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11 de enero de 2013

NI "AMO" NI "ODIO" A CRISTINA KIRCHNER. ¿TENDRÉ UNA CRISIS DE IDENTIDAD?

*Por Enrique Gil Ibarra

Hace muchos años, en este mismo país que era otro, discutíamos con los compañeros las maneras de hacer la revolución nacional y social (en ese orden). Una de las cosas que teníamos bien clara en ese principio de los '70 era que ninguna revolución real, que se sustentara en el tiempo, podía basarse en la conducción de un individuo, por honesto y lúcido que fuera. Inclusive, en nuestra condición de peronistas, nos apoyábamos en la remanida frase de Perón "La Organización vence al tiempo".

Nuestra crítica al stalinismo soviético pasaba, entre otras muchas cosas (como por ejemplo la fantasía del socialismo en un solo país), por el "culto a la personalidad" que generaba inevitables desviaciones. Desde luego, nos permitimos precisamente ese error, que contribuyó a la derrota.

Dejando claro (una vez más) que considero este gobierno como el mejor que puede producir una democracia liberal y burguesa, me preocupa especialmente hoy la polarización irracional y estúpida entre los que odian a Cristina (independientemente de sus acciones) y los que aman a Cristina (independientemente de sus acciones). ¿Cómo es posible que personas que supuestamente persiguen objetivos tan diferentes se parezcan tanto en su falta de lógica y raciocinio?

Cristina ha dicho mil veces que no es revolucionaria y que su objetivo es un capitalismo humano (sea lo que fuere que signifique eso). Una postura tan tibia no justifica ni semejante odio ni tamaño amor.

Será entonces que a falta de un verdadero proyecto nacional y popular sustentable en el tiempo que sea peligroso en verdad para los intereses de nuestras clases dominantes, se le permite a la clase media argentina jugar a la revolución mientras no joda demasiado.

El odio de nuestra benemérita oligarquía vacuna sería así fingido, mientras sonríe por lo bajo. Y sólo sería real (dentro de lo ficticio de la coyuntura) el amor desorbitado que un sector de la generación intermedia sin proyecto necesita volcar en alguien que le otorgue sentido a una vida vacía. ¿Saldrá de ahí el culto a la personalidad?

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