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20 de junio de 2013

MOVILIDAD SOCIAL, EDUCACIÓN Y CULTURA


Por Victor Leopoldo Martinez (*)


En una oportunidad y dentro de aquella recordada experiencia radiofónica de alternativa educativa llamada “Los Locos Bajitos” que se emitía por Radio Nacional en la segunda mitad de los “80” del siglo pasado y de la cual fui creador y responsable, los chicos tuvieron como invitado al entonces ministro de salud de la Pcia de Bs. As. Dr. Floreal Ferrara. En aquella ocasión -1988- ese genial maestro que fue este médico sanitarista aleccionó a los niños sobre la importancia de una vida digna en términos familiares y cómo eso repercutía en una buena alimentación infantil, algo fundamental para estar en buenas condiciones físicas al momento de acceder a la educación. Lo hizo con ejemplos simples y sencillos y se encargó de remarcar cómo eso incidía directamente y de manera cualitativa en la vida social de un pueblo. Le señalaba a los niños, en un pin pon de preguntas y respuestas en las que rescataba de ellos sus vivencias, cuán significativo era que “sus padres tuvieran trabajo digno y bien remunerado, de esa forma mamá podía cuidarlos y alimentarlos adecuadamente”, y cómo eso “les permitía estudiar mejor y tener más energía para el juego, algo que liberaba la mente y sanaba el cuerpo”. A cada instante les remarcaba que eso no debía ni podía ser “excepcional” sino algo natural y cotidiano en cualquier sociedad para su “normal desarrollo” dentro de una Comunidad Organizada (aquel viejo sabio que lamentablemente ya no está entre nosotros, como buen peronista, no perdía oportunidad para bajar línea).

En otras palabras nadie puede pensar si está hambriento; ninguna sociedad podrá desarrollarse si tiene un sector social que sigue sin tener sus necesidades básicas satisfechas. Es por esto que el primer paso que se debe dar es el mejoramiento de la calidad de vida de TODOS. Ese paso ya lo dio Néstor Kirchner en el 2003.

¿Por qué traje a colación esta anécdota radiofónica? Porque ubica en un correcto ordenamiento estos tres fenómenos mencionados en el título, emergentes en cualquier proceso de cambio. La Movilidad Social siempre es consecuencia de una decisión política: llevar adelante un proyecto que mejore la calidad de vida de la clase trabajadora y de los sectores más postergados de y por el resto de la sociedad sin descuidar a nadie. A esta movilidad se la debe respaldar con una buena Educación para asi conseguir la generación de una nueva Cultura; la cultura del trabajo como bien social.

Si un proyecto político tiene entre sus objetivos realizar y organizar una comunidad incluyendo a todos sus habitantes –sin excepción- brindando a sus miembros igualdad de oportunidades, y se lo intenta aplicar -como lo está haciendo en este momento Cristina-, la lógica “movilidad social” que esto produce, en una sociedad estratificada en clases como es el caso argentino, a futuro puede repetirse la misma historia de “rechazo de clase” actual; simplemente cambiarán los protagonistas. Esta salvedad es de vital importancia ya que es aquí donde juega un papel importantísimo la educación en la búsqueda de generar nuevos paradigmas culturales que no ahonde las diferencias sino que integre a las clases sociales en conflicto; y seguramente se dará desde una identificación cultural. Lo que hoy parece inviable por el bombardeo mediático atemorizante, podrá ser contrarrestado y posible de revertir únicamente a través de la educación. Ese debe ser el pilar fundamental donde se tendrá que asentar definitivamente el proyecto que generará la nueva cultura. De ahí el orden terminológico del título. El Justicialismo culturalmente no plantea la “lucha de clases” sino la formación de un hombre nuevo, más humano, más solidario, menos egoista, donde se destierre la competencia y se la sustituya por el compartir (esencia del ser Americano), donde las reglas económicas esten al servicio de la sociedad y no de los individuos o grupos de ellos, donde el conocimiento sea un bien social y este al servicio de las sociedades. Nada se logra con la aniquilación de los otros más allá de denigrar la condición humana. Cristina Plantea sembrar Amor y trabajo; eso solo lo puede proponer una persona que entendio el peronismo y que siente el justicialismo en su esencia (mal que les pese a muchos intelectuales teóricos de una izquierda fuera de tiempo, anquilosada en el siglo XIX, que esperan que el Kirchnerismo se vuelque hacia el costado europeo que ellos creen es superador del peronismo).

Digo “de y por” porque existieron razones exógenas para que esto no se diera en largos períodos de nuestra historia.
No hace mucho tiempo…

Tomemos un ejemplo no muy antiguo. El desempleo que produjo la decisión de muchos empresarios argentinos de sacar el capital del sector productivo para desviarlo hacia el mercado especulativo financiero, nuevo paradigma “empresarial” puesto en vigencia por el FMI y BM a nivel global en la segunda mitad del siglo pasado dando origen a “los capitales golondrinas”, comienza a hacer pie en nuestro país de la mano de la propuesta político-económica llevada adelante por la última dictadura militar. El sector agrario necesitaba que se vuelva a una economía agroexportadora ya que con eso le alcanzaba para seguir enriqueciéndose. Si a eso le sumamos las malas remuneraciones y/o los ajustes a través de flexibilizaciones laborales dentro de las pocas industrias que habían quedado en pie por esos tiempos, medidas también “sugeridas” por dichos organismos multilaterales para un supuesto y mal entendido “saneamientos de las economías nacionales facilitadora de inversiones”, el resultado fue un coctel más que explosivo para la mayoría de los países de la región que en nuestro caso desembocó en la crisis de diciembre del 2001. Estas activas políticas neoliberales aplicadas durante 25 años sin interrupción (1976-2001) generaron una cultura de apego hacia el individualismo que generacionalmente prendió en grandes sectores de la población.

La consecuencia fue un fenómeno cultural asentado en ese individualismo hasta cierto punto comprensible y en cierto modo justificado; la imposición violenta que se hizo de dichas políticas (represión, encarcelamientos y desapariciones físicas de ciudadanos comunes, dirigentes y delegados gremiales, militantes populares y hasta de empresarios; o sea un accionar genocida contra todos aquellos que no comulgaban con estos principios económicos) fue anulando paulatinamente cualquier idea o posibilidad de intentar un proyecto comunitario. Estas políticas produjeron y ahondaron los males y la postergación de los sectores sociales más desprotegidos, y a la vez un encubierto pero marcado enfrentamiento de clases basado en el paupérrimo pero constante aumento del poder adquisitivo diferenciador e individualista del que gozaba la clase media y media alta. Estos dos últimos comenzaron a ver a los desocupados y pobres como potenciales enemigos y/o usurpadores de sus bienes adquiridos. El afianzamiento cultural de esta idea la fogonearon por años los sectores de poder económico a través de los medios de comunicación que siempre fueron sus aliados. Los “caceroleros alfanuméricos” (como dice Pedro) de grandes urbes provenientes de dichas clases y sus argumentos son el más claro ejemplo del buen resultado, del triunfo de aquellas políticas gracias a una acertada pedagogía comunicacional. Y tan es así que estamos hablando de personas que aparentemente cuentan con niveles de alfabetización educativa media y superior. Pregunta: ¿Para qué les sirvió? o en todo caso, esto ¿No muestra acaso el fracaso de cierto tipo de educación con la que se sigue insistiendo? ¿Fueron revisados los contenidos y los valores que se vuelcan en los establecimientos educativos? Por lo menos yo tengo mis grandes dudas.

La clase trabajadora argentina, los pobres y los humildes (muchos de ellos analfabetos) sabían (¡que paradoja!) de antemano que su desgracia era producto de malas decisiones políticas fruto de la codicia de otros sectores sociales con más poder económico y por ende con más recursos para corromper a la clase política para su propio beneficio (Menem. Cavallo, Bullrich, Morales, Duhalde, Carrio, etc, etc, ¡todos profesionales universitarios! Paradoja por partida doble); o sea los pobres sabían y saben los “por qué” de su mala calidad de vida y saben quienes son los responsables. Esto por un lado.

Por otro lado el sector social, otrora “beneficiado” por las políticas de ajustes, difícilmente llegue a asumir que su bienestar es el resultado también de esas (para ellos correctas) decisiones políticas. Prefieren eludir toda responsabilidad social sobre pobrezas ajenas y la mayoría de sus integrantes están convencidos que su buen pasar es producto de su “esfuerzo individual” y que nada tiene que ver con cualquier decisión política. Con el correr de los años y el fuerte apuntalamiento desde lo educativo tanto en lo formal como en lo informal (medios de comunicación) y con la segunda década infame (la menemista) como ejecutora implacable de los planes privatizadores y de desguase del Estado, “el salvase quien pueda y como pueda” se internalizó en la gran mayoría de nuestra población y pasó a ser el nuevo y perverso paradigma cultural que aun hoy sigue rigiendo conductas ciudadanas en no pocos sectores sociales de todo el país; y en este nudo gordiano me quiero detener y reflexionar.

Esta movilidad social que a DIOS gracia se está dando en nuestro país, dentro de la lógica cultural actual, puede llevar a que aquellos que lograron mejorar su calidad de vida ascendiendo de clase social adquieran los valores individualista de los anteriormente ascendidos y comiencen a actuar como tales, ignorando sus orígenes, mirando con desprecio a sus anteriores pares y pensando que lo logrado fue fruto de su esfuerzo y no consecuencia de las políticas económicas y sociales implementadas por el actual gobierno.
Un poco de historia

El nuevo empresariado nacional surgido gracias a las políticas económicas implementadas por Perón desde aquel recordado organismo llamado IAPI (Instituto Argentino para la Promoción e Intercambio), difícilmente alguna vez reconozca que en aquella decisión política estuvo la génesis de su crecimiento. De allí su posterior aburguesamiento y su vuelco definitivo a comulgar con los intereses de los sectores oligárquicos tratando de diferenciarse de los sectores populares y de la clase trabajadora a quien pasó a explotar luego del derrocamiento de Perón en 1955. La comprension de este fenómeno económico se dio mas facilmente en los sectores populares. Este fue el fantástico resultado del proyecto educativo nacido al amparo del proyecto del “80” vigente hasta 1943. Luego –y de manera no tan llamativa- se comprobó que fueron esos sectores populares los que mejor entendieron que las razones de aquel fenómeno de crecimiento y ascensión en el nivel de vida de la clase trabajadora y los sectores postergados, aproximándose al ideario de Comunidad Organizada entre 1945-1955 estaban intimamente relacionadas con una polìtica llevada adelante desde el Estado Argentino; todo gracias a la educación recibida en los primeros gobiernos del Gral. Perón. Vuelvo a insistir en lo paradójico pero no casual de la cuestion educativa; esta comprensión no se dio en los sectores de clase media y media alta quienes seguramente contaron con mayores posibilidades para acceder a una educación universitaria “dogmáticamente” más “académica” en aquellos tiempos. Esto es algo que sostengo en mi trabajo “Guarda-Polvos…”: La educación es la herramienta mas importante para la concreción de un proyecto político porque es la generadora de la nueva y necesaria cultura que permitirá la consecución del mismo. La universidad, hasta en los años de Perón, era un reducto dominado por la “culta” oligarquía. De allí la necesidad del proyecto justicialista de crear la UTN (Universidad Tecnológica Nacional). Aún así “los académicos” de aquellas épocas (muchos de ellos todavía hoy sentados en los mismos sitios “evaluadores”), no daban validez a los títulos otorgados por aquella nueva Universidad Obrera.

En el ejemplo anterior se puede ver claramente dos productos culturales surgidos de dos proyectos políticos diametralmente opuestos:

a) La educación que alimentó la cultura del individualismo liberal en los primero tiempos para luego ser neoliberal; que sembró la semilla del valor especulativo y que propone al ciudadano común un ascenso social diferenciador aceptando “valores” inculcados a través de un determinado “tratamiento pedagógico”; que internalizó la necesidad de una lógica y “justa” partición social donde existen elegidos y réprobos y los primeros puedan dominar a los segundos. En nuestro país, ese proyecto tuvo su génesis en el “80” del siglo XIX, se truncó en 1943, se lo retomó en 1955 a sangre y fuego, se lo intentó volver a truncar en 1973, se lo volvió a imponer a sangre y fuego nuevamente en 1976 y llegó hasta el 2003. Tiempo más que suficiente para hoy ver sus frutos. Sus productos se sienten aptos para entender “alta cultura” y diferenciarla del resto; fervientes defensores de la “excelencia y el buen gusto” (¿?) por ejemplo en las “bellas artes”, que pueden ser calificadas como tales solamente por los entendidos de esa “Clase”. Por ignorancia detestan el arte popular de donde por lo general salieron y provienen los más grandes artistas universales. Se trata de una cultura que deja librado a los intereses individuales el destino social de una comunidad; siempre tuvieron la mirada puesta en Europa y/o EE.UU y los valores que desde esos lugares se desparramaban por el mundo; fueron y son sus espejos; toman a sus pensadores como guias como buenos colonizados mentales que son. Descalifican todo lo Suramericano, lo miran con desprecio y hablan de su cultura peyorativamente.

b) El otro es el proyecto político que se asienta en un proyecto educativo y que focaliza su accionar en el valor social y comunitario del conocimiento; que apunta a organizar una comunidad desde la internalización de la solidaridad y la Justicia Social como valores supremos y comunitarios. Propone una cultura del trabajo como aporte y bien social. El proyecto Justicialista encabezado por Juan Domingo Perón y María Eva Duarte de Perón entre 1945 y 1955 tenía estos objetivos y metas muy claramente explicitados. De allí que el ideario peronista haya perdurado tanto en el tiempo.
Dos concepciones

Los señalamientos anteriores ponen de manifiesto dos concepciones distintas de sociedad, no solo en lo que respecta al rol del estado sino también lo referido al manejo de los recursos económicos, de la distribución de la riqueza, del rol de los medios de comunicación, del manejo y explotación de los recursos naturales, de la manipulación del medio ambiente, del fin de la educación, del valor de la vida humana.

Los dos tienen claros componentes ideológicos aunque el primero le endilgue al segundo la exclusividad de “lo ideológico”, básicamente por ignorancia en algunos aspectos y en otros con la clara intensión de demonizar todo aquello que atente contra los valores “occidentales y judeo-cristianos” que sustentaron y sustentan hoy por hoy la “propiedad privada”, ideario que expandieron en sus colonizaciones sus ideólogos europeos.

La actual movilidad social está demandando un fuerte trabajo educativo, que no pasa exclusivamente por facilitar el acceso a las nuevas tecnologías o las tecnologías de punta, o enseñar ingles desde chiquito, o aumentando los días de clase. La educación que necesita este proyecto es una educación que tiene que priorizar la selección de los contenidos que afiancen la nueva identidad, que valorice el conocimiento como un bien social y no “capital”, que priorice la solidaridad por encima de la competencia, que la excelencia sirva socialmente, que el compañerismo sea la base de trabajos conjuntos, que la valoración del semejante siempre se haga desde la calidad humana y su potencialidad, que destierre el envidia y el egoísmo, que valorice su lugar de pertenencia en lo local-regional y subcontinental,… y puedo seguir.

Pero para que esto sea posible hay que lograr un cambio cualitativo urgente en el propio sistema educativo partiendo de la necesaria definición de cuál es la educación que este proyecto necesita; priorizar la nueva cultura que debo estimular y trabajar pedagógicamente desde los establecimientos educativos.

Este es mi humilde aporte en aras de lograr la continuidad de este valioso proyecto político que estamos viviendo hoy los argentinos.

(*) Director de EL EMILIO
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