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18 de marzo de 2012

DERECHOS HUMANOS, MEMORIA Y PRAXIS



*Por José A. Gomez Di Vicenzo

Derechos, pensamiento y acción

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos producida en la Asamblea General de las Naciones Unidas de diciembre de 1948, hasta nuestros días, la cuestión de los derechos humanos ha provocado un sinnúmero de debates teóricos. Mucha tinta ha corrido para señalar su naturaleza, su fundamentación y una serie de problemas vinculados con la distancia que existe entre la loable, y la mayoría de las veces, también escolástica intensión de garantizar tales derechos, junto a la escasa capacidad concreta por lograr su cumplimiento de parte de los Estados, unida a las sistemáticas y recurrentes violaciones en las que suelen caer los principales defensores de los valores occidentales.
El aparente agotamiento de la discusión, junto al, en buena hora, consolidado éxito de las políticas tendientes a la defensa de los derechos humanos y el juicio y castigo a quienes los violaron sistemáticamente en la dictadura, logrados a partir del 2003 en nuestro país, podría hacernos pensar que nada nuevo puede decirse sobre el tema y lo que es peor, nada novedoso puede hacerse, más que repetir ciertas estrategias consolidadas y reconocidas como efectivas, para sancionar las violaciones de los derechos humanos, para honrar la memoria de quienes dieron sus vidas por las causas populares y evitar futuros desastres.
Sin embargo, el éxito actual en la lucha contra la opresión y la violencia de los 70 no necesariamente garantiza la desarticulación de ciertas prácticas llevadas a cabo por acción y hoy, básicamente, por omisión, por parte del Estado o bien fundamentadas teóricamente, tanto por un enemigo agazapado que busca borrar el pasado y legitimar prácticas violatorias en el contexto actual, como por actores que ni siquiera se dan cuenta cómo al pedir por la concreción de ciertas políticas, estarían clamando, en consonancia, la violación de ciertos derechos humanos.
En efecto, que tengamos sendas declaraciones de derechos no está posibilitando neutralizar aquellas prácticas en las que, y aquí tenemos el motivo central para continuar la discusión, el Estado por omisión no hace cumplir los derechos humanos. La ritualización de las prácticas y su naturalización tal vez sean los principales enemigos a combatir para quienes se saben defensores de las causas populares y de los derechos del hombre. Y que muchos actores clamen por la violación de los derechos (por ejemplo, al pedir por la pena de muerte) es funcional a que otros aprovechen ese tipo de prácticas incorporadas a la acción como mecanismo para replicar sus fines a nivel macro político. Vamos al punto.

Acción u omisión

Como es sabido, son los Estados quienes se han comprometido a nivel internacional firmando y ratificando pactos, tratados y convenciones. Por eso los Estados son los únicos capaces de garantizar los derechos humanos a toda la población. El titular de los derechos es la persona y el que debe garantizar su cumplimiento, el Estado. De la misma forma, es por esto que el Estado sería el único que violaría o no respetaría los derechos humanos. Puede hacerlo por acción o por omisión.
Los violaría por acción al generar actividades que van en contra de los derechos de sus habitantes. Un ejemplo es el terrorismo de Estado que impuso el último gobierno de facto en nuestro país. Pero también, lo son las prácticas autoritarias que se encuentran presentes en  el accionar y en la organización de las fuerzas de seguridad que son responsabilidad de los gobiernos democráticos –maltratos en comisarías, torturas seguidas de muerte o no, detenciones arbitrarias y muertes por gatillo fácil-. Y no los estaría respetando cuando actúa por omisión, cuando por falta acción del Estado, los ciudadanos ven afectados sus derechos. Por ejemplo, cuando el Estado no establece políticas educativas tendientes a eliminar las desigualdades en el acceso, permanencia y egreso de los sectores populares al sistema educativo, dejando “librada” la responsabilidad de educarse a las condiciones sociales de cada sector de la población.

Derechos humanos y política

Este artículo busca situar a los derechos humanos en el contexto de las luchas sociales y la historia , pretende instalar la idea de que no se puede pensar tales derechos, y ningún derecho en general, por fuera de la praxis política, que el ejercicio de la memoria y el debate permanente (y todo debate parte de posiciones antagónicas y conflicto y se da en el contexto una lucha contra hegemónica por instalar nuevos sentidos más que la búsqueda de consenso) debe orientar la lucha por hacer efectivo el cumplimiento de los derechos y ese debate debe nutrirse de una permanente reflexión (que por supuesto por su propia naturaleza es critica). Porque ningún aspecto de la cuestión estará saldado hasta que, además de las políticas que se dan a nivel macro y las leyes tendientes a sancionar a quienes llevaron a cabo el genocidio, evitando que todo vuelva a suceder, logremos instalar también, el respeto y efectivo cumplimiento de los derechos humanos.
Desde esta perspectiva, los actos del 24 de marzo adquieren un nuevo sentido. Además de instalarse en todo el país como un espacio temporal para reflexionar sobre los hechos malditos llevados a cabo por la dictadura y honrar a quienes lucharon por una sociedad justa, siendo torturados y asesinados, actúa como disparador para la reflexión y la realización de ejercicios simbólicos tendientes a reorientar las prácticas; acciones que no debieran agotarse o languidecer en la perennidad de los eventos sino potenciarse para así, como la gota que horada la piedra, construir nuevas subjetividades capaces de luchar para que se concrete a nivel material, la igualdad que se postula desde el marco legal.
Porque las conquistas populares se construyen en la totalidad de las relaciones sociales, en la producción material y en la producción de significados, en la organización macro-estructural, en los hábitos subjetivos y en las prácticas interpersonales de todos los días. Y la lucha por hacer efectivo el cumplimiento de los derechos humanos por parte del Estado es precisamente esta, la del día a día, una de las principales batallas a dar en las trincheras para alcanzar una sociedad igualitaria.

Memoria y conmemoración

El gran Balzac hacía formular la siguiente pregunta a Rastignac en su maravillosa novela “Padre Goriot”: “Si cada vez que comiese una naranja, muriera un chino, ¿desistiría usted de comer naranjas?”. A lo que Rastignac responde algo así como lo siguiente: “Las naranjas están cerca de mí, yo las conozco, los chinos están tan distantes que no sé si realmente existen”.
La distancia espacial pero también, y sobre todo, la temporal hacen añicos los hechos salvo, claro está, que el ejercicio de la memoria permita reinstalar los temas una y otra vez, hacer que lo que ya fue se reactualice en el presente. La memoria impide que pueda mirarse para otro lado, hacer como que la cosa está lejos y por tanto, alegar, como Rastignac, que se desconoce la cuestión y en consecuencia, no puede hacerse responsable por los hechos. El personaje de la novela borra a los chinos de la historia, los borra del mapa como aquel genocida borraba a los desaparecidos haciendo pantomimas mientras se lo entrevistaba en las cadenas de televisión internacional. El supuesto que subyace aquí es que no conocer es igual a no existir. La memoria neutraliza esa displicencia, moviliza, interpela, y en el mejor de los casos compromete.
Existe, hay que decirlo, una distancia entre el recuerdo y la memoria. En lo que aquí respecta, más que de recordar, de lo que se trata es de conmemorar, hacer memoria con el compañero o el conciudadano, reactualizar para reflexionar, multiplicando los alcances de la crítica, no sólo para condenar lo que pasó, el terrorismo de Estado, sino también, para pensar en lo que nos pasa, el incumplimiento de ciertos derechos por omisión, el porqué de tales infracciones, para transformar lo que se suele dar por hecho, lo dado.
Seguramente, muchos de lectores no hayan vivido o sufrido el terrorismo, algunos ni habían nacido. Otros, a lo mejor, estaban lejos de los campos de exterminio, algunos, tal vez, no pudieron ver. Nada de lo que podamos hacer o decir se compara con las terribles experiencias de quienes vivieron y sufrieron los hechos. No obstante, y aunque los sucesos del 70 estén tan lejos de nosotros como los chinos de las naranjas de Rastignac, no resignamos la tarea de hacer de esta aberrante historia, una herramienta de trasformación de la realidad actual. Y para hacerlo, entre muchas otras cuestiones, contamos con la potencia de los actos simbólicos, esos que por su supremacía material y contundencia hacen más que mil palabras y recuerdos. Porque el tema de la memoria y el castigo a las violaciones de los derechos humanos además de ser motivo de lucha es una herramienta simbólica, para promover la lucha social por hacer efectivos todos los derechos.

Mejor que decir es hacer

La imagen del Presidente Kirchner, aquel que fuera elegido por la voluntad popular y que se cargó en la mochila el compromiso por representarla con convicción, ordenando - y haciendo cumplir el mandato- a un efectivo de las fuerzas militares bajar los retratos de los dictadores y genocidas golpistas colgados en los pasillos de la Casa Rosada, uno de los espacios de poder donde se toman las decisiones que atañen a la totalidad de los argentinos, se constituye en uno de esos hechos simbólicos capaces de movilizar o transformar las subjetividades. Es un símbolo de una política pero también, una herramienta de concientización. Podría no haberlo hecho, podría haber expuesto todo tipo de expresiones de deseo; podría, y no sería la primera vez que se hace en nuestro país, haber llevado a cabo una política de derechos humanos verborrágica, insulsa, poco densa, más cercana al hacer como sí, proclive a limpiar las culpas de una burguesía supuestamente progresista que quiere enterrar el pasado para hacer como que no pasó. Sin embargo, el Presidente corrió el eje hacia los hechos y machacó desde distintos lugares y apelando a distintas estrategias sobre la importancia de no clausurar el pasado, de no efectuar un cierre sepultándolo para siempre, para que las heridas se curen. Porque las heridas estarán allí marcándonos para siempre y permanecerán para siempre, para que volvamos permanentemente a reflexionar sobre la manera en que hacen de nuestro cuerpo histórico, un cuerpo particular, un cuerpo que crece, se reconstituye permanentemente y busca sobrevivir y mejorar las condiciones de vida. Por eso, además de dar cuenta de una política que se instala como ruptura da cuenta de una praxis orientada a hacer hoy efectiva la marcha hacia el cumplimiento de los derechos.

Multiplicar es la tarea

Ahora bien, hay otro aspecto importante que destacar. Este tipo de acciones se instalan como multiplicadoras. Un formidable grupo de jóvenes resuenan con el mensaje, lo internalizan, lo hacen parte de sus hábitos, actuando ellos también como multiplicadores. No es casual que, en los últimos años, hayan reaparecido y crecido las agrupaciones juveniles en torno al proyecto. Ellas son importantes como agentes mediadores entre las políticas a nivel macro y las prácticas cotidianas. Y no es casual que sean ellas las que están en las miras de los medios que representan a las corporaciones que resisten las políticas tendientes a reinstalar el valor de una praxis que logra cambios concretos. El temor por la reactualización de grupos combativos como los de los 70, propio de algún mercenario que apela a la descalificación y dicho sea de paso, la discriminación, es insignificante comparado con el hecho de que estos actores interesados representantes de intereses concretos saben que, gracias a las acciones efectivas en el nivel de las micro prácticas, estas agrupaciones políticas están cambiando la forma de percibir y actuar de la sociedad. La política comienza a ser real. Y los derechos humanos también porque son motivo de lucha de las agrupaciones que al generar presión desde las bases van modificando las políticas a nivel macro.
En efecto, este tipo de materialización de las políticas en la militancia actúa también como mediador entre la teoría y la práctica evitando que los derechos humanos sean algo así como una especie de sustancia vaporosa sino objeto de lucha permanente. Mal que nos pese a quienes trabajamos con el conocimiento, no son ni la filosofía política ni la ciencia política las que producen los cambios sino las militancias y las prácticas concretas. La política es praxis, y dentro de este marco general, la lucha por los derechos humanos es praxis también. Se hace en el día a día y se hace no sólo con la ayuda de la ley sino también, cambiando subjetividades.

Hacia la justicia social luchando por los derechos

En el capitalismo, la supuesta igualdad legal postulada desde la filosofía política se da de bruces frente al desigual acceso a los bienes materiales y simbólicos. Esto es así desde que llegamos al mundo y comenzamos a actuar en él. Es una precondición a toda acción. En lo cotidiano, los actores reproducen ciertas prácticas funcionales para la reproducción del orden social al naturalizar lo dado. Sin embargo, las prácticas pueden tomarse como objeto de crítica para la transformación simbólica y material de lo dado. Si queremos hacer real la justicia social, si queremos que los derechos humanos estén más vigentes que nunca asegurando en el plano material la igualdad que se postula a nivel formal debemos trabajar reflexionando sobre lo que nos pasó, pero asimismo, sobre lo que nos pasa.
Si podemos desnaturalizar ciertas prácticas actuando políticamente a nivel micro social y apelando a la potencia simbólica de los hechos, tendremos, sin duda, una prueba irrefutable de lo que pueden producir nuevas subjetividades cuando nos proponemos trabajar sin temor a ir más allá de lo que se considera posible. Y así será factible producir, dentro de los límites de la reproducción de la vida cotidiana, una comprensión cabal de lo que traba la liberación de las personas y las sociedades, de cómo para muchos los derechos humanos pueden ser sólo una frase vacía, una teoría vaporosa, que encubre o es funcional a la dominación.
Así los derechos humanos cobran fuerza como herramienta de transformación en la praxis política para quienes continúan con tenacidad y entrega su labor de subvertir lo existente, construir nuevas posibilidades a futuro y ayudar a hacerlo realidad. Y de este modo estaremos haciendo honor a quienes lucharon por un mundo mejor y fueron perseguidos dejándonos un legado riquísimo de ideas y valores.

HUMOR INTELIGENTE


ROBERTO ARLT: DEMOLIENDO MODELOS




En 1926, Enrique Santos Discépolo escribió Qué vachaché. Lo estrenó en Montevideo y resultó un estruendoso fracaso. El autor, recordando el comentario de un uruguayo a la salida del teatro: “este hombre no volverá a escribir un tango”, asegura que, en realidad, la letra no era mejor ni peor, era distinta, “enfocaba la vida de otro modo”. En ese mismo año, Homero Manzi escribe su primer tango: Viejo Ciego. También publican otros poetas que estuvieron cerca del tango: Nicolás Olivari, Musa de la mala pata; Raúl González Tuñón, El violín del diablo. Crece la narrativa: Ricardo Güiraldes edita Don Segundo Sombra; Horacio Quiroga, Los desterrados y Eduardo Mallea, Cuentos para una inglesa desesperada.

Es en ese prolífico año que Roberto Arlt inicia un tipo de novela que, de acuerdo a la predicación de Discepolín, “enfocaba la vida de otro modo”. De paso desenmascaraba la moralina que juega a las escondidas tras “las grandes palabras”, o anda de “disfrazao sin carnaval” con el taparrabos de la antepenúltima moda o teoría europea, norteamericana o rusa como se quejará poco después, Raúl Scalabrini Ortiz en El hombre que está solo y espera.

En el Juguete Rabioso, que Arlt había bautizado La Vida Puerca en un intento de fonetizar la maldición de nuestros abuelos italianos (la porca vita!), dejó pasar a la escritura los sonidos y la furia de la realidad que, aunque parezca mentira, no es sólo discurso, existe. Pasó así del “placer del texto”, especie de autoerotismo postmodermo, a la “terrible alegría” que para emerger debe configurarse con “requechos” de discursos mutilados, con las hilachas sueltas de textualidades en derrota. Esta operación es imposible si no se concretan incursiones previas y constantes de cirujeo por los basurales del texto canónico que, a pesar de todo , no deja de ser un telar mágico. Es un acto de sobrevivencia que consiste en rescatar las hebras o hilachas que conectan a la gran trama geocultural del sentido profundo, es decir, al geotexto que es global y particular al mismo tiempo, expresa a la nación y al mundo y está construida como poética del espacio-tiempo. Necesita, por lo tanto, emisores y destinatarios con nuevos órganos de percepción y exploradores de nuevas zonas de prospección y explotación de reservas semánticas que siempre son renovables. Toda modelización no apresurada no puede dejar de reconocer que sólo el balbuceo contiene lo nuevo, como la “pavita de agua” de Macedonio Fernández que “aprende de nuevo a silbar cada vez que la ponen al fuego”.

Ahora bien, esta convocatoria al climax geocultural de El Juguete Rabioso tiene que ver con ciertas recurrencias discursivas que suelen organizar la retórica fatalista de los relatos periodísticos. En efecto, las palabrasvandalismo, vándalo, vandálico, y expresiones como acción vandálica, hechos vandálicos acaparan titulares y centran semánticamente casi todos los párrafos de las crónicas que dan cuenta sobre las fechorías desatadas por adolescentes en sus propias escuelas hasta que según el cronista se “convierten en lugares inapropiados para educar”.

Se prueba y contraprueba, además, que los destrozos y saqueos provienen “en su mayoría de menores de edad” y, con frecuencia, de alumnos o exalumnos de los mismos establecimientos. A partir de estos datos por todos conocidos, se me ocurrió desenredar la desmadejada urdimbre del texto de Arlt.

El juguete rabioso

 

 Recordemos que el protagonista de El juguete rabioso, Silvio Astier, es un adolescente de catorce años. Según Raúl Larra (1950): “Es la adolescencia de los de abajo lo que este libro refleja”.

El primer capítulo se titula “Los Ladrones” y cuenta las aventuras de la banda organizada por Silvio y sus amigos. Son seres caídos en el desamor, la humillación, la desocupación. Se mezclan el hijo del inmigrante y el de familia venida a menos. Los jóvenes deciden crear un Club de Ladrones, porque el dinero “adquirido a fuerza de trapacerías” les parecía “más valioso y útil”, “les hablaba con expresivo lenguaje”, “les susurraba en las orejas un elogio sonriente y una picardía excitante”, era “un vino generoso que arrastraba a divinas francachelas”. En otras palabras, están hechizados por el poder mágico del dinero instituido como lengua social básica y patern organizador del sentido.

Estos jóvenes saben sobrevivir con astucia, saben cuerpear la goma de la yuta y devoran los folletines que les provee un zapatero andaluz deforme y cojo. Los folletines vendrían a ser el equivalente de las series e “informes” actuales: por un lado instauran modelos; por otro, estigmatizan al propio lector como no culto, como carente de los saberes legitimados por la sociedad. Marginados de los bienes materiales y culturales, eran chusma.

Pues bien, los jóvenes, entre otras fechorías, deciden saquear la escuela. Como Diego Corrientes, el héroe de las novelas por entrega, esperaban dar al pobre lo que le quitaban al rico y tener una mujer en todos los cortijos. Marchan ya los adolescentes a robar la escuela. Los acecha el temor, los empuja la atracción del peligro: “No hay más que saltar la verja que da a la calle y al patio”, dice uno.

¿Qué esperan robar? La biblioteca. ¿Qué libros eligen? Los tomos que puedan valer más dinero al venderlos. A lo mejor alcanza para una Browning. Junto con los libros, cargan sus frustraciones: “el profesor de geografía me tiene rabia”, “Eleonora no quiere ser más mi novia”. Por eso se otorgan desquites: uno carga con la geografía de Malte Brun; otro, con los poemas de Charles Baudelaire. ¿Cuánto roban en definitiva? Treinta bombitas eléctricas y un pesado lote de libracos. ¿Qué esperan de su robo? Unos cuantos pesos y también poesía, luz. En realidad su robonada tiene que ver con los grandes negociados que han azotado a la nación desde los primeros gobiernos patrios tal como lo denunciaran en sus habladurías los conversadores gauchos de Bartolomé Hidalgo. Se parecen más bien a Vizcacha, otro excluido: “lo que juntan” los chicos es el esquivalente a las guascas amojosadas, la pava abollada, el poncho harapiento y las argollas que se había agenciado el buen viejo del Martín Fierro.

Cuando regresan, están a punto de ser apresados. Terror. Angustia. Y la superación del trance por la aceptación del riesgo, por la opción del peligro como afirmación existencial. Soy reo, luego existo: “hubiéramos querido despertar a los hombres para demostrar qué regocijo nos engrandece las almas cuando quebrantamos la ley y entramos sonriendo en el pecado”.

Por cierto, los adolescentes de hoy no roban, en general, libros pero sí sucedáneos culturales: equipos de audio, trebejos deportivos y en lugar de quedarse con un libro de poemas, se reservan un CD lleno de sonidos capacitados para vencer la imposibilidad de alguna esquiva Eleonora. Pero, a lo mejor, como los protagonistas de El juguete rabioso, también marchan “estremecidos de coraje sonoro”, “de sabrosa violencia”, dispuestos a “romper lo mediocre” y escuchando “las palabras tristes escondidas en el corazón del hombre”.

Desarmando escuelas

En 1926, “y en el dos mil también”, la solución parece consistir en estudiar sistemas de seguridad, disponer “la guardia permanente de las escuelas” y en comprobar que no alcanza toda la policía para lograr el objetivo. Ayer como hoy, la imaginación de los medios de comunicación no alcanza más allá.

Traemos, entonces, algunas reflexiones que no nos pertenecen, pero que pueden aportar a la dilucidación del problema.

La cuestión, dice el brasileño Luis Roberto Alves, consiste en que “descubramos que el príncipe está vestido de mendigo” (1986,130). Plantea que “las áreas periféricas urbano-industriales están proponiendo políticas de cultura”.

Parte de estas comprobaciones: 1) en esas concentraciones importa la diversidad cultural sobre todo por sus “riquezas y diferencias”; 2) una política cultural coherente debe advertir que la diferencia es una expresión de creatividad y por lo tanto cabe preguntarse con qué patrón se establecen los niveles de calidad, quién mide “los grados que separan lo ignorante de lo culto”; 3) por lo tanto la ignorancia y la cultura son reveladores de patrones impuestos.

Los grupos populares han comenzado a decodificar y usar los instrumentos tecnológicos de tal modo “que ponen en jaque el modelo y los clasificadores emergentes del mismo: “Un baile popular es diferente de un festival de Fellini, pero es igual en importancia, porque responde a los intereses de los receptores reales, así como los varios niveles de lenguaje satisfacen las necesidades de comunicación de los hablantes concretos”(130).

Un ejemplo burdo, adaptación sin desarrollo, podría ser este. Los sectores dominantes de la ciudad de Córdoba, Argentina, reproducen el modelo europeo de cultura (museos, teatros, parques) como forma de reproducir simbólicamente su pasado y legitimarse como “como protagonistas, representantes y portavoces” de la historia de todos. Entonces, los maestros llevan, por ejemplo, a los alumnos al museo: visita gratuita, obligatoria, previas advertencias y amenazas sobre comportamientos, gestos, modulaciones de voz.

Ahora bien, los fines de semana, el “pueblerío” prefiere jugar al fútbol en los espacios verdes y refrescarse bajo los árboles del Parque Sarmiento. Los chicos juegan en las escalinatas del Museo Caraffa y el Teatro Griego, se bañan en cualquier fuente o chorro de agua, montan los leones del monumento de Manuel de Falla. Un cronista de LA VOZ DEL INTERIOR (05/08/2000, p.13 A) recoge esta risueña queja de la vecina María Isabel: en algunas zonas del parque “reina la anarquía total, no se puede pasar por la vereda porque las pelotas vuelan sobre la cabeza de la gente”.

En realidad se trataría de una muestra de heterogeneidad cultural: la discrepancia entre los realizadores y los usuarios del museo y la escultura. Usar un monumento de un modo distinto al previsto no sería entonces anarquía, ni vandalismo, sino transformación simbólica, redefinición de funciones de las instalaciones de acuerdo a las propias necesidades y concepciones. En otras palabras, los lugares, cuando se pueblan, también textean.

Veamos ahora algunas conclusiones de Alves. Tienden, sin duda, a enfocar de un modo distinto el problema de los saqueos y destrozos en las escuelas. Citamos:

1) El poder público: “tiene la obligación (si quiere ejercer un gobierno democrático) de respetar las hablas sociales en sus particulares circunstancias de la vida”;

2) La ignorancia: En lugar de pretender sacar a las personas de la ignorancia, debería oírlas para conocer el saber específico de las mismas;

3) La distribución de recursos: “considerará esa igualdad (todos saben), dentro de las diferencias”;

4) El uso de los bienes públicos: las escuelas construidas para educar parecen estar dirigidas a imponer ideales culturales de “los que mandan” y a inculcar los valores patrióticos desde la perspectiva de los dueños del poder;

5) El abismo entre escuela y población: “se agranda en los sectores periféricos y por eso “ocurren depredaciones, saqueos y otras formas de violencia contra la propiedad escolar” y contra los docentes;

6) Las autoridades educacionales: deberían “descubrir que el pensamiento y la expresión de los especialistas y propietarios de la escuela están separados por un abismo de los posibles interlocutores”. Por eso espejean “la alienación, la distancia y la rebeldía”.

Por último:

“Los especialistas en educación (…) deberían descubrir cabalmente las formas especiales de saber de los receptores y vecinos de la escuela, para que esta sea de ellos no sólo en cuanto a su imagen externa, sino como realidad interior y como instrumento materializable, día a día, para el uso comunitario”

Hasta aquí, una armazón de citas mutiladas. Su objeto, ayudar a desarmar ese juguete rabioso de las escuelas saqueadas. Des-armar en doble sentido: desarticular para conocer mejor la realidad y requisar los instrumentos de cualquier violencia.

Bibliografía consultada:

ALVES, Luis Roberto, 1986: “Comunicación y cultura popular: la prosopopeyas del camino en medio del remolino” (en: FESTA, Regina et alii, Comunicación popular y alternativa, Buenos Aires, Ed. Paulinas.

ARLT, Roberto, 1950, El juguete rabioso, Buenos Aires, Ed. Futuro

FERNANDEZ, Macedonio, 1993: Museo de la novela eterna, Madrid,Coedición FCE e alii

LARRA, Raúl, 1950, Roberto Arlt, el torturado, Buenos Aires, E. Futuro

LUGONES, Leopoldo, 1921, El tamaño del espacio. Ensayo de una psicología matemática, Buenos Aires, El Ateneo


Gentileza de: Confusa Patria

LA UNIVERSIDAD OBRERA NACIONAL...!!!

*Por Diego Carbone


UN DIA COMO HOY , 17 DE MARZO DE 1953 EL GENERAL PERON INAUGURABA LA UNIVERSIDAD OBRERA NACIONAL...!!! OTRA DE LAS GRANDES OBRAS DE LOS GOBIERNOS PERONISTAS...!!!

El desarrollo industrial posterior a la Primera Guerra Mundial generó una creciente demanda de artesanos, operarios, técnicos e ingenieros, tornando urgente la necesidad de formar cuadros técnicos de dirección y supervisión, a la vez que ponía cada vez más al profesional de la ingeniería en relación de dependencia.Por otra parte, a los técnicos que egresaban de las pocas escuelas industriales secundarias, les resultaba sumamente difícil el acceso a las Universidades. Esta situación llevó a un grupo de profesores de la escuela Otto Krause encabezados por el Ingeniero Pascual Pezzano entre los años 1935 y 1945, a concebir la idea de fundar un "Instituto Técnico Superior" que permitiera seguir estudios terciarios y/o universitarios a los técnicos industriales; aunque sus diversos proyectos no pudieron ser canalizados con éxito. En 1946, bajo la presidencia del Gral. Perón y debido a la creciente industrialización de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, se creó la "Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional" (CNAOP) y se fundaron escuelas-fábricas destinadas a la capacitación de operarios. Sin embargo, los alumnos egresados de las "escuelas de Artes y Oficios o "escuelas-fábrica", no tenían prácticamente posibilidad alguna de terminar la enseñanza secundaria, debido a las innumerables pruebas de equivalencias que se les solicitaba. Cabe destacar que la formación brindada por estas escuelas, se asemejaba a una especie de ciclo básico secundario con salida laboral.

Cuando estaban próximos a egresar los primeros graduados de las "escuelas-fábricas", el Gobierno y la C.G.T. , Confederación General del Trabajo, comenzaron a pensar en implementar un ciclo superior. Este llevaría el nombre de "Universidad Obrera Nacional" y tendría por objeto formar "Ingenieros de Fábrica", capacitados para crear procesos de producción. Se pensaba en un perfil profesional más "práctico" que el de los ingenieros tradicionales. Sus alumnos tendrían la obligación de trabajar en su especialidad y cursarían una carrera de cinco años. De esta manera, por medio de la Ley 13.229 del año 1948 se creó la "Universidad Obrera Nacional" (UON), aunque no fue antes de 1952 que el Poder Ejecutivo Nacional sancionó un Decreto N° 8014/52 por el cual reglamentó la citada ley y le confirió a la Universidad su primer reglamento de organización y funcionamiento. En el Capítulo II, art. 9 de dicha Ley, se establece la creación de la "Universidad Obrera Nacional" como institución superior de enseñanza técnica, dependiente de la citada Comisión, con el objeto de formar integralmente profesionales de origen laboral, destinados a satisfacer las necesidades de la industria argentina. Al egresado se le otorgaba el título de "Ingeniero de Fábrica" en las especialidades correspondientes.

Los cursos fueron finalmente inaugurados por el Gral. Perón el 17 de marzo de 1953. Perón inaugura la Universidad Obrera Nacional, en la calle Medrano 951; y dice:

- “Desde 1.945 entreví esta obra que elevará aún más la cultura de nuestro pueblo”.

Unos días después dirigiéndose a los inspectores de enseñanza , insistirá en lo que ha dicho muchas veces: “Nuestro objetivo fundamental es la unidad nacional y la educación del Pueblo trabajador”.

En 1954 se fundaron las "Facultades Regionales" Bahía Blanca, La Plata y Avellaneda, y en julio de 1955 la de Tucumán.

"Lo que nosotros hemos querido formar dentro del pueblo son ejecutores inteligentes, de concepciones también inteligentes. Ese es el ideal alcanzado a través de la capacitación. No buscamos una oligarquia cultural, sino un Pueblo con cultura.

No se pueden tener Facultades ni Universidades, para que alli vayan a cultivarse los que pueden con lo que paga el Pueblo. Nosotros queremos que puedan ir todos y que el Pueblo tenga un sistema propio para ir elevando su propia cultura.

Debemos tener presente que los hombres mas evolucionados son los que tienen más posibilidades para tomar en el futuro la dirección del Pueblo y conducir a la comunidad. Es conveniente que los hombres del Pueblo, nuestros trabajadores en especial, vayan pensando en que a sus hijos hay que hacerlos estudiar, preparándolos para la conducción del futuro...!!!" JUAN DOMINGO PERON.



NUESTRO LIDER SIEMPRE TUVO PRESENTE LA IMPORTANCIA DE LA CULTURIZACIÓN DEL PUEBLO, PARA QUE LAS NUEVAS GENERACIONES FUERAN LOS DIRIGENTES DEL FUTURO. MUY FELIZ CUMPLEAÑOS A LA "UNIVERSIDAD OBRERA NACIONAL", HOY "UNIVERSIDAD TECNOLOGICA NACIONAL". OTRO LOGRO DE UN GOBIERNO PERONISTA.








¡DOS VECES HURRA POR EL 11 DE MARZO!


Foto tomada en el Museo Evita



El 11 de marzo de 1949 se juró la Constitución que reafirmaba la participación del Estado en la vida económica mientras que el 11 de marzo de 1973 se cerraba el ciclo de proscripción del peronismo.



*Por Roberto Baschetti

Una vez instalado, el gobierno peronista anunció la decisión de llamar a elección de convención constituyente para que se procediese a la reforma de la carta magna.

Los argumentos de la oposición para negarse fueron variados: unos se abroquelaron en la supuesta intangibilidad de una Constitución supuestamentesabia, en tanto que otros adujeron que la iniciativa provenía de un gobiernofraudulento y totalitario –a pesar de que había surgido en elecciones libres – y que sólo perseguía asegurar constitucionalmente la reelección de Perón.

La inteligencia orgánica de la oligarquía y los partidos liberales se apresuró a minar el campo.

Las objeciones partieron fundamentalmente del Colegio de Abogados y de la Academia de Derecho y Ciencias Sociales.

Perón les salió al cruce y los desarticuló de entrada.

Desde su despacho pronunció un largo discurso, la tarde que firmó el decreto de Promulgación, el 3 de septiembre de 1948.

Del mismo rescato: -Las declaraciones de sociedades y clubes que nada tienen que hacer con la marcha del Gobierno no constituyen sino meras opiniones de grupos de personas. Podrían formarse artificiosamente millones de ellos en la República, pero el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes.

Y remató: -Si esos señores son verdaderos demócratas como anuncian tanto, su acción han de hacerla sentir en los comicios, no en los tugurios de la conspiración.

Una definición que suena a presente.

En las elecciones del 5 de diciembre de 1948 para elegir los convencionales que discutirán la reforma, el peronismo se adjudicó 109 convencionales, 48 la UCR y uno el Partido Laborista de Salta.

La Convención inició sus tareas en la Cámara de Diputados el 24 de enero de 1949.

La Constitución fue sancionada el 11 de marzo de 1949 por la Asamblea Constituyente y jurada el 16 de ese mismo mes y año por el presidente de la Nación.

Los cambios más importantes.

La Revolución Justicialista había iniciado una etapa de grandes cambios en el país en lo político, en lo social y en lo económico, y aspiraba a que estuviesen insertos en la reforma constitucional.

Perón adelantó los puntos principales.

En lo político, asegurar y reforzar el régimen republicano, representativo y federal.

En lo económico, el afianzamiento del bienestar y la prosperidad del pueblo mediante la independencia económica de la patria -que asegure que la riqueza argentina ha de ser para los argentinos y no entregada al extranjero como lo había sido hasta nuestros días.

Por último, en lo social, se trataba de instaurar un régimen justo y humano, sin privilegios y sin lucha de clases -donde la fraternidad, la generosidad y el amor presidan las relaciones entre todos los argentinos.

También se trataba de institucionalizar los derechos del trabajador, incorporándolos a la ley y a la costumbre, asegurando asimismo, a todos los argentinos los beneficios de la cultura, de la educación y de la ciencia, sin que fuese como hasta entonces el dinero la única llave para el acceso.

La función de la propiedad.

De enorme trascendencia resultó el Capítulo IV de la Constitución del ’49, que trata lo concerniente a la función social de la propiedad, el capital y la actividad económica.

Hay tres artículos fundamentales: el 38, que habla de que -la propiedad privada tiene una función social; el 39, donde se consigna que -el capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social, y el 40, que reza que -la organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo.

Debe resaltarse que toda esta conceptualización evidencia una diferencia fundamental con el texto del ’53, cuyos redactores estimaban absoluto e inviolable el derecho de propiedad.

El nuevo texto constitucional estableció -que los minerales, las caídas de agua, el petróleo, el carbón y el gas y toda fuente de energía natural excepto la de origen vegetal son propiedades imprescindibles e inalienables de la Nación.

También estableció sin lugar a ningún tipo de dudas, que -los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado.

El hombre es el eje de una nueva sociedad.

A diferencia de la Constitución de 1853, el texto del ’49 legisló adecuadamente sobre los derechos del trabajador, de la familia y de la ancianidad y tuvo en cuenta el derecho de todos los ciudadanos a la educación y a la cultura.

Esta inclusión en el nuevo texto constitucional tenía un motivo: todas aquellas disposiciones revolucionarias de carácter social habían sido tachadas de inconstitucionales e impugnadas ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Si bien el máximo tribunal las había declarado válidas, con excepciones y con reservas, ello sólo no bastaba.

Era preciso darles jerarquía constitucional.

Resumiendo: si uno quisiera significar la importancia de la Constitución Nacional de 1949 debería decir que incidió particularmente en dos puntos: la defensa del interés nacional y la protección de los derechos sociales.




* Historiador y militante peronista en los ’70




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