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15 de octubre de 2012

PREMIO NOBEL DE LA PAZ PARA LAS INVASIONES, LOS AJUSTES Y LA REPRESIÓN DE LA OTAN

Por Gabriel Fernández *


Después de haber visto como Somoza y Schiavi, por ejemplo, vestían orgullosos las casacas azules en contra de la violencia, el fin de semana pasado, nada puede llamarnos la atención. Al fin y al cabo, Barack Obama ha sido ungido anteriormente con el premio que alguna vez motorizó la imagen internacional argentina a través del respetado Adolfo Pérez Esquivel.

Por entonces, la distinción al flamante mandatario norteamericano podía entreverse como una sugerencia propia de aquél ficticio Tribunal de Pre Crímenes contra la Humanidad ideado por la creatividad de Los Simuladores. Recordará el lector a Manuel Garriga, trivial y autosuficiente, ante las imputaciones del Dr. Máximo Cozzetti.

Entre el color de la piel de Obama, su anuncio de acabar con Guantánamo (hoy, reducido a una ironía en los pasillos de los foros internacionales), y sobre todo el escaso tiempo en ejercicio de la función, lo evidente –un espaldarazo para la alicaída política estadounidense- se difuminó en una esperanza con mucho de ilusión y pocas nueces.

Pero el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea, digamos, a la OTAN –aunque en este caso valdría usar la expresión NATO que hacen flamear con orgullo los columnistas internacionales de La Nación- impide la polémica, quiebra las expectativas; define un mensaje. La Academia de Hollywood en su versión sueca ha resuelto volver a realzar los asesinatos en masa, las invasiones y las torturas.

Vale la observación: no se trata de un comentario dogmático. Por caso: no estamos objetando que se ofrezca un premio a un músico que, en su intimidad, admira a Hitler; tampoco diríamos nada si se beneficia a un matemático que hace trampas jugando al tenis. El asunto es otro: se brinda el Premio nobel de la Paz a los mayores violadores de la paz en el mundo. Contradicción directa, concepto explícito.

Como si esto fuera poco, se otorga el galardón cuando los gobiernos que configuran la Unión están hostigando a sus propios pueblos con programas de ajuste económico que generan violencia y priorizan la estabilidad de organizaciones financieras que han originado el problema en el cual se hallan inmersos. La Unión Europea, que no ha disminuido su capacidad agresora sobre regiones propias y ajenas, atraviesa la peor crisis de su historia.

Y hoy celebra el haber obtenido la máxima distinción pacifista del planeta. El argumento es sencillo, contundente: por su contribución a la democracia, la reconciliación y los derechos humanos en el Viejo Continente durante los últimos 60 años.

El Comité Nobel puso de relieve: “Durante un período de 70 años, Alemania y Francia han combatido en tres guerras. Hoy una guerra entre ambos países es impensable. Esto demuestra cómo, por medio de esfuerzos bien intencionados y construyendo una relación de confianza mutua, los históricos enemigos se han convertido en estrechos aliados”.

Y luego ingresa en el neblinoso espacio del análisis político, presentando como verdades asuntos que todavía están en discusión. Según el texto, la caída del Muro de Berlín hizo posible que se incorporaran a la Unión Europea varios países del centro y del este de Europa, abriendo una era de armonía en la historia europea. “La división entre el este y el oeste llegó a su fin, la democracia se fortaleció, muchos conflictos étnicos se han solucionado”, indica con temeridad.

Aunque admite de soslayo que el bloque está atravesando por graves dificultades económicas y financieras, no se pronuncia sobre el masivo rechazo popular a sus planes de ajuste fondomonetaristas para evitar la caída de los grandes bancos de la región.

El presidente del comité, Thorbjoern Jagland, al anunciar la decisión en Oslo, atinó a señalar: “Actualmente la UE sufre graves dificultades económicas y problemas sociales considerables. Este es un mensaje a Europa para que haga todo lo posible para asegurar lo que ha logrado y seguir adelante”, subrayó el noruego. Es decir, hizo votos para que el premio resulte, además, disciplinador.

Tras la Segunda Guerra Mundial y con el acuerdo de los seis países firmantes del Tratado de Roma en 1957, surgió la Comunidad Europea. Pese a las crisis que se produjeron durante su desarrollo, el proyecto se expandió hasta incluir a 27 Estados. De los países integrantes del bloque regional, 17 establecieron una unión monetaria conocida como la Eurozona.

Los cuestionados líderes europeos recibieron con algarabía la distinción, que dejó atrás las postulaciones de militantes humanitarios de todo el orbe, referentes solidarios populares de las más variadas zonas, e inclusive las Abuelas de Plaza de Mayo.

Las hondas fracturas en el seno de la Unión no fueron tomadas en cuenta, pues allí se hubiera debilitado el argumento solidario. Los países del Norte- Norte, orientados por Alemania, rechazan un apoyo genuino para los países del Sur, ahogados financieramente por una deuda excesiva y sometidos a políticas de “austeridad”.

El galardón está compuesto por una medalla, un diploma y un cheque de ocho millones de coronas suecas, unos 930 mil euros. La ironía de un líder sindical francés, al conocer la decisión, resonó potente: “un millón de euros más para los bancos”.

La UE sigue en la lista del Nobel de la Paz a las tres mujeres a las que se lo otorgaron en el 2011, la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, la también liberiana Leymah Gbowee y la activista yemení Tawakkul Karman. El presidente norteamericano, Barack Obama, lo recibió en el 2009 y el vicepresidente de Estados Unidos durante la gestión de Bill Clinton, Al Gore, lo ganó en el 2007.

Como podemos observar, este es un nuevo premio para la Tormenta del Desierto, las posteriores avanzadas sobre territorios árabes, el hostigamiento irregular sobre Libia y Siria, la participación en instancias desestabilizadoras en América latina, el cercenamiento de la libertad de prensa, entre otros logros compartidos por los Estados Unidos y la Unión Europea.

Siguiendo la tradición, la entrega de los premios Nobel se concretará el 10 de diciembre, en coincidencia con el aniversario de la muerte del químico sueco Alfred Nobel, en dos ceremonias paralelas. En Oslo se entregará el de la Paz y en Estocolmo los restantes. El mensaje ha sido transparente: Os lo decimos muy bien, apuntarían Les Luthiers. Y en cualquier boliche de arrabal, surgiría la respuesta directa, un tanto ramplona: Esto es el Colmo.


*Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica.

LA ACCIÓN SOCIAL ETÉREA NO PRENDE DONDE SE HACE POLÍTICA



*Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Mucho se viene hablando acerca de los sucesos de público conocimiento y en relación a los tejes y manejes que el grupo mediático dueño del clarinete lleva adelante, cual manotazos de ahogado, para que no se cumpla el democrático mandato plasmado en ley que encarrila el desbande mediático. El firmante encuentra mucha información, opinión, narrativas y argumentaciones más que prolijas y bien estructuradas en distintos espacios y reconoce que en el colectivo de significados circulantes hay mucho material para pensar muy bien elaborado. Basta ser responsable, no dejarse llevar por la voz del sentido común y comparar para elaborar un discurso propio.

A pesar del desbarajuste y los embrollos causados por los caga tinta del grupo, con poco, una tribuna de pensadores críticos de la realidad, intelectuales orgánicos, se las arreglan para separar la paja del trigo. Y todavía, quien escribe no puede dejar de asombrarse por la necesidad de tamaño esfuerzo, cuando debería quedar claro a todo aquel que cursó Educación Cívica, el significado de una ley emanada del Congreso Nacional y la gravedad de su no cumplimiento.

Como sea, este escrito procura correrse de la senda común que se ha trazado para contraponer, desde lo argumentativo, una narrativa diferente a la clarinetista, que es la oficial desde la mirada de las corporaciones económico-mediáticas. La idea es enfocar la cuestión desde otro lugar mostrando, gracias al uso de alguna categoría conceptual, el sentido y la táctica (nunca desvinculados) presente en el accionar de los medios afines al poder económico antidemocrático. Y dejar claro cómo la acción mediática corporativa opera en un sentido muy distinto que la llevada a cabo por quienes encarnan la política y lo hacen desde su faz más característica y esencial, la de ser capaz de transformar estructuralmente la vida de las personas para mejorar sus condiciones y expectativas a través de la praxis.

Se me ocurre que la diferencia entre la acción de los medios sobre la sociedad y la de quienes encarnan la praxis política en agrupaciones, espacios u organismos del estado puede verse con alguna claridad si se compara la acción social etérea y la concreta.

La acción social etérea, propia de los medios corporativos (pero no sólo de ellos sino también de ciertos espacios partidarios neoliberales o neoconservadores), es un tipo de acción estructurado a partir de la repetición de significados en un espacio virtual y con el sólo fin de influir en las subjetividades. Para operar principalmente sobre las consciencias debe realizar un primer paso, un truco gnoseológico. Debe considerar la consciencia separada del mundo material y lograr tal separación. Esto es fundamental puesto que la acción social etérea tiene que negar la realidad para colocar en su lugar, una funcional al relato. Por más etérea que sea la acción, ésta debe estructurarse en un relato homogéneo, coherente, en lo posible (siempre quedan grietas e intersticios por donde entrarle) consistente.

Entonces, lo que tenemos es un discurso que se impone a las consciencias individuales articulando escenarios que no dan cuenta de la complejidad de lo real ni intervienen sobre lo real mismo para transformar nada sino que reemplazan lo objetivo por una virtualidad surgida de una narrativa que realza todas los exabruptos del sentido común, ese que enfoca los procesos desde lo más simple y trivial.

La acción social virtual refuerza el núcleo común propio del discurso enajenado, solidariza en lo que es característico del uno heideggeriano. Como opera al nivel de lo simbólico con el fin de unificar formas de pararse frente a lo real, no procura ni tiene por fin una intervención sobre las cosas mismas. Eso queda para más adelante. A la espera de que una alternativa política funcional a los intereses del grupo (el que nunca se hace explícito en el mensaje) sí cambie las cosas o las vuelva a ordenar para que todo sea funcional a sus parciales perspectivas.

En resumen, se opera virtualmente sobre un colectivo social mediante un proceso de operaciones:
Primero se parte de un hiato entre la consciencia y la realidad. Luego se opera simbólicamente sobre la consciencia creando un escenario virtual para que se introyecte en el imaginario individual (que es social también y solidario con el uno). Posteriormente, se evalúa dicho escenario con categorías propias del uno, del sentido común que es siempre funcional a la derecha y los intereses de los grupos económicos concentrados. En último lugar se machaca para que el uno repita como loro y se abstenga de intervenir o retrucar. Y repita lo que el uno dice para que todos los unos se hallen en sintonía con el medio.

A este tipo de accionar social se contrapone el que es propio de quienes llevan adelante una praxis política que articula los significados con las prácticas sociales, el imaginario popular con las transformaciones necesarias para cambiarle la vida concreta a las personas. Desde una lenta marcha sobre los problemas concretos, un grupo de sujetos políticos y politizados, de diferentes agrupaciones y con formaciones distintas en el plano ideológico trabaja, codo a codo, para que la teoría y la práctica no se desvinculen. Y el resultado es que logran realizar cambios pequeños, medianos y grandes que logran otro tipo de multiplicación en un nivel más simbólico pero nunca desligado de lo concreto.

Es en el espacio de la acción social concreta que el discurso virtual hace agua. Porque no encuentra el espacio para hallar una consciencia desvinculada de la practica y los problemas concretos. Y es éste el escenario que debería ampliarse para que el discurso virtual no prenda. Y ese multiplicar se realiza desde una praxis política transformadora que pondere que nada en la sociedad cambia si no cambia su anatomía, si no se apunta a desarticular una economía que fabrica pobres si queda en manos de los grupos concentrados.

EL SOCIALISMO AVANZA EN AMÉRICA LATINA

*Por Pedro Valci

El 7-10 es la antesala del 7-12, al menos en la cara de Lanata, que hoy se auto espía y para poder seguir en tapa inventa una de policías, como añorando ser al menos 007, ya que como vocero de “patrón” le va mal.

El otro escándalo, la trouppe de los “veedores” que fueron a ser de RRPP de Capriles, y de las segundillas de notas y comentarios en TODO NEGATIVO y de los que hablan loas del sistema electrónico electoral venezolano, cuando no hace mucho decían barbaridades de su posible aplicación en la Argentina, todo porque Carter lo certifico. Es obvio que no pueden decir que no, a lo que el Imperio da por bueno.

Por otra parte el 44% y chirolas, nos dice que esta lucha va a ser larga, venimos avanzando paulatinamente en la America Morena, pero aun están ahí, heridos pero están. Una jornada brillante de un pueblo que salio a marcar la cancha nuevamente, y al que en alguna oportunidad, vamos a tener que pedir perdón por los conceptos del multimedios contra el. No les basta con ser destituyentes acá, sino que lo intentan descaradamente en países hermanos, no es la única vez.

Cuando decíamos no hace mucho que faltaba la consolidación territorial, nos miraban mal y nos acusaban de anti K, lo de Venezuela es la prueba fáctica de esa acción, Hugo no tiene a chicos bien detrás del buró, sino a militantes territoriales que han sensibilizado cada lugar y que a la hora de movilizar, producen este efecto masivo que aplasta a la Derecha.

No manda con las manos vacías a estos militantes a hacer su trabajo, sino que tiene un presupuesto político acorde para consolidar cada territorio. Sí leyó HUGO CHAVEZ a PERÓN, y sí es su mejor alumno, y un claro ejemplo de la Comunidad Organizada, libro que acá no pusimos aún en practica y duerme el sueño de los justos. Sí, y me consta Hugo Chavez le da a sus compañeros el manual CONDUCCIÓN POLÍTICA, mientras que acá es un buen descanso en las bibliotecas.

La historia nos esta devolviendo a un libertador, ayer desde acá José fue por Simón, hoy 7-10 Hugo va a ser la vuelta de esa gesta, como lo dijo anoche a la COMPAÑERA CRISTINA.

CHÁVEZ, HACIA LA VICTORIA

La columna de política internacional de Raúl Isman anticipó el triunfo popular bolivariano ya consumado y trató los inocultables límites a la democracia en Europa.

Hubo un espacio para el merecido homenaje al historiador Eric Hobsbawm, fallecido ese mismo día.



LA DESCOLONIZACIÓN CULTURAL: HARVARD NO NOS SIRVE

Por Ana Jaramillo*

“Los internacionales europeos se disfrazan de universales. ¡Ideal de la humanidad! Esa es una irrealidad que no ha existido nunca sino como un producto artificial y falso del romanticismo francés (¡oh!, ¡ingrato Rousseau!) y que las naciones no han practicado jamás, ni hoy ni antes. Imaginaos un poco al Imperio Romano o al Imperio Británico teniendo por base y por ideal el altruismo nacional. ¡Qué comedia!”

Franz Tamayo[1]


Ante la poca sutileza en la interpretación de una ironía, sorna o chicana dirían en el barrio, y de la operación política mediática que se hiciera sobre el discurso de la presidenta en la Universidad de Harvard, quienes nos dedicamos a enseñar e investigar nuestros problemas para contribuir a su solución, seguimos creyendo que es necesario descolonizar el imaginario sobre la uniformidad universal e histórica de las instituciones universitarias.

No existe “la Universidad”, existen “universidades” que tienen distintas misiones, métodos de enseñanza y funciones acordes a la época y al lugar en el que se sitúan. Las primeras universidades se crearon en Europa hace más de mil años y se dedicaban a interpretar la verdad teológica, a traducir los textos sagrados. Los clérigos eran los pocos que sabían leer y escribir, los ciudadanos no existían. Reyes, príncipes y clérigos eran los estamentos poderosos que enseñaban la verdad caída del cielo. Por eso Jauretche nos decía que la universidad argentina no podía ser como la de Sumatra o Borneo y le podemos agregar la de Harvard, u Oxford o Cambridge. La presidenta lo sabe, por eso creó nuevas universidades en el conurbano.

Se sigue queriendo uniformar, evaluar y calificar a las universidades con parámetros racionalistas y universales a través de una razón abstracta sin historicidad ni territorio. Harvard no sirve para el conurbano bonaerense, no sólo porque es otra realidad con distintos problemas, no sólo porque no cobramos miles de dólares, sino porque acá no enseñamos a dominar el mundo, no enseñamos para la especulación financiera o la dominación usuraria y tampoco para la dominación bélica de otros pueblos que no son como nosotros ni tienen nuestros problemas. Enseñamos a resolver nuestros problemas para construir una patria más justa, a desarrollar nuestra industria y a consolidar nuestra soberanía nacional y popular ampliando día a día los derechos ciudadanos en la construcción de nuestra identidad.

Desde 1949, nuestras universidades son gratuitas a fin de permitir el acceso masivo de nuestros jóvenes a los estudios superiores. Las sostiene todo el pueblo argentino teniendo claro que es una inversión necesaria para el desarrollo y para la construcción cada vez más equitativa de nuestro país. Lanús tampoco serviría a Boston.

Ya en 1910, el boliviano Franz Tamayo escribía la Creación de una pedagogía nacionalabogando por cambiar los métodos pedagógicos para que sirvieran a su pueblo y su país tomando en cuenta la historicidad particular. Para él, la pedagogía ha sido una labor de “copia y calco”, hay que formar bolivianos concluye y no “jimios franceses o alemanes”.

Giuseppe Cacciatore, sostiene que se puede “proceder el antídoto contra la degeneración dogmática del universalismo: la necesidad pues, de que la dimensión general no se separe nunca de la historicidad determinada de las naciones civiles y del irreductible patrimonio de las diferencias histórico-culturales de cada comunidad”.

El eurocentrismo y sus pretensiones universalistas con el optimismo del progreso perenne lineal y ascendente del género humano, conlleva el peligro de que sus normas uniformantes y sus estructuras supranacionales se transformen en abstracciones e idolatrías y aplasten “las diferencias nacionales, para no mencionar los millones de víctimas de carne y hueso que en este siglo fueron inmolados en nombre de esas doctrinas universalistas”[2].

El historicista Benedetto Croce había explicado en su Historia de Europa que “La idea de la nacionalidad, opuesta al humanitarismo abstracto del siglo precedente y a la obtusidad que hacia la idea de pueblo y patria mostraban hasta escritores como Lessing, Schiller y Goethe, y a la poca o ninguna repugnancia que solía sentirse por las intervenciones extranjeras, quería promover a la humanidad a la forma concreta, que era la de la personalidad, tanto de los individuos como de los complejos humanos, unidos por comunes orígenes y recuerdos, costumbres y actitudes, de las naciones ya históricamente existentes y activas o de las que despertarían a la actividad; e intrínsicamente no oponía barreras a las formaciones nacionales cada vez más amplias y comprensivas, pues “nación” es un concepto espiritual e histórico y, por lo tanto, en devenir, y no naturalista e inmóvil, como el de la raza. La misma hegemonía o primacía que se reivindicaba para este o aquel pueblo…., era teorizada como el derecho y el deber de ponerse a la cabeza de todos los pueblos para convertirse en apóstol de la civilización” [3].

En Argentina, Arturo Jauretche[4] se ocupó también del colonialismo cultural y nos decía que ““La intelligenzia es el fruto de una colonización pedagógica...La juventud universitaria, en particular, ha asimilado los peores rasgos de una cultura antinacional por excelencia...en la Argentina, el establecimiento de una verdadera cultura lleva necesariamente a combatir la “cultura” ordenada por la dependencia colonial...El combate contra la superestructura establecida abre nuevos rumbos a la indagación, otorga otro sentido creador a la tarea intelectual, ofrece desconocidos horizontes a la inquietud espiritual, enriquece la cultura aún en su aséptico significado al proveerla de otro punto de vista brindado por las peculiaridades nacionales”...Sólo por la victoria en esta contienda evitaremos que bajo la apariencia de los valores universales se sigan introduciendo como tales los valores relativos correspondientes sólo a un momento histórico o lugar geográfico, cuya apariencia de universalidad surge exclusivamente del poder de expansión universal que les dan los centros donde nacen, con la irradiación que surge de su carácter metropolitano”.

Creemos que a fin de construir una epistemología de la periferia así como para intervenir en la realidad de nuestras naciones, debemos descolonizar los aún persistentes paradigmas europeístas y globalizadores en la educación, la cultura y también en la toma de decisiones políticas que pretenden ser universales ya que ellas no se aplican a sociedades imaginarias, racionalistas y universales.

Juan Bautista Vico, quien quiso encontrar la naturaleza de las naciones a partir de su ciencia nueva, entendió que la verdad que podremos alcanzar sólo surgirá de nuestra propia realidad y no de la vanidad de la Naciones ni de los Doctos iluminados por la Razón Universal. Una realidad donde las razones se cruzan con las pasiones en la creación histórica.


[1] Tamayo, Franz: Creación de la pedagogía nacional, Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia, 1910.


[2] Ibídem.


[3] Croce, Benedetto: Storia d´Europa, Adelphi, Milano, 1991


[4] Jauretche, Arturo: Los profetas del odio, Peña Lillo, Bs.As., 1992.



*Miembro del Instituto Nacional Manuel Dorrego. Rectora de la Universidad Nacional de Lanús. Doctora en Sociología. Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctorada en igual disciplina por la Universidad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Obtuvo también la maestría en Sociología en Flacso -México- revalidada por la UBA.


Gentileza de: NAC&POP

EL TURISMO INTERNO Y LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO


*Por Aurelio Argañaraz
Entre los datos que muestran la marcha ascendente de la economía nacional, superada la crisis de 2001, vemos los que miden el crecimiento del turismo interno e internacional.
Una tras otra, las sucesivas temporadas alcanzan cifras cada vez mayores, en todos los rubros. Evidencian la recuperación que pudo lograr, en un marco político favorable, una actividad que, como tantas otras, padeció la embestida de las políticas impuestas por el golpe militar, que los gobiernos democráticos no alteraron, hasta el final catastrófico de 2001. Como era previsible, el verano de 2002 fue penoso para los centros turísticos, como lo fue en general para todos los argentinos, con muy pocas excepciones.

Los ciclos históricos de expansión o de decadencia de la actividad turística deben llevarnos a una reflexión, que afecta el conjunto de los sectores involucrados en esta industria y las localidades que más dependen de esta actividad, si quieren defender sus intereses vitales, sin prejuicios ideológicos y sin aceptar la distorsión de visiones facciosas. Nos referimos a quienes subordinan la suerte del sector a la preservación del dominio de los núcleos de poder económico concentrado -generalmente opuestos al interés de las mayorías-, los cuales buscan garantizar sus negocios.

Es necesario determinar, ante todo, lo que ha pasado en estos años para comprender su influjo en el turismo interno, sin adjudicar sus logros, que son generalizados, a la destreza de la promoción de algún actor parcial. Dejamos a un lado el tema de las fluctuaciones del turismo extranjero, que responden a motivos cuya consideración excede los límites de este artículo, sin desconocer que existen razones compartidas para explicar los flujos en ambas áreas.

Pero conviene ir más atrás en el tiempo para ganar perspectiva y apreciar con claridad cómo se vinculan las conductas sociales asociadas con el turismo y la vida económica en general. Particularmente, cómo incide la orientación del Estado en la promoción o en la ruina de una industria que, por su naturaleza, involucra sectores sociales amplios y regiones enteras de todo el país. Adelantemos una obviedad: el turismo interno corre la suerte que corre el país. Tal como lo conocimos en el ciclo cerrado en 1976, fue un fruto del primer peronismo: una de las expresiones de la enorme transformación vivida por Argentina a partir del 45, que democratizó el ingreso y las conquistas sociales a favor de los trabajadores y de sectores de clase media que fueron adversos a ese benefactor, por sus prejuicios culturales.

Anteriormente, algo había hecho el radicalismo histórico y su democratización de la renta del país agrario. Hasta allí, sólo los pudientes gozaban de los viajes llamados de placer y el veraneo abarcaba, como mucho y pasada la década del 20, sólo el sector superior de las clases medias. Libre del peligro de la invasión posterior de las colonias sindicales y de la masa variopinta de los balnearios atestados y los comedores “por kilo”, esta elite gozaba en exclusiva soledad, hasta que la invasión de la plebe la impulsó a buscar más allá de las fronteras un supuesto estatus, desaparecido en este país de m…, ignorando la frase del conservador Bustillo, el creador de Bariloche, a cuyo juicio era “un deber conocer la Patria”.

Esa democratización de la sociedad argentina, junto con la uruguaya la más igualitaria de América Latina, tuvo (y tiene) su correlato en el turismo, generalizando el hábito de tomar vacaciones –con Perón se universalizan como jornadas pagas– y dando impulso a la creación de una infraestructura capaz de atender a una gran demanda, que requiere el concurso de miles de trabajadores y tiene efectos multiplicadores sobre otras áreas de la producción y los servicios, locales y generales, alimentando un típico círculo virtuoso. Este complejo, tal como ocurrió con otras áreas de la Argentina creada por la década de los gobiernos del general Perón, logró sobrevivir a las políticas regresivas posteriores al golpe de 1955, pese a la reducción del nivel de consumo de los sectores mayoritarios, hasta la entrada en escena de Martínez de Hoz y el ciclo neoliberal. El turismo interno sufrió entonces un ataque demoledor, producto de la política que hundió las empresas de capital nacional y dio lugar a la extranjerización del país y a niveles escandalosos de desigualdad y pérdida de la cultura del trabajo y la producción de bienes, con efectos en la actitud de nuestras mayorías que el cine recogió, por ejemplo, en el film La plata dulce.

Uno de los ingredientes de esa política destructiva es el atraso cambiario, la valorización artificial del poder adquisitivo de la moneda argentina… para el consumo de bienes que se producen afuera. Uno de ellos –la memoria colectiva nos excusa de dar estadísticas al respecto– fue el turismo: un aluvión de argentinos gastaba en el exterior los dólares que, en la ventanilla de al lado, le prestaban al país los “organismos internacionales”, para crear la ilusión de que éramos ricos (además de ser “derechos y humanos”) y evitar que cundiera la noción del robo que se perpetraba entretanto.

Los gobiernos que se suceden desde 2003 han invertido esa ecuación terrible para los sectores mayoritarios de la producción, los servicios y el trabajo argentinos. Asistimos, en estos días, a diversas medidas que tienden a dar continuidad al turismo, tal como la fijación de los feriados vacacionales. No obstante, los exitosos resultados de los últimos años se asocian, fundamentalmente, con el fomento a la producción y el consumo masivo. Consecuentemente, aquellos cuya subsistencia y prosperidad depende de que se sostengan las cifras actuales de la actividad turística deberían advertir que, contra toda suposición de que su interés los asocia a las clases minoritarias, los hechos prueban con meridiana claridad que su destino se liga al interés general y, para mayor concreción, a políticas de distribución del ingreso favorables a las grandes mayorías del país. La posibilidad inversa –los prejuicios sociales son ocasionalmente más poderosos que el interés material, mal que le pese al marxismo vulgar– implica pelear contra el progreso propio, disparar un centro contra el área propia y colocar la pelota justo en los pies del goleador adversario.


*Publicado en Comercio y Justicia en la edición del 22 de marzo de 2012

HISTORIAS PERONISTAS


El “Negro” Carlos
Comando Musical de la Resistencia Peronista



*Por Natalia Jareguizahar Serra

A la hora de resistir, mil y una maneras, infinidad de caminos, surgían de la inventiva peronista. Es que el sentimiento no sabe de cárceles ni de prohibiciones. No hay rejas capaces de encerrar el amor, ni barrotes tan fuertes como para detener el grito mudo de un alma convencida.

En tiempos de angustia que vivía el pueblo peronista, el destierro, los  largos y dolorosos silencios, las miradas bajas y la angustia que oprimía el pecho eran sentimientos comunes entre los compañeros. El dolor de no poder ser, lo que indefectiblemente, eran.

Como ya sabemos, el absurdo del odio gorila de los golpistas del 55, que había condenado al exilio al General y prohibido –expresamente, a través del decreto 4161/56- el uso y alusión a los símbolos y elementos distintivos del peronismo, la sola mención de Perón y de Evita, era castigada con la cárcel.

Los compañeros, golpeados, desorientados y desorganizados intentaban una y mil formas de luchas. Todas ellas, reflejaban lo que eran en esencia, parte de una revolución pacífica, que no deseaba el derramamiento de sangre sobre el suelo argentino.

Fieles representantes de un Movimiento que apunta a la unidad latinoamericana, a la soberanía, a la justicia social.

Atados al único dogma de los peronistas: la búsqueda del Pueblo feliz y la Patria grande, camino que debemos recorrer, enarbolando tres banderas: Soberanía Política, Justicia Social e Independencia económica.

El “Negro” Carlos, músico y militante, sufría casi en silencio, ese decreto imposible. Y digo casi, porque en algunas ocasiones, la sangre podía más que el miedo.

Sumaba pesos al presupuesto familiar, cuyo ingreso principal era el sueldo de un trabajo de oficina,  animando con su bandoneón bailongos, cumpleaños y peñas.

Tangos, milongas, gatos y chacareras empujaban al baile cuando sus rodillas castigaban al baqueteado fuelle y sus manos de mago le arrancaban sonidos imposibles.

Y en el pico de la fiesta, allá por el quinto o sexto vino, le brotaba el sentimiento prohibido que le inflaba las venas y el grito de “-¡...Y A MI QUÉ PUTAS ME IMPORTA EL DECRETO…! ¡...VIVA PERÓN, CARAJO...!” congelaba de golpe la bailanta para dar paso a los acordes estentóreos de una Marcha Peronista que convocaba a la rebelión.

Y eran muchos los que se prendían y cantaban la Marchita a voz en cuello y acabado el canto, bandoneonista y cantores se encaminaban solitos a los patrulleros o al camión celular, a pagar con unos días de calabozo el descaro y la violación de la ley que prohibía ser peronista.