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30 de septiembre de 2014

PASADOS DESEADOS Y OTROS QUE SE DESEAN ENTERRAR

Pasados deseados y otros que se desean enterrar


Por Victor Lopoldo Martinez
Especial para EL ESQUIÚ.COM

Mi profesión de periodista nunca fue un obstáculo para ver la realidad como simple ser humano, más allá que el intelecto y la razonabilidad me demanden seriedad a la hora de informar o dar mi opinión. Por eso me sorprendo cuando otros, graciosa y ridículamente, pretenden separar sus “opiniones profesionales” de las “personales”. Como si el profesional y el ciudadano fueran dos “entes” diferentes.

Además, el hecho de ser hoy un hombre fuertemente vinculado a una expresión cultural (lo audiovisual) y estar asociado práctica y afectivamente a la educación (soy Maestro Normal Nacional), tampoco me impidió ver esa realidad tal cual se presentaba.

Aborrezco las castas, por eso nunca me sentí ni me creí más de lo que soy, un simple ciudadano. Como tal ejerzo el derecho de opinar sobre esa realidad que no solo me puede afectar o dignificar, sino también a mis connacionales. Tampoco escondo, tras la pluma, mis preferencias políticas. Con solo leer mis textos o ver mis obras, saltan a la vista. Valga esta aclaración para los que siempre buscan pelos en las cáscaras de huevo.

Mirar las actuaciones y dichos de ciertos y no tan actuales políticos y dirigentes gremiales nacionales –y por qué no provinciales- en cierta forma desalientan ya que son los mismos de siempre.
En algunos casos aparecen “caras nuevas”, pero actuando como recientes egresados de la escuela de los viejos vicios de la politiquería, la especulación y el oportunismo, rasgos todos que la cultura del individualismo sembró de la mano del neoliberalismo y que por lo visto hoy recoge sus frutos. El resto, todos reciclados.

En la mesa de negociaciones toman asiento esperando las dadivas de los poderosos para construir discursos donde aparecen afirmaciones con argumentos falaces y con ellas luego salir a decir estupideces en formato de anuncios catastróficos buscando el caos social. Sus cómplices mediáticos los acompañan “desinteresadamente”.

Para ellos el concepto “Patria” tiene un precio que se cotiza en un mercado especulativo, donde las vidas humanas cuentan si, con su trabajo a bajo costo, engrosan las ganancias de sus patrones. Son personajes y personeros a la vez. Pueden apellidarse Fraga, Sanz, Carrió, Duhalde, Massa, Binner, Macri, Morales, Moyano, Venegas, Loustau, Redrado, el reciclado Melconian o Sturzenegger.
Hoy juegan de títeres del poder económico. Se autotitulan “políticos de carrera” y hacen gala de una supina ignorancia disfrazada de “experiencia” que, creen, los habilita para dar una opinión especializada. Manejan de “oído” ridículos criterios académicos universales plagados de falacias, de amplia difusión en esas vidrieras machacante de medios monopolizados, algo que se sigue imponiendo muy a pesar de la vigente Ley de Medios. Pensar que Domingo Cavallo sabe de economía porque se doctoró en Harvardt es suponer que los conceptos económicos que allí se trabajan son científicamente “puros” y no vinculados a ciertos intereses locales (norteamericanos) y globalizados, que se trata de contenidos total y absolutamente asépticos y que la mano financiera internacional allí “no se mete”. Una torpe pero eficaz teoría para colonizados mentales.

Volviendo a los políticos; otros, y a la hora de hablar, haciendo gala de un nivel de ignorancia que produce vergüenza ajena; y los últimos simples burócratas sindicales que manejan sus gremios como “patrones de estancia” (de ahí su afinidad con el discurso de la Sociedad Rural, cuna de la oligarquía y la reacción) o bajo viejas técnicas mafiosas donde el circulante de dinero sirve para comprar votos.
¡Y estos últimos se dicen peronistas!!!

La actual manipulación, que de sutil ya nada tiene y sin atisbo de un mínimo de vergüenza, pretende posicionar nuevamente a los archi conocidos operadores económicos locales de las finanzas internacionales ( me refiero al orden nacional), quienes vuelven a la carga con las viejas y dañinas recetas económicas que tanto perjudicaron al país real de argentinos trabajadores. No escatiman en recurrir a los argumentos más pueriles y a los medios más perversos si el fin así lo demanda. Hoy, como siempre y desde que se creó la moneda, su arma letal es el manejo de las finanzas bancarias.
La patria misma nació en parto viciado por mezquindades sectoriales. Moreno pagó con la vida su intención de hacer un país de hombres libres donde la dignidad humana y los intereses nacionales y americanos estuvieran por encima de cualquier apetencia personal o sectorial. A San Martín, después de su increíble gesta libertaria, Rivadavia no lo dejó desembarcar en Bs.As. por negarse a estar a su servicio y a reprimir a compatriotas “alzaos” en el interior del país y tuvo que partir al exilio. A Yrigoyen no le perdonaron la revisión de los contratos petroleros con los norteamericanos, quienes pusieron los dólares necesarios para derrocarlo y en ese golpe también estuvo Perón, aunque luego reconoció su error. La importancia de reconocer errores. Eran épocas donde no se podían retrasar los acuerdos con los intereses ingleses que ya estaban en marcha. Hasta el vicepresidente Julito Roca (h), de la década del 30 del siglo pasado, fue a Londres a comunicarle a la “corona británica” que Argentina pretendía ser la perla más preciada de dicha corona. Se asesinó en el Congreso de la Nación a Enzo Bordabehere, senador por el partido Demócrata Progresista, por la denuncia de Lisandro de la Torre sobre el pacto Roca-Runciman y desnudar los espurios contratos con frigoríficos ingleses.

A Perón no le perdonaron que dignifique a la clase trabajadora y no dudaron en asesinar a casi 500 civiles dejando 4000 heridos en aquel bombardeo de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Y tampoco dudaron en fusilar a “partidarios del tirano” en los basurales de José L. Suarez en 1956.
Llamativamente y en un rebuscado lenguaje pseu-académico, en nuestra provincia aparecen doctores de poca memoria para estas cosas, pero que “miran la actualidad” trayendo de los pelos la “ética aristotélica”, y en un intento de rescate “culturoso” de la AMISTAD, asombrosamente recuerdan como frases “reñidas con la construcción de una sociedad civilizada” aquellas que decían “para los enemigos, ni Justicia” o “cinco por uno, no va a quedar ninguno” en clara alusión a épocas peronistas, pero que no pasaron de ser eso, frases. En cambio sus frágiles mentes olvidan lo arriba señalado, o aquellas en las que se decía “Para que el país pueda funcionar hay que matar a por lo menos 500 mil peronistas (Luciano Benjamin Menendez –Córdoba, abril de 1977). No dijo “comunistas”, ya que el PC estaba entongado con los jerarcas del proceso". En este último caso no fueron “simples dichos” sino la trágica desaparición de 30 mil argentinos, entre ellos 33 catamarqueños.

Son los mismos de siempre. Tienen como permanente demandan el regreso a épocas nefastas para la Nación y su pueblo. Motorizados por la codicia prefieren la moneda extranjera a la “pobre moneda nacional”, a la cual intentan destruir con golpes inflacionarios o golpes de mercado a través de manipulaciones cambiarias. No dudaron ni dudarían en acudir a la intervención extranjera si sus intereses económicos (no los del país) corren peligro. Son los mismos de siempre; los que “en nombre de la República y en defensa de las instituciones democráticas y la libertad de expresión” se rasgan las vestiduras y piden enterrar pasados ignominiosos para un pueblo como el argentino al que aterraron estando éste en total estado de indefensión; que los tuvo como principales protagonistas de hecho horrorosos entre asesinatos y apropiación de niños. Otro, a nivel nacional, hasta fue sincero y se animó a decir “Me tienen harto con el tema de DD.HH” (Jorge Lanata).

La codicia de sus jefes los hace seguir demandando el regreso de esos pasados económicos para el disfrute de unos pocos; su cinismo los hace solicitar el olvido de aquellos otros pasados atroces para la gran mayoría de nuestros connacionales porque, según ellos, fueron el resultado de un fatalismo histórico. Ellos necesitan que eso se olvide, única manera de estar habilitados para reeditarlo.
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