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9 de noviembre de 2013

KIRCHNER Y LA MILITANCIA COMO MOTOR DEL PROYECTO NACIONAL

Por Maximiliano Pedranzini*

“Recuerdo aquél 25 de mayo de 2003 cuando nos dejaron la Argentina prendida fuego y tuvimos que sacar el pecho para reconstruir la patria”. Néstor Kirchner
“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”. Eduardo Galeano

Después de la crisis del 2001, la configuración social de la Argentina se vio duramente fracturada por el neoliberalismo que se había consolidado a partir de la dictadura militar de 1976 y el posterior arribo de la democracia en 1983, hasta su consagración definitiva en la década de los ’90 con el menemismo. El sueño fue cumplido por los adalides financieros de la democracia de mercado: La desregulación económica del Estado y la privatización de las principales empresas estratégicas fueron el objetivo fundamental del proyecto neoliberal, que generaría una de las lesiones más profundas al Estado, la economía interna con la destrucción del aparato productivo y principalmente el debilitamiento del tejido social, efecto de la aplicación de estas políticas que agudizaron la dimensión asimétrica de las relaciones sociales. Bajo este escenario, el modelo del “Estado mínimo” y la economía de libre mercado demostrarían sus fisuras y su imposibilidad de regularizar el conflicto social, lo que desataría la hecatombe económica más importante de los últimos 10 años. Tras la salida de Fernando De la Rúa en el año 2001: ¿cómo se podría reestructurar nuevamente la Argentina? Tras el paso de varios presidentes justicialistas por la Rosada durante esos años, la débil y transitoria democracia resucitaba las esperanzas apolíticas del pueblo. La paradoja fue que en las elecciones del 2003, uno de los dirigentes menos conocidos en el arco del PJ disputaría el ballotage con el hacedor político que nos llevó a una de las peores etapas de nuestro país después de la dictadura: Carlos Menem. Kirchner con solo el 22% de los votos, gana las elecciones tras la renuncia de Menem, lo que a priori significó un leve estímulo para recobrar las esperanzas y la dignidad perdidas en los ´90. El modelo económico llevado adelante en la etapa de transición por el gobierno de Duhalde, fue profundizado por Kirchner y consolidado por CFK con la reconstrucción de la industria, la recuperación del pleno empleo, la reestatización de la principal empresa hidrocarburífera del país (YPF) y del sistema de transporte ferroviario y la revalorización del mercado interno a través de un esquema económico productivo. Fue importante para Néstor Kirchner retomar las viejas banderas de lucha de los derechos humanos, lo que significó no sólo la reivindicación legítima de la memoria, sino el juicio y castigo a los culpables que llevaron a adelante el terrorismo de Estado en nuestro país. El gobierno de Kirchner transformó la lucha de los derechos humanos en voluntad política del Estado, es decir, colocar en perspectiva la conciencia histórica y la memoria colectiva en el terreno de la opinión publica frente al discurso hegemónico del Olvido instalado a partir del terrorismo de Estado y legitimado bajo el paraguas de la democracia por la teoría de los dos demonios planteada por Raúl Alfonsín y su consagración definitiva con la “primavera menemista”. La acción más notable y esclarecedora que dio inicio a la política de derechos humanos ha sido aquel 24 de marzo de 2004, donde Néstor Kirchner como Jefe y Comándate de las Fuerzas Armadas, dio la orden al jefe del Ejército, el teniente general Roberto Bendini de descolgar los cuadros de los genocidas. Esto indudablemente para cualquier ciudadano y militante que reivindica los derechos humanos simboliza un quiebre trascendental en la vida pública de aquellos que han intentado e intentan defender la frágil e inestable democracia en nuestro país, viendo una luz de esperanza después de mucho tiempo de larga lucha por la verdad y la justicia.
Sin duda e independientemente de algunos formadores de opinión política, Néstor Kirchner ha sido el presidente más democrático de los últimos 50 años. Esto lo demuestran los hechos y las acciones llevadas a cabo en sus 4 años de gestión. Ha sido el que inauguró un nuevo proceso histórico en la Argentina después de la enunciada crisis neoliberal. Como paso con el Peronismo después de la crisis del ´30, a los sectores más marginados y vulnerables de la sociedad se les devolvió la ilusión, la esperanza, pero fundamentalmente la dignidad extraviada en aquel laberinto del neoliberalismo. Para algunos historiadores academicistas y periodistas pseudointelectuales, el proceso llevado a cabo en esta última década por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sería más bien una cuestión del orden histórico-global producto de las circunstancias coyunturales que atravesarían a nuestro país, y para otros, el trágico destino de la Argentina y el milagro de su recuperación serían manifestaciones variables del azar y la casualidad, lo que comúnmente algunos medios denominan “viento de cola”. ¿Dónde anclaría la Argentina de Kirchner en el proceso latinoamericano? Es este sentido, debemos ser conscientes que este proceso que atraviesa todo el continente no está direccionado por la matriz neoliberal de los años ´90. América Latina ha emprendido un nuevo rumbo y uno de los forjadores de este destino ha sido sin ninguna duda Néstor Kirchner. Por eso debemos destacar su brillante labor política y diplomática como Secretario General de la UNASUR en el intento incansable por la integración latinoamericana y la paz de la región. Es claro que la dirección política tomada en el 2003 por Néstor Kirchner es continuada y profundizada de manera superlativa por el gobierno de CFK. De alguna manera la tarea realizada por Néstor Kirchner en sus 4 años como jefe de Estado y el resto como secretario de la UNASUR y militante del Campo Nacional y Popular, seguramente que para él parte de su misión ha sido realizada: La de reconstruir y sacar adelante de la profunda crisis económica, política y social a nuestro país y uno de los desafíos más importantes de este siglo XXI será consolidar la integración latinoamericana que es uno de los legados más significativos que nos ha dejado en estos últimos años, parafraseando al general Juan Domingo Perón: “El siglo XXI nos encontrará unidos o dominados”.
Kirchner muere en el año del Bicentenario, un 27 de octubre de 2010, cuando emergía del corazón de la patria una nueva generación que él mismo había alentado para ser los constructores de una nueva Argentina que estaba empezando a resurgir de las cenizas y que los sitúa como protagonistas indubitables en este cambio de época. Ergo, todo cambio de época requiere necesariamente un cambio de generación, y esto Kirchner lo tenía bien en claro: “A los jóvenes les digo sean transgresores, opinen, la juventud tiene que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo”. Asimismo, esto se alcanza con la militancia, la única expresión colectiva que cristaliza la transformación en realidad. Una realidad que tuvo como corolario esta “década ganada” iniciada por él un 25 de mayo de 2003 y que se convierte en este nuevo tiempo en un imperativo categórico fundamental, tanto para este proyecto político como para el pueblo Tres años sin Néstor Kirchner son tres años sin el precursor de este proceso extraordinario que nos hizo volver a creer que los cambios son posibles. De un sueño que -como decía él- nos propuso a todos los argentinos el día de su asunción en 2003 y que el pueblo hizo suyo para luego convertirse en una realidad latente en cada rincón del país.
Como aquel 17 de octubre de 1945 en la histórica Plaza de Mayo, una vez más se forja al calor del fragor popular, la forma más genuina de manifestación social en la construcción de un modelo nacional, popular y latinoamericano que brame en cada rincón de nuestro país y el continente. El dolor por la pérdida del Compañero Néstor Kirchner se ha transformado en esperanza y compromiso para cada uno de nosotros. Es nuestro deber como ciudadanos, como militantes, como patriotas argentinos y latinoamericanos defender cada una de las conquistas que se han producido desde la asunción de Néstor Kirchner en 2003 hasta nuestros días; de poner el pecho, la fuerza y la voluntad popular como lo hizo él hasta el último momento de su vida. Es nuestro corazón como militantes el que pondremos días a día, sol a sol ante cualquier intento golpista y destituyente de desestabilizar la democracia en nuestro país y en cualquier otro país hermano de Nuestra América y de orientar todo nuestro esfuerzo en la profundización del Proyecto Nacional y Popular. Los militantes del campo popular de todo el país, nos comprometemos de cara al conjunto de nuestro pueblo a seguir llevando adelante este proceso y el mandato popular y democrático que le da sentido, significado y legitimidad histórica. Desde nuestro lugar intentaremos aportar a la construcción y consolidación del Proyecto Nacional y Popular, desde donde debemos llevar a la práctica el planteo univoco e inapelable de profundización del proceso actual, que tiene como máxima autoridad a la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner. Nosotros, como expresión popular e intelectual organizada en diferentes ámbitos bajo una misma estructura política, nos disponemos en forma conjunta a construir colectivamente un espacio que logre sintetizar el pensamiento y la acción política, con la capacidad de construir la fuerza necesaria para generar unidad popular y seguir avanzando en el camino hacia la Liberación Nacional, afianzando día a día los lazos con otros sectores sociales que ostentan el mismo objetivo común: La profundización de este proyecto y la consolidación de nuestra democracia que cumple 30 años de vida, dando inicio a otra “década ganada”, para así lograr una Argentina definitivamente libre, justa y soberana.

* Ensayista. Integrante del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela.


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