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4 de enero de 2013

DE IDA & VUELTA



*Por Eliana Valci


Así como la vida tiene sus vaivenes, nosotros también!!!

Fuimos allá por el año ´94, un programa de radio nacional y popular, dentro de la FM Comunitaria Musto, ubicada en el Barrio Saladillo de la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe.  Y el 17 de octubre de 2008, volvimos desde otro punto geográfico, la ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos  Aires, donde renace nuestro espíritu, no ya como programa radial, sino como Revista Digital gracias al avance de las nuevas tecnologías; lo cual nos permitió que ese intercambio que se daba entre los vecinos de un barrio, tuviera lugar no sólo en nuestro país, sino en casi todo el mundo.

Como en el fondo continuamos siendo nomades, este 2013 nos encuentra situados en ela Capital Federal de la República Argentina, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el fin de sumar más voces e información a este espacio, que permite desde sus comienzos este Ida & Vuelta, para plasmar lo que decimos en lo que hacemos.


*Directora Revista Ida & Vuelta

"JUSTA, LIBRE Y SOBERANA"

*Por Megafon

Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana. Nuestras banderas a pesar de los años, siguen flameando las mismas necesidades. Porque entre ellos, hemos pasado muchos años de dictaduras cívico-militares; algunos años de acuerdos y entregas; otros de desorden institucional; la mayoría de esos años, fuimos testigos de los negociados entre las distintas corporaciones del poder económico y los ejecutores cipayos del poder político. Todos legitimados por el Poder Judicial que conserva privilegios que si bien hemos podido cercenar en otros poderes carroñeros del país, aún nos falta limpiar en la pata “legal” de la democracia.

Socialmente justa
.Además de la redistribución de la riqueza que tanto proclamamos y laburamos para hacer efectiva realidad, deberá contemplar que los jueces de la Nación Argentina tengan las obligaciones que todos los demás ciudadanos tenemos, por ejemplo, con el fisco (impuestos que pagamos los trabajadores y que los jueces tienen exención impositiva). También la ley de jubilaciones de los magistrados con una cantidad de diferencias exclusivas que más de un viejo jubilado no podría ni imaginar que existan. Así entonces a 29 años de haber recuperado la democracia, tenemos deudas sociales que nos obligan políticamente a seguir reclamando una Argentina socialmente justa.

Económicamente libre. Lo seremos, si podemos conseguir un pensamiento colectivo en función de los intereses de todos los argentinos. Para que haya redistribución posible es necesario tener una conciencia global que determine lo ya mil veces probado: la industria argentina nos hace grandes a todos y al fortalecernos como Nación, los que ganamos somos los argentinos en su conjunto. La teoría del “derrame” nos ha dejado heridas que todavía a casi una década de derrumbada, no hemos podido cerrar en la deuda “interna social argentina”.

Políticamente soberanos.
Ya lo somos… pero nunca está de más refrescar la memoria de quienes con movimientos políticos desestabilizantes olvidan los sufrimientos de tantos compatriotas (compañeros) que han dejado su vida en la recuperación de nuestra democracia.

No es fácil cumplir todos nuestros deseos.

No somos exigentes, somos peronistas, y mientras haya una necesidad insatisfecha no nos sentiremos felices.

Vamos por lo que falta, vamos por la Patria Grande consolidada y unida.

Vamos para seguir sumando porque cuantos más seamos, más difícil será que el enemigo avance sobre nuestros derechos, algunos recuperados y otros conquistados en los últimos 9 años.

Se jugarán cartas muy importantes en este año que se inicia, hay que estar atentos a los movimientos de todos los actores de la política, tanto locales, como regionales y también mundiales.

No podemos perder, porque lo que el pueblo pierde lo ganan los buitres de todos los tiempos, esos que no tienen madre, no tienen Patria, no tienen amigos, y no tienen otra identidad política que sus intereses económicos, respondan a la corporación que respondan.

Nosotros sabemos que aunque la pelea no está finalizada, ya nunca daremos ni un paso atrás

Vamos por todo. ¡Ahí vamos 2013!

GOBIERNO LLAMA A ESTAR ALERTA FRENTE A GUERRA PSICOLÓGICA PARA DESESTABILIZAR EL PAÍS



El Gobierno Bolivariano alertó, a través de un comunicado, sobre la guerra psicológica, emprendida por corporaciones mediáticas transnacionales, para difundir falsos rumores sobre la salud del presidente de la República, Hugo Chávez, quien se recupera de una intervención quirúrgica en La Habana, Cuba.

“El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela advierte al pueblo venezolano sobre la guerra psicológica que el entramado mediático trasnacional ha desatado alrededor de la salud del Jefe del Estado, con el fin último de desestabilizar a la República Bolivariana de Venezuela, desconocer la voluntad popular expresada en las elecciones presidenciales del pasado 7 de octubre y acabar con la Revolución Bolivariana liderada por Chávez”, destaca el comunicado.


El presidente de la República, Hugo Chávez, sigue cumpliendo rigurosamente su tratamiento médico para sobreponerse de una insuficiencia respiratoria sufrida tras la intervención quirúrgica del pasado 11 de diciembre, informó el ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas, al leer el comunicado.

A continuación el texto íntegro:

GOBIERNO DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

COMUNICADO


El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela cumple con el deber de informar al pueblo venezolano, y a los pueblos hermanos, sobre la evolución clínica del presidente Hugo Chávez.

Tras la delicada cirugía del pasado 11 de diciembre, el Comandante Chávez ha enfrentado complicaciones como consecuencia de una severa infección pulmonar.

Esta infección ha derivado en una insuficiencia respiratoria que requiere del Comandante Chávez un estricto cumplimiento del tratamiento médico.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela reitera su confianza en el equipo médico que atiende al Comandante Presidente, que ha dado seguimiento permanente a la evolución clínica del paciente y ha actuado con la más absoluta rigurosidad ante cada una de las dificultades presentadas.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela advierte al pueblo venezolano sobre la guerra psicológica que el entramado mediático trasnacional ha desatado alrededor de la salud del Jefe del Estado, con el fin último de desestabilizar a la República Bolivariana de Venezuela, desconocer la voluntad popular expresada en las elecciones presidenciales del pasado 7 de octubre y acabar con la Revolución Bolivariana liderada por Chávez.

Propósitos éstos que chocan con la férrea unidad del Gobierno Bolivariano, el pueblo organizado y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana alrededor del liderazgo e ideario político del Comandante Hugo Chávez.


Hasta la victoria siempre.

¡Que viva Chávez!

Caracas, 3 de enero de 2013.



Con información de AVN

DEFINEN SI SE HABILITA LA FERIA JUDICIAL POR LA LEY DE MEDIOS



La Justicia decidirá hoy si habilita la feria ante dos pedidos realizados, uno por el gobierno nacional para el tratamiento rápido de la causa sobre la Ley de Comunicación Audiovisual, y otro de la Sociedad Rural para bloquear la recuperación por parte del Estado del predio ferial de Palermo.

La Justicia decidirá hoy si habilita la feria ante el pedido del gobierno nacional para el tratamiento de la causa sobre la ley de medios y el que realizó la Sociedad Rural para impedir la recuperación por parte del Estado del predio de Palermo.

Aunque se trata de situaciones independientes entre sí, las resoluciones que adopte la Cámara Civil y Comercial Federal guardan singular interés dado que en ambos casos es parte el gobierno nacional y el tribunal que debe fallar es el que el pasado 6 de diciembre extendió la cautelar en beneficio del Grupo Clarín, cuyo miembros fueron recusados oportunamente por el Poder Ejecutivo.
Ambos reclamos fueron presentados ayer y los jueces de turno, Francisco de las Carrera, Ricardo Guarinoni y Graciela Medina trabajaban ayer en el Palacio de Tribunales para completar los fallos, dejaron trascender fuentes judiciales.
El miércoles por la mañana, la Jefatura de Gabinete de Ministros pidió que la Cámara habilite la feria y resuelva en enero trámites procesales que dé “celeridad” al expediente de modo que este quede en condiciones de ser resuelto al reanudarse en febrero la actividad tribunalicia.
A su vez, la Sociedad Rural Argentina pidió al mismo tribunal que también trate su pedido durante el receso, pero en su caso haciendo lugar a una “medida precautoria” para evitar que el 20 de enero devuelva al Estado el predio ferial de Palermo, dispuesto por el gobierno hace dos semanas.
El pedido de la Rural es una reiteración de otro ya rechazado la semana pasada por la jueza de primera instancia Silvina Bracamonte, pero los abogados de la entidad patronal del campo apelaron el fallo ante la Sala II de la Cámara antes de la feria. 
El decreto presidencial 2552 declaró la “nulidad insalvable” de la venta del predio de 14 hectáreas durante el gobierno de Carlos Menem, tras lo cual el Poder Ejecutivo dio un plazo de treinta días para la devolución.
El predio de Palermo históricamente perteneció al Estado nacional, que se lo cedia en alquiler a la Sociedad Rural para realizar la tradicional muestra ganadera, pero en 1991 se se vendió por decreto a la módica suma de 30 millones de dólares en cuotas.
Una pericia de la Corte Suprema determinó, en 2009, que se trató de un “precio vil” ya que la tasación correcta era de 131,8 millones, abriendo la instancia de declarar sin efecto la venta.

TODO ENRARECIDO, TODO CLARO

*Por José Antonio Gómez Di Vincenzo


Aquello de la historia repitiéndose como una farsa, esa famosa proposición que Marx dejara planteada ni bien comenzaba su Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, últimamente, resuena en sendos análisis de la realidad autóctona. En efecto, algunas cosas parecen volver a suceder de un modo patético. Hay como un halo que cubre de misterio las imágenes que se proyectan en la tele, ráfagas escenográficas que rememoran otros saqueos nacidos de un vacío que debía ser llenado como sea, del hambre negadora de la vida, allá por los inicios del nuevo siglo y el fin de una época. Hay una falla, algo distinto, saqueos tecnológicos versus saqueos de alimentos.

La historia… Mucha tela por cortar desde el punto de vista filosófico. Grandes fueron las mentes que se involucraron en la reflexión sobre la historia. Esta columna sólo puede escoger un minúsculo grupo de pensadores para hacerles homenaje tan sólo nombrándolos: Marx, Hegel, Sartre, Gramsci. Que el lector sepa que lo que leerá se inspira en sus legados de un modo particular. El escriba toma condimentos y licúa. A veces, da resultado, a veces, la jugada resulta un tanto riesgosa. ¡Qué los acartonados me juzguen!

En Matrix, esa famosa trilogía de ciencia ficción escrita y dirigida por los Hermanos Wachowski, Neo, el protagonista, ve más allá, es capaz de escudriñar lo que se esconde como fundamento de la realidad virtual, es competente para leer el programa que configura esa ilusoria sociedad de fines del siglo XX, en la que todos los humanos viven enajenados. Una falla aparece cada tanto en la matriz y quienes desde el mundo real se insertan en ella para realizar distintas acciones, en una especie de vanguardia revolucionaria, la notan en forma de dèjá vu. Algo no encaja, está fuera de lugar o es como que ya pasó y vuelve pero con un halo.

Quisiera jugar con la historia e invocar metáforas provenientes del cine y la computación para dar cuenta de mis tesis. Sea el lector paciente o deje de leer esto en este preciso momento, para dedicarse a mejores y más placenteras ocupaciones domingueras.

Un programa de computación (en el caso de la película de los Hermanos Wachowski, la matriz) es un conjunto de instrucciones que le dicen a una computadora cómo debe procesar los datos de entrada para producir resultados. El programa es siempre el mismo, es invariante. Cambian los datos de entrada, se modifican los resultados. Pero algo se mantiene en la historia de la máquina, el programa. La idea de programa surca diferentes ámbitos, ha circulado como metáfora en diferentes espacios disciplinares. El funcionamiento del ADN es presentado en sendos espacios de divulgación como un programa. En otros lugares, el cerebro funciona siguiendo programas para procesar los datos sensoriales. Pero también, algunos intérpretes han pretendido ver a los programas como métodos para dar tratamiento a diferentes input informativos.

Todo método se sustenta sobre una base, una racionalidad. Algunos filósofos han sugerido que dicha racionalidad debe, una vez depurada y fijada como la más eficiente, mantenerse a lo largo de la historia en forma invariante, por ejemplo, para fabricar conocimientos científicos. La historia, que se empecina contra aquellos que pretenden que nada cambie, ha mostrado que esto no ocurre. Y muchos buenos lectores de la historia han comprobado que los científicos, afortunadamente, producen adelantos significativos ignorando el seguimiento dogmático de los métodos, pateando el tablero metodológico.

Para aquellos que pretenden que los métodos se mantengan fieles a esa racionalidad que les diera sustento y les transfundiera eficiencia para la fabricación de conocimientos legítimos, la historia y la realidad nada pueden hacer para interferir en el programa. El programa es ahistorico. Otros, lejanos a este tipo de imagen, demuestran que el método es histórico, que sendos programas se tornaron obsoletos, que la racionalidad debe ajustarse a las necesidades humanas y que éstas dependen del contexto con una sola invariante: la idea de que los hombres transforman el mundo para cubrir sus necesidades de supervivencia y al hacerlo modifican su propia forma de ver el entorno natural y social.

Un programa que pretende no cambiar cuando todo a su alrededor muta es un programa que produce fallas, como los déjà vu que algunos lectores de la matriz podían percibir. El déjà vu dejaba ver que detrás algo había ocurrido, se había querido hacer algo con la historia, algo forzoso con el objetivo de interferir con los cambios que el devenir venía forjando, aún cuando detrás hubiera una praxis.

Porque, en efecto, la lucha política es la lucha por cómo hacer la historia. En política, la praxis es operar en la contingencia, apartando todo el tiempo la idea de que la historia vaya hacia un fin, siguiendo un programa inmutable; la praxis es operar sobre los programas y no pretender que haya una caja de herramientas de programas reciclables para cada caso.

Hay quienes creen que se puede intervenir en la historia reviviendo metodologías del pasado. Pero dichas metodologías no encajan en la historia y su forma de desenvolverse contemporánea. Entonces, dèjá vu, algo se repite pero mal, como farsa.

La película del devenir argento ha puesto en la pantalla esta semana algunos cuadros del pasado, repetidos tal cual con el objeto de que la película rebobine, algunos cuadros fallados que dan cuenta de errores producidos por programas obsoletos, algunos cuadros que adelantan nuevas escenas más productivas y fructíferas.

Los saqueos tecnológicos parecen dejar ver una falla en el programa político de un grupúsculo que a su vez, deja traslucir una metodología obsoleta. Y por más que en la matriz, ingenuos y enajenados sujetos se alarmen o entren en pánico, muchos lectores sagaces de la realidad lograron ver el dèjá vu. El saqueo de hace años se repite pero ahora tecnológico, acaparación violente de LCDs y demás artefactos del hogar.

Es importante recordar que la historia se hace haciendo historia y no repitiendo viejas mañas y que si la forma de hacer política pasa por una praxis transformadora basada en una buena lectura de la base económico social y cultural, todo intento de volver la película hacia atrás basado en la repetición de escenas perimidas contrastará irremediablemente dándose de bruces con una realidad que se construye desde una praxis transformadora procurando la igualdad social.

Como sea, hay algo más profundo y que trasunta estos episodios. Hay todo un intento desestabilizador en marcha tramado desde grupúsculos en sintonía con el Departamento de Estado. En el contexto de la lucha por definir, de una vez, si es la democracia la que logra imponerse por sobre las operaciones de los grupos mediático-económicos, donde diferentes operadores traman por saquear una tajada de poder algunos prefieren la traición a la defensa de los intereses del pueblo.

Habrá que analizar si, en definitiva, todo el sistema se va al carajo bajo la dictadura de unos pocos capaces de defecarse en la voluntad popular. Habrá que ver si la política logra imponerse a la economía, si el proceso al evento, si los justos a los traidores.

Y, por suerte, a pesar de que todo parezca enrarecido, todo está muy claro.


*Publicado en  Agora Diario

EL CONFLICTO GOBIERNO-CGT Y EL ROL POLÍTICO DE LA CLASE OBRERA

*Por Aurelio Argañaraz

Mientras redactaba esta nota, se desencadenaron los saqueos y las denuncias cruzadas entre el gobierno y los sindicatos, oscureciendo más el panorama nacional. No obstante, voy a dejar afuera el tema. Definido mi asunto, el objetivo de analizar, a partir del acto del 19 de diciembre, los cursos de acción que debería adoptar el movimiento obrero, no preciso considerar las últimas noticias, que nada añaden a esta reflexión. De modo que, puesto frente al acontecimiento que pretendía evocar los días finales del 2001, formulo una pregunta: ¿Qué pensar de un suceso donde "la unidad en la acción" logró reunir (tenga el lector la paciencia de leer una larga enumeración de nombres) a Hugo Moyano y Ricardo Alfonsín, Luis Barrionuevo y el Partido Obrero, Pino Solanas y Raúl Maza (vocero de los gendarmes), la Federación Agraria y el PTS, Claudia Rucci y la Corriente Clasista y Combativa, con "una fracción" de la UCR marchando hacia la plaza y el resto espantado de ver boinas blancas en una vidriera tan escandalosa? Por si esas adhesiones no bastaran, Ámbito Financiero (nadie lo rectificó, desde las filas de Moyano) dijo el 17 que se buscaba sumar (se fracasó en el intento) a "organizaciones de caceroleros", algunas de cuyas consignas (sobre inflación, inseguridad, etc) fueron levantadas en el discurso del camionero –junto a las demandas más conocidas de la CGT–como si el sentido antinacional que adquirieron esas cuestiones al ser enarboladas por los gorilas del teflón fuese compatible con defender los intereses del sector obrero, que por razones estructurales no puede ubicarse lejos o en contra del resto de los sectores interesados en sostener un proyecto nacional.
La tentación a desentenderse de una reflexión sobre el asunto, con la increíble creencia de que descalificar a Moyano termina con el problema, es un completo error. Sólo una mirada frívola y obcecada acepta apelar a la “táctica del avestruz”, ante las derivaciones posibles de la ruptura entre el gobierno y la CGT. Por mi parte, además de alertar sobre el desmedro del frente que respaldaba al gobierno, creo necesario impulsar un debate de fondo sobre las relaciones entre la política y el movimiento obrero, un componente imprescindible del movimiento nacional.

La menguada concurrencia que obtuvo la convocatoria, que prueba que a veces al sumar se resta, sugiere una pregunta: ¿dónde están, hoy, tras el conflicto del gobierno con sus ex aliados (suele omitirse que Hugo Moyano es “primus inter pares” de una corriente de cierta extensión, con dirigentes que eligen qué posición adoptar y de ningún modo son una comparsa del líder camionero), dónde están hoy, digo, los trabajadores comunes y la vasta militancia que acudió a respaldar las masivas manifestaciones de los últimos años, organizadas por la CGT para apoyar al kirchnerismo? Ignorar el llamado a “luchar contra Cristina”, sumándose al cambalache del 19D, donde todo valía y hasta Macri y Clarín pueden ser “aliados”, es la primera respuesta que puede advertirse, de parte de las bases, ante un líder gremial empantanado y sin brújula. Y para seguir con los tangos, aun aquéllos que hemos apreciado sus luchas de los 90´, y nos resistimos a secundar cierta crítica “progresista” de gente que llegó a votar por De la Rúa, lo vemos hoy, para decir lo menos, “como abrazado a un rencor”, con apuestas a una proyección política desnortada, donde falta lo principal, esa capacidad de discernir quiénes son los amigos y los enemigos del país y de los propios asalariados; condición sin la cual, a su vez, sólo puede actuarse como patrulla perdida, sin una estrategia de la cual deriven los pasos parciales. Y es preciso ser claros en esto: semejante cosa no puede existir, si el enemigo es el gobierno, en tanto se trata de un gobierno nacional, por su política y sus fines, aun cuando su conducción se niegue a integrar a los dirigentes sindicales a los cuadros de poder, contra lo que fue habitual en la historia del peronismo. Consecuentemente, la resistencia a esta exclusión y la lucha gremial por las demandas sectoriales y la acción política tendiente a defender el protagonismo legítimo de la clase obrera, deben librarse dentro del cauce del movimiento nacional, preservando el avance que representa contar con este gobierno, a pesar de sus límites y su voluntad manifiesta de alejar del poder al movimiento sindical y reservar ese ámbito para los políticos y los técnicos. Las únicas alternativas no pueden ser subordinarse, sin disenso, o pasar a la oposición. Es posible y además necesario, lo quiera o no la conducción kirchnerista, adoptar posturas de apoyo independiente, mientras se denuncia la discriminación contra el movimiento sindical y se estructura una fuerza volcada a la política que exprese la posición de los trabajadores argentinos y luche por conquistar un legítimo protagonismo. Es obvio aclarar que dicha perspectiva no puede encararse transformando en “aliados” a los compañeros de ruta del 19 de diciembre y, en términos generales, a ningún enemigo del país y el pueblo.

Las razones de una ruptura y el ánimo de los trabajadores

¿Por qué razón, cabe preguntar, Cristina apartó del poder a los sindicalistas, decisión que fue el disparador de la ruptura, reservando las diputaciones y otros cargos y honores para la juventud no obrera y el sector político? Porque éstos no tienen, en general, una base propia a quien responder; son, por ende, dóciles a la conducción y más dispuestos a callarse la boca y esperar órdenes. No hace falta ser un lince para advertir que tienen, en conjunto, al no deberse a un sector social determinado, menos problemas para secundar ese proyecto del “capitalismo serio”, con criterios distributivos keynesianos que, mal que le pese al “progresismo” entusiasta de la pequeña burguesía, es el objetivo final del kirchnerismo. Un proyecto que, justamente por eso, merece llamarse nacional-popular, pero ajeno a objetivos de liberación social y limitado a la ilusión de ofrecer al país un capitalismo “bueno” (1).

Es necesario evitar, sin embargo, la falsa interpretación de que al abandonar a Moyano, en los últimos episodios, las bases sindicales han restablecido un vínculo positivo con el gobierno. El tema del Impuesto a las Ganancias y las actitudes descalificatorias hacia la acción sindical, de parte de Cristina, son heridas abiertas de difícil cicatrización, aunque se las quiera enmascarar con los encuentros con Caló y el sector de “los gordos”, que en modo alguno podrían (tampoco lo desean, por diversas razones) cumplir el rol de apoyo activo que cupo a Moyano, en su momento. En realidad, lo razonable, a nuestro juicio, sería hablar de una relación compleja, con cuentas pendientes y disgusto obrero, como ha podido comprobar, en su propio cuero, la Secretaria de Industria, al visitar Renault en la ciudad de Córdoba.
Para aproximarnos a un juicio menos coyuntural, estos episodios deben abordarse en el marco de una situación histórica, intentando captar algunos matices muy significativos, si queremos anticipar posibles desenvolvimientos.

No creemos que pueda hablarse, como pretende insinuar cierto respaldo obsecuente a lo que el gobierno hace, bien o mal, del kirchnerismo de los trabajadores, en el sentido en que sí, durante largas décadas, ha podido afirmarse su identidad peronista. Vivimos, y la clase trabajadora no es una excepción, lo que ha dado en llamarse, desde el 2001 en adelante, la “crisis de la representación”; un fenómeno que se remonta a las decepciones experimentadas por la sociedad argentina en el periodo democrático, que culminaron en el estallido del 2001 y su famosa consigna de “que se vayan todos”. No existen, hoy, identidades sólidas. No negamos, por esto, la existencia de un reconocimiento general de los asalariados a todo lo bueno que el kirchnerismo aportó, al promover el empleo, restablecer las paritarias e impulsar, con diversas medidas, la redistribución del ingreso. Recordamos, nada más, que esa simpatía y sus expresiones de apoyo fueron canalizadas por la CGT, asociados al poder y la acción de gobierno:Néstor y Cristina no tuvieron jamás la posibilidad de movilizar al movimiento obrero, como lo hacia Perón, sin necesidad del acudir a la dirigencia sindical. Es ésa la razón, precisamente, de que veamos hoy una fragilidad peligrosa, para el gobierno y quienes lo respaldamos, ante el eventual alzamiento de los poderes económicos que su política lesiona. Esta debilidad, es obvio, no se supera, dije, pactando con “los gordos”: lo prueba su “aporte”, ínfimo o nulo, a la Plaza de Mayo del 9 de diciembre.

Superar la situación: política obrera en el movimiento nacional

¿Cómo salir de la actual situación, que podría definirse como un empate en que todos estamos más débiles, dentro del campo nacional y popular? ¿Cómo encararla, desde el punto de vista del movimiento obrero? Resumamos los hechos, intentando extraer las conclusiones del caso:
1) la jefatura del kirchnerismo impulsó la ruptura con Hugo Moyano y el sector sindical más combativo, que enfrentó a Menem y las políticas neoliberales de la década maldita, negándose a darle una razonable participación en el poder del Estado. Se ha roto, con ello, una tradición del peronismo, para privilegiar a los “políticos”, que se someten a los modos verticalistas de conducción y pueden operar como burocracia muda;
2) esa decisión ha debilitado el poder popular, al frenar el impulso de aproximación hacia el kirchnerismo de amplios sectores de militancia obrera, particularmente en la juventud y desalienta su apoyo, de cara a las elecciones del 2013 y posibles conflictos con el poder económico concentrado, que exigen llamados a la movilización popular;
3) la voluntad de apartar a los dirigentes obreros del parlamento y los aparatos de poder del Estado –la tradición peronista les otorgaba “un tercio”, además del manejo de la cartera laboral– es regresiva: nació con la llamada "renovación" peronista, como parte del ciclo que preparó el terreno a la capitulación menemista y la adaptación al servicio del poder económico y contradice la necesidad de fortalecer al gobierno, al introducir la división en el seno del pueblo;
4) que dicha política expresa, más allá de los rasgos de personalidad de los líderes, la lógica interna del proyecto social que Néstor y Cristina han enunciado más de una vez (aunque algunos de sus seguidores no se hagan cargo y sostengan el sueño de una vaga "profundización") de crear en la Argentina un "capitalismo serio", que concretamente supone no alarmar al empresariado y controlar que sus costos, dentro de los límites a que permite llegar la paradójica necesidad de ampliar el consumo, no sean afectados por la presión obrera, afectando la acumulación u obligando a limitar “inaceptablemente” la ganancia.
Ahora bien, lo señalado anteriormente no nos impide (no debe impedirnos) advertir que la erosión del poder del gobierno, o su caída, no mejorará la situación de los asalariados, sino lo contrario. Consecuentemente, todo lo que hagamos, en el reclamo gremial y en la lucha política por el protagonismo obrero en el frente nacional, debe ser encarado con claridad estratégica y sutileza táctica, sin favorecer los fines de las fuerzas adversas al actual gobierno, que atacan a Cristina no por sus defectos, sino por sus méritos, que nos benefician a todos. Y siendo así, alarma el afán de Hugo Moyano por asociarse, hoy, con sus enemigos de ayer (los enemigos sociales de la clase trabajadora, que apenas callan, por especulación, ahora, su profundo desprecio por este “negro sindicalista”) y jamás darán un soporte político para sostener las demandas del movimiento sindical. Quieren usar a Moyano y la CGT y tirarlo después a un tacho de basura.
¿Adónde se irá con "bastonazos de ciego", sin entender las contradicciones y límites de una situación y con el riesgo cierto de servir a los enemigos y terminar justificando, por torpeza, la discriminación sufrida? Evidentemente, para ocupar el lugar que su historia y sus intereses imponen a la militancia sindical y obrera, hay que evitar la Plaza del 19D; es necesario contar, de una vez por todas, con una visión ideológica superadora, acorde con la aspiración –muchas veces planteada por Hugo Moyano– de que un trabajador pueda postularse a presidente de la Nación (algo que alarma a la burguesía “nacional” y el ala gorila de nuestras clases medias, pero es un derecho democrático elemental).

Personalmente, lejos de escandalizarme con ese enunciado, que al parecer fue un factor en el conflicto con Cristina, mi antigua filiación de Izquierda Nacional se fundamenta en el hecho de que esa formación política tuvo (y para quienes somos consecuentes con su programa tiene, aún) como justificación de su existencia, la lucha por lograr que la clase trabajadora -la "columna vertebral" del peronismo clásico- pudiera transformarse en "cabeza dirigente" del frente nacional y democrático de los sectores mayoritarios, en este país y en América Latina.
Ese propósito, esto es esencial, exige una condición: los trabajadores, sus dirigentes y su política, deben esforzarse no sólo por defender lo nacional –en las malas y las buenas lo hicieron siempre, con mayor coherencia que los demás sectores-, sino por expresar (sin delegar esa tarea al “sector político”) los intereses y los ideales del conjunto del país, del "bloque nacional"; deben levantar un programa para la sociedad en general, con la sola exclusión de los enemigos de la patria, la minoría oligárquica que explota a la Argentina desde hace ya 200 años. Un dirigente obrero con visión de sindicalista –los sindicatos luchan por defender lo gremial, las condiciones de trabajo y el salario obrero, sin tener necesariamente aptitud política y aunque a veces aquello pueda ser opuesto al interés social general– por su ideología y sus métodos, tiende a perderse a la hora de enfrentar las contradicciones internas del frente nacional, como ahora ocurre. Se trata, ese es sin duda el secreto, de una tarea distinta a la que ocupa sus horas, en el sindicato. Le exige privilegiar los criterios de la política, que no son aquellos de la pelea gremial, a los que suele definirse como “presionar y negociar”, de acuerdo a la fuerza de las propias bases, del ánimo patronal y de lo que puede preverse de la mediación habitual del Ministerio de Trabajo. Aquí se precisa, antes que nada, una claridad meridiana sobre quiénes son los enemigos del país, quiénes los aliados firmes y de confianza y quiénes los sectores que oscilan entre ambos polos, a los que debe atraerse para ganar las batallas. Sin dominar estas nociones y superar esa limitación de la experiencia sindical, ningún dirigente, por lúcido y honesto que sea, con estas solas condiciones, podría liderar esta lucha histórica por la liberación social de la clase trabajadora.

Conclusión

En otro escenario, enfrentados a un conflicto con la verticalidad de Perón, los dirigentes sindicales que habían creado el Partido Laborista en 1945, después de protagonizar el 17 de Octubre y acompañar el ascenso del Coronel hacia el poder, debieron elegir entre el sometimiento o la marginación. Su rebeldía, que llevó a la cárcel a Cipriano Reyes, fue el motivo para que Luis Gay, máximo dirigente de la CGT, fuera acusado injustamente “de ser un agente del sindicalismo norteamericano y favorecer las presiones de EEUU”, mientras todos los demás se sometían al conductor y admitían ser burócratas del estado o el movimiento obrero y "representar a Perón ante la clase obrera"; no al revés, como era de esperarse (2).

El desenlace del conflicto, en la primera década de la experiencia peronista, expresaba, a juicio de algunos, “la inmadurez histórica” general de los trabajadores, que hacían con Perón su primera experiencia como clase nacional. Visto más de cerca, podría añadirse que la transformación revolucionaria que en la vida de los trabajadores había impulsado aquel primer peronismo era fenomenal y se reflejaba en su conciencia como la ferviente adhesión hacia el líder histórico, era una fuerza tan poderosa que permitió a Perón, en su largo exilio, conservar intacta una influencia que impidió la consolidación de aquéllos que lo desalojaron del poder político, en 1955. Sea cual sea el juicio que tengamos sobre los hechos mencionados –y, en términos generales, sobre las procedimientos empleados por el General en la conducción– es indudable que la unidad del movimiento, la defensa del programa nacional y popular y el respaldo de las grandes mayorías nacionales no se pusieron en riesgo durante largas décadas, hasta su muerte.

Nadie puede garantizar, hoy, algo semejante. Mal que nos pese, ni siquiera Cristina. Es necesario transformar torpemente los deseos en realidad, para imaginarnos, además, que un liderazgo precario (vivimos un tiempo de “crisis de la representación y la identidad”, con fluctuaciones permanentes en la opinión pública, como se advierte en la oscilación que muestran las elecciones de los últimos años) podría, sin promover el protagonismo del pueblo argentino, sin criterios amplios de construcción política, sin aceptar que en el seno del campo nacional y popular deben impulsarse grandes debates y renunciarse a las formas verticalistas de conducción, nadie podrá, digo, obtener una victoria estratégica y definitiva, no limitada a lo coyuntural y el corto plazo, en el marco de una ruptura entre el gobierno popular y el sector sindical, donde ni uno ni otro atinan a discernir (y actuar consecuentemente) cuáles son los expedientes para cerrar filas y enfrentar con cohesión los próximos peligros, atendiendo al carácter de las fuerzas sociales y no a los rasgos de sus figuras más destacadas, cuyas notorias limitaciones nos conducen a la encrucijada.
A la clase trabajadora y la juventud sindical, si es capaz de elevarse a la altura necesaria, le aguardan próximamente grandes responsabilidades.


Notas:

(1)
El país sufre, como decía Lenín para el caso de Rusia, más que del capitalismo de su falta de desarrollo y, más precisamente, de la dependencia semicolonial. Por lo tanto, la clase trabajadora tiene intereses comunes con la burguesía “nacional”, en cierta medida. Esto no significa, sin embargo, que exista algo digno de llamarse un “capitalismo serio” y menos aún un capitalismo “bueno”. Una de las expresiones de esta postulación del capitalismo “bueno” es la idea, muy emparentada con la fanfarronería “nacional” (que al primer traspié se torna en su opuesto y nos considera “ineptos”), de que el “modelo económico” es el que requieren, para salir de la crisis, los países centrales. Con esa tesitura, la senilidad del capitalismo mundial es transformada en la mera prevalencia del sector financiero, que los europeos tardan en sacarse de encima, por la ineptitud de sus líderes. Y el problema insoluble de las burbujas cíclicas que crea una crisis de carácter estructural es interpretado como la “falta de una visión” centrada en la producción y la distribución del ingreso, casi un capricho del capital financiero.

(2) Respecto del tema, puede consultarse la biografía de Perón, de Norberto Galasso y el artículo de Juan Carlos Torre, en el número 89 de “Todo es Historia”. Para encontrarse con otros significativos episodios de la historia de la verticalidad es interesante leer, en el libro de Galasso, los datos referidos el ostracismo a que se somete a Jauretche y Scalabrini Ortiz, a los que Perón aleja de todo poder, para impulsar el reinado de una burocracia complaciente.


ALGO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR!!!


*Por Diego Carbone


La milicia sanitaria de Eva Perón, una historia silenciada por la intolerancia

Hace 65 años nacía la Escuela de Enfermeras. Tuvo 858 egresadas y 430 especialistas. Estudiaban manejo, Anatomía y Doctrina Peronista. Su competencia contra la Cruz Roja y el intento del golpe del '55 por borrarlo todo.

Tenían el día organizado "para cultivar el espíritu, la mente y las condiciones físicas". Se despertaban al alba, hacían gimnasia, se duchaban y tomaban clases teóricas. Incluían Anatomía, Fisiología y también "Doctrina Peronista". Almorzaban "respondiendo a un régimen alimentario científico". Volvían a hacer deporte y se retiraban a limpiar su cuarto, "bajo el más estricto aseo", sus tres uniformes reglamentarios, y su alma: "antes del sueño reparador" debían realizar "un examen de conciencia, preguntándose qué han hecho para la felicidad de la comunidad y de la patria". No podían mentir. Estas eran algunas de las normas que cumplieron las mujeres, de entre 16 y 21 años, que se sumaron a la "Escuela de Enfermeras de la Fundación Eva Perón". Esta verdadera milicia sanitaria fue creada a principios de 1948 y llegó a formar 858 enfermeras y 430 especialistas, cifra récord para la época. Pero el sueño dorado duró poco: con el golpe del '55, las persiguieron, les allanaron las casas y les quemaron hasta los uniformes. Su historia fue silenciada hasta nuestros dias.

En su mayoría eran chicas humildes, a las que no les importaba nada más que "servir a su pueblo". Todo lo que pudieran hacer, para ellas, era poco, porque la escuela significaba "la dignidad, la vida". El rigor era lo de menos. Así lo recuerda María Luisa Fernández, : "Abnegación, desinterés y amor, esa era la frase de Evita. Y nosotras lo vivíamos así, no se nos ocurría cuestionarlo".

Lo mismo cree Nilda Cabrera, egresada de la escuela en 1951: "En nuestras vidas no habíamos ido ni a "La Salada". Era un sueño para nosotras. La primera vez que me subí a un avión fue para ir a Ecuador. Después a Perú. Y nos recibía el presidente del país" .

Por eso se sentían elegidas, por conocer países latinoamericanos y europeos, príncipes y presidentes. Sentían que las habían transformado y, en definitiva, ese era el objetivo de la Escuela: formar "misioneras de la paz", siempre "dentro de la norma disciplinaria". Así lo explicó Adelina Fiora, la primera regenta: "muchas venían de hogares muy humildes y desconocían por completo el sentido de la disciplina, indispensable para el estudio que emprendían. Se me ocurrió que una manera de enseñarles a organizarse era izar y arriar la bandera en el patio. Tal como hacen en la escuela primaria y secundaria."

Y funcionó.La idea tenía dos fuentes de inspiración muy concretas: el justicialismo, de raíz socialdristiana, y el proyecto del médico Ramón Carrillo para cambiar el mapa sanitario argentino. En 1945, por ejemplo, en la provincia de Jujuy, se morían 300 bebés de cada mil que nacían. Carrillo sostenía que debía formar a 20 mil enfermeras profesionales, para el cuidado de la población civil, pero también para la defensa nacional en casos extremos, como guerras y catástrofes. En su "Plan Analítico de Salud Pública" (1947) sostuvo que por medio de la medicina asistencial, la sanitaria y la social podía cambiarse la realidad. 

Y el plan se puso en práctica. Hasta ese momento, la escuela de enfermería más conocida, tal vez, era la de la Cruz Roja Argentina. Para el peronismo, ninguna de las dos servía: eran del sistema capitalista. Bajo los parámetros de Eva y Carrillo, las alumnas debían tener otros principios: "No creen ofrecer limosnas, no entienden que van a regalar ayuda a los pobres: están regidas por el concepto justicialista, que constituye la base de la entidad central a la que pertenece. No esperan el llamado de los necesitados, se dedican organizadamente a buscar a quienes necesitan auxilio", detalla una publicación de 1949, de la propia escuela. Para las alumnas era sencillo: la Cruz Roja era para la aristocracia. "Era gente de dinero, de doble y de triple apellido. Se anotaban para casarse con un médico. Nosotras éramos el Pueblo, las grasitas", explica María Luisa. Grasitas o no, tenían que pasar exámenes, bolillero de por medio "Llegábamos re nerviosas", agrega.
El programa se considera de los más completos del momento: en primer año tenían Anatomía y Fisiología, Semiología (Médica), Higiene y Epidemiología General, Defensa Nacional, Historia de la Enfermería y Moral y Doctrina Peronista. En segundo: Enfermería Quirúrgica, Enfermería Clínica, Primeros Auxilios, Medicina Social y Doctrina Peronista. Y en tercero: Obstetricia y Ginecología, Infecciosas, Puericultura y Pediatría, Dietética y Arte Culinario, Neuropsiquiatría y Doctrina Peronista. Además, podían optar por estudiar un año más y recibirse como especialistas en Anestesia, Hemoterapia, Laboratorio y Asistencia Dental, entre otras. Resulta evidente que la única materia que se repetía año tras año era Doctrina Peronista. El objetivo era muy concreto, formar enfermeras, pero justicialistas: "la alumna es preparada para el civismo -remarcaban los escritos-, pues con la conquista de los derechos políticos de la mujer, adquiere gran importancia la capacitación de la juventud femenina en ese campo". Se buscaba revolucionar la enfermería y el país. Como consideraban que no había material de formación suficiente, la escuela contaba con un equipo auxiliar de taquígrafas. De esa manera, se tomaba nota de las clases, para preparar los apuntes que después repartían en forma gratuita. Igual que los uniformes reglamentario interno, de labor y de gala y las habitaciones individuales para las que venían del interior y la comida.

"Todo era revolucionario -sostiene Nilda-. Nos enseñaban a manejar, motos, jeeps y ambulancias." Es que a su cargo tenían 200 motos, los jeeps blancos, equipados con carpas, camillas y botiquines y las varias "ambulancia-hospital", una suerte de motor-home, con diez camas en su interior y una cabina de operaciones. Contaban también con equipo para realizar transfusión y oxigeno - terapia. Tenían, además, hasta perros amaestrados, que transportaban botiquines de aluminio.

"La disciplina era una cosa que se nos inculcaba mucho -detalló Delia Maldonado-. La primera lección que se nos dio fue la de saludar siempre al paciente. Y preguntarle cómo se sentía. Jamás se prendían las luces de la sala ni se despertaba a los pacientes batiendo las manos o gritando."

Así se los había pedido la propia Evita, el 14 de septiembre de 1950, cuando la Escuela se incorporó a la Fundación Eva Perón. En este acto EVITA le prometió al Presidente "María Vamos a formar muchas enfermeras para ofrecerles a la patria, mujeres sacrificadas, capaces y dignas del pueblo argentino. Ustedes nunca podrán saber lo mucho que las quiero, nunca podrán comprender el profundo cariño que siente su presidenta hacia todas sus colaboradoras, nunca podrán comprender el amor entrañable y la satisfacción enorme que siento cuando veo una enfermera de la Fundación. Este afecto nace porque ustedes son artífices de esta gran obra, porque ponen no sólo el trabajo incansable sino el espíritu, porque colaboran conmigo para demostrar a nuestro presidente y al Pueblo de lo que somos capaces las mujeres argentinas, cuando amamos y trabajamos."

Los deseos de Evita se apagaron con su muerte. No pudo, como hubiera querido, verlas egresar, ni darles sus diplomas, aunque algunos llegó a firmarlos. "Ella nos creó, pero como enfermeras, no pudimos hacer nada -dice Nilda, quien todavía conserva el título con la rúbrica de Evita -. Tuvimos mucho dolor, lloramos mucho." Ese, tal vez, fue el prólogo de la tragedia: con el golpe del '55, las enfermeras fueron perseguidas, allanaron sus casas, quemaron sus uniformes, sus apuntes y hasta los legajos de los hospitales. "Se vivió todo el odio", resume María Luisa . "Ese día -agrega Nilda- empezamos a ver los aviones, los médicos corrían como locos. Yo trabajaba en el Policlínico San Martín, al rato empezaron a abrir puertas y se robaron todo: vajilla, nebulizadores, aparatos de presión. Todo. Fueron a mi casa, y mi mamá les tuvo que dar hasta las fotos. Pobrecita, estaba muy asustada."

Con la dedicación y el esmero que sólo el odio rumiado durante años puede dar, los militares llegaron, incluso, a quitar una placa de un monumento que homenajeaba a dos enfermeras. Todavía hoy se lo puede ver en la avenida Costanera. Al fijar la vista se ve a dos mujeres, como recortadas por las llamas, sobre las alas de un avión. Son Amanda Allen y Luisa Komel. 

El 27 de septiembre de 1949, las enfermeras volvían en avión de Ecuador, adonde habían viajado para socorrer a las víctimas de un terremoto. Cuando estaban por llegar a la base de Morón, la máquina empezó a incendiarse. Dicen que, para ahogar el pánico, cantaron "Los muchachos peronistas". Evita había querido recibirlos. Así lo recordó su hermana Erminda Duarte: "Querías ser la primera en darles la bienvenida. En abrazar a las abnegadas muchachas. Y de pronto la noticia: el avión había caído. El pueblo que te acompañaba permaneció en un silencio consternado. Y de pronto te sacudió un llanto sin consuelo."
La angustia por las cuatro muertes y los heridos fue tanta que decidieron homenajear a las enfermeras con el monumento que, incluso hoy, algunos creen que es por el accidente de LAPA. Pero no. Así como los golpistas prohibieron hasta la mención de Perón y el peronismo, sacaron la placa que recordaba a las "misioneras de la paz", al "cuerpo de samaritanas", a las mismas que con su relato empiezan a reconstruir esta historia. Silenciada, hasta hoy, por la intolerancia.