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4 de agosto de 2013

“PUEDE SER JUSTA UNA GUERRA INJUSTA?”

*Por Jorge Rachid

Así, con ese título una editorial del diario Tiempo de Bogota-Colombia, hace mas de 15 años, un domingo en plena convulsión por el narcotráfico, las fuerzas llamadas de autodefensa, protegiendo al tráfico de drogas, financiadas por el gobierno y enfrente las FARC como lucha armada con 15 mil efectivos. En ese panorama, en una circunstancia dramática, se atrevieron a publicar una editorial así, de la cual desarrollaré los puntos centrales.

Decía el diario como puede ser justa una guerra que en diez años ha provocado el desplazamiento poblaciones de casi un millón de colombianos, campesino, agricultores y pastores, desvastados y corridos por la irrupción de aviones y helicópteros, que fumigando con fosforados, han desertizado sólo en ese año 1999, el equivalente al Valle de Río Negro y Neuquén, es decir poco mas de 70 mil hectáreas, arrasadas bajo el manto de la lucha contra el narcotráfico.

En ese mismo período de un año, se habían perdido cinco aviones derribados y 15 helicópteros. a lo que debemos sumar las muertes y heridas del ejército colombiano en su acción punitiva, bajo supervisión norteamericana. A su vez las poblaciones desplazadas fueron a zonas suburbanas, poco aptas para la recepción de masas migratorias, impactando en las condiciones de vida de los pobladores locales y el colapso de los servicios públicos en su totalidad, desde escuelas a hospitales. Esas poblaciones, sin tierras para cultivo ni otros medios de vida, no tienen otra oportunidad que trabajar para el narcotráfico, que las utiliza en las tareas de traslado, recolección, carga y tráfico también. O sea que se desmonta para que no planten y se los entrega a miles de colombianos al narcotráfico para su utilización, ante la falta de políticas de seguridad social y ausencia total del estado.

Con ese escenario las fuerzas de seguridad se encuentran totalmente abocadas al combate a la droga mientras los otros delitos crecen día a día, desde los asaltos a mano armada a los crímenes de todo tipo, desde enfrentamientos de bandas a peleas territoriales, que desbordan la capacidad policial. Como ha pasado ahora en Brasil y México las fuerzas de seguridad en el trámite de esta lucha, se ven involucradas por captación del narcotráfico, corrompiendo su estructura vertical al aparecer los financiadores como verdaderos jefes de los operativos, entregando perejiles periféricos a la estructura y protegiendo las cúpulas mafiosas. Muchas de estas mafias empiezan a crecer en su territorio en la solidaridad social de sus poblaciones, donde están asentados, distribuyendo excedentes, colaborando con situaciones de emergencia familiar, en casos de enfermedad, ante un estado ausente, llegando incluso a ocupar cargos públicos a partir de su popularidad como en el caso de Escobar Gaviria, quien fue diputado y titular del Cartel de Medellin.

A esto debemos agregar la corrupción generada por el narcotráfico sobre la dirigencia política de Colombia , pero también sobre todos los países del mundo, en un proceso de lavado de dinero del orden de los 500 mil millones de dólares al año, que no podrían entrar al circuito legal, sin la complicidad de funcionarios, banqueros y políticos en general, mas los paraísos fiscales en general colonias inglesas . Ese dinero generado encuentra a su paso, como un huracán, pequeños obstáculos que no tarda en remover. Cuando cae un Cartel inmediatamente es reemplazado por otro, cada pequeño avance se traduce en una derrota a corto tiempo, reiniciando el circuito, amparado por organismos financieros internacionales funcionales a la DEA protectora del mayor consumo de drogas del mundo como es EEUU, que no ha detenido ningún capomafia propio en su territorio, llenando las cárceles de consumidores adictos reclutados por los carteles.

El colapso de los servicios periféricos de salud, provocado por los efectos producido por el estiramiento de la droga, con sustancias tóxicas y físicas como el vidrio molido, y además las mismas propiedades del fármaco, que como el alcohol o el tabaco, produce severos daños en el organismo, deteriorando paulatinamente en el tiempo su salud. Es como la droga estirada que desde el agregado de vidrio molido a determinados excipientes fármaco-tóxicos, puede producir en forma inmediata daños a la salud e incluso la muerte, que generalmente llamamos sobredosis, pero que muchas veces son verdaderos cuadros de toxemia provocada por excipientes agregados. Pese al desarrollo alcanzado por las comunidades en la llamada lucha contra el narcotráfico, en la mayoría de los países del mundo sigue siendo mas importante el impacto sobre los servicios médicos de los sistemas de seguridad social, el producido por el alcohol y el tabaco, que el impacto de la droga en el segundo nivel de internación y en el óbito.

Veamos ahora adonde va tanta droga. En especial y como máximo consumidor están los EEUU y luego la Unión Europea, con mecanismos de financiación de combate al narcotráfico, pero siempre en terceros países. Existe la DEA, la dirección antidrogas de EEUU que dice combatir los cárteles, pero que en definitiva no consigue o no quiere disminuir la entrada de droga a su territorio. Eso si, se ocupan muy severamente de estigmatizar los países periféricos, no dudan en desertizar, ni militarizar, ni reprimir, ni dejan de vender armas para el combate al narcotráfico, brindan información reservada de inteligencia, direccionando los organismos de represión, una verdadera colonización y cabeza de playa militar del imperio.
En nuestro país el SEDRONAR, la secretaría que se ocupa del tema, totalmente colonizada por la DEA, que da instrucciones, financia, direcciona programas y somete a acuerdos internacionales a todos los países del mundo, acuerdos que los propios EEUU no cumplen, como el paraíso fiscal de un Estado completo de la Unión como es Delaware y otros, o como las islas coloniales británicas Caimán, Santa Helena, el peñón de Gibraltar, de su socio en la hipocresía Gran Bretaña.

O sea que EEUU siendo el principal consumidor de drogas del mundo, es además el que propagandiza el consumo a través del cine y miniseries yanquis en todo el mundo, además de quien vende las armas al mundo, para combatir el narcotráfico. Muy pocas películas norteamericanas no tienen algún consumidor en sus pantallas y mucho mas en las películas bélicas, donde los soldados, solo pelean si están estimulados. Sin embargo son capaces de dictar moral y buenas costumbres a los “negritos del sur” sobre el deber ser en el combate al narcotráfico.
Cuando fue la época de la ley seca a inicios del siglo XX en EEUU, surgieron las mas grandes organizaciones mafiosas que al no poder ser controladas con los años, fue abierto nuevamente el consumo, pero ya estaban consolidadas las mafias, diversificadas en sus menú de inversiones, siendo hoy importantes empresarios, aportantes de las campañas electorales. Hoy son los hoteles, los salones de juego, los transportes, donde el narcotráfico lava su dinero, en aquellos lugares difíciles de controlar en cuanto a movimiento y ocupación, como la construcción con sobre costos entre otros emprendimientos.

Es sin dudas un tema difícil, en especial para los trabajadores de la salud abordar este tema por el lado de las complicaciones o como dicen los analistas, “los efectos no deseados” de la lucha contra el narcotráfico, que incluyen desde tierra arrasada a ingentes recursos económicos que se podrían utilizar en la salud pública para la prevención.
Los miles de millones de dólares destinados a la lucha enarbolada, provienen de los estados, de recursos tributarios que en vez de crear infraestructura, condiciones dignas de vida , mejor educación, salud y viviendas se van por las alcantarillas nunca bien controladas de la lucha frontal al narcotráfico.
Sin embargo los resultados son cada vez mas desoladores, en especial en nuestros jóvenes, porque la droga se ha transformado en su distribución, en un trabajo para los desposeídos y necesitados, o aquellos coaptados por la droga que son puestos a distribuir a cambio de proveerles las dosis necesarias. Un verdadero círculo del infierno, de la clandestinidad, del manejo espúreo del poder, transformando en esclavos a contingentes de jóvenes que deberían estudiar y trabajar, pero que son empujados al negocio fácil, al hoy sin mañana posible, donde cada acto se transforma en el todo o nada, sin medir riesgos, en vidas dilapidadas desde temprano, con políticas punitivas que lo afirman en el delito, los forman y perfeccionan en los institutos de detención.

En nuestro país, como en otros lugares, los medicamentos ansiolíticos, calmantes, hinópticos que se venden, algunos bajo receta, son ingeridos en forma habitual, casi ritual por gran parte de la población, inducidos por una publicidad sintomatológica, que pretende transformar hasta los estados de ánimo, en patologías, bajo la batuta de los laboratorios de especialidades medicinales, que en su afán de vender y obtener ganancias, que ninguna industria del mundo equipara en cuanto a su cadena de valor, entre el precio de costo y el de venta. Desde la tristeza hasta la alegría deben ser medicada, el luto merece medicación, la nutrición debe ser medicalizada con principios activos que prolonguen la vida, hagan adelgazar, prevengan el colesterol, aumenten la capacidad física, colaboren en la concentración, aumenten la capacidad del trabajo, todo debe ser medicado y es legal, es parte del sistema, aporta al mantenimiento del capitalismo salvaje, con sobre precios de hasta el 10 mil por ciento, sobre el costo de producción. En definitiva las adicciones no son sólo de drogas prohibidas, sino estimuladas por múltiples mecanismos publicitarios y de normalidad cotidiana que crea cultura.

Nuestros chicos ven y conviven con esa irrupción del medicamento en la casa, como algo natural, como algo necesario que debe ingerirse para mejorar en todo, la mama para los neervios, el papa para el strees, la abuela para dormir, el nono para no dormirse, porque esa es la publicidad, porque para los jóvenes hay que estar mas despierto y aguantar una noche en el boliche, para eso tomamos bebidas con estimulantes, pero es legal.
Entonces cual es la distancia que separa al dealer del productor de esos medicamentos o alimentos potenciados, solo la legalidad establecida por la regulación. A uno, los medicamentos, lo controlan los organismos de regulación, al otro nadie, al otro sólo se lo combate frontalmente, hasta con el ejército en algunos países, por eso cuando vende vidrio molido no es punible por quien lo ingiere, a quien le va a reclamar, es ilegal, se mueve en el circuito del delito, porque las pautas sociales así lo han establecido.
Ahora como le explicamos a los pibes que pueden emborracharse en la previa y la familia lo festeja, se fuma su primer faso y se hizo hombre o mujercita, pero si fuma un porro es un drogadicto perdido que debemos internar para su tratamiento de adicción. Si internamos todas las personas borrachas de una noche de fin de semana, no alcanzarían las camas hospitalarias y de los hoteles todos, para albergar a los miles de “enfermos”.

Poner en debate el tema no es una discusión sobre preconceptos, sino que debe encararse desde la Salud Pública, para avanzar sobre bases de estudios científicos que determinen tanto los impactos personales como en los sistemas públicos y sociales, de la drogadicción. Desde ese lugar con el fin de limitar la producción clandestina, ilegal, mafiosa y criminal del narco, deberíamos plantearnos la producción con controles de la pasta base y su comercialización por mecanismos farmacéuticos, con controles del ANMAT y su respectiva trazabilidad.
Se también que el solo hecho de plantearlo provoca un escándalo, pero pensemos en los efectos y las muertes que evitaríamos con una medida así, por llamarla de alguna manera, revolucionaria. Dicen los detractores que aumentaría el consumo. Acaso aumentó el porcentaje de cirróticos alcohólicos al levantarse la veda en EEUU. Sabemos hoy cuantos y cuanto consumen, o estamos pegando a la piñata con las campañas de prevención. No se consume acaso droga pura de buena calidad en los lugares top del país, como droga social, aunque todo el mundo, hipócritamente lo niegue? Provoca los mismos efectos en las clases altas, en el espectáculo, en el deporte, en los grupos musicales, en los ambientes artítiscos que sin embargo gozan de tolerancia social, pero estigmatizan a los pobres drogadictos que consumen paco, que les arranca la vida?

Los consumidores dejarían de concurrir a proveedores, delincuentes, mafiosos, clandestinos, que trafican con la vida de los jóvenes, corrompiendo las instituciones y los agentes públicos de todos los niveles.
La calidad y pureza de la droga estaría garantizada, controlada por Salud Pública y se vendería por mostrador, como hoy se hace con el alcohol, el tabaco, los medicamentos, todos adictivos, los llamados energizantes, todos generadores de dependencia, todos pasibles de tratamiento y de campañas de control preventivo, en las cuales se invierten ingentes esfuerzos económicos.
La marihuana y la cocaína solo serían dos mas dentro de este esquema, desarmando las estructuras enormes burocráticas, corruptas, que generan dependencia que dicen combatir la droga, pero que viven de ella.

Siempre es un esfuerzo supremo la lucha por la salud, su preservación y su protección, y el combate contra la droga debe inscribirse dentro de ella, en el marco de los programas de salud de pública. Los efectos sociales de la droga y el narcotráfico están devastando las sociedades, arrasando las economías, fortaleciendo los sectores financieros verdaderos protagonistas del derrumbe neoliberal del mundo, justamente por los recursos espúreos generados en la ilegalidad, coaptando los gobiernos, destruyendo generaciones de jóvenes, diezmando las familias, empujados a la marginación y al delito por los mismos que dicen combatirlo.

No es fácil proponer un debate como el que planteo, porque me imagino y lo he vivido de cerca, como médico y militante social, el dolor de los familiares de las personas que han caído en el abismo de la adicción a la droga, lo mismo que los familiares de los que sufren el síndrome de Korsakoff, etapa final dramática del alcoholismo o el cáncer y el enfisema terminal del pulmón tabáquico. Todos dramas con la diferencia que a los últimos los sistemas de salud están prestos, tanto en la prevención como en la desintoxicación, mientras que en el mundo del narcotráfico, todo es amparado por la clandestinidad, por la vergüenza original, por la venta ilegal, por los dealer ofreciendo y hasta regalando droga para enganchar el cliente en la rueda infernal del delito. Nadie lo ve, nadie lo controla, nadie lo cuida, nadie sabe que ingiere, no tiene seguimiento ni verificaciones, se pagan fortunas que alimentan el circuito mafioso, de donde salen los recursos para corromper y comprar funcionarios, para manejar poder, para erigirse en dueños del mundo, contra el cual no se puede luchar, cuando sus socios manejan poderes internacionales en los circuitos financieros.

Me niego a la resignación, sin buscar caminos audaces, avanzar en propuestas, explorar con seriedad el tema, para que la injusticia social no sea la moneda de cambio para terminar con la extorsión, que significa la presencia del narcotráfico en la vida cotidiana de los argentinos, matando sueños de generaciones y amputando vidas jóvenes, condicionando conductas políticas, promoviendo nuevos millonarios llevados a íconos por la frivolidad mediática.
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