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22 de marzo de 2013

HABEMUS PAPAM


Jorge Bergoglio:Papa de las tinieblas

*Por Raúl Isman
"El matrimonio gay es una movida del Diablo".
Francisco I, antes de su nombramiento.

El PAPA argentino, Francisco I, viene a cumplir el proyecto del poder mundial para disputar el consenso de la sociedad, especialmente de los pueblos. No solo se trata de sustentar posiciones contrarias al matrimonio igualitario, o contra el aborto, ampliamente difundidas por el obispo Bergoglio, sino de gestar una conciencia de disciplinamiento hacia el orden contemporáneo, reaccionario, de dominación transnacional.

Julio Gambina. Economista y dirigente político argentino.

El 13 de marzo de 2013 la gerontocracia vaticana escogió por primera vez en la historia un papa no europeo. Se trata del arzobispo argentino Jorge Bergoglio, quien asumió bajo el nombre de fantasía de Francisco I. Habida cuenta que a los franciscos en el mundo de habla hispana suele llamárselos "Pancho" no faltará mucho para que el nuevo pontífice sea conocido como Panchito de las tinieblas por algunas razones que detallaremos a continuación, sin la mínima pretensión de agotar el tenebroso prontuario del prelado (se sospecha que fue cómplice del robo de bebés durante la dictadura, por ejemplo).

Al nombrar a Bergoglio, el estado vaticano se puso en total coincidencia con sus peores tradiciones y antecesores en el trono romano. Por no hablar de etapas demasiado antiguas (los operadores sacerdotales que colocaron a la naciente iglesia como aliada del imperio latino y luego fundamento teologal de la opresión feudal), un hilo histórico vincula al Papa Julio II (1443-1513 y en el trono entre 1503 y 1513, jefe de una banda de "condotieri" algo parecido a los parapoliciales de la época) con PIO XII (pontífice cómplice del nazismo entre 1939 y 1958). El listado es incompleto por demás y cuenta con obispos cómplices de cuanto genocidio ocurrió en nuestro continente. Además, no hay que olvidar que la conquista y explotación de nuestro continente fue posible por el uso ilimitado de la espada sacerdotal (cruz). No obstante ello, no impidió a un reconocido antecesor del nuevo Papa, el extinto y reaccionario Obispo Antonio Quarracino que denunciase a las fuerzas de izquierda como expresiones extranjerizantes; como si la Iglesia fuera originaria de nuestras pampas. Por otra parte, la denuncia del interés vaticano por las riquezas pecuniarias y la extrema pobreza de su espiritualidad es aún anterior a la Protesta encabezada por Martín Lutero hacia la segunda década del siglo XVI. ¿Mejoró la conducción católica en este punto o empeoró en las casi cinco centenas transcurridas? La respuesta es más que obvia.

Para no abundar en demasiadas cuestiones el peor baldón de la trayectoria del neofrancisco es el secuestro por las fuerzas represivas de dos sacerdotes bajo su jesuítica jurisdicción. El caso se relata en el libro "El silencio" del periodista Horacio Verbitsky, quien previamente lo había acusado en varias notas de haber entregado los datos de las víctimas a las jaurías criminales. Todo según declaraciones de Orlando Yorio, uno de los jesuitas secuestrados, antes de fallecer por causas naturales en 2000. El acusado jamás intentó refutar los graves cargos y se limitó a prohijar una publicación en su alabanza. Citado por la justicia (¿ y si reclama la extradición papal?) para declarar por el robo de bebés a madres martirizadas durante la dictadura 1976-1983 respondió por escrito. Sólo le faltó justificar el hecho aduciendo que los infantes hurtados a sus familias no debían soportar abusos pedófilos, de esos que son especialidad de la casa eclesial. De modo que la elección de Francisco I es una toma de posición: la curia vaticana le dice fuck you a la Argentina torturada, oprimida y masacrada durante los años siniestros. Es una opción por los asesinos, torturadores y explotadores contra las Madres de Plaza, los H.I.J.O.S, las abuelas y el sufrido pueblo de nuestro país.

Los antecedentes cuentan, pero en rigor la causa inmediata para la elección del ungido es el hecho de que se trata de un operador político con pretensiones de extremo florentinismo. Pero es preciso un supermaquiavello para tratar de encausar y conducir la terrible interna vaticana; de modales silenciosos y suaves, pero de extremo salvajismo. No menor es el problema de la pérdida de la influencia de los ¿valores? católicos en el seno de la sociedad civil (laicado). Es sabido que casi nadie de los autoasumidos como practicantes de la fe se halla dispuesto a seguir los preceptos difundidos por el dogma (dejemos la discusión de con cuanta consecuencia practicados por los propios sacerdotes). Rara vez es la mujer que llega virgen al matrimonio y ninguna pareja desenamorada se abstiene de separarse. La disminución de vocaciones sacerdotales es otra realidad que debería afrontar el nuevo Papa.

Pero la causa fundamental del nombramiento del obispo pasa, en nuestra opinión, por otras cuestiones. Si entre los siglos XI y XII de nuestra era se libra una dura batalla entre papado e imperio, el fin de la guerra fría va a ser precedido y posibilitado por un acuerdo entre el papado (polaco, Karol Wojtyla) y el imperio (protestante y yanki) en el cual el objetivo logrado fue derrumbar al socialismo real y recomponer la dominación del capital sobre las masas populares. El señorío aún inacabado del neoliberalismo tuvo una fuente teologal: la influencia de la iglesia católica, en general. Y en particular, del pontífice polaco, cuya impronta aún es prematuro que la historia pudiere dimensionar. Y una inquietante hipótesis postula que asistimos a un nuevo acuerdo estratégico entre el Vaticano y el imperio del norte. Se trata de confrontar contra los gobiernos populares latinoamericanos y los movimientos sociales. La prenda del acuerdo es que la iglesia movilice sus recursos espirituales al servicio de- en una situación de mínima- debilitar y paralizar a los sujetos ya señalados. Y en una perspectiva de máxima derrotarlos y deponerlos. Y a cambio, el poder financiero global ayude a ocultar los escandalosos manejos del Instituto de Orden Religioso (el banco vaticano). Como se ve, la única diferencia entre las maniobras papales en tiempos de Lutero y los actuales, es la cantidad de los fondos involucrados y la sofisticación de las operaciones y las unidades monetarias. No nos extrañemos que los prelados venezolanos y el propio Papa se pronuncien contra el católico Nicolás Maduro y a favor del judío derechoso pro imperialista Henrique Capriles Radonski. La ofensiva contra los gobiernos progresistas sólo reconocerá los límites que los propios pueblos pudieren crearle. Así nos queda claro cómo es posible que el papado denuncie constantemente a las guerras, "omitiendo" al imperialismo, verdadero causante de los conflictos bélicos. Una vez más y como siempre fueron excluidas del conclave vaticano las masas populares y sus necesidades y la posibilidad de construir sociedades más justas basadas en el derecho y el poder civil dependerá de poder derrotar a las fuerzas tenebrosas acaudilladas a partir de hoy por Francisco I.



*Docente. Escritor
Colaborador habitual
del periódico socialista El Ideal.
Director de la revista
Electrónica Redacción popular. Columnista en política internacional
del Canal Señal Oeste (Moreno) y
del Programa radial Periodismo consentido
raulisman@yahoo.com.ar

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