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11 de agosto de 2013

UNA ELECCIÓN DECISIVA


Por Maximiliano Pedranzini*

“Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible”, decía el escritor cubano Italo Calvino. Pues este será el largo periplo que tendremos que atravesar este 11 de agosto, y estas PASO serán el umbral que pondrá sobre la mesa el nuevo mapa electoral de cara a las elecciones presidenciales de 2015. El escenario político parece muy favorable para el kirchnerismo, que con un apoyo del 40 % se posiciona muy bien a los ojos de la opinión pública a nivel nacional, pese a los constantes intentos de desestabilización por parte de la “verdadera oposición” que tiene este proyecto: los medios de comunicación. En este sentido, Ignacio Ramonet de manera brillante dice: “En América Latina, los medios masivos de comunicación quieren sustituir a los partidos políticos y asumir ese lugar para seguir defendiendo los intereses de la oligarquía”. Siguiendo esta notable afirmación, la estructuración de la oposición se ha constituido en la arena mediática del Grupo Clarín, formando el tan peculiar “rejunte opositor”. Este “rejunte” de carácter centrípeto, se articula en fuerzas amorfas y anómalas contradictorias ideológicamente, que no tienen un proyecto político real, pero sí una firme convicción que los une y los moviliza: ver derrotado al kirchnerismo, apelando el imperativo categórico propuesto por Jorge Luis Borges: “No nos une el amor, sino el espanto”. Y uno de los temas que instalaron (sin mucho éxito) en la agenda política ha sido la reforma constitucional y la reelección indefinida de CFK, como principal propuesta de campaña de la oposición. Esto en ningún momento fue planteado por el oficialismo, por lo que oponerse a algo inexiste implica un ataque de esquizofrenia alentada por el discurso dominante. Esto cumple el papel de contrarrestar al kirchnerismo, montando su estrategia en una “defensa metafísica de la democracia y la república”, que no hace otra cosa más que generar descontento y malestar en la población, erosionando su imagen y su credibilidad. Como dijimos anteriormente, esta unidad opositora es producto de los designios del poder comunicacional y no de una lógica que responda a un proyecto de país concreto y coherente para la ciudadanía y que se traduce en la desafortunada frase protogolpista de Francisco de Narváez: “Acá lo importante es quien se tiene que ir en diciembre de 2015, no quien viene”.
Como bien sabemos, estas elecciones definen la nueva composición del Congreso, adquiriendo un sentido clave para llevar adelante las sanciones que le darán cuerpo legar al proyecto nacional. La ocupación de cada escaño es estratégico para seguir afianzando el modelo y eso requiere legisladores comprometidos que garanticen la promulgación de leyes que fortalezcan el desarrollo de las políticas nacionales que impulsa este gobierno. No obstante, esta coyuntura electoral no refleja un cuadro político definitivo para el 2015. En dos años pueden suscitarse muchos cambios y plantearse nuevas cuestiones en el mapa político nacional, lo que nos lleva simplemente a subrayar las conjeturas de lo que podría ser el escenario para las presidenciales.
Asimismo, la comparación político-electoral más sensata que podríamos hacer no es con las últimas elecciones de 2011, sino con las del 2009 que responden a su misma naturaleza representativa. El panorama dejado por las elecciones de 2011 nos brinda datos en términos de masa electoral e imagen positiva de los funcionarios, los candidatos y las distintas fuerzas políticas. Pero estos datos se van modificando a medida que la realidad sociopolítica cambia, lo que sitúa de distintas maneras a las figuras políticas y los esquemas de alianzas en el marco de estas elecciones venideras. Este contexto parlamentario muestra un rostro completamente diferente al post-lockout patronal de 2009, donde la imagen del oficialismo era muy criticada por su “irreverente” acción contra el denominado “campo”, exponiendo sus puntos más vulnerables frente a la sociedad. Esto condicionó el contexto electoral haciendo que de Narváez superará por una diferencia mínima de casi 2 puntos a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.
El contexto actual muestra al kirchnerismo mejor posicionado que hace dos años, proyectando una imagen mucho más sólida como corolario del inmenso apoyo obtenido en 2011, cristalizado en un contundente 54 %. Esta tendencia de 2011 hasta ahora, revierte considerablemente lo acontecido en 2009 y abre el camino para que el kirchnerismo saque una buena ventaja en la provincia de Buenos Aires (distrito con mayor densidad electoral del país) respaldado por el núcleo duro construido hasta el momento, independientemente de lo que marquen las principales encuestadoras (vinculadas a los principales grupos económicos) que colocan al principal candidato del Establishment Sergio Massa a 10 puntos de Martín Insaurralde del Frente Para la Victoria. Este discurso legitimado con la divinización de los datos estadísticos, funciona como dispositivo de formación y manipulación tanto de la subjetividad política como de la voluntad colectiva.
Sin embargo, sus intentos desesperados por alterar la voluntad popular y generar consenso son el caballito en esta batalla cultural por la construcción de sentido. No es sólo una elección lo que está en juego, sino la defensa de un proyecto nacional y la disputa por la hegemonía. Respecto a esto, Antonio Gramsci había definido la hegemonía como la expresión de la dominación, pero desde un “complejo entrecruzamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales”. Ergo, el objetivo del monopolio mediático es claro y no admite ninguna duda, como bien afirma Arturo Jauretche: “El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”. Esta es la verdadera lucha, que debemos visualizar con detenimiento a la hora del sufragio. A veces la democracia se convierte en una caja de pandora como sucediera en los ´90, repitiéndose este fenómeno en Capital Federal con Macri, en Santa Fe con el arlequín de Del Sel, en Entre Ríos con el campechano De Angelis y en Córdoba con el retorno del nefasto Domingo Cavallo, símbolo del neoliberalismo entre otros títeres del poder económico. Todos ellos encabezados por la publicitada figura de Massa que se perfila -pese a su raquitismo político evidente- como un adversario difícil para el FpV dentro del espectro bonaerense, lo que será a priori una situación muy reñida y donde todas las miradas estarán puestas en lo que ocurrirá en el principal territorio político del país.
La democracia es la única herramienta para sostener el proyecto nacional iniciado el 25 de mayo de 2003 con Néstor Kirchner y continuado con creces por CFK. Esperemos que en estas elecciones la democracia no se transforme en una caja de pandora. Es nuestra tarea, la del pueblo como sujeto de transformación política, que la historia no se repita. La tendencia a nivel nacional de todos los oficialismos se ha venido proyectando de manera relativamente positiva. Pero el camino no será para nada fácil. Será un laberinto peliagudo que empezaremos a transitar en estas primarias y encontraremos la salida el 27 de octubre. Por tanto, debemos seguir este mismo camino. Estas elecciones legislativas del 11 de agosto marcarán el derrotero de lo que serán las elecciones del 2015, fundamental para definir la continuidad de este proyecto y el destino de la Patria. Por esta razón, estas elecciones serán el punto de partida hacia la consolidación de esta “década ganada”, pero fundamentalmente hacia una construcción mucho mayor, que profundice este proyecto rumbo a una segunda década de conquistas sociales. Este es el gran salto cualitativo que tenemos que dar de ahora en más.

* Ensayista. Integrante del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela


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