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6 de marzo de 2012

TRAGEDIA Y LA POLÉMICA: FERROCARRILES DEL ESTADO



*Por José Luis Ponsico

En marzo´03 Néstor Kirchner, conversaciones con Torcuato Di Tella, tuvo interés en la reestatización de los ferrocarriles. La decisión política del primer gobierno de Juan Domingo Perón, instrumentada por su colaborador en temas económicos, Miguel Miranda. resultó decisiva. Miranda, luego titular del IAPI y del Banco Central.

Antes, a cargo del Consejo Económico Nacional. Encargado de las negociaciones con los ingleses. Hoy, vuelve al debate. La primera estatización de los ferrocarriles tiene seis décadas.

La tragedia del Ferrocarril Sarmiento, línea que une el oeste del conurbano con Plaza Once con saldo de medio centenar de víctimas (murieron jóvenes y mayoría trabajadores que hacen provincia hasta la Capital; ida y vuelta) más de 350 heridos, algunos graves, el horror vivido en medio de los rescates remite a vieja discusión: los ferrocarriles deben ser o no administrados por el Estado, controlador. Gestor.

Perón ganó el 24 de febrero del´46 con el 55% de los votos. La Unión Democrática obtuvo el 45%. Enseguida convocó a varios economistas. Todos licenciados y asesores en temas de fondo. Sin embargo, el coronel y jefe del Estado -asumió el 4 de junio- no quedó conforme. A los tres o cuatro días, presciendió de los asesores.

Alguna vez comentó: "Los trabajos que traían no eran los mejores y además usaban terminología de los técnicos; no era nada sencillo", dijo el flamante Presidente de la Nación. "La idea de la recuperación nacional empezaba por la nacionalización de los servicios públicos", dijo.

"Por eso llamé al amigo Miguel Miranda, español, comerciante al que conocí tiempo atrás. Primera había sido empleado y 20 años más tarde tenía 30 fábricas en el rubro de la hojalata. Sabio para entender una economía más sencilla: comprar y vender. A veces, lo primero hacerlo sin plata", contó Juan Perón en memorias.

"Miranda fue artífice de la compra de lso ferrocarriles a los ingleses; en cómodas cuotas", agregó el flamante Presidente de la Nación, a fines del´46.

Sectores de oposición ahora responsabilizaron al gobierno por la precarización del servicio a cargo de los concesionarios. La falla humana -maquinista o conductor del "convoy"; o el control que ante una posible emergencia (frenos que fallaban) autorizó a seguir al motorman- lleva ahora a las demandas judiciales y antigua polémica:

¿ El Estado debe o no hacerse cargo del transporte público ferroviario ?. Todas las tragedias tienen un signo donde la falla humana se vincula a la fatalidad. O "el día menos pensado", dicen los entendidos.

En la trágica "Puerta 12" Monumental, River, domingo 23 de junio del´68, la policía montada que intentó dispersar a los hinchas de Boca que llegaron primero a la calle en el momento que desde arriba caían papeles encendidos que asustaban a los caballos...

Lejos estaban de imaginar los mismos policías de la montada que en las corridas los jóvenes irían de nuevo hacia la puerta doce, sin molinetes ni puertas entrecerradas, como se argumentó... Y terminarían apretujados por hinchas de Boca que bajaban -0 a 0 y "no había pasado nada"- sin pensar que cientos estaban subiendo de nuevo.

Conclusión: hubo 70 muertos. El 80 por ciento pibes de 17 a 22 años de edad. En una de las escaleras, todos apretados y por asfixia, según las constancias. Al domingo siguiente -todavía no era "La Doce"- la hinchada de Boca, sus sectores más "duros", cantaban los estribillos contra la Policía que había intervenido y con incidentes.

"No había molinete, era la cana que pegaba con machete". River tuvo que pagar los juicios en tiempos del ciclo del escribano William Julián Kent. Las responsabilidades inherentes. Hoy, todo indica que los juicios y demandas serán millonarios (as). Como en el fútbol, los errores se pagan.

El Estado subsidia a los ferrocarriles. En todos lados dan pérdida. El asunto es que funcionen bien y no haya tragedias. Japón pondera al "tren bala". Aquí los vagones son antiguos y los maquinistas no garantizan nada en las emergencia. Implica una revisión de parte del gobierno.

"La Cámpora" solicitó la reestatización de los ferrocarriles. Viejo anhelo de Néstor Kirchner en conversaciones con Torcuato Di Tella, flamante titular de Cultura de la Nación, en los albores del gobierno, marzo o abril 2003.

Todo el escenario nacional quedó afectado por la tragedia ferroviaria en Plaza Once.

"La Política también es el arte de transformar un hecho negativo en otro positivo", argumentó Perón hace seis décadas cuando concluían las jornadas del Congreso de Filosofía en Mendoza. Antes, le había dicho a Miranda: "Se trata de nacionalizar sin gastar".

A lo cuál el futuro referente de Hacienda (no "de Economía") le respondió: "Comprar con plata lo hace cualquiera".

Cuenta la leyenda que en la compra de los ferrocarriles a los ingleses, además de las cuestiones de soberanía, Perón instruyó al hombre de confianza para que la operación fuera en el mayor de los plazos posibles.

Hace 63 años la cosa pública estaba lejos de suponer tragedias ferroviarias.          

LA COSA PÚBLICA VA EN TREN Y LO PRIVADO SOBREVUELA Y RAPIÑA


*Por José Antonio Gómez Di Vincenzo
El acontecimiento, por duro que sea, promueve la reflexión, exige un pensar que se adentre en la densidad de lo ocurrido, en la complejidad y el cruce de circunstancias que llevaron al acontecimiento mismo. Del trágico accidente del Sarmiento en la cabecera Once, tras el éticamente obligatorio pero, a la vez solidario, acto de silencio, congoja y apoyo moral a los damnificados, emerge la necesidad de buscar respuestas.

Respuestas que expliquen algo más que el acontecimiento mismo. No sólo el acontecimiento es relevante. Toda tragedia producto de fallas en medios tecnológicos como hecho evitable exige explicaciones técnicas, científicas. Desde una racionalidad instrumental puede exigírselas para “mejorar las prestaciones del servicio y que la cosa no vuelva a pasar”. Así operan, por ejemplo, los organismos públicos o privados que tienen a su cargo la investigación de accidentes aéreos. Se reclama una explicación que cierre o clausure la incógnita, que responda al qué pasó. Y cuando ella se hace presente, se puede enterrar la cuestión. Todo seguirá funcionando y lo hará aún mejor que antes, más eficientemente. Y gracias a los muertos en accidentes que pagaron con su vida (por eso están bien muertos) el desarrollo tecnológico, hoy sabemos más y tenemos una tecnología aeronáutica - o la que fuere- más segura.

No es este el caso. No quiere quien escribe que lo sea. Si fue el freno o no, si hubo fatiga de material o no, pueden ser factores que expliquen el hecho, por qué ocurrió lo que ocurrió pero esta lógica no permitirá una cabal comprensión de cómo llegamos a este punto en que el sistema de transporte no da para más. El acontecimiento cobra un sentido especial en la coyuntura, actúa como la punta de un iceberg, una señal que remite a toda una serie de cuestiones relacionadas con lo paupérrimo del servicio, con ciertas dinámicas y tensiones propias de los intereses encontrados, a la política y la economía. El acontecimiento podrá tener un por qué. Pero por relevante que pueda ser en tanto acontecimiento lo que debe interesar aquí es eso que queda oculto tras los hechos. Me refiero a una compleja trama de acuerdos, contratos, negociados, políticas, acciones y prácticas concretas mediante las cuales, se ha pretendido sistematizar la prestación del servicio. Un conjunto de significados y acciones que dejan entrever a las claras que no alcanza con formular grandes anuncios desde lo macro para lograr plasmar los cambios estructurales a nivel micro, allí donde mejora o se torna insoportable la vida concreta del ciudadano. En principio, queda en evidencia que a pesar de todo, en ciertos ámbitos las cosas no están cambiando, que no sólo falta sino que en cierta medida es necesario revisar críticamente ciertas cuestiones.

La herencia de los 90, la privatizaciones, ese pus que drena cada tanto, cuando ocurren estas desgracias, pero que estuvo empobreciendo a la sociedad desde las entrañas, al instalar lógicas de acción de corte neoliberal a nivel institucional tanto en el sector privado, como también (y esto es lo más grave) en el sector público, exige en quienes tienen hoy el rol de representar los intereses de todos un ejercicio tremendo inteligencia y estrategia para torcerle el brazo a las circunstancias. Pero sobre todo demanda una acción concreta y ya que exceda el plano discursivo y golpee en lo concreto más que sólo en el imaginario popular.

Es sabido (y lo es desde mucho antes de la catástrofe del miércoles) que la cosa no da para más. Es menester explicar entonces por qué no se han tomado cartas en el asunto, por qué se actúa tan sólo como el gerente que sale a vender espejitos de colores, como el idiota que busca justificar lo injustificable. Porque si bien es cierto que lo esencial en primera instancia era hacer que los trabajadores puedan dirigirse a bajo costo a sus lugares de trabajo (muchos recientemente creados por el resurgimiento de la economía en los primeros años del gobierno de Néstor Kirchner) y para eso se implementaron los subsidios, la verdad es que no se avanzó en los cambios estructurales que son necesarios y ni siquiera se planteó un debate en serio a pesar de las permanentes alertas que llegaban desde distintos organismos públicos y los gremios. Se deja así la oportunidad de sacar tajada de los hechos a los carroñeros patanes, se deja la oportunidad de denunciar en manos de ciertos bocones mediáticos, que con el objeto de convencer que todos los males de la Argentina se solucionan solamente estatizando el ferrocarril, inundan la escena mediática con una ráfaga de pamplinas y paparruchadas con escaso sustento empírico y lógico.

Este gobierno ha cosechado una cantidad de votos en las urnas no sólo por lo que dijo sino más bien, por lo que pudo traducir en hechos. Para los trabajadores que viajaban en los vagones del tren siniestrado (y sí, en el tren viajan los laburantes, obreros o comerciantes, administrativos, amas de casa, estudiantes o educadores, etc. etc.), la Argentina no era, ni es la del 2001. Negar las transformaciones operadas en el período K sería necio. Este escriba sabe que para explotar posiciones negadoras de todo - y sobre todo negadoras de la política- hacen fila en el casting de los multimedios los denunciadores compulsivos de siempre, los delirantes adalides de revoluciones etéreas, los pastores de los pueblos vendedores de estampitas, etc. Sin embargo, se amarga porque ciertos logros no se han traducido aún en mejoras concretas en puntos prioritarios como es, en particular, el caso del transporte público pero podría ser también, el del sistema de salud y la educación.

Quien escribe lejos de adherir a las miradas conspirativas, a años luz de pensar que lo que tenemos es sólo la presencia lamentable de otro exponente patéticamente egoísta de la burguesía nacional, un capitalista entre otros preocupado sólo por incrementar sus ganancias a costilla de los trabajadores. Quien escribe renuente a toda explicación mecanicista y reduccionista de los hechos, tiene a pensar que más que nada lo que hay aquí es una muestra de lo compleja que es la cosa, que no alcanza con cambiar el balance de poder otorgando más fuerza a los trabajadores sino que deben modificarse ciertas formas de pensar y actuar en el mundo para que las políticas transformadoras puedan plasmarse en cambios concretos. Las maravillas con las que se vendía en los 90 la gestión privada de los servicios públicos se hizo añicos en más de una triste tragedia ferroviaria. Pero del atolladero se sale saldando cuestiones en un profundo debate y mediante la profundización de políticas que procuren materializa en lo concreto beneficios para la gente. Y para eso hay que discutir otra forma de pensar y actuar en democracia.

En primer lugar, en concreto, hay que debatir la pertinencia de la gestión privada de la cosa pública. Si los ferrocarriles deben ser del Estado o privados, en definitiva si queremos que sean públicos o privados. O si todo el transporte debe ser público o sólo una parte. Si debe el Estado manejarse con concesiones. Quién o quiénes deben controlar qué. Qué es posible hacer hoy desde el punto de vista económico. Quiénes deben gestionar el servicio: trabajadores, empresarios, funcionarios públicos, una mixtura.

Pero en un nivel mayor de abstracción, debe repensarse la política en general y la de transporte en particular desde lo macro, desde lo micro, cuestionando lógicas de gestión ligadas a tradiciones liberales y racionalidades que tienen su origen en las filosofías de la ilustración, cambiando el eje del asunto, buscando pensar y hacer otra política de transporte que involucre en la toma de decisión a los trabajadores y a los conjuntos sociales destinatarios de esas prácticas, todos fortalecidos por el gobierno elegido por la mayoría de los ciudadanos. Hay que debatir una política de transporte sin soluciones a priori, hay que ir construyendo el camino mientras se anda. Pero hay que empezar a recorrerlo ya, no hay excusas, ni tiempo que esperar. Mientras tanto y durante, resistir, accionar para cambiar mentalidades. Debe priorizarse la acción al plan. Para no tener otra vez una nueva comisión u organismo que lo único que logra es posicionar gente para obtener algún rédito y nada más.

Quien esto escribe no tiene todas las respuestas sobre estas y otras cuestiones en particular. Desconoce, no domina ciertos saberes. Sólo cree que se debe comenzar inmediatamente a debatir la cuestión y que en la mesa de debate deben encontrarse sentados distintos actores pero sobre todo, quienes dominan el tema, trabajadores y usuarios. Sin embargo, de algo está seguro y convencido de que la cosa como está, no da para más, y que el gobierno debe dar señales concretas que excedan lo discursivo en lo inmediato de que se abre una instancia de cambio y que deben rodar algunas cabezas de actores que o bien pretendieron justificar lo injustificable o tiraron la pelota afuera.

Tal vez muchos de los que murieron o resultaron heridos en la tragedia de Once votaron por el partido que está gobernando. Seguramente no lo hicieron por TBA. Tal vez muchos acompañaron porque reconocieron los logros que el gobierno concretó en el período anterior, porque notaron que la política que busca el bienestar general por sobre los intereses privados se impuso por sobre las lógicas provenientes de la economía, el tongo, la rosca y el negociado. No se puede mirar para otro lado, ya no se puede estafar a un pueblo, a una militancia que exige profundizar la propuesta e ir hacia un horizonte de igualdad social. Y si cabe rescatar algo de este triste suceso es el hecho de que todo parece indicar que aún dentro mismo del movimiento nacional y popular, el kirchnerismo, en ciertos sectores las bases está bien viva la crítica y la presión para que la cosa siga cambiando, para que se pueda hacer realidad la igualdad que es la única forma de lograr la justicia social.

CRISTINA, LA AGENDA QUE TRASCIENDE COYUNTURAS



Simple análisis sobre la dinámica de gobierno hacia una revolución cultural




*Por Santiago Coco Plaza


Muchos sectores de la llamada oposición y críticos en general, al referirse con al modus operandi del silencio y la acción por parte de la Presidenta, no hacen más que una lectura simplista a un estilo que no terminan de comprender. Por tanto, lo que no se entiende se niega, es la forma más cómoda de opinar, oponiéndose, desde la crítica al descrédito, sobre una dinámica ejecutiva que los sorprende, los desborda y no pueden aceptar; otros callan resignados y degluten las sorpresas que les van surgiendo.

El causal que nace de un estilo, acompañado por la inteligencia que lo proyecta y la brillantez con que se instala, marcando tiempos y aciertos, logra un efecto superador y genera los éxitos obtenidos en una gestión sin igual; mucho más aún para los tiempos que vivimos. Si en algún momento, el efecto refleja errores, estos subyacen frente a la relación de fuerzas superadoras por la acumulación de logros de gobierno, que están a la vista desde los inicios de la gestión de Néstor Kirchner. Manejar los hilos de una Nación, como la Argentina en este caso, en el marco de una coexistencia regional, con una conflictiva mundial sin precedentes en su globalización, no es para cualquiera, sino para un o una estadista de peso con todas las letras.

Pues bien, las teorías sobre las formas y métodos de gobierno implican debate y este conlleva al aporte de alternativas superadoras, vengan de donde vengan, más allá de los términos ideológicos desde donde se proyecten. Nunca se visualizó correctamente en opositores y hasta en “tropa propia” este análisis sobre la directriz gestionadora del poder central ante lo sorpresivo de las decisiones en una agenda veloz y puntera sobre las coyunturas, con visión a futuro por el conocimiento de un contexto global de situaciones. Desgraciadamente los sectores opositores, de raíces políticas e intereses económicos pecan de ausencia de alternativas convenientes, simplemente porque muchas veces sus objetivos son otros y la ecuación genera la oposición y trabas a una dirección que no les pertenece ni les interesa, ni les conviene.

Es así que las aguas se separan; un gobierno en el que radica la férrea intención de aplicar sus principios a la justicia social de un pueblo se torna inconcebible para quienes sus objetivos, generalmente, son los intereses de poder de elites corporativas y monopolios empresariales. Estos últimos estadios de poder, subordinan con facilidad y método seductor a la partidocracia mediocre a la que utilizan muchas veces como fuerza de choque; tales son los casos que estamos acostumbrados a ver en las directrices del grupo Clarín y que como dijo Cristina en su discurso de aperturas de las ordinarias legislativas, que cuando nos les sirven los dejan de lado. Allá ellos, pero que no entorpezcan el éxito y los avances en etapas superadoras de gobierno sin el mínimo aporte de alternativas.

Cristina Fernández, no solo marca la agenda en su forma y estilo, sino que puntea muy adelante con ésta; producto de una visión de concepción que muchos no alcanzan a comprender y se desvanecen en lecturas subjetivas por los alcances estratégicos que la mandataria proyecta. Esto ocasiona los vericuetos interpretativos que derivan en lo que en párrafos anteriores se hace referencia. Pero hay más todavía, sorprende a los propios también; no tanto a los peronistas cuya doctrina indica que el que está a la cabeza conduce y los demás acompañan, aunque algún sector patine, por ejemplo, el de la CGT, que se olvidó de esta máxima y recurren al debate de los intereses de posicionamientos internos del movimiento obrero organizado por sobre el contexto que tienen que protagonizar como alianza estratégica. Aunque al decir verdad, no deja de ser una constante en la vida del peronismo y para quien no lo es, se le complican las interpretaciones. Lo lamentable es que estas situaciones no escapan a los medios hegemónicos para el descrédito y la demonización de los protagonistas en cuestión y hacen carne en una población receptiva, que de a poco va adquiriendo politización para poder decodificar mensajes positivos.

El discurso de la jefa de Estado en el Congreso de la Nación en la Asamblea Legislativa con motivo de la apertura de las ordinarias para 2012, no solo enmarca logros de su gestión y del proceso iniciado por Néstor Kirchner, sino que marcan pautas en términos de “bisagra” histórica, poniendo puntos sobre las “ies” y proyectando decisiones claves. Tomemos como ejemplo la regulación y controles sobre las movidas financieras de los bancos a través de una nueva Carta Orgánica del B.C.R.A.; la defunción de la Ley de Convertibilidad y la recuperación de sus resabios trágicos; ponerle coto a los monopolios en el saqueo a la sociedad; y otras muy significativas que hacen a toda una política de Estado que se traducirán en efectos concretos, sin abstracciones ni evaluaciones subjetivas, sobre la masa social. El resultado visible es el camino hacia una transformación social hacia otro paradigma de valores, detonantes para una verdadera revolución cultural concreta. Esto último, es el horizonte del cambio histórico.

plaza.santiago1@gmail.com

POR UNA POLÍTICA HIDROCARBURÍFERA ESTRATÉGICA, RACIONAL Y SUSTENTABLE



En reuniones llevadas a cabo el 9 y el 25 de febrero, la Organización Federal de Estados roductores de Hidrocarburos(OFEPHI), el Gobierno Nacional y representantes sindicales, rubricaron acuerdos y fijaron nuevas pautas de desarrollo para el sector. Entre los puntos más salientes pueden mencionarse:

- La idea de que el autoabastecimiento de petróleo y gas, guiado por el “criterio de máximo desarrollo de las cuencas, a través de métodos y procedimientos convencionales y no convencionales”, debe ser el principio rector de la política de estado en la materia, tendiente hacia la sustitución de importaciones de hidrocarburos;

- La exigencia a las empresas de una mayor inversión, tanto en lo que respecta a la producción –que debería incrementarse un 15 por ciento a nivel nacional– como a la reposición de reservas, quedando abierta la posibilidad de revertir inmediatamente las concesiones o permisos en aquellos casos en los que se verifiquen procesos de desinversión o subinversión;

- El incentivo a una mayor participación de empresas públicas, provinciales y nacionales, a fin de maximizar la producción y lograr una mayor captación de la renta;

- La intención de controlar y ejercer un monitoreo ambiental en todas las etapas de la industria, y de tener mediciones más precisas y en tiempo real de la producción de hidrocarburos;

- El requerimiento a las empresas refinadoras de hacerse cargo de parte del costo de la importación de combustibles para el abastecimiento del mercado interno, y de realizar las inversiones pertinentes para aumentar la capacidad de refinación de las plantas existentes;

Si bien ciertos artículos del acuerdo son progresivos con respecto a una situación verdaderamente difícil de empeorar,resulta imperioso avanzar hacia cambios de mayor profundidad que permitan una administración, explotación, y un consumo racional y sustentable del recurso, por fuera de la lógica mercantil en la que actualmente se encuentra inscripto.

El Estado Nacional debe recuperar un rol activo y una presencia efectiva tanto en la gestión global de la cuestión energética, como en cada una de las etapas de la actividad –prospección, exploración, extracción, industrialización y comercialización–, con el propósito de fijar objetivos estratégicos que satisfagan las necesidades energéticas de la población, el cuidado del ambiente, los derechos de los trabajadores, y la autodeterminación de las comunidades actual o potencialmente afectadas por la extracción de petróleo y gas. Todas estas variables no pueden seguir, como desde hace dos décadas, a merced del criterio de máxima rentabilidad privada.

Por lo antedicho, la re-estatización de YPF –así como de empresas vinculadas: distribuidoras y comercializadoras de gas–, con la debida participación de las provincias, los trabajadores, y los habitantes de las regiones petroleras en su administración, es una medida crucial para el diseño y la implementación de una nueva política energética. Su factibilidad ha quedado comprobada una vez más por el debate planteado en las últimas semanas, y el amplio consenso y apoyo activo que la ciudadanía daría a una iniciativa de este tenor. Asimismo, el costo de la operación –que según “analistas” no sería inferior a los US$ 16.000 millones–, no debería determinarse sin contemplar previamente la depreciación de activos, el saqueo y la no reposición de reservas, las sistemáticas caídas en la producción, las ganancias récord y la remisión de utilidades al exterior, los pasivos socioambientales, y las recurrentes violaciones a los derechos humanos que han caracterizado a la gestión privada de la empresa.

Por otro lado, en momentos en los que se ha especulado con una reforma de la Constitución Nacional, y sin ir en desmedro de una adecuada participación de las provincias, debe considerarse seriamente la necesidad de revertir a la Nación el dominio de los recursos naturales. La federalización consagrada por el artículo 124, y reafirmada por el kirchnerismo en los años 2003 y 2006 –decreto 546 y “ley corta” 26.197–, no ha hecho más que balcanizar la explotación del recurso, favoreciendo a las operadoras privadas al agigantar su capacidad de negociación, y a las élites económicas y políticas provinciales que oficiaron como sus contrapartes “bobas” en el negocio. Sólo así pueden explicarse las prórrogas de las concesiones de los yacimientos más importantes de gas y de petróleo del país –Loma de la Lata (Neuquén, 2000) y Cerro Dragón (Chubut, 2007)–, que constituyeron verdaderas estafas al pueblo argentino. El “federalismo” neoliberal vigente es absolutamente incompatible con la fijación de metas de desarrollo nacional, y ha tenido efectos devastadores sobre las economías regionales.

A su vez, la irremediable finitud de los hidrocarburos, y el hecho de que su explotación sea una de las principales causas del calentamiento global, vuelve insostenible, antiestratégico e irracional el mantenimiento en el largo plazo de una matriz energética dependiente en un 90 por ciento del consumo de petróleo y gas. Lamentablemente, esta parece ser la pretensión subyacente en el criterio “de máximo desarrollo de las cuencas, a través de métodos y procedimientos convencionales y no convencionales”, lo cual agudizaría el avance territorial de la frontera hidrocarburífera sobre regiones sin infraestructura ni antecedentes en la materia, que albergan entramados productivos y culturales, pautas de desarrollo y consumo, y recursos naturales incompatibles con la radicación de la actividad. En los últimos cinco años, las diez provincias petroleras redoblaron su apuesta sobre áreas secundarias y marginales, mientras que las restantes iniciaron reformas de sus marcos legales y consultorías técnicas, licitaron bloques de exploración, y crearon empresas públicas de energía, con el propósito de integrarse en el mediano plazo a la carrera hidrocarburífera en ciernes.

Más allá de los cantos de sirenas de las corporaciones acerca de las bondades del shale gas y el shale oil, lo cierto es quelas técnicas que se utilizan para su extracción han sido fuente de numerosos casos de contaminación y expolio de un recurso escaso como el agua. La presión popular y las denuncias de impactos ambientales han hecho que Francia y Bulgaria llegaran a la prohibición de la fractura hidráulica, mientras que en Estados Unidos, Canadá, Irlanda del Norte, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica ha sido objeto de múltiples moratorias. Los no convencionales son un activo adicional de especulación financiera, y prenda de negociación de las compañías para la obtención de ingentes subsidios.

Con respecto a las posibilidades abiertas por los descubrimientos offshore en la Cuenca de Santos (Brasil), el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon en abril de 2010 y sus devastadoras consecuencias ecológicas y sociales en el Golfo de México, nos eximen de mayores comentarios acerca de los riesgos de la exploración y explotación de hidrocarburos en las aguas del Mar Argentino.

Nuestro país necesita una verdadera revolución energética. Debemos hacer un uso eficiente de los hidrocarburos, y la apropiación social de su renta debe destinarse a generar las condiciones necesarias para la transición hacia una matriz con predominio de energías renovables. Al mismo tiempo, debe realizarse una evaluación seria del sobreconsumo de actividades extractivas como la minería a gran escala, rubros como el transporte, y determinados sectores sociales, que permita una redistribución del acceso a la energía, al mismo tiempo que una reducción sustancial en su consumo.

La política oficial hacia el sector hidrocarburífero no puede estar desligada de un paradigma global que entienda al disfrute de la energía como un derecho básico en una sociedad democrática, que impone obligaciones en el presente, y compromete a las generaciones actuales con las futuras.

Buenos Aires, 28 de febrero de 2012.

Gentileza de: Observatorio Petrolero Sur

COMUNICADO DE PRENSA DEL INSTITUTO JUAN MANUEL DE ROSAS


HUMOR INTELIGENTE