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30 de septiembre de 2012

UN POLÍTICO POR ALLÁ

*Por Megafon

Lo más complicado a la hora de analizar, siempre son los errores propios. Debe ser porque tenemos tanto ejercicio en defendernos, que estamos siempre pensando (equivocados o no) que invariablemente tenemos razón.

Así podemos caer en el orgulloso error que da la soberbia y dejar de ver el bosque. Para lograr equilibrio tendríamos que poder ejercitar la discusión inteligente, elemento esencial para poder incorporar componentes distintos a nuestro propio pensar. Entonces estaríamos en el maravilloso juego que la política enseña: el ida y vuelta, aunque con la consabida advertencia marxista “los principios no se negocian” .

Para eso nos falta adversario o enemigo que se exponga en términos políticos y no corporativos. Pero si de algo sabemos los peronistas, es de tener paciencia. Esperamos por años poder volver a participar; volver al país los exiliados (incluido el mismísimo Perón), volver a ganar elecciones; volver a recuperar la dignidad; volver a poner al peronismo en ejercicio de la doctrina popular y no al servicio de los poderosos dominantes de turno. Esperamos, muchos años, esperamos.

Justamente ahora, que estamos en nuestro mejor gobierno, nuestro mejor momento, nuestra mejor oportunidad de legar en la historia la verdadera ideología en acción, en este preciso momento, no tenemos una oposición a la altura de nuestra oferta.

Por algo no nos gusta eso del libre juego “de la oferta y la demanda”, fracasa hasta cuando buscamos referentes políticos opositores como oferentes a nuestra demanda en el ejercicio democrático del país.

Como falta ese “otro democrático opositor” se nos presentan los amigos del horror como flameadores de banderas golpistas.

Esos no nos dan miedo. Ya no. El miedo lo entregamos, a modo de homenaje, sobre el recuerdo de nuestros compañeros muertos, desaparecidos, torturados que nunca dejarán de estar presentes para hacernos perpetuar en la memoria colectiva cada una de las aberraciones que pasaron en tiempos de dictadura.

Porque las dictaduras fueron siempre muy claras en su manera de mostrarse es que nadie puede confundir en ningún rincón de esta Patria, un gobierno democráticamente elegido por el pueblo, a aquello. Si alguien pretende confundir, que vaya por otro lado, hay mil maneras legítimas de hacerlo. La más influyente sería por el lado de las ideas. Siempre las ideas tienen gran influencia en los pueblos, cualesquiera fueran sus orígenes. Pero no podrán llegar con sus argumentos si no hay ideas para transmitir y lo que los moviliza es el odio, el resentimiento de ex clase dominante o simplemente pertenecer a la oposición marginal (marginal es aquel o aquello perteneciente o relativo al margen, extremidad u orilla de una cosa. Lo marginal está al borde, es decir, no forma parte de lo central o de lo más importante).

Sigamos esperando, mientras, seguimos laburando para que la inclusión sea un tema del pasado; seguimos construyendo futuro para quienes, hasta ayer nomás, eran los invisibles de la patria sumergida.

Los golpes ya no nos asustan porque tenemos las mejores armas posibles para enfrentarlos: la voluntad popular. Cuando la movilidad social se pone en marcha, también se movilizan y articulan la militancia social y política, suficiente mecanismo de defensa para bloquear cualquier intento desestabilizador.

Para afuera: Sin miedos, atentos, vigilantes y unidos.

Para adentro: Sepamos leer, oír, y también estar atentos a los que piensan distinto y seguir buscando la verdadera unidad de criterio político para poder sostener con organización el proyecto que tanto decimos defender.
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