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10 de junio de 2012

EL PODER DE LAS LETRAS


*Por Eliana Valci


A propósito del 7 de junio, en que se conmemorara el día del periodista, he rescatado la figura y el trabajo que se expone en esta edición, de aquellos que aparecen debajo de estas líneas, no sólo para traerlos a nuestra memoria como un hito en la historia, sino por lo que significa su labor profesional e intelectual, por constituir un gran aporte a la Patria.

Estos compañeros y compañeras han descubierto el poder de las letras, desde lo más profundo de su ser, traduciéndolo en un acto de liberación, en un marco de convicción y un profundo amor a sus ideas, pero sobre todo a su tierra; porque entendieron que “la peor opinión es el silencio”.

Aquí, me refiero al poder de las letras, no como sinónimo de hegemonía, ni de manipulación del pensamiento, -como lamentablemente muchos las han utilizado y continúan haciéndolo con total descaro-, sino a su valor intrínseco, porque las letras bien escritas o bien pronunciadas, son más poderosas que cualquier arma y pueden ser tan bellas como la más mágica de las melodías.

Insisto, esto no habilita a la agresión, ni al “armado de bandos”, como se pretende desde algunos medios, en una reedición de prácticas que han dado resultados atroces en nuestro país; y mucho menos a que se utilice las palabras “objetividad”, “independencia” y “libertad de prensa” como escudo de sus fechorías, autoproclamándose los garantes de las mismas, porque nadie es dueño de las letras y mucho menos de la verdad.

En las antípodas de estos últimos, desde Ida & Vuelta nos consideramos “mezcladores de letras”, porque somos libres en el pensamiento y nuestra única condición, es la convicción en nuestros ideales.



*Directora Revista Ida & Vuelta


ELLOS TIENEN LA PALABRA...¿QUERRÁ EL PERONISMO RECUPERAR LA SUYA?



*Por Claudio Diaz


Son adjetivos calificativos que se repiten hipnóticamente, para que queden grabados en la memoria del receptor y no puedan salir de allí nunca más.


Antidemocráticos
Autoritarios
Burócratas
Cabecitas
Corruptos
Delincuentes
Demagogos
Dictatoriales
Energúmenos
Fascistas
Grasas
Incultos
Ignorantes
Intolerantes
Lacra
Nazis
Negros brutos
Peste
Vagos

Probemos otra vez, ahora alterando el orden de aparición de todos esos términos…

Corruptos
Fascistas
Negros brutos
Autoritarios
Ignorantes
Grasas
Demagogos
Vagos
Incultos
Lacra
Cabecitas
Nazis
Peste
Delincuentes
Antidemocráticos
Energúmenos
Burócratas
Intolerantes
Dictatoriales

¿Cuántas veces se dijo?  ¿Cuántas páginas de diarios y revistas, libros y guiones cinematográficos, se cubrieron con ellas? Parece que el peronismo es todo eso junto. Es decir: una porquería… Así, al menos, lo han presentado en el mercado los publicistas de la política.

Sin embargo, y a pesar de tanta campaña marketinera en contra, al movimiento político más popular de la historia argentina no le ha ido tan mal. Sigue siendo un producto de consumo masivo, aún con la adulteración que ha sufrido por parte de algunos pretendidos fabricantes que -con la excusa de modernizar su envase-  trataron de vaciarlo de su contenido original.

El peronismo es la Coca Cola de las gaseosas, con perdón de la asimilación que se hace respecto de la bebida más imperial del mundo. El peronismo es el Boca y River del fútbol, sin que se ofendan los millones de hinchas de otros clubes que también son nacionales y populares.

Sin embargo, una minoría que se deleita con otros placeres, que se cuida con yogures descremados, se esfuerza desde hace mucho tiempo en presentar al que es sin duda el máximo pilar de nuestra nacionalidad como algo altamente peligroso para la salud pública, lleno de contraindicaciones, tóxico, se diría que casi mortal.

Así como cuando de chicos nuestras madres nos abrían la boca para ponernos la cuchara con el jarabe o la vitamina: así, también, parece suceder ahora con millones de argentinos pretendidamente cultos e informados a los que no les abren la boca sino directamente la cabeza, para llenárselas de preconceptos, sofismas, verdades que no son.

Que aquellas definiciones acerca del peronismo y el movimiento obrero argentino sean hoy moneda corriente en la opinión de amplios sectores “medios” de la Argentina, es el resultado de un trabajo de mucho tiempo por parte de la oligarquía de la comunicación.

Ese sistema ha logrado moldear una masa amorfa aunque no homogénea (ni en lo social ni en lo ideológico) que ha sido “mediatizada” a tal punto que hoy ha perdido capacidad para pensar y razonar por sí misma. Esta nueva “clase urbana” se transforma  en una repetidora de conceptos e ideas ajenas, “importadas” desde esos centros de poder que elaboran el discurso para mantener el dominio sobre las grandes mayorías nacionales.

Se ha dicho varias veces, se repite a menudo, que el peronismo y el pueblo en general, que poco prestan atención a los espantapájaros radiales y que tampoco leen con frecuencia los sermones de los pontífices de la prensa escrita, casi no han tenido dificultades a lo largo de su derrotero como ciudadanos del país para saber ubicar la estrella que puede alumbrar sus vidas.

Pero eso pudo haber sido antes, cuando la incidencia de estos grupos de presión psicológica que son los medios, no tenían ni el alcance ni la influencia del presente. Estamos diciendo que el aparato del poder propagandístico, con la televisión en particular, hoy regula la vida del hombre de manera escandalosa. Pero, también, queremos decir que la tarea de desenmascaramiento de ese factor de poder que se presenta ante una comunidad entera con el inocente nombre de periodismo independiente, es más imprescindible que nunca porque la política (y dentro de ella, claro, el peronismo) ha abandonado hace rato el cultivo de las ideas centrales que necesita un pueblo para valerse por sí mismo. Si antes nos formaban para la política, ahora intentan formatearnos para el nuevo orden social: consumo y pasatismo.

Admitiendo por adelantado que en el fondo nos gusta provocar,  afirmamos… Que el movimiento nacional podría seguir el camino de la mismísima Iglesia católica, que por abandonar su doctrina de fe (para atender asuntos más terrenales, es decir: materiales) fue perdiendo cada vez más feligreses, ganados en las últimas décadas por esas sectas que, al igual que los medios de comunicación, prometen un mundo más justo, más humano, más digno, pero no.

Ahora sino en otro tiempo, vaya a saber uno cuándo… Eso se parece a la promesa de los gurúes del capitalismo liberal que, con ayuda de esos medios, nos dicen a diario que la copa ya se llenará y derramará el ansiado líquido sobre nuestras sequísimas bocas. “Tengan paciencia”, nos dicen. “Que vuestra sed ya tendrá su gota de justicia”, agregan cínicamente.

Pues habrá, entonces, que encomendarse a nuestro señor, a nuestro General… “Perón nuestro, que estás en los cielos…”.  Porque ellos, los “eyos” de los que premonitoriamente nos habló Oesterheld hace medio siglo, siguen allí y tienen la palabra. Ojalá que el movimiento nacional quiera recuperar la suya.


*Publicado el 22 de Febrero de 2009 para Revista Ida & Vuelta

EN EL NOMBRE DEL HIJO




Después de 25 años volvió a reeditarse José
Es uno de los primeros libros sobre la militancia de los ’70. Lo escribió Matilde Herrera, a quien la dictadura le desapareció a sus tres hijos.


Una madre con sus tres hijos ilustra la foto de esta nota. En primer plano está la mamá, Matilde Herrera. Periodista, escritora, poeta. La rodean sus hijos, que tuvo con Rafael Beláustegui: Valeria, la mayor; José, el del medio (con bigote); Martín, el más chico (con cara aniñada). ¿Había en ellos un sentimiento premonitorio? Se podría inferir por esos rostros graves, las miradas duras, las sonrisas que no aparecen, las ropas de un único color negro. ¿Presagiaban lo que vendría: la muerte, la aniquilación, la oscuridad?

Esos tres chicos que inquieren desde esta página ya no están. Militantes del PRT-ERP, fueron desaparecidos en 1977, al igual que sus parejas. Matilde siempre los buscó.

Exiliada en París, formó parte de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu). Desde allí denunció al terrorismo de Estado y pidió por la aparición de sus hijos y nietos. Volvió al país en democracia y fue una activa Abuela de Plaza de Mayo. Murió de cáncer en 1990, sin respuestas.

Tres años antes de morir dejó un legado histórico: el libro José, publicado por primera vez en 1987, después de dos décadas de ausencia. Agotado durante muchos años, ahora fue editado por Ediciones Punto Crítico, gracias a la decisión de los nietos de Matilde, Antonio y Tania. Matilde explica en las primeras páginas el motivo de José: “Resucitar la voz de un militante popular de los ’70”. También lo expone Osvaldo Soriano, desde el prólogo de la primera edición: “Ésta es la historia de una vida que se cuenta a sí misma. El personaje de este libro es un símbolo de aquella época: Matilde se hace intérprete de las pasiones, los anhelos y los errores de José, de sus hermanos y por extensión de todos los militantes que intentaron cambiar por la fuerza un orden de injusticia y engaño.”

El libro reúne en 400 páginas el relato de Matilde sobre la historia familiar, fotos, dibujos y poesías de José, el recuerdo de amigos, las entrevistas que Matilde hizo a las personas que lo conocieron. Y muchas cartas: de un niño a su madre, de un adolescente que viaja, de un joven que intenta tranquilizar a su madre desde la clandestinidad. Nada aquí es ficción. Todo pasó y estremece leerlo. A diez años de la desaparición de José, Matilde escribió: “Han quedado tus cartas, tus escritos. Ha quedado tu voz, y yo me permito darla a conocer. Quiero que permanezca tu palabra, la de tus hermanos, y a través de ustedes, la de todos aquellos que fueron secuestrados durante la dictadura. Los que están desaparecidos, pero que no han de aparecer jamás.”

Matilde trabajó en la Argentina en agencias de publicidad y también en las revistas Primera Plana y Crisis, entre otras. Fue amiga de Paco Urondo, Rodolfo Walsh, David Viñas y Julio Cortázar. Con Rafael Beláustegui tuvo a sus tres hijos. Se separaron y tuvo un segundo matrimonio con Roberto Bobby Aizenberg, un reconocido artista plástico. El libro es, primero, un hermoso relato sobre la cotidianidad de una madre y sus tres hijos. Sobre los problemas de la crianza, los pormenores de la convivencia. Y el despertar político y el compromiso de esos chicos en los convulsionados años del Mayo Francés, la muerte del Che, Vietnam, el Chile de Salvador Allende, Ezeiza. Matilde recuerda que en 1962, con ocho años, José le preguntó: “Mamá, ¿por qué los hombres no se quieren?”. “Lo abracé fuerte. Toda su vida siguió haciéndome esa pregunta. Él amó mucho y no podía soportar el odio. Cuando fue creciendo trató de revertir esa situación.”

El interés de José por la militancia empezó de muy joven. A los 13 años se acercó al Partido Comunista Revolucionario (PCR). Fue también dirigente del Frente de Lucha de Secundarios (FLS) y de la columna Inti Peredo de las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL). Para esa época, Valeria había optado por el Movimiento de Liberación Nacional (MNL) que lideraba Ismael Viñas. Matilde recuerda una noche con José, cuando le informó sobre la muerte de un sobrinito de Aizenberg. Se puso a llorar y le decía: ¿Por qué, mamá? “De golpe tuve una imagen clarísima del hecho de morir. Fue como un latigazo. Lo miré y pensé que la ausencia definitiva era posible. Que nadie podía defenderse si la muerte atacaba. En ese momento presentí por primera vez que algún día no lo tendría a mi lado.”

Su intuición de madre se haría realidad. De la militancia estudiantil, los tres hermanos pasaron al PRT-ERP. Matilde recuerda cuando José se lo informó. “¡No quiero saber!”, le dijo y se tapó los oídos. “Mamá –le dijo apartando suavemente sus manos– no puedo vivir de espaldas a la injusticia.” “¡Te van a matar! ¡No quiero que te maten!”, le respondió y lo abrazó llorando. Durante los años ’74 y ’75 la militancia había acrecentado los riesgos de seguridad de los tres hermanos, con el acecho constante de las tres A y la policía. Todo se agravaría, claro, con la llegada al poder de las fuerzas armadas. José fue secuestrado el 30 de mayo del ’77, con su esposa Electra. Tenía 22 años. Una semana antes habían chupado a su hermana Valeria, de 24 años, con su esposo Ricardo Waisberg. Martín, de 19, fue apresado junto a su esposa, María Cristina López Guerra, dos meses después. Sólo se supo que José pasó por el centro clandestino de detención El Atlético. Y que Valeria y su esposo por El Campito. Valeria y María Cristina estaban embarazadas de tres meses al momento de su desaparición. No se sabe el destino de esos bebés. Quedaron dos pequeños hijos: Tania Waisberg, de quince meses, que fue devuelta a su familia. Y Antonio Beláustegui, de dos años, hijo de José.

“Señores, en menos de un año ha desaparecido toda una familia. Nadie me ha dicho de qué se los acusa. No sé dónde se encuentran. No sé si están enfermos. No sé si son sometidos a torturas, no sé si están vivos o muertos”, escribía en septiembre de 1977, desde el exilio. Se había ido a París con Aizenberg. Ni bien llegó, se puso en contacto con otras víctimas. Una de sus primeras cartas fue traducida al francés y al inglés y circuló por todo el mundo. Al poco tiempo, testimonió en la ONU. Matilde ya era parte de la Cadhu. Volvió, como muchos otros, en el ’83. La lucha la seguiría desde su trabajo en Abuelas. Su compromiso duró hasta el día de su muerte, en 1990. Una década después, en 2001, llegó el reconocimiento: la Legislatura porteña la eligió como una de las mujeres argentinas del siglo XX.

El prólogo actual de José lo escribió el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde. “Matilde fue una entrañable amiga. Recorrió Europa denunciando a la dictadura terrorista, anteponiendo su fuerza espiritual por sobre su precariedad física y continuó su lucha durante la democracia. Con su palabra, su fuerza, su historia dio sentido al ejercicio de una ética irrenunciable reclamando una y otra vez no sólo por la aparición con vida de sus hijos, sino de todos los desaparecidos”, recuerda para Miradas al Sur. Y agrega: “Puso al servicio de esta lucha, sobreponiéndose a la brutal tragedia, su fino intelecto y la cultura que poseía. Nos queda el recuerdo de su extraordinaria personalidad y sus tres libros –del cual José es su obra mayor– cuya relectura nos calienta el alma.”

El texto termina con un poema de José, escrito en 1968, cuando tenía 13 años. Dice: “Sé que algún día dejaré de pertenecer al mundo/ y nunca más podré escribir/ ni hacer el amor/ ni disfrazar la naturaleza con un poema/ ni viajar en los libros/ ni exponer mis ideas./ Por eso es que en este poema dejo mar, cielo y luna/ mariposas, besos y sirenas/ y me dejo a mí/ porque cuando muera seguiré viviendo en estos versos.”


PACO URONDO




La libertad es real aunque no se sabe bien / si pertenece al mundo de los vivos, al / mundo de los muertos, al mundo de las
/ fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o / de la producción.
La verdad es la única realidad, Paco Urondo.

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973


Fuente: Textos y Contexos Telam

HAY COSAS QUE SERÍA ÚTIL QUE FUERAN DICHAS



*Por Rodolfo Walsh

Marzo de 1972. De los papeles personales de Rodolfo Walsh, reflexiones sobre su vida y su escritura. Walsh textual.

"Martes 14. Entre el sábado y el lunes lectura de la novela de Paco (Urondo). Agitó muchas cosas, entre ellas el siempre latente problema de la escritura.

Aunque es evidente que no me considero ya un novelista, que no me veo consagrando mi vida a escribir novelas, ni siquiera una novela, también es cierto que hay cosas que podría decir que me gustaría decir que sería útil que fueran dichas.

Pienso que mi vida como muchas vidas ilustra cosas, que esas cosas serían más claras para algunos de los demás para aquellos a quienes quiero entre los demás si yo encontrara una forma verídica sincera de sintetizar esa vida y esa experiencia.

¿Cuál sería el método? Imagino de pronto una especie de inventario de todas las cosas los lugares las ideas sobre todo las personas que se han acumulado en mi memoria. Tal vez si hiciera ese inventario encontraría luego el hilo conductor que lo justificará literariamente pero sobre todo su razón de ser histórica política.

Porque si yo muriera mañana una parte de mi vida –esta parte de mi vida- podría parecer insensata y ser reclamada por algunos que desprecio e ignorada por otros a los que podría amar. Desde luego esa reivindicación personal no es lo que más importa –aunque no sea totalmente capaz aún de renunciar a ella. Lo que importa es el proceso que ha pasado por mí la historia de cómo yo cambié y cambiaron los demás y cambió el país.

Lo que importa es cómo pudo nacer aquí en este lugar dejado lo que está naciendo. Importan también los otros, los responsables, los chantas: yo me entiendo por ahora.

Imagino también un inventario de las cosas que quiero y las cosas que odio: ya lo dije. Las cosas que quiero mis hijas el trabajo oscuro que hago los compañeros el futuro los que no obedecen los que no se rinden los que piensan y forjan y planean los que actúan el análisis claro la revelación de lo escondido el método cotidiano la furia fría la alegría general que ha de venir un día la gente abrazándose la pareja en su amor la esperanza insobornable la sumersión en los otros.

Las cosas que odio que desprecio la traición la estupidez Frondizi la televisión Jacobo los yanquis de la Esso o los ingleses de la Shell porque estos hijos de puta son cuñas del mismo palo Bernardo Neustad los mercenarios los discursos de los generales las turritas y los pavos de la publicidad oliendo a la colonia que mata los comunistas del partido los falsos profetas de la izquierda acalambrada la camiseta peronista el bigote peronista el odio de los oligarcas la cultura de La Prensa la senilidad de Borges la convicción de Gleyzer o de Aizcorbe los que matan a la gente los torturadores los farsantes los radicales del pueblo sobre todo si son jóvenes y una lista inmensa inalcanzable que se podría tratar de perfeccionar.

¿Qué hago yo con todo eso? Empiezo a juntarlo y empiezo a mirarlo empiezo a estudiarlo empiezo a ver si se deja escribir. Y si no se deja mala suerte será como la primera nenita que no se dejó cuando yo tenía ocho años y ella tal vez seis. Porque si no es sobre eso no vale la pena escribir sobre nada".

Rodolfo Walsh 14/3/72

Fuente: "La Voluntad. Tomo I" de Anguita-Caparrós, págs 535/536
Nota: la ausencia de comas es textual del libro, a su vez textual del original.


Fuente: El Ortiba

ENRIQUETA MUÑIZ, LA MUJER DETRÁS DE OPERACIÓN MASACRE


Desde el principio está conmigo una muchacha que es periodista, se llama Enriqueta Muñiz, se juega entera. Es difícil hacerle justicia en unas pocas líneas. Simplemente quiero decir que en algún lugar de este libro escribo “hice”, “fui”, “descubrí”, debe entenderse “hicimos”, “fuimos”, “descubrimos”.

Con esta frase contundente  Rodolfo Walsh buscó hacer visible y agradecer el sesudo trabajo que realizó Enriqueta Muñiz durante la investigación de lo que luego sería Operación Masacre.
Enriqueta era muy jovencita, tenía 22 años, cuando Walsh la tomó como colaboradora para la investigación de los fusilamientos del ‘56. Española de nacimiento, hacía pocos años que residía en la Argentina junto a sus padres; habían llegado huyendo de la Guerra Civil Española, luego de pasar una estancia en Francia y Bélgica.  Una vez en el país, y con sus estudios realizados en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, Enriqueta Muñiz ingresó a trabajar como traductora en la Editorial Hachette.
Si bien no hay detalles acerca de cómo fue el trabajo de Enriqueta durante el proceso de investigación de Operación Masacre (por ejemplo, si acompañó a Walsh en todas las entrevistas a los “fusilados que viven”, si realizó algunos de esos reportajes sola o si se limitaba a verificar datos), lo cierto es que la dedicación y referencia que hace el autor sobre ella confirma al menos una colaboración estrecha. “Yo lo admiraba y fue un honor que me eligiera”, dijo Enriqueta en alguno de los pocos reportajes que ha concedido sobre el tema. Incluso hay quiénes se atreven a decir que a la novel periodista y al escritor los habría unido algo más que la pasión por descubrir el caso de José León Suárez. Pero esta es una más de las tantas conjeturas que se han tejido alrededor de mítico escritor.
Si bien este trabajo seguramente marcó la vida de Enriqueta Muñiz,  su carrera en el periodismo y las letras fue prolífica y trascendió este episodio. Publicó numerosos artículos y algunos libros y ha sido referente en el periodismo cultural. En 1980 ingresó en el diario La Prensa y llegó a ser prosecretaria de Redacción y editora del Suplemento Cultural. Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, dio clases de periodismo y obtuvo premios y reconocimientos por su labor como el Premio Konex al periodismo cultural en 1987 y en 1990 el tercer premio municipal de Literatura por la novela Emaciano en el umbral.
Es miembro de la Academia Nacional de Periodismo desde 1993 donde se destacó como prosecretaria académica entre 1999 y 2005.

Fuente: Proyecto Walsh

HOY SE CELEBRA LA CREACIÓN DEL PRIMER DIARIO PATRIÓTICO





De Mariano Moreno fue la iniciativa de la fundación de la Gazeta de Buenos Ayres.

La redacción estaba compuesta por Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli. Fueron ellos los redactores que volcaron en las páginas del primer periódico de la etapa independentista argentina -"La Gazeta de Buenos Ayres"- sus intenciones de separación de España. Patriotismo, derechos, unión, esas fueron algunas de las palabras más utilizadas en los artículos de aquellos argentinos - hoy próceres- con ansias de libertad.

La decisión de crear un medio de expresión con esas características fue de Moreno. Aunque también recibió el apoyo de la Primera Junta, que indicó por decreto su fundación, por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Por ello, durante el Primer Congreso Nacional de Periodistas, celebrado en 1938 en Córdoba, se decidió instaurar el 7 de junio como Día Nacional del Periodista, recordando así al nacimiento del primer medio de prensa con ideas patrióticas.

"¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gazeta de Buenos Ayres", escribió Moreno en el número uno.


Fuente: La Gaceta

LA ALJABA, UN PERIÓDICO ARGENTINO DE MUJERES


Dedicado "al bello sexo argentino" apareció en 1830 el primer periódico de Argentina editado por una mujer. La autora, Petrona Rosende de Sierra, fue la precursora del periodismo de género local.

*Por Pamela Damia | Desde La Plata, Argentina. 03|02|2005

A 173 años de la aparición del primer número de La Aljaba, a fines de 2004, el Archivo Histórico Ricardo Levenne de la Provincia de Buenos Aires reeditó en su tamaño original aquellos números que se guardaban en colección.
En medio de un clima político agitado por enfrentamientos entre unitarios y federales (las dos facciones que se disputaban el poder para la organización nacional en la Argentina de 1830), una mujer preparaba sigilosamente un periódico de corte literario dedicado a la mujer.

La Aljaba, que significa carcax (nombre del estuche para llevar flechas), intentaba advertir a la mujer el rol social con un único objetivo: cambiar su condición y contribuir a la emancipación cultural del género.

La exhausta investigación de Néstor Tomás Auzá (Periodísmo y feminismo en la Argentina: 1830-1930, Emecé Editores, 1988, Buenos Aires) plantea que el nombre de la revista sugeriría pensar "en los artículos como flechas". Esto puede observarse en una frase del Prospecto (anuncio y adelanto del contenido de la publicación, más que nada para sus colegas): "La Aljaba armó sus flechas antes de que La Argentina pensara hablaros".

La Argentina fue una publicación que apareció diez días antes de La Aljaba y también se promovía como el primer periódico para la mujer porteña, pero fue considerado un fraude periodístico dado que la anónima redactora era nada menos que un hombre que militaba para la causa federal.

Además, la edición de La Aljaba hacía más de un mes que estaba entorpecida porque la Imprenta del Estado, donde se hacía, tenía que concluir otros trabajos.

Este tipo de entretelones hicieron más interesante la propuesta: el periódico hecho por y para la mujer comenzó a existir concretamente el 12 de noviembre de 1830 y se edito hasta el 14 de enero de 1830. Su cierre obedeció a problemas de salud de la editora. Además, ella misma dijo entonces que "el estado del país tiene cosas más importantes de las que preocuparse".

Llegaron a editarse reuniendo un total de entre ocho y diez entregas por suscripción. En esa época, en Buenos Aires, no existía la venta callejera de periódicos. La periodicidad de ésta publicación de cuatro páginas, muy bien impresa y de variada tipografía, era de dos veces por semana, aunque los investigadores afirman que ello no siempre se cumplió.

"No aplaudida, porque en ello no está su ambición fijada. Ahora aspira a ser leída. Y en otro tiempo admirada." Estos son los últimos versos del prospecto con que la redactora y editora de La Aljaba, Petrona Rosende de Sierra, de quien no se conoce mucho, demostraba su gran lucidez a la hora de emprender una tarea de avanzada en el periodismo argentino.

Un propósito verdaderamente difícil para la época, ya que ninguna mujer había estado en una redacción ni mucho menos había firmado artículos. "La Aljaba no tiene colaboradores porque no los necesita", decía su editora Rosende de Sierra fue la precursora en el género periodístico femenino aunque su actuación fue breve.

Luego de La Aljaba no intentó ningún otro ensayo similar, quizás por no estar dadas las condiciones para que una iniciativa así se sostuviese. Habría que esperar veinte años (hasta 1852, año en cayó el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y hombre fuerte de todo el país, Juan Manuel de Rosas) para que otra mujer, Rosa Guerra, irrumpa en el periodismo con la publicación La Camelia.

Petrona Rosende de Sierra (1787-1862), nacida en Uruguay y con cuarenta y tres años cuando emprendió la realización de la revista femenina, tuvo algunas otras experiencias en el periodismo de carácter poético, según el investigador Antonio Zinny. Fue una mujer perteneciente a la llamada alta sociedad porteña.

En la leyenda o subtítulo de su publicación figuraba la siguiente expresión: "Nos libraremos de la injusticia de los demás hombres solamente cuando no existamos entre ellos".

Esa fue sin duda la bandera de combate con que enfrentó su escepticismo en torno a la actitud de los hombres para con las mujeres y la firme convicción de que esa era su realidad.

Los escritos de La Aljaba, editados a dos columnas y que incluían poemas, fábulas y pequeños ensayos, mostraban a una Rosende de Sierra culta, de gran sentido común, con mucha capacidad de reflexión y evidente influencia religiosa.

Demostraba sus ideas acerca del rol de la mujer en la sociedad y exaltaba las normas morales. Entre los temas tratados en sus artículos figuran la educación, la amistad, la religión, la beneficencia, el amor a la patria, y sobre todo la igualdad entre los géneros.

"El talento de las mujeres nada tiene que envidiar al del hombre para ejercer el arte, la ciencia o el cultivo", afirmaba esta precursora del periodismo de género. De ninguna manera hizo caso omiso de la situación política del momento, ya que dejó sentado que La Aljaba "no aceptaría un país dividido entre Unitarios y Federales sino uno de argentinos amantes de su patria.

Si bien la revista se dirigía esencialmente a las mujeres, su intención fue formar el criterio de los hombres sobre la condición y cualidades del género, porque, sostenía, "de esa manera multiplicaba la influencia de sus ideas".

Cuidaba a su público masculino porque éste ayudaba a sostener económicamente el emprendimiento. La autora no ocultaba sus intenciones: "es preciso que ellos persuadan a las señoras que deben presentarse a proteger un periódico que por primera vez se les ha dedicado (...). En las listas de suscripciones se ve un corto número de señoras entre los muchos señores que favorecen a La Aljaba", escribió poco antes de suspender su empresa de verdadera vanguardia.