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9 de noviembre de 2013

HECTOR MAGNETTO, EL MARISCAL DE LA DERROTA

Por Gabriel Fernández *

Hace tiempo que quería hacer estas reflexiones; tal vez las horas presentes sean las adecuadas. Me ha tocado dirigir y participar en la dirección de varios medios: chicos, medianos e inclusive grandes, aunque obviamente ninguno del enorme volumen de Clarín. Pero aprendí unas cuantas cosas, trabajando junto a buenos compañeros y también al lado de empresarios en verdad atigrados a la hora de diseñar estrategias.

Más allá de lo conceptual y lo editorial, varios años atrás observé que Héctor Magnetto, propietario hasta hoy de la mayoría de las acciones del Grupo, procedía con una unidireccionalidad que no admitirían los buenos oportunistas. Este timón fijo habitualmente inadecuado para el rumbo de un medio comercial, resultó acompañado por una altanería que quienes están acostumbrados a tratar con espacios de poder, suelen matizar.

Aquella frase acerca de dónde se encuentra el verdadero sillón presidencial, y la decisión de difundirla, contenía tres errores sustantivos: no era cierta, pues una empresa por grande que resulte, es una empresa y los poderes integrales se lo recuerdan periódicamente; era políticamente inadecuada porque a nadie le gusta que le recuerden su sojuzgamiento, aunque sea comprobable; y configuró un alerta para un mundo político en el cual quien no corre, vuela.

Luego se fueron acumulando equivocaciones empresariales y comunicacionales en la misma dirección: cuando surge el proyecto de la Ley de Medios, en lugar de cooperar y morigerar sus efectos, un grupo que ya había sido beneficiado por el Estado con pesificaciones y leyes culturales, se puso absolutamente en contra. Nada de diálogo; sólo denuncias incomprobables de ataques a la libertad de expresión.

Y más tarde, adoptó medidas innecesariamente irritativas: no incluir canales en los cables (¿para qué censurar Paka Paka?), demonizar funcionarios y figuras públicas, e inclusive, como explica Hernán Arbizu, ex vice de la JP Morgan, mentir a los accionistas sobre la fusión (crecimiento) de Cablevisión y Multicanal.

Vale algo más. Las famosas tapas de Clarín destinadas a voltear gobiernos, tuvieron efecto asentándose en dos factores: una situación económica general en baja (enlazaban con el humor social) y una tendencia a decir medias verdades. En los últimos años, Magnetto lanzó a su medio a contrastar con una realidad económico social en desarrollo –sus propios suplementos económicos suelen desmentir las portadas- y a mentir plenamente, inventando situaciones que una parte de la sociedad no podía llegar a absorber.

El camino seguido por Héctor Magnetto puede ser calificado como el de un Mariscal de la Derrota, a la usanza de los apelativos políticos plantados sobre aquellos dirigentes que, al frente de un movimiento poderoso, lo conducen a caídas evitables. Creo que vale plantearlo ahora para entender porqué estamos viviendo este presente, pero también para abrir una discusión con empresarios y directores de medios de comunicación para quienes el jefe del grupo Clarín había sido ungido por la infalibilidad de quien sabe lo mismo que Dios.

*Director La Señal Medios.

LA CORTE SUPREMA DECLARO CONSTITUCIONAL LA LEY DE MEDIOS



Tras cuatro años de demora y dilaciones, la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió a favor de la constitucionalidad de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Los jueces Ricardo Lorenzetti, Eugenio Zaffaroni, Enrique Petracchi y Elena Highton de Nolasco votaron a favor de la constitucionalidad total de la normativa.

En tanto, los ministros Carlos Maqueda y Carmen Argibay votaron la constitucionalidad parcial de la ley. El único voto en contra por inconstitucionalidad fue el del juez Carlos Fayt.

La normativa aprobada por una abrumadora mayoría en 2009 no podía implementarse por completo debido a un recurso judicial interpuesto por el Grupo Clarín que reclamaba contra algunos artículos de la ley 26.522.

Lorenzetti, Zaffaroni, Petracchi y Highton de Nolasco votaron a favor de la constitucionalidad total. Maqueda y Argibay a favor de la constitucionalidad parcial


Los puntos cuestionados por el multimedio eran el artículo 41, que establece que las licencias son intransferibles; dos apartados del número 45, que fijan un límite a la cantidad de licencias concentradas; el 48, que descarta la figura de un "derecho adquirido" por parte de las empresas que tienen más licencias de las permitidas y el 161, que da un año de plazo para que aquellos que tengan que adecuarse a la ley.

La ley establece la regulación sobre el sistema de medios y radiodifusión y tiene un espíritu fuertemente antimonopólico que no fue posible aplicar hasta el momento por los recursos presentados por Clarín que la Justicia permitió.-

Gentileza de: Roberto Montes

EN DEMOCRACIA SE GANA Y SE PIERDE


Ayer pensativas y reflexionando. En las elecciones del domingo 27 se perdieron votos en muchos lugares, se ganaron en otros…

Hoy contentas porque la Corte Suprema falló a favor de la Ley de Comunicación Audiovisual, aprobada por el Congreso y debatida por el pueblo, un gran logro de la libertad de expresión y de la pluralidad de voces.

Así son las democracias, movedizas, conflictivas, deliberativas, esperanzadoras. Siempre se están construyendo, ampliando y fortaleciendo.

Apenas han pasado unos días de los últimos resultados electorales. Si bien a nivel nacional el oficialismo ha aumentado su número de bancas en ambas cámaras y mantiene una mayoría legislativa que le permitirá gobernar dentro del rumbo iniciado desde el 2003 (el cual es un éxito valorado por la gran mayoría de la población), necesitamos encarar una lectura profunda que nos ayude a entender, comprender, por qué un número importante de compatriotas que votaron al kirchnerismo en muchas otras oportunidades esta vez no lo hicieron. Los análisis de expertos no logran explicar qué pasó este último domingo y tenemos la sospecha de que se hace referencia a lo obvio. Estamos inquietas, queremos hablar seriamente. Es por ello que hacemos un llamado a todas y todos los compañeros: a escuchar, a pensar sin emitir juicios cerrados, a reflexionar con el otro (ese que también está construyendo la Patria, el que esta vez no se sintió interpelado, al que no supimos interpretar).

Quizás podamos bosquejar juntos otro análisis, incorporar eso que nos incomoda y aquello que no habíamos pensado. Abrir las banderas para despejar y lograr mirar al fondo, bajar el volumen de los micrófonos para escuchar lo que se habla en voz más baja. La riqueza de la democracia está en el riesgo que representa la necesidad de ser aceptado por el pueblo. ¿Cómo vamos a hacer para volver a convocarlo si no es hablando y asumiendo que hay razones que pueden ser comprensibles y las dejamos a un costado? En democracia hay un poder que está conferido y ese es el poder de los más, que puede perturbar aquello que parecía consolidado, que tiene capacidad para transformar. No es solo con los propios que se logra acumular para construir. La Ley de medios es un gran ejemplo!!!!

¿Cómo construir nuevos procesos de comunicación que avancen en la recuperación, para las personas y la sociedad en su conjunto, el sentido de lo político? ¿Cómo fortalecer en la ciudadanía el interés por la política? ¿Cómo aprender a enlazar nuestros proyectos personales con proyectos colectivos, para sentirnos parte de ese proyecto? Para que la ciudadanía pueda tener cada vez más protagonismo, para pensar en conjunto y permitir circular ideas.

Cumplimos recién 30 años caminando esta democracia, es joven todavía y es nuestro compromiso militante día a día afirmarla y descubrirla cada vez más, para no perder lo logrado y seguir luchando por una democracia más inclusiva e igualitaria. Faltan dos años para el 2015 y es mucho tiempo para un país. Aprovechemos este tiempo para seguir creciendo y fortaleciendo nuestra democracia.

Red Mujeres con Cristina nodo central

FILOSOFIA A LOS PONCHAZOS


Aprender a vivir desde el sinsentido para la construcción de sentidos transformadores.



*Por José Antonio Gómez Di Vincenzo



¿Y si el sentido de la vida es un sinsentido? No insinúo que en todo momento, la vida no tenga ningún sentido. Digo que su sentido, si lo hay, desde el principio y en gran parte de su transcurso, es el sinsentido. Vida permanentemente asediada por el sinsentido. No por eso de que el hombre es un ser que no elige nacer, un ser para la muerte, ser que va para la nada, cuyo sentido es la nada. Es más que eso pues si bien la nada postmortem es inexorable, esa nada vista como una finalidad se constituye como, es cierto, un sentido. Nacemos para, subrayo el “para”, morir, “para” la nada. Y sí… No cabe en mi pensamiento ningún invento que pueda convertirse en una realidad para después de la muerte: no hay paraíso ni más allá.

Por ahora no sé si puedo decir algo distinto o inconmensurable con respecto al punto de vista de cierto existencialismo. En cierto sentido me abro al pensar y empiezo a rumiar algo más para reforzar ciertas tomas de posición, a hurgar en los resquicios de la literatura sobre la vida, buscando también un punto de partida para la reflexión que procure dejar de lado la inevitabilidad de la muerte para ver si mientras tanto puede haber algún otro sentido. Algún otro sentido que por supuesto no tenga un cariz fabuloso, fantástico.

Quiero apartarme por un momento, y sin dejar de coincidir con dicha mirada, de ese modo de pensar el sentido como una tendencia hacia un fin inevitable; sentido en sentido teleológico. Por supuesto también de todo sucedáneo postmortem como la promesa de un cielo, paraíso o espiritualidad en un mundo etéreo.

Juguemos por un momento. Vayamos por un carril tangencial. Supongamos que no hay telos, no hay finalidades. Hay contingencia, azar, irrupciones, hay luchas, combates en los que aparece el quiebre de lo que aparenta ser tendencial. Uno no planea cuándo morir si es que el sentido de la vida es ir hacia la nada de la muerte. La muerte llega con la pura contingencia. Uno puede planearlo todo, puede vivir pensando que o bien da sentido a su propia existencia o bien se deja penetrar de un sentido que viene de otro lado, del más allá. Pero no puede planear cuándo morir si es que quiere vivir. Dejo el caso de los suicidas para otro momento.

Uno no puede tener todo listo antes de empezar una lucha. Ninguna estrategia asegura un triunfo. Ningún plan boxístico asegura el knock out. Aparece el otro, su plan, su acción. Aparece lo imprevisto, el cambio, la irrupción de lo nuevo.

En todo caso me gusta pensar que el sentido es el sinsentido de la pura contingencia irrumpiendo, quebrando, desarticulando lo tendencial. Que el sentido sólo puede adquirir su plenitud una vez leído en la huella del tiempo, del transcurrir de la vida misma, en el “diario del lunes”. Y entonces, ese itinerario que se construye a partir de la plena contingencia exige, pide, llama a, la construcción permanente de nuevos y revolucionarios sentidos. Y reclama también un nuevo actor, el revolucionario, el transformador, el político, el estratega, el creador. Lo puesto al dogmático, al mecanicista, al sujeto que surfea, que transita, que transcurre, que se deja llevar.

En la pura praxis, el sentido de la vida quiere colarse como algo que viene de afuera. Pero la vida que busca un sentido, que se cree que hay uno prefabricado, que no se lo inventa y asume lo dado como algo existente que penetra su ser, no es una vida plena. Asimismo un proyecto que se cristaliza y busca tornarse dogma para hegemonizar a pesar de lograr su objeto puede morir en la inacción e incapacidad de transformación. Sólo una vida que no es vivida puede tener un sentido que viene de afuera. Sólo un proyecto que rehace permanentemente puede trascender a la petrificación.

Porque en definitiva, prefiero pensar que hay dos alternativas para el sinsentido de la vida – y ya sería el momento de agregar también. de la historia-: o bien como un catalizador de sentidos impuestos desde afuera o bien como una oportunidad para vivir plenamente, construyendo sentidos; como el hecho de tener que vivir sin pensar que hay un sentido impuesto antes que la plena contingencia, como algo que obliga como un imperativo a actuar en la contingencia para convertirnos en verdaderos actores del drama de la vida. Es la idea de sentido como algo inmutable y trascendente la que quiero desterrar de mi pensamiento para instalar la del sujeto político, transformador, que opera en la contingencia para edificar todo el tiempo nuevos sentidos. Y sus productos pueden adquirir un estatus universal y trascender en una fase histórica pero siempre sujetos al cambio y renovación. Ninguna ley de los hombres será eterna e inmutable. Universales surgidos de una construcción colectiva, de una lucha, de la tensión y la búsqueda de transformar que se transforman a sí mismos en distintos pliegues porque no son inmutables.

Prefiero partir del sinsentido, de la contingencia y de la permanente búsqueda y transformación, de los planes que no están nunca acabados, que siempre cambian y se acomodan a las contingencias y avatares de la vida misma. Sin esencias transcendentes, sin arquetipos, sin sustancia ni formas puras, todo devenir y cambio, lucha y tensión. Con una sola constante, la de reconocernos como los únicos capaces de decidir en libertad qué hacer, hacia dónde virar para hacer nuestra libertad y justicia social.

Empecemos entonces por el sinsentido para asumir que nada ni nadie va a venir a aportarnos respuestas. Que ningún dios puede salvarnos. Que los ídolos están petrificados y sus estatuas enmohecidas. Y entonces, seamos creadores de sentidos, revisionistas y correctores de sentidos. Nada antes, nada después. Todo, vida y transformación. Seamos nuestros propios dioses y demonios.

Porque sólo hay algo peor que perder espacios y dejar de ser protagonistas de las transformaciones: volver al pasado o convertirse en aquello que nunca quisimos ser, aquello que negamos.

MIGUEL MIRANDA Y LA BURGUESIA NACIONAL EN EL PRIMER PERONISMO

Por Pablo Adrián Vázquez*


Las fotos más emblemáticas de la nacionalización de los ferrocarriles argentinos de aquel 1º de marzo de 1948 son cuatro: el afiche del gaucho con un tren en sus manos; otro poster con la imagen de una locomotora y los slogan “Perón Cumple” y “Ya son Argentinos”, el acto frente a Retiro con el cartel de la Independencia Económica; y un palco en forma de tren con tres ausentes y un hombre de saco blanco.

Los ausentes fueron Perón (convaleciente por una operación), Evita que acompañara a su esposo en el hospital y Raúl Scalabrini Ortíz, tribuno de la Nación mezclado con el pueblo en dicho acto, y Miguel Miranda, aquel hombre entrado en carnes, de peinado gardeliano y ropa clara para el mes final del verano.

Figura casi olvidada del peronismo y de la historia económica argentina fue el impulsor de las políticas de nacionalizaciones y estatizaciones de los servicios públicos durante el primer peronismo.

Figura activa de la Unión Industrial Argentina, junto a Merlini y Lagomarsino y cercano al proyecto del entonces coronel Juan Perón, fue nombrado presidente del Banco Industrial en el marco de los proyectos del Consejo Nacional de Posguerra.

Tuvo en sus manos un instrumento clave: El Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), organismo estatal creado por decreto-ley 15.350 el 28 de mayo de 1946 por el Presidente Edelmiro J. Farrell, pero elemento económico clave en la economía peronista que lo tuvo como su director y principal promotor. Funcionó bajo la órbita del Banco Central, presidido por el propio Miranda, con el fin de centralizar el comercio exterior y transferir recursos entre los diversos sectores de la economía argentina.

Amparado por lo establecido en la Constitución Nacional de 1949, inspirada por Arturo Sampay, blanqueó en lo jurídico la audacia de Miranda y Perón en materia económica y de justicia social llevada a cabo por el I Plan Quinquenal.

Denostado por la oposición por su intervencionismo y aventurismo, siempre caricaturizado por Tristán en las páginas de La Vanguardia como una naranja que fumaba habanos al servicio del “Nerón”.

El propio Perón explicó el acercamiento de Miranda a su proyecto: “Comenzamos a estudiar la realización de la primera etapa de la independencia económica: la recuperación de la deuda y la compra de los servicios públicos. Llamé a una reunión privada a los técnicos en economía más calificados. Me perdí diez horas explicándoles mis planes... Confieso que me quedé defraudado pues, conversaron mucho, no dijeron nada y lo poco que trajeron no lo entendí (…).

Me convencí que no era asunto de técnicos, sino de comerciantes, y llamé a mi gran amigo don Miguel Miranda, el “Zar de las finanzas argentinas”, como algunos le llamaron. El había empezado como empleado con noventa pesos de sueldo y en diez años había levantado treinta fábricas. Le conté el incidente con los técnicos y me dijo: “¡General!, ¿usted cree que si fueran capaces de algo estarían ganando un sueldo miserable como asesores?” -Pero Miranda, le dije, vea que hay que comprar mucho y no tenemos dinero! -Esa es la forma de comprar, sin dinero, me dijo. ¡Con plata compran los tontos! -Este es mi hombre, pensé para mí… Fue allí mismo que entregué a Miranda la dirección económica, creando el Consejo Económico Nacional y nombrándolo Presidente. El fue desde entonces el artífice de esa tremenda batalla que se llamó la recuperación nacional que culminó con la independencia económica argentina”.

Junto a José Ber Gelbar, impulsor de la Confederación General del Trabajo, dieron alas al sueño peronista de una “burguesía nacional” que debía tomar las riendas económicas en conjunto con los trabajadores organizados.

Su muerte en 1953, cumpliéndose 60 años de su desaparición, marcó un tiempo de replanteos económicos y planes que el golpe del ‘55 abortó y que con idas y vueltas se intenta reencausar.



* Politólogo; Docente UNLZ y UCES; Miembro de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego

KIRCHNER Y LA MILITANCIA COMO MOTOR DEL PROYECTO NACIONAL

Por Maximiliano Pedranzini*

“Recuerdo aquél 25 de mayo de 2003 cuando nos dejaron la Argentina prendida fuego y tuvimos que sacar el pecho para reconstruir la patria”. Néstor Kirchner
“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”. Eduardo Galeano

Después de la crisis del 2001, la configuración social de la Argentina se vio duramente fracturada por el neoliberalismo que se había consolidado a partir de la dictadura militar de 1976 y el posterior arribo de la democracia en 1983, hasta su consagración definitiva en la década de los ’90 con el menemismo. El sueño fue cumplido por los adalides financieros de la democracia de mercado: La desregulación económica del Estado y la privatización de las principales empresas estratégicas fueron el objetivo fundamental del proyecto neoliberal, que generaría una de las lesiones más profundas al Estado, la economía interna con la destrucción del aparato productivo y principalmente el debilitamiento del tejido social, efecto de la aplicación de estas políticas que agudizaron la dimensión asimétrica de las relaciones sociales. Bajo este escenario, el modelo del “Estado mínimo” y la economía de libre mercado demostrarían sus fisuras y su imposibilidad de regularizar el conflicto social, lo que desataría la hecatombe económica más importante de los últimos 10 años. Tras la salida de Fernando De la Rúa en el año 2001: ¿cómo se podría reestructurar nuevamente la Argentina? Tras el paso de varios presidentes justicialistas por la Rosada durante esos años, la débil y transitoria democracia resucitaba las esperanzas apolíticas del pueblo. La paradoja fue que en las elecciones del 2003, uno de los dirigentes menos conocidos en el arco del PJ disputaría el ballotage con el hacedor político que nos llevó a una de las peores etapas de nuestro país después de la dictadura: Carlos Menem. Kirchner con solo el 22% de los votos, gana las elecciones tras la renuncia de Menem, lo que a priori significó un leve estímulo para recobrar las esperanzas y la dignidad perdidas en los ´90. El modelo económico llevado adelante en la etapa de transición por el gobierno de Duhalde, fue profundizado por Kirchner y consolidado por CFK con la reconstrucción de la industria, la recuperación del pleno empleo, la reestatización de la principal empresa hidrocarburífera del país (YPF) y del sistema de transporte ferroviario y la revalorización del mercado interno a través de un esquema económico productivo. Fue importante para Néstor Kirchner retomar las viejas banderas de lucha de los derechos humanos, lo que significó no sólo la reivindicación legítima de la memoria, sino el juicio y castigo a los culpables que llevaron a adelante el terrorismo de Estado en nuestro país. El gobierno de Kirchner transformó la lucha de los derechos humanos en voluntad política del Estado, es decir, colocar en perspectiva la conciencia histórica y la memoria colectiva en el terreno de la opinión publica frente al discurso hegemónico del Olvido instalado a partir del terrorismo de Estado y legitimado bajo el paraguas de la democracia por la teoría de los dos demonios planteada por Raúl Alfonsín y su consagración definitiva con la “primavera menemista”. La acción más notable y esclarecedora que dio inicio a la política de derechos humanos ha sido aquel 24 de marzo de 2004, donde Néstor Kirchner como Jefe y Comándate de las Fuerzas Armadas, dio la orden al jefe del Ejército, el teniente general Roberto Bendini de descolgar los cuadros de los genocidas. Esto indudablemente para cualquier ciudadano y militante que reivindica los derechos humanos simboliza un quiebre trascendental en la vida pública de aquellos que han intentado e intentan defender la frágil e inestable democracia en nuestro país, viendo una luz de esperanza después de mucho tiempo de larga lucha por la verdad y la justicia.
Sin duda e independientemente de algunos formadores de opinión política, Néstor Kirchner ha sido el presidente más democrático de los últimos 50 años. Esto lo demuestran los hechos y las acciones llevadas a cabo en sus 4 años de gestión. Ha sido el que inauguró un nuevo proceso histórico en la Argentina después de la enunciada crisis neoliberal. Como paso con el Peronismo después de la crisis del ´30, a los sectores más marginados y vulnerables de la sociedad se les devolvió la ilusión, la esperanza, pero fundamentalmente la dignidad extraviada en aquel laberinto del neoliberalismo. Para algunos historiadores academicistas y periodistas pseudointelectuales, el proceso llevado a cabo en esta última década por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sería más bien una cuestión del orden histórico-global producto de las circunstancias coyunturales que atravesarían a nuestro país, y para otros, el trágico destino de la Argentina y el milagro de su recuperación serían manifestaciones variables del azar y la casualidad, lo que comúnmente algunos medios denominan “viento de cola”. ¿Dónde anclaría la Argentina de Kirchner en el proceso latinoamericano? Es este sentido, debemos ser conscientes que este proceso que atraviesa todo el continente no está direccionado por la matriz neoliberal de los años ´90. América Latina ha emprendido un nuevo rumbo y uno de los forjadores de este destino ha sido sin ninguna duda Néstor Kirchner. Por eso debemos destacar su brillante labor política y diplomática como Secretario General de la UNASUR en el intento incansable por la integración latinoamericana y la paz de la región. Es claro que la dirección política tomada en el 2003 por Néstor Kirchner es continuada y profundizada de manera superlativa por el gobierno de CFK. De alguna manera la tarea realizada por Néstor Kirchner en sus 4 años como jefe de Estado y el resto como secretario de la UNASUR y militante del Campo Nacional y Popular, seguramente que para él parte de su misión ha sido realizada: La de reconstruir y sacar adelante de la profunda crisis económica, política y social a nuestro país y uno de los desafíos más importantes de este siglo XXI será consolidar la integración latinoamericana que es uno de los legados más significativos que nos ha dejado en estos últimos años, parafraseando al general Juan Domingo Perón: “El siglo XXI nos encontrará unidos o dominados”.
Kirchner muere en el año del Bicentenario, un 27 de octubre de 2010, cuando emergía del corazón de la patria una nueva generación que él mismo había alentado para ser los constructores de una nueva Argentina que estaba empezando a resurgir de las cenizas y que los sitúa como protagonistas indubitables en este cambio de época. Ergo, todo cambio de época requiere necesariamente un cambio de generación, y esto Kirchner lo tenía bien en claro: “A los jóvenes les digo sean transgresores, opinen, la juventud tiene que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo”. Asimismo, esto se alcanza con la militancia, la única expresión colectiva que cristaliza la transformación en realidad. Una realidad que tuvo como corolario esta “década ganada” iniciada por él un 25 de mayo de 2003 y que se convierte en este nuevo tiempo en un imperativo categórico fundamental, tanto para este proyecto político como para el pueblo Tres años sin Néstor Kirchner son tres años sin el precursor de este proceso extraordinario que nos hizo volver a creer que los cambios son posibles. De un sueño que -como decía él- nos propuso a todos los argentinos el día de su asunción en 2003 y que el pueblo hizo suyo para luego convertirse en una realidad latente en cada rincón del país.
Como aquel 17 de octubre de 1945 en la histórica Plaza de Mayo, una vez más se forja al calor del fragor popular, la forma más genuina de manifestación social en la construcción de un modelo nacional, popular y latinoamericano que brame en cada rincón de nuestro país y el continente. El dolor por la pérdida del Compañero Néstor Kirchner se ha transformado en esperanza y compromiso para cada uno de nosotros. Es nuestro deber como ciudadanos, como militantes, como patriotas argentinos y latinoamericanos defender cada una de las conquistas que se han producido desde la asunción de Néstor Kirchner en 2003 hasta nuestros días; de poner el pecho, la fuerza y la voluntad popular como lo hizo él hasta el último momento de su vida. Es nuestro corazón como militantes el que pondremos días a día, sol a sol ante cualquier intento golpista y destituyente de desestabilizar la democracia en nuestro país y en cualquier otro país hermano de Nuestra América y de orientar todo nuestro esfuerzo en la profundización del Proyecto Nacional y Popular. Los militantes del campo popular de todo el país, nos comprometemos de cara al conjunto de nuestro pueblo a seguir llevando adelante este proceso y el mandato popular y democrático que le da sentido, significado y legitimidad histórica. Desde nuestro lugar intentaremos aportar a la construcción y consolidación del Proyecto Nacional y Popular, desde donde debemos llevar a la práctica el planteo univoco e inapelable de profundización del proceso actual, que tiene como máxima autoridad a la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner. Nosotros, como expresión popular e intelectual organizada en diferentes ámbitos bajo una misma estructura política, nos disponemos en forma conjunta a construir colectivamente un espacio que logre sintetizar el pensamiento y la acción política, con la capacidad de construir la fuerza necesaria para generar unidad popular y seguir avanzando en el camino hacia la Liberación Nacional, afianzando día a día los lazos con otros sectores sociales que ostentan el mismo objetivo común: La profundización de este proyecto y la consolidación de nuestra democracia que cumple 30 años de vida, dando inicio a otra “década ganada”, para así lograr una Argentina definitivamente libre, justa y soberana.

* Ensayista. Integrante del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela.