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19 de agosto de 2012

ASSANGE AGRADECIÓ A LA ARGENTINA, ENTRE OTROS PAÍSES, POR SU SOLIDARIDAD

Assange agradeció a la Argentina, entre otros países, por su solidaridad 

El periodista australiano y fundador de Wikileaks, ofreció una conferencia de prensa desde una ventana de la embajada de Ecuador en Londres. Volvió a manifestarse en "defensa de la libertad de prensa" y pidió a las principales potenciales mundiales que "dejen ya la persecución a Wikileaks".


El periodista australiano Julian Assange, fundador de Wikileaks, agradeció hoy al pueblo y gobierno argentino y a los de otros países que se solidarizaron con su situación para evitar su arresto por la difusión de cables diplomáticos a través de internet.

Assange ofreció una conferencia de prensa esta mañana desde una ventana de la embajada de Ecuador en Londres que fue retransmitida por televisión a todo el mundo.

En ese marco, el periodista dijo que le "agradecía a los gobiernos de Argentina, Brasil y Colombia", entre otros países americanos por las manifestaciones de apoyo a su situación para que pueda llegar como refugiado a Ecuador y eludir el arresto previsto en Londres para extraditarlo a Suecia, donde tiene abierto un proceso judicial.

Assange volvió a manifestarse en "defensa de la libertad de prensa" y pidió a las principales potenciales mundiales que "dejen ya la persecución a Wikileaks".

El gobierno argentino expresó ayer su solidaridad con Ecuador que dio asilo diplomático a Assange y repudió la "amenaza" de Reino Unido sobre la posibilidad de irrumpir en su embajada en Londres para capturar a Assange.

La Cancillería indicó en un comunicado que "la República Argentina repudia las expresiones del gobierno del Reino Unido, amenazando con irrumpir en la embajada del Ecuador en Londres violando su obligación de cumplir con la Convención de Viena que establece la inviolabilidad de las sedes diplomáticas".

Además, consideró que "la amenaza entregada en forma escrita por la embajada británica en Quito pone de manifiesto una vez más la política del Reino Unido de ignorar las resoluciones emanadas por los organismos multilaterales así como las normas y leyes del derecho internacional".

"América Latina muestra con orgullo su tradición de reconocer el derecho al asilo y el respeto al mismo", sostuvo el texto y recordó que "miles de ciudadanos perseguidos por las dictaduras más abyectas del siglo XX encontraron refugio en las embajadas situadas en nuestro continente y pudieron rehacer su vida en países democráticos protegidos de las persecuciones sufridas en sus lugares de origen".


¡QUE RAZA, LOS ROMANOS!



Honrados pajarones

Sobre periodistas y periodistas


Por Gabriel Fernández *


La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha propuesto el debate sobre la ética y la responsabilidad periodísticas. Como corresponde con los temas fuertes, la iniciativa estuvo acompañada por un ejemplo claro: las coimas recibidas por el periodista Marcelo Bonelli para brindar informaciones asentadas en el interés empresarial.

En el año 2002, cabe recordar, una interesante manifestación se aproximó a las puertas del Canal 13 con el objetivo explícito de repudiar la acción comunicacional de Bonelli. Por aquél entonces, el involucrado defendía los derechos de los bancos ante los ahorristas y fomentaba la identificación de los manifestantes que luchaban por quebrar el liberalismo con saqueadores violentos.

La trayectoria de Bonelli resulta coherente en esa dirección. Su vida profesional ha delineado un sentido nítido: informa según el buen saber y entender del mejor postor. El mejor postor suele estar contra los intereses nacionales y populares, más allá de la algarada propagandística de Clarín, Perfil y La Nación en derredor de los dineros de algunos dirigentes políticos.

Todos sabemos eso, pero a la opinión zonza le calza mejor embestir contra el sindicalista que rasguña una parte de los ingresos de una obra social que contra la empresa que se queda con el conjunto de los beneficios de una actividad y, encima, los gira al exterior. O con los empresarios que mientras patalean por las paritarias aprovechan excedentes para adquirir el cuatriciclo de los chicos, la camioneta de la esposa y el convertible de la amante.

Hasta allí, vamos bien. Las cosas ordenadas y cada uno responde orgánicamente a su franja. Pero el asunto es delicado y vale una consideración especial al respecto. Porque no todos los periodistas con formación liberal en la Argentina “son” Bonelli. Ni Neustadt, ni Grondona, ni Lanata. Hay muchos otros, encuadrados dentro de aquella caracterización, ideada genialmente por Arturo Jauretche.

El concepto de zonzo guarda una sutil equivalencia con el de alienado. Entender esto es central: hace referencia a aquellas personas que, pese a no beneficiarse con la acumulación empresarial ni con la desnacionalización, apoyan esas acciones. Se dirige a los trabajadores, comerciantes, pequeños empresarios que, pese a quedar doblegados por el poder económico, prefieren atribuir sus dificultades a “los negros”: Sindicatos, desempleados, piqueteros, activistas . . . políticos.

Existe una distancia apreciable entre esos pavos, y el gran empresario junto a sus cómplices (el dirigente entreguista, el periodista corrompido, el sindicalista propatronal); estos son parte consciente y beneficiada de la política liberal, por eso la impulsan y la sostienen, y por eso difunden mediáticamente las informaciones y los análisis que tienden a potenciarla.

El periodismo, como las distintas actividades que configuran la sociedad, no está fuera de este juego en el cual unos pocos vivos se enriquecen y unos cuantos zonzos hacen de coro repitiendo ligeramente conceptos cuya elaboración desconocen. Entonces, es pertinente apuntar: aunque el daño ante la opinión pública pueda resultar semejante, no es lo mismo ser explotador y entreguista que un honrado pajarón.

La disposición de una ley que busque prevenir la tergiversación intencionada de la realidad es un verdadero problema. Concretamente, resulta muy difícil certificar cuándo alguien “cobra” por decir algo y cuándo cree sinceramente en lo que está manifestando. Esta es una conclusión a la cual llegamos tras muchos años de recorrer medios y redacciones, y de conocer a los más variados colegas con las más diversas orientaciones.

Vamos más lejos. Habitualmente, como tenemos la práctica de corroborar las informaciones que brindamos y de ahondar en las opiniones que vertimos, muchos periodistas estamos convencidos de su veracidad y su razón. En el debate cotidiano, podemos llegar a suponer que aquellos profesionales que contrastan o desmienten nuestro material, han sido comprados o apretados para que lo hagan, porque “tan tontos no pueden ser”.

Bien, aunque resulta natural, y si se quiere positiva, la convicción con la cual ofrecemos nuestra información y nuestra interpretación, es preciso admitir por duro que sea, que los circunstanciales adversarios pueden estar genuinamente convencidos de lo que están ofreciendo. Aun en circunstancias difíciles de digerir. Veamos.

Hay severos cuestionamientos a las políticas gubernamentales que se originan en maniobras comunicacionales disparadas por las empresas del área, con el objetivo de malversar la realidad e incidir negativamente sobre la población. Cargar sobre esas corporaciones, se nos ocurre justificado, entendible y loable.

Hay periodistas que, sin poseer un rango editorial en esos medios ni tener vínculo alguno con las empresas beneficiarias de tales acciones, se suman a esas campañas debido a que fueron forjados desde la más tierna infancia –que rara vez abandonan- en un liberalismo adocenado. Hablan de la libertad de mercado, del gasto público y de la “política” como si fueran propietarios de una gran compañía financiera.

Son unos salames, pero no son delincuentes. Como los ingresos irregulares de algunos periodistas son, precisamente, irregulares, pues llegan a sobre cerrado y sin blanqueo alguno, es realmente complejo determinar hasta qué punto encarnan una labor desestabilizadora y antidemocrática gestada a raíz de campañas pagas y bien articuladas, y cuando son, apenas, rebotes cocinados y argumentados por los otarios que Scalabrini Ortiz detectara sin equivocarse.

“¡Qué raza, los romanos!” decía en La Vida de Brian aquél detenido engrillado… precisamente, por los romanos. En las cercanías, en tantas radios, diarios, agencias y canales, circulan hombres y mujeres así, que apoyan a quienes los perjudican. Hablan y escriben a favor de aquellos que se cargaron la nación durante 30 años, y pretenden volver a hacerlo.

No es una medida judicial la que necesitamos en ese punto, sino una profunda batalla política y cultural.

Eppur si muove, claro: Bonelli, si, es un vulgar coimero.


*Director La Señal Medios

GORILAS Y GORILISMO: génesis, historia y actualidad de un concepto persistente (II)

*Por Raúl Isman


“A veces los he visto fríos e insensibles.
Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que
siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras”.
Eva Duarte (de Perón).¿a quienes se referiría?





Crítica de la
(i)racionalidad gorila

En el presente texto continúa las líneas desplegadas en la primera parte que puede consultarse desde http://www.redaccionpopular.com/articulo/gorilas-y-gorilismo-genesis-his....

El punto de partida del análisis esta sintetizado en el epígrafe de José Pablo Feinman trascripto en el comienzo de la primera parte ya citada. No existe mejor realización- al menos en lo inmediato- para los intereses del pueblo argentino que la (aún inacabada) posibilidad de crear un estado con fuerte capacidad de intervención social para profundizar el rumbo productivo-industrial de la economía, limitar el imperio de las fuerzas correspondientes al poder económico, proseguir la redistribución del ingreso y moderar los efectos más graves de la desigualdad social. En la medida que se vaya concretando tal proyecto, seguramente la correlación de fuerzas entre las clases permitiría avanzar más a favor de las fuerzas populares. Semejante formación estatal es la única herramienta en condiciones de ponerle límites a los oligopolios que se enseñorean con los recursos productivos y naturales del país y lucran con las necesidades populares. Y de negociar con mínimas condiciones de dignidad frente a los grandes poderes globalizados. Una encuesta- realizada por una consultora neoliberal y glosada por el matutino Página 12 del 5 de agosto de 2012- finca precisamente en el rumbo industrialista y "dirigista" las causas de la centralidad política del proyecto nacional, popular y democrático, en general, y de la figura presidencial, particularmente. Nada casualmente la reacción neoliberal procedió a demoler la capacidad de gestión económica estatal; desde el golpe genocida en 1976, por no hablar del latrocinio menemista en los '90. La comprensión de las coordenadas enunciadas es vital, ya que a la luz de lo dicho, la oposición de Fernando Solanas resulta- pese a su parafernalia linguística muy falsamente nacional y popular- claramente gorila; ya que se alía de continuo con fuerzas sociales y políticas claramente primates. Y por cierto y sin agotar los ejemplos, la coalición cínica de Carrió, o la mayoría de la Unión Cívica Radical (U.C.R.), o el neoliberalismo P.R.O.(cesista) MACRISTA de tan antipopulares que resultan se desplazan entre las lianas.

Pero siempre se agregan contenidos nuevos, que no modifican lo esencial de la caracterización que hemos realizado. Por ejemplo, a comienzos del primer mandato de Kristina nuestros republicudos de pacotilla no dijeron ni media palabra acerca de la insólita y medieval negativa vaticana a conceder el placet de rigor al nuevo embajador argentino en la ¿santa? sede por el "horroroso" pecado de ser divorciado. Es consabido que al estado papal y a la iglesia les incomoda mucho más un laico divorciado que un sacerdote violador de niños. La preeminencia del estado secular y la ley civil frente al feudal y retrogrado ordenamiento jurídico y político religioso es un pilar en toda verdadera tradición liberal y republicana. Pero para nuestros truchos defensores de las instituciones la única libertad que merece la pena es la de precios y el derecho de los ciudadanos argentinos a vivir en un estado laico (sin imposiciones inquisitoriales) queda para las calendas griegas (¿o romanas?).

En realidad, con el discurso opositor se verifica una nueva vuelta de tuerca a la zoopolítica; en razón de tratarse de estrambóticos rebuznos contra el “autoritarismo“ gubernamental y un supuesto proyecto de partido único. No se conoce ningún intento tendiente a aprobar una ley que proscribiera a los demás partidos políticos. Tampoco decreto. ¿De qué partido único hablan? Todas las fuerzas políticas mencionadas tienen sus locales legales, están muy lejos de actuar en la clandestinidad, acceden profusamente a los medios de comunicación ligados a influjos clarinescos donde los representantes del oficialismo parecen estar proscriptos, se reúnen públicamente en cuanto sitio desearen, no sufren persecución policial alguna.. Curioso proyecto autoritario de partido único es el gobernante. Es que para sacar patente de democrático. ¿El Frente para la Victoria debería regalarle votos, espacios políticos, militantes y recursos a la raquítica oposición? No pueden pretender que el gobierno nacional imponga por la fuerza que las liliputienses formaciones políticas opositoras se nutran de seguidores. En rigor, la letanía del partido único no pasa de ser un hipócrita lamento de la oposición tendiente a no realizar la correspondiente autocrítica por causa de su miseria político-intelectual con consecuencias electorales. Por otra parte, se puede argüir muchas cuestiones acerca del peronismo, pero no que se trate de una pléyade de buenudos como para obsequiarle a los opositores la figuración que no pueden construir por si mismos….

En tren de seguir refriéndonos a los rebuznos u aullidos gorilas, comencemos por el análisis de los hipócritas lamentos de viuda apesadumbrada prorrumpidos por los restos mortales de la fuerza creada a fines del siglo XIX por Leandro N. Alem e Hipólito Irigoyen. Llamados a prudente silencio luego del severo traspié electoral sufrido en el 2011; pronto volvieron a ocupar sus lugares en el teatro de títeres de Héctor Magnetto, donde prosiguen con su prédica pre -comicial compitiendo Ricardo Alfonsín contra Ernesto Sanz, el soja diputado Oscar Aguad o Gerardo Morales por el premio al gorila del mes. Sería necesario el espacio de una enciclopedia para recopilar las églogas al gorilismo compuestas por tan poco inspirados vates. Pero sin dudas que harían sonrojar al fusilador Pedro Eugenio Aramburú o al correligionario Ernesto Sanmartino, aquél que llamase aluvión zoológico a los obreros que gestaron el 17 de octubre de 1945. En los tiempo que corren el objetivo de máxima de la U.C.R pasa por evitar que pueda ser reformada la Constitución Nacional de modo de obstruir la posibilidad que Kristina pudiere ser reelecta. Es natural, hay cuarenta puntos porcentuales entre la presidente y cualquier candidato radical y la tendencia es que la diferencia se agrande más que disminuya.

La doctora Carrió y sus secuaces (seguidores) parecen esmerarse en concursar por un cetro de campeones mundiales de gorilismo. En rigor, encontró su nicho electoral en la opinión cerradamente antiperonista y machaca para construir desde allí. Es sabido que un paradigma del discurso gorila fue el occiso y fusilador almirante Isaac Francisco Rojas. El mencionado era autor o difusor de una idea que podría parecer cándidamente ingenua; si no fuera en realidad groseramente siniestra: la creencia que el pueblo argentino había sido engañado por el “demagógico” Perón y que la llamada revolución libertadora vendría a emancipar a nuestro pueblo de tamaña tiranía. Los trabajadores- no obstante- no desearon jamás la supuesta liberación y el peronismo continúa siendo su opción preferencial; pese a que en caso que los sujetos subalternos avizorasen otras opciones, podrían contemplarlas, analizarlas, y hasta hacerlas (temporariamente) suyas. 

Como puede ver cualquier lector, no otra es la raíz de la idea carrioista que el pueblo no es libre, ya que se halla esclavizado por los planes sociales implícitos en las prácticas del clientelismo. Un elitismo sin fundamentos reales (¿de donde sacó su supuesta superioridad intelectual Carrió, si es apenas expresión del pensamiento más vulgar?) unido al supino desprecio por los verdaderos sentimientos de los sectores populares le vedan comprender que la gestión de los Kirchner- si bien puede haber utilizado los mecanismos clientelares- basa su popularidad en el hecho que arbitró todos los mecanismos para lograr una mejoría sostenida del nivel de vida popular bajo la forma de crecientes derechos para las mayorías. Además, el uso de la dadiva fue en constante decrecimiento durante la etapa 2003-2011. Y por todas las razones señaladas, los antaño llamados descamisados o cabecitas negras le otorgaron en las legislativas del 2005 y las presidenciales del 2007 y el 2011 un respaldo casi unánime. Una curiosa variante del conocido gorilismo carrioiano lo constituye su reivindicación (retórica) de la figura de Evita. ¿Acaso no es dable imaginar que cada vez que nombra a la segunda esposa del general debe hacer los cuernos o cruzar los dedos, bajo la mesa? Pero además, lo fundamental es destacar que se trata de una Eva muerta de contenido sustancial, por fuera de su relación con el proyecto y la figura de Perón, una especie de señora gorda equivocada. No hay dudas que se trata de una mentira y una hipocresía más; algo así como la actitud de los nazis que- para ocultar vergonzantemente su condición de tales- afirman tener un amigo judío.

La autogenerada fama de Carrió (consistente en exhibir capacidad académica) sucumbe frente a un mínimo análisis de sus discursos. No sólo muestra ignorancia insalvable en las ciencias sociales, también su discurso parece oscilar entre los efluvios alcohólicos o los delirios psicóticos. Recordemos que hace algunos años denunciaba a Kirchner por nazismo. Transcurrido semejante tiempo de su denuncia; en caso de ser cierta, debería haber marchado al exilio so pena de que la ”soldadesca kirchneriana“ le hiciese perder la vida luego de horribles tormentos. Pero no. Sale del país para retozar cual grácil hipopótamo en Punta del Este y sus regresos no se dan precisamente en la clandestinidad, como ocurría con quienes realmente resistían a la auténtica barbarie nazi o fascista. Sería bueno que Carrió cotejase sus ideas en tal sentido con historiadores realmente conocedores de la temática de marras, como el británico Ian Kershaw, por citar sólo un ejemplo. Por nuestra parte, hemos analizado críticamente con cierto detalle el fenómeno recién comentado del epíteto de nazi lanzado oportunamente contra Kirchner en un texto al que remitimos al lector interesado:
http://www.rebanadasderealidad.com.ar/isman-06-01.htm

Muestra así Carrió su dependencia conceptual y cultural de la oligarquía vacuna, al modo que ya hablaba Arturo Jauretche desde hace más de medio siglo. Nada casualmente declaró que la única oligarquía que conoce es la dirigencia política que- en su opinión- vació el país. En este caso, ocultar la propia existencia de una clase social- que ha sido gestora, entusiasta protagonista y apoyo decisivo para los peores golpes de estado en nuestra historia- es nada más que un modo vil de hacer su apología. Además, su persistencia en pedir una reducción del crecimiento económico y el consumo (bajar la demanda) la coloca invariablemente en el campo cultural de los neoliberales, partidarios de “enfriar“ la economía como modo de reducir la inflación. ¿De qué modo disminuiría la pobreza si la economía decrece? No lo dice la paquidérmica republicana, pero seguramente debe pensar en apoteosis morales, rezos grupales y homilías del cardenal Bergoglio. Conclusión: si postula para resolver la inflación las mismas recetas térmico-climatológicas (enfriar la economía) que los economistas neoliberales, su proyecto es tan enemigo del pueblo como el de los citados intelectuales orgánicos al servicio del imperialismo.

Por otra parte, la intención de Carrió de disolver la figura e importancia política de la actual presidente muestra una nada casual sintonía y afinidad con las fuerzas más reaccionarias y golpistas de la historia política argentina. Para peor, presentando como muestra de objetividad, lo que no es más que la pretensión de la peor derecha de instalar la percepción de un supuesto vacío de poder. Así lo afirmó frente a un complacido Joaquín Morales Solá, subrayando la condición de objetivo de su análisis y culpando a los Kirchner de lo que no es más que una pretensión subjetiva de las fuerzas reaccionarias. Por fortuna, la imagen positiva presidencial crece y en un mundo aquejado por las turbulencias económicas externas, en la Argentina parecemos estar aislados relativamente de la crisis. Lo cual es atribuible en gran medida al modelo productivo implementado luego de la devaluación del 2002y al coraje e iniciativa políticas de la conductora y presidente. Por otra parte, nunca está de más recordar que cuando existían situaciones de debilidad del ejecutivo (vacíos de poder), las tribulaciones económicas populares se agravaban. De modo que la pretensión de instalar dicha situación no es más que una de las tantas medidas de la construcción política urdida por la derecha para bloquear, paralizar y derrotar al proyecto democrático, nacional y popular claramente hegemónico en el pueblo. Y el hecho que Carrió lo amplifique no es casualidad permanente, es complicidad con la peor derecha, sin más.

En los días que corren se dedicó del modo más avieso que pueda imaginarse a fundamentar con su aire de maestra ciruela una de las peores operaciones de Clarín. Para cerrar el tema de la mezcla de gorila con hipopótama véase http://www.redaccionpopular.com/articulo/el-regreso-del-agente-naranja
La infrascripta pretendía colocarse en el sitio de única opositora. El electorado en el 2011 la abofeteó, la defecó y la orinó de modo gráfico y copioso. Pero como los partidarios, seguidores, militantes y referentes del proyecto nacional no somos ni autoritarios ni adoradores del partido único, no le negamos su derecho a oponerse al amplio movimiento de reconstitución de la nacionalidad y de los derechos del pueblo que recibió más del el 54 % de los votos hace menos de un año. Ni tampoco a una eventual autoreivindicación de su merecida condición de “Gran Gorila”. Lo que no es justo es que pretendiere ningunear a otras variantes opositoras, como la de Macri o Binner, que pueden construir iniciativas políticas a favor de sus respectivos proyectos, que gobiernan distritos importantes y/o carecen de la capacidad diatrogénica de la ex dirigente del A.R.I. En lo que sin dudas se parecen a la obesa gorila es un su incapacidad para formular ninguna acción seria para favorecer al pueblo.

Antes de analizar las bases sociales y culturales del gorilismo actual nos referiremos a algunas declaraciones de una puntera estratégica (muy pronto) ex de la coalición cínica: Patricia Bullrich Luro Pueyrredón. Ex militante de la llamada tendencia revolucionaria del peronismo, cuando el justicialismo mudó casi en bloque sus posturas hacia los programas, pautas y valores de la derecha neoliberal, asumió sin cortapisas la defensa incondicional del poder económico, desde diversas posturas político-ideológicas. Fue Menemista, Cavallista, De La Ruista, (por) ahora es Carrioista y ya comenzó una larga marcha hacia el Pro. Lo común de tales posiciones es su odio feroz a la verdadera democracia y al propio pueblo; al que desea ver sometido por entero a los poderes globalizados. Pero los memoriosos no pueden olvidar como en 1995 (segundo período de Menem) defendía a capa y espada la ley universitaria con que el neoliberalismo quería consagrar la exclusión de vastos sectores de la educación superior. Si, fue durante el segundo período del riojano; del cual se alejó- según patito B- cuando descubrió la corrupción. Si necesito un sexenio para percibir corruptelas durante la vigencia del califato anillaquense no puede decirse que tenga un olfato particularmente agudo y veloz. En realidad fue cómplice del latrocinio contra el patrimonio nacional y lo sigue siendo de sus mandantes, responsables y ejecutores. Todas sus declaraciones están tomadas de un reportaje que concedió al matutino Página 12 del 16 de febrero del 2007.

“Kirchner instrumenta un PJ como herramienta de consolidación del poder”. Curiosa crítica, pero nada inocente. Si se escarnece lo propio y natural del juego político (la búsqueda del poder); será difícil la construcción de un estado que pudiere defender el nivel de vida popular de los poderes globalizados o de las turbulencias financieras internacionales. Pero las verdaderas intenciones no se limitan a paralizar la actividad política. Persiguen el extraño objetivo de hacernos creer que una minoría del electorado es más democrático que 54 de unidades porcentuales. En su opinión: “La Argentina va hacia dos espacios muy claros: uno de la democracia participativa y el cambio contra otro de lo conservador y de la corporación.” Ausente o fugada cualquier fundamento acerca de porqué la coalición cínica es democracia participativa, salvo que se considere paradigma de la referida democracia participativa al dedo demiúrgico de Carrió, “fuente de toda razón y justicia” democrática. Jamás hubo elección interna ninguna en la citada fuerza política y la participación democrática se redujo a decir genufléxamente si Lilita, frente a las arbitrariedades e imposiciones de la fundadora. Quienes no aceptasen los ukases carrióisticos, veían sus distritos intervenidos o debían salir de la coalición. Por otra parte, faltan también razones acerca de porqué una fuerza construida con un economista de la banca globalizada (Alfonso Prat Gay), una hija de empresario neoliberal (María Eugenia Estensoro), diversos jóvenes petulantes (Adrián Pérez) o una derechista contumaz (la propia Bullrich) es más avanzada que un espacio en el que participan las madres de Plaza de Mayo o hijos de desaparecido nacidos en cautiverio o parte de las organizaciones sociales que resistieron la barbarie neoliberal. Sólo desentona en la monocromía ferozmente derechista de la coalición un dirigente de los desocupados de La Matanza, cuyo triste papel es disimular tanto reaccionarismo circundante (y agobiante). 

Por cierto que la ausencia de fundamentos se debe a que Patricia no desea polemizar y menos con sólidos argumentos. Ella está sólo para difundir el discurso dominante. Así, se manifiesta contra “la corporación”. ¿Una multinacional? No, faltaba más. Se refiere al sindicalismo. Y en rigor no se trata sólo de la crítica al moyanismo (en Hugo Moyano personificaba sus denuestos, ahora silenciados por causa del pase del camionero hacia la oposición) o variantes similares. El objetivo es demoler toda posibilidad de resistencia colectiva por parte de los trabajadores contra las imposiciones del capital. Nada casualmente, los trabajadores que padecen el nivel de vida más deplorable son los no registrados (llamados en la Argentina “en negro”). Es decir, los que carecen de organismos colectivos que los representen desde el punto de vista económico y social. Surge claramente que los sindicatos son un- relativamente eficaz- modo para que los asalariados defendieren sus reivindicaciones, más allá de que efectivamente existen prácticas sumamente criticables en las organizaciones gremiales. Pero lo cierto es que la crítica de Bullrich- al intentar ilegitimar toda actividad sindical- busca tirar el agua sucia junto con el bebe y, de tal modo, conecta claramente con las necesidades de los empresarios, no ciertamente con las de los trabajadores. Tanto la dirigente mencionada como los empresarios beneficiados por la oleada neoliberal que soportó nuestro país en los ’90 no demostraban similar antisindicalismo cuando la mayoría de la C.G.T. era cómplice del genocidio neoliberal.

En rigor a la verdad, las verdaderas divisiones que atraviesan nuestra sociedad no es sólo el formal enfrentamiento peronismo-antiperonismo, si no quienes desean crear una sociedad lo más integrada socialmente posible y quienes desean mantener o profundizar la marginalidad. Para superarla es preciso fortalecer la capacidad de intervención estatal. Nada de esto anima a Bullrich, para quién el enfrentamiento es “corrupción versus transparencia.”. Ya hemos argumentado fehacientemente acerca del verdadero contenido e intenciones del discurso anticorrupción, por lo cual cerraremos nuestra breve recorrida por las posiciones de la coalición cínica- una fuerza al servicio de la difusión de las elaboraciones del poder económico- con su visión del problema inflacionario. La derecha agita constantemente la cuestión referida a los incrementos de precios de modo de invisibiilizar otras cuestiones (como la pobreza) y de confundir asimismo la comprensión del propio fenómeno inflacionario. Dice Bullrich que:
“Nos basamos en el 26 por ciento de inflación real del año pasado. Y vamos a empezar a tener un índice propio, para decirle a la población cuál es la inflación real”. Lo que omite es, en principio, cual es el origen de la temida inflación; que no es otro que la oligopolización de la oferta de bienes, particularmente los de primera necesidad. Por otra parte el poder económico busca mediante el sencillo mecanismo de aumentar el valor de los productos mantener e incrementar su preponderancia en la puja distributiva. Además, no es lo mismo que exista inflación con recuperación de ingresos populares (lo cual es el caso del modelo actual) que sin él. O estabilidad de precios con decrecimiento económico y empobrecimiento popular, como en tiempos de la convertibilidad (1991-2002). ¿Casualmente?, un proyecto antinacional y antipopular que Bullrich aprobó y defendió a capa y espada bajo diversas adhesiones políticas a lo largo de su cambiante carrera. Mirando brevemente la historia argentina es preciso concluir que la etapa de mayor nivel de vida para el pueblo fueron los dos primeros períodos presididos por el general Perón; etapas inflacionarias, por cierto. Y que en la época de Menem la inflación fue utilizada para legitimar un muy doloroso purgante administrado bajo la forma de plan económico, cuyos resultados han sido analizados vastamente. Por ejemplo en nuestro librohttp://www.redaccionpopular.com/articulo/la-insoportable-levedad-de-los-...

Conclusión, si bien los sectores populares deben tratar de mantener el poder adquisitivo de sus ingresos, la mirada central debe dirigirse a que los problemas decisivos son la desigualdad social, la pobreza, la impunidad de los crímenes del terrorismo de estado, las dificultades para la recreación de un sustantivo concepto de ciudadanía (cuyo eje decisivo pasa por la inclusión social), entre otras cuestiones del mismo tipo. Y agitar numeritos inflacionarios sólo sirve para ocultar los verdaderos problemas, como los que citamos ut supra. De modo que lo central no es llorar contra la inflación, si no intentar recomponer de modo progresivo y constante los ingresos populares buscando eliminar la marginalidad que aún se enseñorea en los barrios más pobres. Por otra parte, una cuestión central es que el gobierno nacional no es el enemigo causante de la inflación (más allá de porcentuales); si no los grandes grupos económicos. Por el contrario, la oposición en pleno denuncia a la política económica actual como pro-inflacionaria, haciendo de hecho la apología de los monopolios que usan los incrementos de precios para no ceder porciones de las rentas nacionales a los trabajadores (y para esmerilar y de ser posible desestabilizar al gobierno). Tales coordenadas deben guiar la percepción política popular y así lograr la más profunda recomposición del espacio nacional. La tarea central parte de colocar como prioridad decisiva que es preciso vencer a la derecha, más que a la inflación; cuestión que se nos oculta en la percepción si permitimos que la derecha diseñe e imponga la totalidad de la agenda pública.

Para finalizar el análisis desplegado, es necesario garabatear algunas impresiones acerca de la conducta de los sectores medios, que en gran medida dieron vida a la centralidad de los dos dirigentes (una ya profundamente devaluada) con mayor predicamento de las derechas vernáculas: Carrió y Macri. No se trata de succionar los calcetines a veleidosos pequeño burgueses si no de guiarse por algo que resulta absolutamente claro desde hace muchos años para diversos referentes, pensadores y teóricos de la izquierda nacional: que las bases sociales del frente que articule y represente los intereses populares se hallan constituida por la necesaria alianza entre los sectores populares o clases bajas y los destacamentos de los estratos medios. Acerca de dicha temática existe una copiosa elaboración bibliográfica, por ejemplo, véase Alberto Franzoia “Sobre el concepto pequeña burguesía y nuestra alianza plebeya” en
http://www.elortiba.org/notapas839.html

Cuando el frente mencionado fue más fuerte, el espacio nacional logró triunfos ostensibles. En situaciones de máximo enfrentamiento entre los sectores populares y las clases medias, la reacción se fortaleció o se impuso. Por otra parte, son conocidos los estudios clásicos (sean dichos autores pensadores tan dispares como Carlos Marx o Arturo Jaureteche) acerca del comportamiento temeroso, vacilante y pendular de las capas medias. Nos guiaremos muy libremente por una interpretación basada en conceptos formulados por tales autores.

En rigor a la verdad, el problema principal para sumar fuerzas de clase media al frente nacional es que muchos de tales estratos sólo conciben una salida individual e individualista para sus problemas. Además, se posicionan casi siempre desde una mirada admirativa y no crítica frente al poder real; tal vez por la expectativa latente en ellos de alcanzar posiciones dominantes. Por el contrario, la creación del frente nacional y popular o la también llamada alianza plebeya implica una clara opción por las soluciones asociativas, antes que por las salidas de corte individual. Por otra parte, predomina en dichas franjas pequeño burguesas un vicio que parece congénito; pero en realidad es inducido por la machacona repetición del discurso dominante. Se trata de congelar la mirada hacia abajo en la escala social, cuando se trata de buscar responsables a las crisis. No hay modo que se reconozca (por parte de los estamentos que analizamos) la existencia de un poder económico ubicado estratificádamente por arriba en la escala social como verdadero causante de los peores problemas de la nación. Aún hoy- cuando millones de compatriotas desgarran sus vidas en agobiantes jornadas laborales- estos cínicos de clase media sentencian con lenguaje hipócritamente sabiondo que el problema del país… “es que los negros no quieren trabajar“. La versión posmoderna de ese viejo discurso es la falsa e hipócrita culpabilización de los sectores pobres (particularmente los piqueteros) ideada por los medios de la derecha y asumida como propia por diversas franjas pequeño burguesas No es casual que prenda en tales segmentos la verborragia moralota, ya que si ubicamos todos los problemas en la corrupción (de los otros), funciona perfectamente como coartada para legitimar la evasión y elusión impositiva, la contratación de personal de modo ilegalmente no-registrado (en negro) entre otras tropelías, en las cuales la responsabilidad pequeño-burguesa no es por cierto menor.
Por otra parte, no puede dejar de causar gracia la supervivencia de ciertos gorilismos paleolíticos; por medio, por ejemplo, de afirmaciones muy comunes en dichos sectores del tipo de “Perón era un tirano fascista”, enunciada sin mayor fundamento y en total falta de respeto por la verdad histórica. Análogo resulta la acusación de “autoritarios“ recibida por los Kirchner. En ambos casos parecen totalmente ausentes los fundamentos mínimos de rigor y muestran la preocupante vigencia de algo decisivo: los responsables de la creación del discurso gorila- la derecha, expresión orgánica del poder económico- elabora contenidos y los difunde desde su medios, mientras que segmentos de clase media no hacen más que aceptar y difundir acríticamente; muy a menudo contra su propia conveniencia e intereses.

A modo de definiciones finales, extraeremos algunas conclusiones del análisis desplegado:
1) El discurso gorila es introducido en la sociedad por el bloque dominante a los efectos de gestar consenso para sus posiciones y mantener su predominio.
2)No se trata de una ideología sólidamente constituida en lo conceptual; sino más bien de un muy rústico collage de enunciados de una patética falta de solidez filosófica.
3) Es favorecida su vigencia por ciertas características de las clases medias; como la búsqueda de soluciones individuales, la mirada sesgada de los problemas de la sociedad y el hiper moralismo.
3) La tarea decisiva de los sectores nacionales, populares, progresistas y revolucionarios reside en aportar a la construcción de la alianza que sustente el incipiente proceso en curso. Para ello, es preciso aislar lo más posible a los personeros del gorilismo de ayer, de hoy y de mañana y ampliar al máximo las fuerzas de clase media consustanciadas con el proyecto nacional.


*Docente. Escritor.
Colaborador habitual
del periódico socialista El Ideal
Columnista del Noticiero Señal de Noticias.
Canal Señal Oeste. Moreno.
Provincia de Buenos Aires. Director de la revista
Electrónica Redacción popular.

PUENTE NUEVO


*Por Carancho Ramírez   


El Ingeniero Azcona es un compañero que hizo un puente político y doctrinario entre la militancia anónima de la Resistencia Peronista y la  generación del Luche y Vuelve. Hoy, veterano de todas las derrotas del peronismo, está sentado en la vereda de su casa en Barranqueras. 

Dueño del tiempo, como esas figuras de piedra de la Isla de Pascua, de la cual nunca sabremos si relatan el pasado o nos pintan el futuro, su  estar  tiene la serenidad de  días calmos y la quietud de su rostro es una coraza incorporada en  tiempos de furia y derrumbes colectivos. 

Un salpicón casero y un amargo serrano es su temprano y solitario almuerzo.  El “alemán” impiadoso, a golpes de olvido va desmantelando  su andamiaje racional, donde almacenó el  dogma peronista. 

Lo mismo…sonríe. “Los viejos cantos hechos jirones flamean en su memoria y la sangre le recuerda junto al fuego el entero latido de una música armada con tambores”.  Perón Vuelve.  Su corazón descamisado no se rinde, la mística no se extingue. Unidos y Organizados, repite con Cristina.  “Compañero Azcona de la Jotapé.” Más de medio siglo lo presentábamos así. 

Todavía viejo y cachuzo quiere armar nuevos puentes y pintar los muros de la ciudad de las diagonales con tiza y con carbón: “Viva Perón.” Sigue siendo su consigna favorita… ¿Porque Negro? …porque  lastima a los gorilas y  espanta a los mariscales del neoperonismo que sueñan disputarle la conducción al Viejo”.  

¿Con quién habla hoy el Negro Azcona en sus almuerzos solitarios y silenciosos? Con los que ya no están…pero estuvieron y con los que vienen llegando.  ¿Que hace  Ingeniero Azcona?  “Para estos pibes le estoy armando con Cristina y el Coqui un puente que va de ayer a mañana.” ¿A otra tierra Negro?  Que bueno. Sí. Pero nosotros no vamos a cruzarlo. Quizás veremos la Patria cuando aclare.

20 DE AGOSTO DE 1820: SAN MARTÍN ORDENA QUE ZARPE LA EXPEDICIÓN AL PERÚ

*Por Prof. Daniel Chiarenza


Dispuesto a partir al Perú, en la playa de Valparaíso, San Martín sueña con una América del Sur liberada y unida, muy lejos de los planes del balcanizador Rivadavia.

La desobediencia de San Martín al Directorio monárquico instalado en Buenos Aires, así como la insubordinación del ejército del Norte, en el motín de Arequito (pocos días después: 8 de enero de 1820), crean las condiciones para que la montonera artiguista de Estanislao López y Francisco “Pancho” Ramírez derrote, en Cepeda, a las tropas directoriales el 1 de febrero de 1820.

Arremetida de las tropas gauchas entrerrianas de "Pancho" Ramírez en la batalla de la cañada de Cepeda.

Producida esa batalla, con la cual se desmorona el poder central, San Martín legitima la naturaleza de su ejército a través del Acta de Rancagua. En esa localidad chilena cita a sus oficiales y, por sobre cerrado, renuncia a la jefatura del ejército, indicándoles que designen un nuevo jefe. La oficialidad decide por unanimidad que él continúe siendo el Jefe, pero ahora San Martín lo es por elección de sus hombres y no por designación de ningún gobierno. Así lo confirma el acta de esta reunión, durante mucho tiempo olvidada en los textos escolares y últimamente “descubierta” por algunos historiadores, A. J. Pérez Amuchástegui señala entonces correctamente que “ese ejército era un brazo armado de las Provincias Unidas en Sudamérica […], resultado ser un ejército nacional autónomo por cuanto ninguna autoridad superior podía, en el momento, fijarle objetivos o metas”. Ricardo Levene, por su parte, adaptándose a la atmósfera política del peronismo de los cincuenta, afirma: “San Martín creó, por el Acta de Rancagua, la independencia de su ejército, como si se tratara de una soberanía flotante”.

Retrato de San Martín, realizado en los días previos a la firma del Acta de Rancagua. 

De vuelta en Chile, el “enfermo” San Martín se halla restablecido y el 20 de enero de 1820 se ofrece a O´Higgins para continuar la campaña al Perú. Merced a una fuerte política impositiva sobre los sectores más ricos, O´Higgins ha logrado levantar la escuadra para proseguir la campaña. Y San Martín –el latinoamericano San Martín- no encuentra dificultad alguna en realizarla bajo bandera chilena. El verdadero San Martín emerge así de esta interpretación, explicando los motivos que lo llevan a usar la bandera del Ejército de Los Andes, así como “la desobediencia” y el uso de bandera chilena en la expedición al Perú. Escribirá la general Guido: “Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco: yo soy del Partido Americano”.

San Martín es muy claro en su correspondencia por Guido: pertenece al Partido Americano.  
San Martín, en aquel mismo instante, designa a Güemes “General en Jefe del Ejército de Observación al Perú" –Salta estaba tomada por los españoles- y pidió a los caudillos que formaran un frente contra los realistas y que trataran de formar un gobierno central, lejano de las ambiciones de Rivadavia.

San Martín designa a Martín Miguel de Güemes "General en Jefe del Ejército de Observación al Perú". 
El día del cumpleaños de Bernardo de O´Higgins (20 de agosto) se hizo a la vela en Valparaíso la fuerza cuyo mando militar tenía José de San Martín, y la conducción naval del vicealmirante sir Thomas Alexander Cochrane. La bandera chilena “cubría la expedición con su responsabilidad nacional”, nos informa el sapiente Mitre.
De esta manera San Martín se dispone a expandir la revolución de sur a norte; mientras, de norte a sur, avanza otro ejército latinoamericano encabezado por Simón bolívar, quien, después del triunfo de Boyacá, ha constituido la Gran Colombia y se prepara para dar pelea en Carabobo.

Sir Thomas Alexander Cochrane, conductor naval de la expedición al Perú.  
El ejército tenía 4.500 soldados (2.500 argentinos y 2.000 chilenos) con 35 piezas de artillería y repuesto de armamento y vestuario para equipar 15.000 hombres. Gregorio de Las Heras era jefe de Estado Mayor; Juan Antonio Álvarez de Arenales, Toribio de Luzuriaga y Tomás Guido estaban entre los generales; Antonio Álvarez Jonte iba como auditor y Bernardo de Monteagudo de secretario.
La escuadra la formaban ocho buques de guerra y 16 transportes a las órdenes de Cochrane.
Una eficaz guerra de zapa en el Perú precedió a la expedición, y los elementos patriotas estaban preparados para levantarse. El virrey Joaquín de la Pezuela tenía sus órdenes una gran ejército, fuerte de más de 25.000 hombres, pero desparramado en los cuatro puntos cardinales del virreinato y minado por las logias masónicas.



En Paracas, 250 kilómetros al sur de Lima, inició San Martín el 7 de septiembre el desembarco.

SAN MARTÍN Y EL BICENTENARIO



Por Maximiliano Pedranzini*


“Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos, sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos, si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales os daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavo de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre o morir con ellas como hombres de coraje”. José de San Martín, Mendoza, 1819

Es este Bicentenario que atraviesa América Latina, el carácter histórico y político de la figura del General San Martín, símbolo indiscutido de la emancipación americana, adquiere una vigencia fundamental en este presente. El espectro ilustre construido a pelo y contrapelo de la historia argentina se ha convertido en una disputa por el sentido que recobra una importancia trascendental en este nuevo proceso por la Liberación Nacional. ¿Qué representa San Martín en estos 200 años de historia nacional?

La figura de José de San Martín como la de muchos otros protagonistas de las revoluciones hispanoamericanas, ha estado sometida a la sala de operaciones de la historia oficial y no-oficial. Infinidades de interpretaciones, tanto historiográficas como políticas han ido circulando a lo largo del tiempo. Pero fue sin duda, uno de los personajes más significativos (y polémicos) de toda la historia argentina y latinoamericana, y que marcó a fuego los destinos políticos e ideológicos tanto de nuestro país como de América del Sur.

Es quizás, la batalla más importante la que debemos dar entorno a la inmensa representación histórico-simbólica que conlleva la vida de San Martín como el máximo prócer de la historia argentina, lugar en el coinciden la mayoría de las corrientes historiográficas. Ahondar el carácter más revolucionario que quiebra con el orden “marmóreo” del discurso historiográfico liberal es una tarea esencial en este nuevo momento histórico para los pueblos de la América Latina, que percibe a su vez una gran responsabilidad intelectual y un compromiso político articulado con un devenir que encuentra su brújula en este horizonte de liberación. Por eso se vuelve indispensable encontrar los lazos históricos que habitan entre la lucha de San Martín y el proyecto emancipatorio de la Generación de Mayo.

La ceguera historiográfica impuesta por la matriz liberal-positivista de Bartolomé Mitre y la Generación del ´80, construyeron una imagen tergiversada y por lo tanto falsa de los acontecimientos de la Revolución de Mayo: la invención del relato oficial proclamaba al proceso de Mayo como una independencia separatista con un marcado discurso antihispanista a favor del libre comercio, más precisamente con Inglaterra. El elemento que merodea entrelíneas en este relato es el del factor económico, subyacente en el entramado histórico por los intereses que ostentaba la élite oligárquica -a la que pertenecía Mitre- con el imperio británico tras los triunfos en la Batalla de Caseros en 1852 y finalmente con la de Pavón casi una década más tarde; y la consolidación de una arcaica estructura agroexportadora, condición que hacía necesaria la construcción de un relato que se encargue de dar función legitimadora a las acciones políticas y económicas de esta oligarquía liberal triunfante.

¿Si la Revolución de Mayo aparece como independentista y antiespañola? ¿No fue asimismo un proceso secesionista a los ojos de las oligarquías liberales en toda la región? ¿No es casualidad que dichos discursos historiográficos legitimados desde el poder por estas elites, hayan “olvidado” a los demás patriotas latinoamericanos por el simple hecho de no pertenecer al mismo suelo y no poseer la misma “nacionalidad”, reduciendo a la figura hegemónica y jerarquizada de un solo “prócer nacional”?

La construcción del rompecabezas a sangre y fuego que daría como resultados a los Estados-Nación modelo capitalista en América Latina, configuró el mapa balcanizador del continente a finales del siglo XIX, que conllevó a la producción de discursos historiográficos institucionalizados por medio del aparato estatal que hegemonizaron la vida social y pedagógica de los distintos países.

Este discurso producido desde las elites oligárquicas interpelaba a la sociedad, a la vez que la moldeaba a través de este esquema dominante. El carácter dominante del discurso historiográfico liberal ha impedido entender a la historia como un campo de batalla donde se dirimen los conflictos, en el que se hacen presentes los hechos y se confrontan las verdades. Su desentendimiento de la compleja dimensión social y la “inmortalización” cuasi-divina de los próceres, eran elementos que formaban parte de su impronta política.

Con la “invisibilización” de los sectores populares como protagonistas reales de la escena revolucionaria, Mayo expresaba el corolario del viejo orden colonial español y la aparición de uno nuevo, una nueva organización económica que estaba de moda por estos lares en pleno siglo de expansión capitalista. En este contexto de nuevas configuraciones: ¿Qué llevó a San Martín a retornar al continente americano? ¿Cómo se explica el fenómeno que lo impulso a dirigir el ejercito independentista antiespañol? ¿Por qué se reduce su figura a la del retrato idílico de retornar en 1812 a sus raíces abandonadas cuando era un simple infante?

En esto coinciden varias corrientes historiográficas que, variando sus caracterizaciones, encuentran un denominador común en la matriz propuesta por el mitrismo y la lógica constituida a partir de la consolidación del modelo oligárquico-liberal del “Granero del Mundo”. Pero a pesar del universo hermenéutico en el que navega San Martín, es imposible y absurdo disociarlo del proceso revolucionario de Mayo, y mucho menos de las revoluciones que habían tomado carácter hispanoamericano, en principio totalizador pero luego se desgranaría por la puja de los intereses que tenían las diferentes élites criollas devenidas luego en oligárquicas.

La consumación valorativa propuesta por corrientes historiográficas de distinta índole -principalmente por toda la tradición liberal- sobre el Padre de la Patria, proponen señalarlo como el paradigma épico del héroe individual, solitario frente al resto de los mortales subalternos imposibilitados de ser parte de ese relato mítico, que ponía por obra y destino de la providencia como figura central al héroe, que por obvias razones, se robaba toda la película y se coronaba con todos los laureles de tan gloriosa epopeya construida a partir de su figura por la historia oficial.

He aquí varios elementos primordiales para tener en cuenta en la elaboración de esta trama. Uno de los principales es el individualismo, germen característico de toda la tradición liberal. La exaltación de la figura del héroe individual como epicentro en el desarrollo del relato histórico nacional, pone de manifiesto el carácter utilitario de San Martín como eje constitutivo en la construcción de la historia oficial de la nación, tanto Argentina como sus reproducciones en toda América Latina. Sin duda, nuestra postura data de afirmar todo lo contrario. Aunque la ficción de los hechos hayan instalado en los libros de historia la idea de que San Martín retornó a América, en 1812, por el "llamado de las fuerzas telúricas". El sentido más noble que convoca al Libertador a suelo americano es continuar con la lucha antiabsolutista que veía impedida en España por el avance napoleónico.

Las historias oficiales no están encerradas en cáscaras de nueces. Atraviesan por su fuerza dominante todos los rincones comunes de nuestra región que amalgaman por esas mismas raíces históricas un pasado en común, por lo que estos tipos de relatos construidos desde la hegemonía de la historiografía liberal son fácilmente impuestos en toda la sociedad y en sus instituciones encargadas de reproducir de manera sistemática y simultanea el orden del discurso oficial a lo largo del tiempo. El problema no es interpretar o criticar el relato en sí, sino el de perforar las capaz de sedimentación estructural impuestas por el discurso dominante y encarnadas profundamente en la conciencia de los ciudadanos.

Desmitificar esta narración sesgada e inverosímil que componen su estructura, implica en efecto, revisar todos los recovecos ocultos o poco explorados de nuestro pasado, y eso constituye la ardua tarea de construir y consolidar un nuevo edificio historiográfico en nuestro país y en todo el continente. Son quizás las celebraciones bicentenarias las que ponen en perspectiva como nunca antes en 200 años, la posibilidad de encarar nuestro pasado desde una mirada crítica que sirva para mitigar el viejo orden dominante de la historia liberal-conservadora que aún sigue vigente; donde que poco a poco se está logrando colocar en la arena del combate historiográfico, la posición subterránea del revisionismo histórico emergente en el umbral de este siglo XXI.

La Otra Historia pone sobre la mesa todo lo que la historia oficial ha ocultado o peor aún, lo que ha desvirtuado a través del poder de un relato infame creado con la arcilla de la mentira y la denigración de figuras populares a quien considera “malditos” y que debían ser demonizados, ya que éstos representan un estorbo en los planes la oligarquía. En los bordes de este sendero a caminado San Martín. Donde su figura está embarrada por las vicisitudes de una historia agitada y convulsionada, en el que el Libertador fue protagonista clave. Y ese protagonismo ha sido la base donde se erigieron las interpretaciones que colocaron las dimensiones del prócer, en el pedestal de bronce o en la crítica más despiadada que lo hundía en el desprestigio y la humillación por sus orígenes o por su concepción ideológico-política. Un ejemplo contundente de esto había sido su función como Protector del Perú, donde toma una serie de medidas que levantan el polvo de la lima: a) Elimina la servidumbre de los indios. b) Declara la abolición de la esclavitud y de la Inquisición. c) Da por terminado los castigos corporales. d) Decreta la libertad de expresión y la instrucción pública. Principios que estaban enmarcados dentro de las ideas progresistas de la época, muchos de ellos contemplados en la Asamblea del Año XIII. Esto inmediatamente causaría el repudio de la oligarquía limeña y de la Iglesia Católica -que aún tenía fuerte injerencia en el ex virreinato-, acusándolo de lo peor, desde tirano hasta de expropiador, celosa de cualquiera que viniera y les cercenara los privilegios que supieron ostentar desde los tiempos coloniales. Vayamos a otro breve ejemplo. La historia oficial tampoco nos narra sobre el odio que le tenía Rivadavia y los rivadavianos en Buenos Aires. Un odio de poder que lo perseguiría, como persiguió a Moreno, Belgrano y Castelli que representaban un proyecto político que estaba en las antípodas del hacedor del empréstito Baring Brothers y la ley de Enfiteusis.

Esto la historia oficial prefiere omitirlo de su heurística y contar el lado que más le conviene, que más le sea útil. Este es el caso del San Martín tardío, el del exilio en Francia que llevaría a la historiografía liberal a hacer una abstracción mitológica necesaria para legitimar su discurso. Su distanciamiento de la realidad que acontecía en Hispanoamérica y su aislamiento europeo, hacía más fácil la configuración de ese mito. Pues, los últimos días de San Martín son los que el mitrismo prefiere reivindicar y poner como estampa en los manuales de escuela. Ese San Martín anciano que despertaba la admiración y el beneplácito de tipos como Alberdi o Sarmiento por esa lucidez republicana que le hizo cruzar el charco y supo mantener hasta el final de su vida en Boulogne-sur-Mer. Ese recorte es el que le sirve, el que no entrega a San Martín como el prócer estoico e impoluto de enormes cualidades y atribuciones que lo vuelven un ser en tanto perfecto, inalcanzable. Un ser sobrehumano al que nunca le llegaremos a los talones, ni siquiera a la puntita. Esta más allá de nuestra imaginación terrenal. Esta es el concepto que han intentado imponer de San Martín. Desprovista de toda humanidad, de toda equivocación, de todo error. El primer paso metodológico que tiene que dar la historiografía es la de humanizar a los próceres. Mostrarle al pueblo que están hechos de carne y hueso, como todos nosotros. Lo demás, eso que horroriza y causa urticaria a los administradores de la historia oficial, es mejor ocultarlo en los sótanos de los archivos nacionales para que jamás sea encontrado.

Todas las corrientes ideológico-historiográficas han vertido sus opiniones sobre la figura de San Martín. Desde el liberalismo mitrista (proemio del relato fundador de su argumento historiográfico), pasando por el nacionalismo en todas sus versiones y la historiografía mosaica de la izquierda que lo aniquila por ser un impulsor de más que de la emancipación americana, de las relaciones capitalistas reflejo de su pensamiento liberal heredado de Europa. Por lo que merece ser duramente criticado hasta el hartazgo, llegando a la simple conclusión de que nuestro Padre de la Patria es un personero de la más rancia burguesía mercantil proimperialista. Trasladando mecánicamente la repulsión que tenía su mentor (Karl Marx) hacia Simón Bolívar, que luchaba por la emancipación en otras latitudes del continente americano. En definitiva, para la izquierda argentina, todos los próceres representan lo mismo, y si Marx criticaba con munición gruesa al fundador de la Gran Colombia y Libertador de Venezuela, eso quiere decir que tendría la misma opinión de los demás patriotas hispanoamericanos. ¿Qué hubiera dicho Marx desde la redacción del New York Daily Tribune de San Martín, Moreno, Belgrano, Castelli o Monteagudo? Bueno, no hacemos historia contra fáctica, ni somos cultores de ucronías para responder esto. Pero la izquierda hace este tipo de deducciones teóricas que lo llevan casi podríamos decir, a un suicidio historiográfico.

Por lo tanto, nuestros recordatorios o fiestas patrias terminan siendo el síntoma de un nacionalismo burgués que impide toda revolución, sea obrera o campesina. En la vasta y espesa selva historiográfica hay de todo. Si no tenemos un machete en mano, estos bichos raros pueden atacarnos en cualquier momento. Por eso debemos estar atentos y bien preparados. Con los pies firmes sobre la tierra, pero para eso debemos tomar una postura, una interpretación que consideremos la más adecuada para analizar su figura y el contexto histórico donde se desenvuelve. Y para eso intentaremos dar respuesta a estos interrogantes: ¿Por qué San Martín vuelve después de mucho a suelo hispanoamericano? ¿Qué proceso lo impulsa a retornar? ¿O simplemente es una cuestión del destino o de la divina providencia?
Como hemos vistos, San Martín regresa para continuar con el proceso de lucha contra el absolutismo monárquico, que vieron agotadas sus posibilidades de seguir dando pelea debido a que España había sido derrotada y sometida por el imperio napoleónico. San Martín veía con ojos de gran estratega, que la lucha debía continuar, pero del otro lado del Atlántico, en las colonias españolas que se encontraban en América. Y San Martín lo veía como una obligación seguir dando pelea porque los tiempos se lo demandaban y no quería dejar asignaturas pendientes, y menos en el campo de batalla. La guerra tenía que prolongarse y extenderse al territorio colonial. Es ahí cuando decide desembarcar en 1812. Y en el proceso se constituye la Logia Lautaro, donde incorpora -por medio de Monteagudo y los hombres que integran la Sociedad Patriótica- al grupo comandado por Mariano Moreno, quien lo consideraba una pieza clave en el mapa estratégico de la revolución por su papel trascendente en las jornadas de Mayo. Como así también daría su apoyo a las insurrecciones comandadas por Güemes en Salta y Pedro José Saravia y Álvarez de Arenales en el Alto Perú, quienes tenían un amplio consenso de las masas populares que San Martín veía con buenos ojos. Su inquietud e insistencia estaba en que se acatara la voluntad popular, porque sabía que sin el pueblo acompañando, difícilmente se alcanzarían los objetivos deseados.

Por esta razón, decide no apoyar el proyecto constitucional de ese año, ya que ésta les otorgaba a los diputados americanos una escasa representación, que San Martín veía necesaria para cristalizar los cambios políticos. Su visión iba más allá de los horizontes del Río de la Plata, donde la continuidad del proceso revolucionario no se acortaba en los límites del virreinato. Veía en Artigas, Bolívar, O`Higgins y Sucre no solamente aliados por la causa patriótica, sino líderes capaces de unificar y profundizar el proceso de liberación, a pesar de los rechazos internos con los que tenía que lidiar, ya que todos coincidían en que la América española era una sola y su lucha una sola, que se iba dirimiendo en diferentes puntos del continente. Esto de alguna manera se intenta llevar adelante en el encuentro cumbre de Guayaquil entre los dos libertadores el 26 de julio de 1822.

En consecuencia, pensar a San Martín es reflexionar sobre el sentido, tanto de la historia nacional como latinoamericana. No se puede concebir bajo ninguna circunstancia hermenéutica el derrotero histórico de Nuestra América sin la figura de San Martín, cardinal para ubicarnos en la contienda de ese pasado que le da forma y sentido a lo que somos y representamos los latinoamericanos como pueblo que empieza a reconocerse como uno solo y no como los retazos de una patria condenada a permanecer dividida y separada por disposición extranjera.

Sin embargo, es el presente el que nos retrotrae a San Martín, para que desde este presente bicentenario lo interpretemos y le demos un nuevo valor, quizás ese valor que siempre tuvo, pero queda en las subjetividades políticas de ese tiempo que lo convoca, más que en discutir vanamente si San Martín era esto o aquellos, si iba para aquí o para allá. Es desde el presente donde cobra vida, para sintetizar simbólicamente un proyecto político. Para que su figura sea el reflejo de ese nuevo proceso que lo llama. Tal como lo han hecho quienes convocaron el oráculo de Delfos de la historia patria para justificar sus políticas presentes, como lo hicieron Mitre, Generación del `80, la oligarquía del primer Centenario o el peronismo. En fin, todos los convocan, independientemente de sus posiciones ideológico-políticas, sean buenos o malos, eso lo juzgará la historia, no como fuerza sobrenatural, con dotes mágicos, sino la historia como esa arma del presente. Ergo, pensar en San Martín es pensar en el devenir, pero por sobre todo es pensar en el porvenir de una Patria Grande Latinoamericana Unida hacia el camino de la Liberación Nacional.


(*) Ensayista. Integrante del Centro Cultural E. S. Discépolo y militante del Movimiento Universitario Evita de Misiones.

¿QUIÉN FUE SAN MARTÍN?


*Por Norberto Galasso

Generación tras generación se ha contado una historia tergiversada basada en los conceptos del mitrismo que eligió presentarlo a la posteridad como un héroe digno de estar al lado de Rivadavia y de otros próceres unitarios.

La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona- que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España.

Mitre poco nos dijo sobre su estadía allí, salvo que a los once años ingresó al ejército español como cadete en Murcia, y menos aun nos relató datos fundamentales para conocerlo: dónde y qué estudió, si bailó y tuvo novia, si corrió peligros en muchas batallas, si lo deslumbró la Revolución Francesa de 1789 o la insurrección popular en la península ante la invasión napoleónica, en mayo de 1808.

Nos recordó en cambio que sobresalió en las luchas de Arjonilla y Bailén y de repente, siendo teniente coronel de caballería de ese ejército en el que ya había peleado más de 20 años, nos dijo que decidió, de repente, regresar al Río de la Plata para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810.

¡Qué hombre extraño!, ¿no es cierto?

Habiendo aprendido a leer, a sumar y restar, a conocer de la geografía y la historia españolas, impregnado de esa cultura, habiendo combatido largamente bajo la bandera española, acostumbrado a repetir refranes o giros lingüísticos hispanos, ¡venir a dar su vida peleándole al ejército del cual había formado parte tantos años!

Pero lo hizo tan bien, enseñó Mitre, que merecía colocárselo junto a grandes patriotas como Rivadavia y otros próceres unitarios y colmarlo de halagos en las fiestas escolares.

Él quería, según Mitre, liberar a los países de América del “yugo español” –al cual había defendido 22 años– y que cada uno se declarara país independiente, aunque no explica por qué razón se fue a pelear a Chile –en vez de defender a Buenos Aires acosada por los montoneros artiguistas– y después se hizo protector del Perú, como si fuera un apátrida, un aventurero o peor aun, un mercenario, pero sí nos señaló que hubiera hecho más proezas si no se hubiese cruzado en su camino un tal Bolívar que le quitó la gloria de dar el golpe final al ejército español en el Perú, maniobra de la cual fue víctima, dada su generosidad, que debe llevarlo a la condición de “Santo de la Espada” (según Ricardo Rojas) y no de ambicioso expansionista que quería unir a Hispanoamérica como aquel venezolano “pícaro y mujeriego”.

Esta leyenda sobre San Martín fue repetida generación tras generación, puesto que Mitre había sido consagrado Padre de la Historia por la clase dominante y después lo sucedieron aquellos a los que todo “le viene” bien, con tal de estar en la Academia y tener espacios en los medios de comunicación (y a quien le acomode el sayo, que se lo ponga, sea liberal o revisionista “a la violeta”).

Pero en 1997, Juan Bautista Sejean aterrizó en el tema sorpresivamente y publicó San Martín y la tercera invasión inglesa, sosteniendo que la única explicación de que un veterano del ejército español viniese al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola y, por tanto, a combatir al ejército al cual había pertenecido hasta pocos días antes, sólo puede residir en que fue sobornado por los ingleses, al pasar por Londres en 1811.

Y lo sostuvo contundentemente: “Parece muy difícil afirmar que San Martín no fue un agente inglés” (pág. 129).

Lo cual significa: el Padre de la Patria de los argentinos fue un agente inglés.

¡Qué osadía! ¿No es cierto?

Pero no hubo refutación alguna por parte de academias, universidades y otras instituciones llamadas “de bien público”, a tal punto que el mismo Sejean, al año siguiente publicó Prohibido discutir sobre San Martín, donde afirmó que había supuesto “que se iba a desatar un intenso y apasionante debate… pero no fue así. En forma unánime optaron por el silencio” (pág. 13 y 15).

Para la misma época, alguien sostuvo que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras sino de la guaraní Rosa Guarú y don Diego de Alvear, es decir: no sólo hijo extramatrimonial sino, además, hijo de india… Y esto provocó diversas refutaciones porque para buena parte de la gente “leída” de la Argentina es denigrante ser hijo de india, pero no lo es ser agente inglés.

En verdad, quienes así piensan merecen tener un Padre de la Patria de nacionalidad inglesa y por supuesto es razonable que voten en las elecciones a los candidatos que promociona Clarín o concluyan en que las Malvinas son inglesas.

Sin embargo, tanto Mitre como Sejean –así como sus seguidores y asimismo, los revisionistas rosistas– habían caído en la maniobra mitrista, de tipo colonial.

Formado en España, en lo cultural, como hombre y como político, y fuertemente influido por lo que él llamaba “El Evangelio de los Derechos del Hombre”, es decir, la Revolución Francesa, San Martín era americano por nacimiento, pero muy hispano (por batallas, amores, estudios, en fin, sentimiento y pensamiento), un indohispano diríamos, un liberal revolucionario como los de las Juntas Populares de 1808 en España, como eran también los de las juntas populares liberales de América surgidas entre 1809 y 1811 (que ahora se sabe que no eran antiespañolas ni separatistas como pretendía Mitre, sino, como sostuvo Alberdi, constituían un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico).

San Martín regresó, pues, en 1812, no por soborno alguno (fue enemigo a muerte de Rivadavia que era la expresión de los ingleses), tampoco por “un llamado de las fuerzas telúricas” como se ha sostenido ingenuamente, ni tampoco en el caso de haber sido hijo de Rosa Guarú (pues junto con él asumieron las banderas democráticas de Mayo muchos españoles de nacimiento, como Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Arenales, Blas Parera y tantos otros), así como hubo americanos de nacimiento que sirvieron a los ejércitos contrarrevolucionarios del absolutismo (como Pío Tristán, Goyeneche, Michelena, Olañeta y tantos otros).

Pero Mitre quiso, por sobre todo, mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, por el comercio libre (y por tanto pro inglesa) y de ahí sus discípulos sacaron que San Martín (siendo como Moreno defensor del indio, expropiador, revolucionario) fuera el antecedente de Rivadavia, proclamado por Mitre “el más grande hombre civil de los argentinos” (por ser elitista, pro británico y antilatinoamericano). Y entonces los alumnos se confunden: no entienden a San Martín (quien admiraba a Bolívar y tenía en Europa tres retratos suyos, uno delante de su propia cama) metido en una revolución para remplazar un virrey por una Junta Popular, permaneciendo la región adherida a España hasta 1814 en que se hunde la revolución democrática española y entonces sí resulta necesaria la independencia de 1816, por la que San Martín bregó para no someterse a la monarquía (ahora se sabe que hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires).

La Biblioteca de Mayo, del año 1960, explica todas estas cosas, pero muestra la falsedad del mitrismo.

¿Y quién le pone el cascabel al gato, es decir al diario La Nación?

Se ha repetido muchas veces lo que decía Homero Manzi: “Mitre se dejó un diario de guardaespaldas.”

Y Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Augusto Barcia Trelles, Julio V. González y tantos otros que dijeron la verdad en distintas épocas, fueron lapidados por el mitrismo, amordazados.

Sumidos en el más profundo de los silencios, convertidos en “Malditos”.

Pero en esta época en que queremos ser nosotros mismos, no sumisos a la reina de Inglaterra ni al FMI de los yanquis, es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolívar, no sólo el Padre de nuestra Patria sino un Libertador que quería la América Latina que estamos gestando hoy con la Unasur, la CELAC, etc., y por eso, hay que decir bien alto que la OEA se ha muerto, enterrada en la misma fosa del mitrismo y de todos aquellos historiadores –sean liberales, “modernos” o revisionistas– que no se atreven a decir quién es el verdadero San Martín: nacional, en tanto le legó su espada a Rosas por defender la soberanía y fue enemigo de Rivadavia expresión del imperio inglés; latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolívar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba “nuestros paisanos, los indios”; popular en tanto escribió “odio todo lo que es lujo y aristocracia”; intervencionista en economía (como lo demostró en Perú) y hasta expropiador (como lo demostró en Cuyo).

Con un Padre de la Patria con estas virtudes, ¿cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América Latina libre, unida e igualitaria?