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14 de diciembre de 2008

ORDEN MARÍA DEL ROSARIO: LA SOCIEDAD RELIGIOSA DE LOS EX GUARDIA DE HIERRO


A 40 años de su nacimiento y después de un derrotero que los llevó a oponerse a la izquierda guerrillera, a coquetear con el masserismo y a ocupar cargos en casi todos los gobiernos, hace rato que algunos ex guardianes cambiaron a Perón por Jesús. Y si antes esperaban las cartas que el General enviaba desde el exilio, ahora aguardan otro tipo de revelaciones

“Ex justicialista y ex diputado de la provincia de Buenos Aires, actual discípulo de Jesús, misionero de la Nueva Argentina y apóstol del Señor.” Así firma sus misivas Segundo Ubaldo Rolón, uno de los antiguos guardianes que hoy se congregan en la Orden María del Rosario de San Nicolás. Ajeno a la lógica partidaria, el sector que encabeza Rolón –que prefiere ser llamado “Pedro II”– se dedica a pregonar “la segunda venida de Jesús” y a difundir con devoción “el plan de gobierno del Rey Cristo”. Así sucedió el pasado 26 de noviembre en un acto realizado en la localidad de San Nicolás.

Ese día, “el Papa anunció la llegada de la Noche y la Segunda Venida de Jesús, el gran estruendo que todos escucharán esa noche (...), la caída de todas las instituciones y estructuras, y le puso fecha a la finalización del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: el próximo 25 de diciembre”.

Surgidos a fines de los ’60, los guardianes se hicieron fuertes como bastión de la ortodoxia durante la llamada Resistencia Peronista. Llegaron a ser miles de miembros y –como se los había pedido Perón– fueron una verdadera “escuela” para toda una generación de dirigentes.

Desde esta perspectiva, la orden mariana de San Nicolás parece una excentricidad. Sin embargo, más allá de lo extravagante que pueda sonar su propuesta, esta “asociación civil de fieles laicos” –así se denominan– no hace más que llevar al paroxismo ese viraje cristiano que los guardianes iniciaron en 1974, tras la muerte de Perón. Ese primero de julio sufrieron un golpe del que no se repondrían. Para su férrea lógica militante, eso del “peronismo sin Perón” era impracticable.

En su libro Guardia de Hierro, de Perón a Kirchner, el periodista Alejandro Tarruella da una clara muestra de la lógica guardiana. En 1974, cuenta Tarruella, a un año del regreso de Perón, en lugar de un acto político, los guardianes realizaron un casamiento masivo de militantes.

El líder histórico de la organización fue el “Gallego” Alejandro Álvarez, el mismo que en 1974 decidió, casi de forma unilateral, disolver al grupo. En El Jefe, su biografía de Carlos Menem, la periodista y actual legisladora porteña Gabriela Cerruti describió a Álvarez como “un nacionalista peronista y cristiano (...) que se uniformaba con una campera de cuero negro, experto en repetir los discursos de Perón”. Los primeros pasos de la “orga” que el Gallego lideraría con puño cerrado fueron de la mano de Eduardo Espil –dirigente vinculado al grupo “Praxis”, de Silvio Frondizi– y al ex maoísta Flavio Bellomo. “El origen de izquierda de muchos de sus miembros –cuenta Cerruti– contrastaba con las connotaciones del nombre, que remite a un grupo rumano ultracatólico y ultranacionalista liderado por Corneliu Zelea Condrenau”, creado tras la Primera Guerra Mundial.

Guardia terminó de sacar chapa de derecha peronista cuando una parte de su conducción ensayó un acercamiento con el ex almirante Emilio Massera, que buscaba cautivar al disperso electorado peronista. Ya por entonces comenzaban a verse los elementos religiosos en los “sacerdotes” de Perón, en especial por los contactos con monseñor Jorge Bergoglio, actual arzobispo de Buenos Aires.

La orden religiosa que hoy encabeza Rolón –que entre 1993 y 1997 fue diputado bonaerense por el PJ de Mar del Plata– fue fundada en 1988 y tuvo como primer “capellán” al cura militarista y ultramontano Alberto Ezcurra Uriburu, fundador de Tacuara. “Nueve años más tarde, la Orden sufre una crisis, fruto de un supuesto fracaso de la experiencia política con el Partido Solidaridad el cual intervino en los actos electorales fraudulentos entre 1994 y 1996”, cuenta Rolón en su blog, haciendo referencia a los que fue quizás el último intento político convencional de los guardianes.

La lógica religiosa terminó de cuajar en 1990, cuando al grupo se unió el vidente Juan Domingo Rodríguez. La leyenda on line cuenta que, luego de sufrir un problema de columna que lo mantuvo postrado por varios meses, Rodríguez tuvo una visión: “Una noche se le manifiesta una luz muy fuerte, blanca, un poco amarillenta y ve al General Perón sonriendo”. Junto a una mejora de su salud, Rodríguez tuvo otras visiones, que terminaron de mostrarle la misión divina que tenían los miembros de la orden.

En su trabajo “De la resistencia peronista al comunitarismo católico”, el sociólogo e investigador del Conicet Humberto Cucchetti señala que Guardia “tuvo la capacidad de formar dirigentes que, en los años ochenta y noventa, ejercieron importantes cargos políticos”. En general, fueron referentes de primera línea en la Renovación Peronista, participaron activamente de la gesta y la administración de Carlos Menem y llegaron a ocupar cargos clave en la Alianza, vía Frepaso.
Por citar un ejemplo actual, el secretario de la presidencia K, Juan Carlos “Chueco” Mazzón, es uno de los ex Guardia que egresaron de la “escuelita de poder”. Mazzón es quizás el mejor operador con que cuenta el ex presidente Néstor Kirchner. Durante el menemismo, el Chueco fue viceministro de Interior, secundando a su amigo de tardes mendocinas y también guardián José Luis Manzano.

Ya en épocas de Fernando de la Rúa, el guardián que más lejos llegó en el gabinete de “Chupete” fue Alberto Flamarique, que en el gobierno aliancista ocupó el Ministerio de Trabajo.

Otro ex guardián que hoy tiene poder –y mucho– es Guillermo Moreno, el vehemente secretario de Comercio Interior que los K sostienen a pesar de las críticas. Un ejemplo de guardián más díscolo fue Julio Bárbaro, que dejó su cargo en el Comfer y no se privó de criticar a la actual gestión.

“Quienes no tuvieron esa trayectoria elaboraron, cada vez con más intensidad, una adscripción religiosa marcadamente católica”, agrega Cucchetti. Al fin de ese camino está la Orden María del Rosario de San Nicolás. En cierta medida, los nuevos guardianes no hacen más que seguir con un viejo culto. En definitiva, para todos ellos, lo que decía el General siempre fue palabra santa.

Fuente: Veintitres | www.elortiba.org
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