha hecho por las instituciones”.


En las últimas 48 horas y gracias a Canal 7 que proyectó una grabación tomada en la Sociedad Rural el 13 de agosto de 1988, se pudo volver a ver la feroz silbatina y el aluvión de expresiones hostiles de todo calibre contra el entonces presidente Alfonsín que pretendía hacer uso de la palabra. Los más folklóricos –entre los que estaba el estanciero Biolcatti --, le gritaban “ !Juira… comunista!” El Gallego –como le decían cariñosamente sus amigos a don Raúl—no dejó el micrófono, se plantó firme y les respondió a toda voz: “Estas manifestaciones no se producen en tiempos de dictadura…Es una actitud fascista el no escuchar al orador”, y siguió hablando.
La Sociedad Rural fue una de las entidades que más conspiró contra la estabilidad democrática del país; casi sin excepción estuvo “prendida” en todos los golpes de Estado.
 Resta decir que en los años 80 estos carcamanes que son capaces de matar de hambre a los argentinos con tal de que no les toquen las retenciones a la soja, opinaban de Alfonsín más o menos lo mismo que ahora de Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina. Los hijos putativos de esa oligarquía son los que hoy pretenden restaurar a sangre y fuego el modelo conservador, incluso enancándose en la memoria de Raúl Alfonsín.
Uno de esos hijos putativos de la oligarquía es Felipe Solá, “protegido” de Eduardo Duhalde y Mauricio Macri, aspirante a la candidatura presidencial con el respaldo de un pastiche que se ofrece como “peronismo disidente”, en el que también navega el colombiano Francisco de Narváez, a quien se le ocurrió apelar al trueque: poner una parte de su fortuna heredada al servicio de la restauración conservadora, como se lo han pedido sus socios de la Sociedad rural. De Narváez es contratista de esa entidad en la explotación del predio malhabido de Palermo, por el que sigue abierta una causa judicial. Además, es accionista de peso del canal América de televisión junto con José Luis Manzano, otro “peronista disidente” que un día, con la lengua suelta, reconoció haber robado “para la corona” que en esos días lucía muy campante en la testa de Carlos Saúl Menem. 

Dicen quienes lo frecuentan que a Felipe Solá le brotó un sarpullido cuando se enteró que la periodista francesa Marie-Monique Robin, visita Buenos Aires.
 Ocurre que esta documentalista de fama mundial es autora de un libro titulado El Mundo según Monsanto, una empresa multinacional de fuerte inserción en el mercado agrícola con la producción y comercialización de transgénicos y herbicidas. Resulta que Felipe Solá fue quien en 1996 autorizó la introducción en la Argentina de la soja transgénica de Monsanto y el plaguicida que la acompaña, el glifosato. Según los especialistas en el tema el uso del glifosato amenaza la soberanía alimentaria del país, afecta la calidad de los suelos y ha provocado graves problemas de salud a las poblaciones fumigadas a mansalva con el agrotóxico que la transnacional estadounidense comercializa en la Argentina con la marca Roundup.

Al arribar a Buenos Aires Monique Robín fue entrevistada por dos periodistas del diario Sur ante quienes señaló los graves riesgos del uso de glifosato en el cultivo de la soja transgénica. Frente a la pregunta ¿Cuáles son las mentiras de Monsanto?, la investigadora respondió:
 “Son muchas, lo digo abiertamente desde hace un año en todos los países del mundo. La primera mentira es hacer creer a los agricultores que esta soja transgénica es manipulada genéticamente para poder resistir a un herbicida que se llama Roundup y se conoce aquí como glifosato, porque ahora hay genéricos de este Roundup (que es la marca de Monsanto). Esa primera mentira es decir a los agricultores que este Roundup es biodegradable, bueno para el medioambiente; es todo mentira. El glifosato produce cáncer en los seres humanos. Monsanto fue condenada por la publicidad mentirosa en Estados Unidos y recién en Francia”.



Fuente: El Libertador en Línea
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