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13 de noviembre de 2014

COMIENZA EL TRATAMIENTO DEL PROYECTO DE LEY "ARGENTINA DIGITAL" EN EL SENADO




El proyecto de telecomunicaciones ‘Argentina Digital’, impulsado por el Poder Ejecutivo, comenzará a ser debatido este martes en el Senado, en la Comisión de Sistemas, Medios y Comunicación, con la presencia del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich; y el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido.

Según indicó la presidenta de la Comisión, la jujeña Liliana Fellner, la intención es tratar el proyecto destinado a beneficiar a los usuarios, favorecer la diversidad informativa e incentivar la oferta y competencia entre las empresas de telefonía, internet y cable, "durante las próximas tres semanas", con la idea de que sea debatido por el pleno del cuerpo el miércoles 26 de noviembre.

El proyecto busca declarar el servicio público esencial y estratégico de las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC). Además, regulará las tarifas de interconexión y permitirá que a través de un mismo cable (red única) el usuario pueda recibir todos los servicios en su hogar.

La iniciativa, que reemplaza un decreto-Ley del año 1972 firmado durante la dictadura del general Alejandro Lanusse, tiene como objetivo apuntalar la competencia entre empresas de servicios, dado que una firma pyme o una cooperativa que provee internet podrá llegar a cualquier hogar del país aunque no tenga infraestructura propia, y posee 11 puntos claves, destinados a beneficiar a los usuarios.


DIPUTADOS APROBÓ EL PROYECTO QUE REGULA LAS TÉCNICAS DE FERTILIZACIÓN ASISTIDA


La iniciativa fue votada tras más de dos horas de debate con 205 votos a favor y 11 en contra, como resultado de las posturas expresadas más por motivos personales que por disciplina de bloque, debido a que se trata de un tema social en el que prima la libertad de conciencia.

En el inicio del debate, la presidenta de la comisión de Salud, Andrea García (FpV) explicó que “las personas que se sometan a estas técnicas pueden aportar su propio material genético o recibir gametos femeninos o masculinos aportados por terceros”, que las mujeres podrán donar "hasta los 35 años, y los hombres hasta los 40”.

Los donantes deberán “someterse a un estudio clínico sujeto a protocolo para detectar posibles enfermedades” aclaró y precisó que “el texto dispone cómo debe crioconservarse el material genético, con sus plazos y modalidades". También establece "el derecho a la confidencialidad y la reserva de la información para los aportantes”.

“Todo aportante deberá formalizar en convenio escrito con el centro de salud su declaración de voluntad informada”, dijo la diputada y señaló que "el material genético se puede usar hasta en un máximo de seis personas o parejas”.

García aclaró que “se prohíbe la comercialización de embriones y gametos crioconservados” y que “una vez transcurridos cinco años desde el momento del aporte de gametos, si éstos no fueron utilizados en estas técnicas deberán ser descartados”.

Una de las voces que se expresaron más radicalmente en contra del proyecto fue la de la puntana Ivana Bianchi (Compromiso Federal), quien expresó su “total desacuerdo con la manipulación de embriones”.

“¿Sobre qué motivos jurídicos estamos realizando esta manipulación? Se están destruyendo numerosos seres humanos”, cuestionó la legisladora, para quien de este modo "la vida humana queda reducida a términos de utilidad biológica”.

En esa discusión de fondo, la oficialista Mara Brawer consideró que “no se considera a los embriones como 'cosas', pero tampoco se considera a los embriones in vitro 'personas', no porque lo digamos nosotros, sino porque ya lo dijo la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.

Por la Coalición Cívica, Elisa Carrió dijo que “el problema de los embriones no hay que ponerlo en el tema 'persona', porque en realidad nadie sabe cuándo hay una persona, ni siquiera desde el punto de vista espiritual: Lo que sí hay en un embrión congelado es una posibilidad de vida”.

En tanto, Jorge Triaca, de Unión Pro, remarcó que “el proyecto no es para nada coherente con su título porque sobre la protección de los embriones no implantados hay muy poco”.

Una de las impulsoras de la iniciativa, la kirchnerista María del Carmen Bianchi, expresó que “con la votación de este proyecto se garantiza el rol del Estado como regulador y garante de las formas de la implementación de las prácticas, preservando la visión ética de que se trata de material genético humano".

"También se privilegia que las relaciones jurídicas surgidas de la aplicación de las técnicas guarden estricta observancia de la normativa nacional e internacional, desde la ley 26.862, el Código Civil y los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, así como la perspectiva de observancia de los derechos constitucionales y los derechos humanos en general”, aseguró.

Fuente: TELAM

NO ES SOLO LA POBREZA EL PROBLEMA SOCIAL


*Por Pablo Chena


En la actualidad, los estados y los organismos internacionales gastan importantes sumas de dinero en medir la pobreza, mediante diferentes métodos estadísticos. Esta tendencia tiene su correlato en el debate político, donde se reconoce la importancia de "combatir la pobreza". Sin embargo, poco se discute sobre la necesidad de analizar y problematizar la otra cara de la moneda: la riqueza, del mismo modo que la corporación mediática señala al corrupto pero no al corruptor.

Esto muestra que son pocos los gobiernos preocupados por los niveles de desigualdad que genera el capitalismo a nivel global y, muchos menos, aquellos que están atentos a la concentración de la riqueza que existe hoy en el mundo, depositada especialmente en paraísos fiscales. Más aún, los gobiernos liberales suelen justificar dichas iniquidades por diferencias de productividad. Bajo esta lógica, los dueños y gerentes de grandes firmas, capitales financieros y terratenientes son más ricos que los trabajadores porque son más productivos socialmente.

Como señaláramos más arriba, la idea de que la pobreza es un problema social pero la riqueza no, se refleja institucionalmente en el desarrollo de un sistema estadístico público y privado sofisticado para medir la pobreza pero miope a la hora de dimensionar la riqueza y sus consecuencias.

En el caso de Argentina, si bien la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) subestima los ingresos provenientes del capital y de las rentas de la tierra y financiera, nos alerta de que la diferencia de ingresos entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre fue de 17 veces en 2013, mientras que en las puertas del golpe de estado neoliberal de 76 era de 9,5 veces (1974) y llegó al pico de desigualdad de 40 veces en la crisis de 2001-2002.

Respecto a la riqueza exteriorizada por los argentinos, la revista Forbes señala que en 2014 los 15 argentinos más ricos alcanzan, conjuntamente, una fortuna de U$S 26.850 millones, recordemos que las reservas internacionales que tiene el Banco Central para respaldar nuestra moneda suman en total U$S 27.412 millones.

En lo que hace al movimiento de riqueza, los datos de la posición de inversión internacional de Argentina muestran que los activos de los argentinos en el exterior fueron en aumento. Por ejemplo, en 1991, los activos externos del sector privado no financiero acumulaban U$S 50.063 millones en 2002. Esta cifra ascendía a U$S 109.166 millones en 2007 y en 2013 llegó a U$S 202.561 millones.

Esta astronómica fuga de divisas al exterior se agrava si tomamos en cuenta que el gobierno de Francia, por ejemplo, habría entregado a la AFIP información sobre cuentas bancarias no declaradas de 3900 argentinos en Suiza y, según surge de declaraciones del jefe del organismo recaudatorio, "desde marzo de 2013 hasta agosto de este año, 2.312 contribuyentes rectificaron sus declaraciones juradas de ganancias y bienes personales reconociendo bienes en el exterior por $ 7918 millones".

En este contexto, los destinos preferidos por los argentinos para evadir impuestos serían, en el caso de las cuentas bancarias, los Estados Unidos y Suiza; para el caso de inmuebles Uruguay, España y Estados Unidos, y para las sociedades no declaradas, Uruguay, Panamá y Estados Unidos.

Los pocos datos existentes muestran la importancia de avanzar en el desarrollo de instrumentos de información que permitan detectar las acumulaciones de riqueza, no sólo por lo que implican en términos de evasión fiscal, sino también por los efectos desestabilizadores que tienen en el orden económico y financiero local. La concentración de la riqueza es el principal obstáculo para erradicar la pobreza.

Gentileza de: Ateneo Conciencia Nacional La Plata

LA IZQUIERDA NACIONAL Y AUN: ACERCA DEL TEMA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO



PUBLICADA EN POLÍTICA N° 15 - SETIEMBRE DE 2014

*Por Aurelio Argañaraz

No encuentro un mejor modo de rendir homenaje al cro. Spilimbergo, respondiendo al propósito de esta edición de POLITICA, que intentar el análisis de las tareas que implica la construcción del partido. No hay “momento” de la vida partidaria, desde el PSIN a Patria y Pueblo, pasando por el PIN, donde no esté presente un texto destinado a sostener el objetivo de conformar una fuerza marxista revolucionaria de Izquierda Nacional. Obras que aparecían “firmadas” por el partido, se sabía “entre nos” que eran el fruto del genio de Spili, poco interesado en su “lucimiento personal” y extremadamente atento a la necesidad de proveer a la formación de pautas que dieran claridad al trabajo partidario, establecieran rumbos, métodos y criterios de organización. Una muy escueta nómina de esos trabajos debería arrancar con “Clase Obrera y Poder”, la tesis aprobada por el Tercer Congreso del PSIN, maravillosa síntesis de los rasgos centrales de la Argentina semicolonial y de las bases en que se funda la política nacional del socialismo revolucionario. Otro jalón, que no por su “modestia” fue menos “fundacional”, es el trabajo citado aquí, del que no tengo copia, que se publicó con el título “Algunas precisiones sobre la táctica”, para orientar las tareas de inserción inicial.
 
Finalmente, la tesis “De la crisis del FIP a la fundación del PIN”, hoy republicada, establece la delimitación entre la degeneración “ramista” posterior al 77, su abandono de las banderas de la democracia política y su “militarismo” carapintada y los contenidos nacional-democráticos de una política socialista y nacional. Entremedio, y más directamente relacionados con el objeto de mi nota, una infinidad de textos acompañaron el desarrollo de “la táctica AUN” y de la campaña de afiliación que implicó la construcción del FIP en todo el país. Esa obra, por sus fines, anónima, fundamenta nuestra convicción de que si el “primer” Ramos era el más brillante propagandista de las ideas y la visión histórica del revisionismo marxista de la Izquierda Nacional, Spilimbergo fue el gran constructor de su fuerza partidaria.

La tarea de construir un partido socialista de la izquierda nacional tiene hoy un atraso notorio, con respecto a la necesidad de que esa fuerza logre afirmarse y responder a las demandas del tiempo histórico que vive el país y América Latina, demandas ante las cuales el nacionalismo burgués, que conduce hoy la política nacional, evidencia con claridad su incapacidad para obtener algo más que una victoria coyuntural –está comprometida la mera continuidad del proceso abierto a partir del derrumbe neoliberal, por no hablar de su imprescindible profundización– ante el imperialismo mundial, que precisa avasallarnos y descargar sobre la periferia la crisis global. Volveremos sobre la cuestión, pero cabe anticipar que, siendo la transformación que la Argentina exige de carácter nacional-democrático-revolucionario, pero no socialista, llevarla delante de un modo consecuente impone, no obstante, una ideología no comprometida con la defensa de la propiedad, en tanto la propiedad, burguesa, es el fundamento del dominio no burgués, sino oligárquico y rentístico, y por tanto opuesto a la reinversión productiva y la acumulación autocentrada que nuestro desarrollo necesita para escapar al despilfarro, la fuga de capitales y otros destinos no reproductivos.

En los primeros años de la década del 70, después de lograr un desarrollo de fuerzas militantes en el ámbito estudiantil y algún avance en el medio obrero, con la constitución del FIP en todos los distritos electorales del país(1) el desarrollo partidario prometía transformarnos en el ala izquierda del movimiento nacional, no ya en sentido histórico-ideológico, sino materialmente, por arraigo de masas. En ese estado, hoy envidiable, era posible pensar que, en una situación de crisis general se pudiera ganar la influencia necesaria para ser la representación de la clase trabajadora, y hacer de ella –la tan mentada “columna vertebral”– una clase capaz de asumir el liderazgo del movimiento nacional, actualizar su doctrina, liquidar los métodos verticalistas y burocráticos de conducción que asfixian todo protagonismo popular y transforman a los cuadros en obsecuentes receptores de lo que decide una cúpula nacional burguesa (completamente impermeable a las presiones de abajo) que presume ser “la depositaria del saber”, para sustituirla como conducción y conducir a la victoria a un bloque popular fortalecido en su extensión y en su aptitud para liquidar el orden oligárquico. Esa perspectiva, en ese contexto de la historia nacional, no era descabellada: pese al patriotismo del General Perón y a su enorme prestigio y poder de convocatoria, el movimiento fundado en 1945 padecía contradicciones y límites estructurales. Se expresarían dramáticamente con su arribo al poder, en 1973.

En el presente trabajo queremos abordar el proceso de construcción que antecede al momento de la creación del FIP antes enunciado, sin interesarnos por la cuestión del retroceso posterior, que será abordado en un análisis posterior (2). Nuestro interés dista de ser académico: creemos que los desafíos candentes de la actualidad, entre los cuales se destaca –como en aquéllos tiempos, pero en otro contexto– la lucha por reconstruir los instrumentos políticos que aseguren el triunfo de las fuerzas populares y tornen irreversible la liberación nacional, aconsejan incorporar a la conciencia militante los datos de una experiencia que pudo transformar, en pocos años, a un círculo reducido de intelectuales revolucionarios en lo que hemos resumido como una acumulación de fuerzas de alcance nacional, capaz de merecer la atención de Perón, que consideró adecuado para sus fines electorales la realización del acuerdo que lo hizo también nuestro candidato a presidente, en las elecciones de setiembre de 1973 (3). No escapará al lector atento que un hecho tan significativo jamás podría ser casual.

Ahora bien, los textos en los cuales se intenta dar cuenta del tema de los orígenes y la historia de la corriente (4) no explican adecuadamente cómo fue posible que, en el marco del retroceso de la dictadura militar inaugurada por Onganía en 1966, frente a la decisión del Ejército de convocar a elecciones, un partido fundado en 1962 que apenas tenía al caer Illía unos cincuenta miembros en todo el país hubiese ganado la fuerza necesaria para llevar a cabo una tarea de afiliación masiva y una acción política que le dio presencia en todo el país, aunque la suerte electoral se mostrara en desacuerdo con las expectativas previas, dada la polarización favorable a Cámpora (5). Al parecer, la interpretación del fenómeno del crecimiento del PSIN y la multiplicación de sus filas sería vista como el fruto “natural” de una coyuntura política que favorecía la nacionalización de la pequeña burguesía y (en términos más acotados) la radicalización política de la clase obrera, cursos durante los cuáles loa propaganda de las ideas de la Izquierda Nacional encontraba una receptividad antes inexistente. A nuestro juicio, esta es una verdad a medias, que ignora el valor de una reorientación en la acción partidaria cuyo sentido y naturaleza es fundamental entender, no sólo por motivos de “interpretación histórica”, sino por razones de interés práctico, que exigen la conceptualización de los problemas propios de la acción política, cuando se trata de avanzar desde el momento de los enunciados programáticos generales y la difusión de ideas, en base a los cuales pudieron formarse “los círculos iniciales”, a los siguientes pasos de la construcción del partido.


ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LA TÁCTICA



De la jerga clásica de la teoría marxista es necesario rescatar(6) algunos conceptos, imprescindibles para guiar la actividad práctica, a la que debe aplicarse una reflexión tan importante como la que se dedica a “la teoría” o al análisis de “la realidad”, si se pretende evitar los vicios del empirismo, que imagina “la práctica” como lo opuesto a “pensar”. Hasta donde llegan mis conocimientos, fue Plejanov, el introductor del marxismo en Rusia y maestro de Lenin, el autor de un desarrollo que intenta definir (y esquematizar, para su uso) los recursos propios de la acción política y su relación con los objetivos que persigue la organización, en cada momento de la lucha revolucionaria. En tal sentido, la propaganda, entendida como llegar con muchas ideas a unos pocos, es el arma usada casi con exclusividad en los momentos iniciales de la constitución de los “círculos”, que son ante todo ámbitos de debate, y forman el “embrión” del sistema partidario. Su opuesto, la agitación, una o pocas ideas destinadas a movilizar a un sector entero o a grandes masas, es el predilecto de las amplias campañas por medio de las cuales un partido ya construido busca generar experiencias colectivas que afiancen su prestigio y/o logren alterar a favor del pueblo las relaciones de fuerza y la conciencia política de los trabajadores y sus aliados. En todo momento, como es de suponer, los frutos del trabajo deben medirse en términos de reclutamiento, ya que fortalecer el desarrollo de la organización y su presencia en todos los ámbitos de la sociedad es una medida de su prestigio y poder, enriquecen los vínculos con los sectores que la nutren y le facilitan la tarea de orientarse a partir de un pleno contacto con los estados de ánimo y las corrientes espontáneas de las bases sociales que procura encauzar, posibilitando la manifestación de sus fuerzas revolucionarias (7).

En condiciones en las cuales el objetivo inmediato es precisamente construir el partido, un exceso impuesto a las tareas de agitación obra como “desperdicio” de las energías disponibles y conduce a dispersar la fuerza presente, sin acrecentarla. La razón es sencilla de entender, no bien se la mira con objetividad y paciencia: en su etapa de construcción, la organización no podría “llegar a las masas”, que están conformadas por millones de personas, a las que nada puede proponerles un núcleo que carece de nexos eficaces con ellas. En la experiencia real, no obstante, estas tareas se alternan y combinan y la acción partidaria las utiliza a todas, simultáneamente: valga el ejemplo de “El Estado y la revolución”, una obra enorme escrita por Lenin meses antes de la insurrección de octubre de 1917, en el marco del predominio de las tareas de agitación tendientes a gestarla, o, como ejemplo modesto de todos los casos en que un núcleo inicial manifiesta su voluntad de crear un partido, el acto de repartir una declaración sobre un tema puntual en una concentración obrera o estudiantil, pese a tener una conciencia clara de que no podrá capitalizar el hecho. Desde luego, es la combinación en el manejo de tales medios lo que determinará el acierto en la aplicación de sus recursos y permitirá que fructifiquen las acciones partidarias o generará el desgaste del capital militante y terminará desmoralizando las propias filas, episódica o definitivamente.

Ahora bien, la acción partidaria se lleva adelante sobre un terreno histórico determinado. No era posible avanzar más allá de la consolidación ideológica, en nuestro caso, en el marco caracterizado por la presencia en el poder del primer peronismo. Para decirlo sumariamente, los trabajadores y la intelectualidad pequeño burguesa –destinatarios privilegiados de la propaganda del marxismo nacional– o estaban satisfechos con las realizaciones y discursos del General Perón o militaban en la oposición “a la segunda tiranía”, bajo la influencia prooligárquica de los radicales alvearizados, del socialismo juanbejustista o del PC de Codovilla y Ghioldi. Un cuadro distinto, más prometedor, se abriría a partir de 1955, con la crisis de esos partidos, las dictaduras oligárquicas y la frustración de los planes “para el retorno de Perón”.


UNA POLÍTICA NACIONAL PARA EL ESTUDIANTADO


A partir de la fundación del PSIN puede seguirse en la prensa partidaria una producción destinada a promover el proceso de nacionalización del estudiantado, que maduraba notoriamente en los primeros años de la década del 60. Las nuevas generaciones, caídos los mitos de la seudoizquierda juanbejustista y codovillista, tendían a confluir con el proletariado real, a revalorizar el significado del 17 de Octubre, retomar las tradiciones latinoamericanistas de la Reforma del 18 y generar una representación político-gremial acorde con su nueva visión del país (lo que implica, obviamente, una nueva visión de sus propios intereses y de su rol en el seno de la comunidad universitaria). A la clarividencia para responder a esa oportunidad y a la consecuencia para instrumentar una línea de acción que nos transformara en la expresión política consumada del nuevo estudiantado se debe atribuir un desarrollo partidario previo al lanzamiento del FIP en el 71, desarrollo aquél sin el cual el salto a la política nacional hubiese resultado completamente impracticable.

Estamos, en consecuencia, frente a un hecho central. Si, como creemos, es posible encontrar algo generalizable en el despliegue de lo que se denominó “la táctica AUN” (8) la Izquierda Nacional dio en aquél momento un paso que va de la propaganda general a la lucha por transformarse en una representación de masas, en una parcialidad social dotada de tradiciones y demandas propias, tarea que supone una elaboración intelectual específica, aunque su punto de partida –no podría ser de otro modo– sea un diagnóstico histórico general. El análisis, en este caso, permítaseme señalarlo al pasar, tuvo entre sus impulsores a Ernesto Laclaú, que luego de aportar positivamente al debate optó por extraer las conclusiones oportunistas que mucho más tarde exhibiría en sus vínculos con el nacionalismo burgués, ya lejos del PSIN y ligado a Oxford. Con dolores de parto, el duro debate incorporó la noción de que el desarrollo partidario no podía verse como el mero producto de la propaganda general; requería crear “mediaciones tácticas”, en las cuales partíamos de “una realidad inmediata”, cuyo tratamiento crítico-práctico nos permitía impulsar un proceso de elaboración que recorría el camino entre “la experiencia vital ” y “la visión general”. La creativa aplicación de estas nociones, bajo la dirección de Spilimbergo, permitió que, en poco más de tres años, luego de una sucesión de triunfos espectaculares, la militancia PSIN-AUN, decuplicándose numéricamente, ganara la conducción nacional de FUA y fuese sin duda la fuerza universitaria más homogénea y extendida de todo el país.
Sin esa acumulación previa de fuerzas, adiestrada además en las movilizaciones de masas, nadie hubiera concebido como una empresa posible construir el FIP.


Córdoba, 19 de agosto de 2014


(1) La suma de afiliados en todo el país alcanzaba más de setenta mil miembros nominales y la militancia fipista, a su vez, reunía más de un millar de cuadros, cuyas voces se oían desde la puna jujeña hasta el extremo sur, en Tierra del Fuego.


(2) Como aportes al tratamiento más extenso que prometemos, pueden consultarse: “De la crisis del FIP a la fundación del PIN”, por Jorge Enea Spilimbergo y “La Izquierda Nacional y el discurso de los quebrados”, del autor de esta nota.


(3) No constituye un dato menor, demostrativo de la atención con que Perón seguía los datos relevantes de la política nacional, la carta en que saludaba el triunfo de AUN en el Décimo Congreso de FUA, de 1970, cuyo Manifiesto –un documento de gran valor histórico– hacia la reivindicación del 17 de Octubre de 1945, dando expresión al viraje nacional del nuevo estudiantado.


(4) Pienso en el trabajo “La Izquierda Nacional y el FIP”, de Norberto Galasso y en el análisis de Roberto Ferrero titulado “La sombra de Ramos. Orígenes y decadencia de la Izquierda Nacional.


(5) El tema de la política de FIP ante las elecciones de marzo de 1973, en las cuales presentó candidatos propios, comprometiéndose a respaldar al peronismo en la segunda vuelta es algo que exige un análisis particular, imposible de abordar en los límites de este artículo. Me limito, por consiguiente, a señalar que considero errónea aquella decisión de carácter táctico, contradictoria con los contenidos de una campaña que inducía a los electores, sin proponérselo, a votar por Cámpora sin rodeos previos.


(6) Se trata de hacerlo por segunda vez, en realidad: en un texto de circulación interna, hace más de cincuenta años, el cro. Spilimbergo ilustraba al partido recién fundado sobre estos problemas, que el enunciaba bajo el título de “Algunas precisiones sobre la táctica”. No he podido encontrar copia de ese breve gran ensayo del compañero que más se distinguió, dentro de los dirigentes de la Izquierda Nacional, por sus cualidades de constructor.


(7) Contra la “leyenda negra” y su corroboración por el stalinismo, incapaz de sustraerse a una visión manipuladora de las energías sociales, la experiencia democrática de los soviets fue reveladora de un hecho central: no existía contradicción entre el centralismo democrático de la fórmula leninista del partido y la “espontaneidad” de las masas. En realidad, operaba entre ambos una relación dialéctica, cumpliendo el partido la función deposibilitar que las masas vencieran las trabas a su irrupción en la toma de decisiones, trabas impuestas por el Estado burgués y las clases dominantes.


(8) Una sistematización exhaustiva de las premisas políticas (y político-gremiales) en que se funda el despliegue de “la táctica AUN salió publicado en “Lucha Obrera” Año V N° 38, del mes de noviembre de 1968, con el título de “Viraje Nacional del Estudiantado” y aunque no tiene firma todos sabíamos reconocer la pluma del cro. Spilimbergo, en ese momento Secretario Universitario de la Mesa Ejecutiva Nacional.

OPORTUNISMO IRRESPONSABLE Y DEBER PROFESIONAL

Oportunismo irresponsable y deber profesional

*Por Víctor Leopoldo Martínez

Se hizo evidente que ciertos personajes mediáticos fueron, poco a poco, banalizando el tratamiento periodístico de los asuntos políticos, hasta transformarlos en show farandulezco, donde la ficción hace estragos y el consumidor se queda con el envoltorio de productos televisivos o periodísticos desconociendo su contenido. No pocos políticos se prendieron en el juego por esos ansiados segundos o minutos de fama que les ofrecen y venden -muchos efectivamente pagan por figurar- “famosos” conductores de TV.
Argumento falaz

El pueril argumento de que el televidente o lector tiene opciones para elegir qué ver o leer es tan falaz como son las razones utilizadas por los propios “famosos” para justificar su existencia.
La estupidez que brota a la hora de entrevistar y/o preguntar y que acompaña como fiel aliada a conductoras de “almuerzos” o de algún show semanal repartidor de “millones” y por qué no hasta al “pum para arriba” conductor del show diario donde “otros famosos” bailan aumenta la pauperización en la que ha entrado nuestra profesión y embrutece aún más a una parte importante de la sociedad.
Son los mismos que luego hablan de los “rebaños, el chori, el tetra y el circo” del otro lado.

Es claro que la estupidez estupidiza. Conociendo esto, sus cultores descaradamente se animan a opinar “como ciudadanos” sobre problemas políticos “nacionales” (no se meten con los “anunciantes”) que ellos –asumiendo el papel de voceros del gran público- ven a diario (¿?).
Se trata de enunciaciones que no pasan de simples disparates que aparecen en agendas mediáticas. Ellos repiten como loros y no les importa que formen parte de campañas desestabilizadoras metedoras de miedo.

¡Ni qué hablar de los conductores de programas políticos! Desde el mitómano médico-periodista obsesionado con los “síndromes” presidenciales, hasta anteriores “progresistas de izquierda”, hoy burdos operadores mercenarios de derecha que hicieron de la deformación y la manipulación de cualquier noticia y la diatriba parte de otro show, están instalados en la pantalla chica mofándose de la política y los políticos en nombre de la sacrosanta democracia y sus instituciones. Encima lo hacen parapetados detrás de un cortinado tejido con hilos de pacata moralina. Destilan veneno y mugre por doquier y con un nivel de violencia y agresión verbal jamás visto en la profesión; luego y con total desparpajo, transfieren y hablan de violencia “oficial”.
Sin disimulo

Frente a este muestrario de “informadores”, la sociedad está en total estado de indefensión. Hoy por hoy, la información periodística, más que un negocio, es un asalto a cara descubierta. Para no pocos siempre lo fue; pero se lo hacía a escondidas. “Que no se note”, como sugería no hace mucho tiempo el “Tío Bernardo” (Neustad) en plena era menemista.
Hoy nada les preocupa. “Se nota mucho”, diría un conocido periodista deportivo experto en cuidar sus negocios.

Indudablemente, el ejercicio de la tarea periodística en cualquier plataforma es formadora de opinión. La crítica a su mal manejo ya dejó de ser aquel recurso tildado de maquiavélico con formato de cuento de terror hecho con sarcasmo por los propios monopolios de la información.

En realidad, siempre crearon “cortinas de humo” para cubrir sus perversas operaciones. Todo eso es pasado. Actualmente, blanquean sus negocios con cinismo y caradurez dignos de admiración. Hacen lícito lo ilícito y moral lo amoral. Corporativamente, defienden su nefasto accionar con el remanido argumento victimizante de que cualquier acción en contra de sus espurias operaciones es “ataque” o “atentado” contra la libertad de prensa y expresión.

No es novedad para nadie que los monopolios informativos ya decidieron que el “año electoral” no necesariamente debía tener 12 meses. Desde comienzo del 2014, las operaciones para instalar sus candidatos, tanto como las maniobras destituyentes para con el actual gobierno nacional -elegido democráticamente- no cejaron por un instante.

Las variadas “sensaciones de tragedia nacional” porque el dólar tiene cepo y el “blue” se dispara o el acopio de cosecha esperando mejores precios internacionales es culpa del Gobierno nacional y perjudica la imagen externa, además de hacernos un país “más de mierda aún” o que los fondos buitres no son tales, sino “ángeles del vaticano” demonizados por Kiciloff, están a la orden del día en materia de la agenda opositora. Pero esos candidatos presidenciales, por inoperantes, según uno de los periodistas que los promueve, no juntan alegremente un “balde de bosta” y para colmo de males, ofrecen soluciones armadas con generalidades tan ambiguas como exasperantes. Es que en realidad resulta difícil explicar políticamente futuras medidas sabiendo que sólo servirán para satisfacer la codicia de esos pocos que los promueven y “bancan”. Por el absurdo y dentro de este marco, no resulta difícil concluir que estamos frente a un lamentable sainete con disfraz político.
De zonceras y algo más

Macri, que en lo que lleva de gestión, cuadruplicó la deuda en dólares de la Caba y llevó la otra parte de deuda pública en pesos a 11 mil millones (según datos oficiales de su propio gobierno, a diciembre del 2013) se anima, repitiendo zonceras mediáticas bajadas por los medios, a opinar críticamente de la “calamitosa situación económica nacional”. Sin embargo, sólo tiene para ofrecer como solución al problema inflacionario -por tomar un ejemplo- su “hipotética buena administración de los recursos del Estado”(¿?). Indudablemente, tamaña propuesta política, para cualquier ciudadano con dos dedos de frente, suena risible. Pero más grave resulta ver cómo rehuye en cualquier conferencia de prensa, asesorado por su gurú Durán Barba y peor aún, ningún periodista se anima a solicitarle precisiones sobre cómo revertiría las maniobras especulativas generadoras de inflación. Tampoco da precisiones en materia de medidas que, según él, beneficiarían a “toda esa gente que hoy está mal” (hete aquí la gran incógnita) y por la que él tanto se preocupa hasta el punto de quitarle el sueño (¿Quienes serán? ¿Los pobres o los ricos?).

O de un Massa que, como proyecto, sólo presenta “sus equipos de trabajo” que nadie sabe en qué temas trabajan, pero que, como Macri, suelen recitar futuras medidas de gobierno que suenan como bellas melodías para los oídos empresarios.
Tomo como referencia a los que picaron en punta en la carrera presidencial y de la llamada “oposición”. Los que vienen corriendo de atrás (Pino, Binner, Carrió, Sans, Cobos) ya ni siquiera merecen una línea.

La carencia de propuestas del sector opositor, que dice representar a una parte de la sociedad, es sumamente grave para el país y peor aún, para el pueblo en su conjunto, teniendo como antecedente la era menemista y su consecuencia: el diciembre negro de 2001. Por otro lado, dar aire a dirigentes sindicales incendiarios que auguran desastres es como tentarse a jugar de Frankenstein, sin prever qué hará el monstruo.

Este panorama nos demanda, como profesionales de los medios, una alta cuota de responsabilidad a la hora de informar y de cara a un futuro, donde se juegan cosas importantes no sólo para la Nación, sino y fundamentalmente para la provincia. Ya no se trata de ser simplemente periodistas, sino de ser periodistas argentinos y catamarqueños ¡Vaya si hay diferencia! Debemos informar adecuadamente y con el mayor rigor posible cuáles son las ofertas que los candidatos tienen y cómo concretarlas.

Es un secreto a voces la compra-venta de dirigentes y votos en proximidades electorales. ¿Esas son las carencias que como minucias políticas nosotros debemos obviar para dar espacio a espurios acuerdos sin propuestas concretas, hechos por dirigentes, partidos y frentes políticos? ¿Sólo debemos hacer conocer a la sociedad simples “generalidades” vendidas como proyecto político para un futuro que, a todas luces y con esas “generalidades”, no hace otra cosa que presentarse como incierto? Creo que nuestros compatriotas y comprovincianos merecen más respeto.

Fuente: El Esquiu

13 DE NOVIEMBRE DE 1955: RENUNCIA LONARDI Y ASUME ARAMBURU

*Por Prof. Daniel Chiarenza
El 13 de noviembre de 1955, Lonardi es reemplazado por el general Pedro Eugenio Aramburu. Continúa, como vicepresidente de facto del presidente de facto, el contralmirante -indeciso genérico- Rojas.

Forcejeo entre ambos grupos –el nacionalista católico, liderado por Lonardi y el liberal, dirigido por Isaac Rojas-. Esto conduce a una tensión insoportable, que hace crisis en noviembre de 1955. El 9, Lonardi da un paso atrás y entrega la cabeza de dos hombres de su cercanía: Juan Carlos Goyeneche, quien ocupaba la secretaría de prensa de la presidencia y el general Justo León Bengoa, ministro de Guerra. Este último es reemplazado por un liberal: el general Arturo Ossorio Arana. Rojas completa la embestida, con la instalación de un organismo integrado por miembros de los partidos tradicionales, del cual sería su presidente. Se trata de la Junta Consultiva: Oscar Alende, Zavala Ortiz, Juan Gauna y López Serrot por el radicalismo; Aguirre Cámara, Reynaldo Pastor, Corominas Segura y Adolfo Mugica por los conservadores; Luciano Molinas, Díaz Arana, Horacio Thedy y Julio Noble por la democracia progresista; Manuel Ordoñez y Rodolfo Martínez (h) por la democracia cristiana; Alicia Moreau de Justo, Américo Ghioldi, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto por los socialistas; Horacio Storni y Enrique Ariotti por Unión Federal. Estos dos últimos responden al lonardismo y el resto hace causa común con el almirante. En la Junta carece de representación el movimiento peronista, como también el Partido Comunista.


En la noche del 11 de noviembre el presidente da un comunicado: “El gobierno está muy lejos de creer que en la Junta Consultiva estén representadas todas las corrientes de opinión de la política nacional […] No es posible calificar de antipatriotas o de partidarios de la tiranía a todos los que prestaron (al gobierno de Perón) una adhesión desinteresada y de buena fe […] El gobierno prefiere que algunos culpables se liberen y no que personas desprovistas de culpa padezcan una persecución que no merecen […] En ningún caso, dividiré a la clase obrera para entregarla con defensas debilitadas a las fluctuaciones de nuestra economía y de nuestra política […] Las legítimas conquistas de los trabajadores serán mantenidas y acrecentadas”.

General Eduardo Lonardi, presidente de facto de la autodenominada revolución libertadora, quien les pareció "blando" a los que exigían un revanchismo antiperonista sin límites.
Al otro día, se desdobla el ministerio del Interior y Justicia, cesando su titular, Dr. Busso. Dos nacionalistas –Luis María de Pablo Pardo (Interior) y Julio Velar Irigoyen (Justicia)- ocupan esos ministerios. La prensa informa que renunciaron los miembros de la Junta Consultiva –incluido el vicepresidente Isaac Rojas- con excepción de Storni y Ariotti, argumentando que “el movimiento revolucionario se desvía hacia tendencias totalitarias reñidas con el anhelo del país”. Esa noche, jefes militares le exigen a Lonardi la renuncia del ministro de Transporte (general Uranga) y del ministro de Interior (De Pablo Pardo), y de dos asesores presidenciales: el mayor Juan Guevara –tenido como el símbolo de la Córdoba heroica del 55”- y Clemente Villada Achával, cuñado del presidente, de filiación nacionalista clerical. El capitán de navío, Arturo Rial aparece como el portavoz del sector liberal, reclamando mano dura con el peronismo y los gremios.

De izquierda a derecha: Sebastián Soler, Procurador General de la Nación; Manuel José Argañarás, ministro de la Corte; Eduardo Busso, Ministro del Interior y de Justicia; Eduardo Lonardi, presidente de facto; Alfredo Orgaz, presidente de la Corte Suprema; los ministros de la Corte Jorge Vera Vallejo, Carlos Herrera y Enrique Valentín Galli.

“Rial y Manrique gestaron el golpe […] tenían una aversión irresistible hacia todo lo que fuera peronista. Y disentían de Lonardi en su política conciliación”, denunciará luego Marta Lonardi, la hija del presidente. Algunos generales quieren aceptarle la renuncia a Rojas y colocar a dos hombres del ejército en el binomio presidencial lo cual explica un intento de contramarcha del marino y la Junta Consultiva para que no haya ningún cambio. Ante las exigencias de los mandos, Lonardi se mantiene firme, rechazándolas y la reunión se traslada al día 13. En la mañana aquel día, el general Ossorio Arana le pide la renuncia, informándole que ya no goza de confianza en los altos mandos.
General Arturo Ossorio Arana (en la foto disfrazado de coronel), que fue quien finalmente le exige la renuncia a Lonardi.

Considerando que han sido traicionados los objetivos que lo movieron a sublevarse el 16 de septiembre, Lonardi abandona el poder, aunque se niega a formular su renuncia por escrito y da a conocer un comunicado negando que su desplazamiento obedezca “a una renuncia […] o que mi estado de salud tenga algo que ver con mi retiro de la Casa de Gobierno. El hecho se ha producido exclusivamente por decisión de un sector de las Fuerzas Armadas”.

“A las 18 horas del domingo 13 de noviembre, el general Pedro Eugenio Aramburu […] asume la presidencia”.