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27 de febrero de 2013

28 DE FEBRERO DE 1989. EL PRESIDENTE VENEZOLANO CARLOS ANDRÉS PÉREZ SUSPENDÍA LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES








*Por Prof. Daniel Chiarenza

"El Caracazo", febrero de 1989, una respuesta popular más en América Latina contra las políticas neoliberales.
En las elecciones del 4 de diciembre de 1988 la Acción Democrática (AD) candidateó al expresidente Carlos Andrés Pérez, con el apoyo de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). Pérez venció con el 54,5% de los votos contra el 41,7% de Eduardo Fernández, del Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). El nuevo período de Pérez –quien asume el cargo el 2 de febrero de 1989- lo encuentra muy lejos de la prosperidad que gozó en su primera presidencia. Ausente la época de bonanza petrolera, mostró una gestión signada por “la disciplina, la productividad y los sacrificios”.
Carlos Andrés Pérez, expresidente de Venezuela, candidato de Acción Democrática.

Anunció un plan de austeridad consistente en la liberación de las importaciones, eliminación de los controles de precios, privatización de algunas empresas que estaban en manos del Estado –por ejemplo, la venta de la “Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela (CANTV)”-, aumentó el precio de los combustibles, congeló los salarios, redujo la injerencia del Estado y del gasto público.
No variaba de las imposiciones neoliberales para el resto del mundo: financiamiento del FMI, sometiéndose a un programa de ajustes; liberación de las tasas de interés activas y pasivas; unificación de la tasa cambiaria, eliminándose la tasa preferencial que estaba protegida por la Oficina de Régimen de Cambios Diferenciales; liberación de los precios de todos los productos, excepto los de la “cesta básica”; incremento de las tarifas de servicios públicos; congelamiento de los cargos de la administración pública y reducir el déficit fiscal a menos del 4%.

La fórmula del neoliberalismo. 
Surgieron una serie de protestas, realizadas por quienes, viviendo en las ciudades-dormitorios de Caracas, debían trasladarse a diario a trabajar a esa capital, debido al aumento en el precio de los pasajes del transporte público. Poco tiempo después el movimiento -que comenzó en Guarenas (población localizada a unos 40 km al este de la capital)- se extendió rápidamente a Caracas y otras ciudades: La Guaira, Valencia, Barquisimeto, Mérida, Guayana y los Valles del Tuy, convirtiéndose en puebladas, acompañadas de tumultos que saquearon supermercados, centros comerciales y establecimientos de todo tipo que, 25 días después de la toma del mando por Pérez era la respuesta de los sectores vulnerables.

Caracazo: represión a los sectores populares, aun no eran tiempos de la resurrección del Ejército Bolivariano. 
Mientras que el primer mandatario decretaba la suspensión de las garantías constitucionales, la policía local era incapaz de controlar los saqueos, por eso envió al Ejército para contener a los hechos violentos ocurridos en toda la ciudad (se activó una estrategia de control de disturbios conocida como “Plan Ávila”).
Las cifras anteriores al Caracazo.
La medida tuvo un alto costo, porque un sector de las Fuerzas Armadas incurrió en una represión excesiva e injustificada, que dejó -según cifras oficiales- 276 muertos y numerosos heridos. Un organismo de Derechos Humanos, Cofavic, aseguró que el número oficial de víctimas no se corresponde con la realidad, y cita la aparición de fosas comunes como La Peste, donde aparecieron 68 cuerpos NN, "fuera de la lista oficial". Otros organismos, no encuadrados en las FF.AA., como la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, la policía Metropolitana y la policía Judicial, cometieron abusos y asesinatos.
Hubo aproximadamente 2.000 personas desaparecidas durante el 27 y 28 de febrero de 1989. Por tal motivo, en los días y meses posteriores al Caracazo se produjeron gran número de manifestaciones en su contra, las que conjuntamente con las críticas políticas formuladas por varios partidos y sectores, a él y a su programa, debilitaron el piso político en el que se sustentaba.

Carlos Andrés Pérez, visiblemente abatido. 
Estas acciones se atribuyen al abandono del acento populista y a la aplicación de medidas de ajuste económico con el respaldo del FMI y fueron comprobables en las elecciones de gobernadores y alcaldes donde la abstención del padrón fue del 70% y el avance de la oposición democristiana e izquierdista se hizo patente en aquel diciembre de 1989. Estaban en juego la provisión de gobernador para 20 Estados y de alcaldes para 369 municipios.
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