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23 de septiembre de 2012

MANIFIESTO DE UN CACEROLO OFUSCADO


 (Haciendo un esfuerzo denodado por poner en palabras lo que tañe la cacerola)


*Por José A. Gomez Di Vicenzo

Exijo solidaridad del Estado en las pérdidas y procuro diluirlo en la ganancia (sobre todo si se trata de mi ganancia); soy progre porque tengo un amigo boliviano pero me ofusca que las minorías étnicas sean beneficiarias de planes y se le reconozcan sus derechos; me encanta la libertad siempre y cuando no se horaden las bases materiales que sostienen mi estatus; me gusta la democracia siempre y cuando quien gane elecciones y gobierne sea aquél que represente mis ideales (me haga seguir ganando guita, aumentar mi - y sólo mi- consumo y la posibilidad de diferenciarme socialmente), cualquier otra cosa es una dictadura populista; respeto a la mujer siempre que no me haga sentir un pelotudo ignorante, siempre y cuando no tenga poder, siempre y cuando me cocine y se deje garchar; me alucina sentir que la guita me la gané por mérito propio, por ser diferente, tocado por una barita mágica, por ser portador de una moral férrea, que rescata los valores del trabajo y el esfuerzo que son propios de la cultura blanca y me fortalece sentir que eso me diferencia de los cabeza vagos que pretenden vivir del Estado (que en realidad es el principal chorro que vive desangrando el producto de mi esfuerzo y capacidad); me encanta decir lo primero que se me viene a la cabeza porque eso es libertad, por eso me diferencio de todos esos militantes cooptados de La Cámpora, Evita y todos esos energúmenos chantas que adoctrinados penetran las mentes de tantos libres y no quieren otra cosa que conseguir un puestito para seguir robándome el fruto de mi laburo; defiendo la libertad del periodismo de decir todo lo que opino (alguien tiene que decirlo, alguien tiene que representarme); defiendo la moral cristiana y si alguien dice que algo anda mal con ella en los ámbitos donde ella vive, es glorificada, interpretada y defendida entonces hago como que no pasa nada porque decir, pronunciar, elevarse al plano de las ideas y repetir como loro es más importante que hacer; soy de los solidarios que dan al pobre para que sobreviva como pobre dignamente; soy un patriota sin igual, defiendo mi patria y la de aquellos que piensan como yo contra ideas foráneas y el enemigo interno. Y me amparo en los valores democráticos aún cuando estoy dispuesto a violarlos sistemáticamente.
Soy uno como cualquiera, soy un ciudadano más, soy único e irrepetible, soy el uno, el hombre mediocre, el enajenado, el medio pelo, el analfabeto político, el sujeto interpretado, el que se las sabe todas, el que deja que la historia pase, el que se conforma con llenarse de boludeces para enrostrarle al otro que soy en la medida que consumo, soy el que cree que mi trinar de cacerola logrará cambiar el mundo (que por supuesto es mi y sólo mi mundo) y liberarme de la opresión de esta clase de chantas totalitarios, demagogos y populistas dispuestos a hacer que toda la negrada (incluida mi sirvienta) se den tono haciendo y consumiendo bienes que deben estar y de hecho por eso están sólo al alcance y poder de goce de gente como uno (acá no hay distinción posible entre deber y ser – es una cuestión filosófica en la que me puedo cagar porque se trata de las mentiras propias de los intelectuales amanerados que también sirven de exegetas del régimen para vivir de mí).
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