Seguidores

5 de agosto de 2012

GORILAS Y GORILISMO: Génesis, historia y actualidad de un concepto persistente (I)

*Por Raúl Isman

“El peronismo sigue siendo la opción
preferencial de los pobres.”
Javier Auyero, Ensayista Argentino.

… durante los noventa (con Menem)
se produce una subordinación de la política a la economía, Perón
( siempre) va a subordinar la economía a la política. Para Perón, la economía sólo existe en tanto es orientada por un proyecto nacional. Si hay política hay economía. Si no hay política, la que se adueña de todo es la economía. Y como la economía la dominan los países centrales, las metrópolis, son ellos los que se adueñan del país cuando el país carece de un proyecto político que los enfrente. ¿Que requiere un proyecto político que haga de la economía uno de los resortes, pero no su fundamento? Requiere un Estado fuerte. Un Estado que no se someta a los arbitrios de las empresas. Si gobiernan las empresas, gobierna el “libre mercado”. No hay mercado libre. El mercado es de los oligopolios. El mercado no distribuye, concentra. Si el poder insiste tanto en la libertad de mercado es porque sabe que ésa es la libertad de las empresas.
José Pablo Feinman. Ensayista Argentino.

Introducción

El presente texto resulta la actualización de otro análogo escrito en tiempos muy difíciles a comienzos del año 2008. Algunas de aquellas circunstancias han cambiado, otras permanecen incólumnes pero no hay dudas que en la Argentina el gorilismo es la quintaesencia de toda política antipopular; agravándose dicha situación además por la condición de mujer de la conductora del proyecto democrático, nacional y popular, lo cual hace brotar todos los gestos, ademanes y retorcijones machistas propios de sus oponentes.

Por aquellos complicados tiempos (muy cercanos a la revuelta gauchocrática) decíamos que el acuerdo alcanzado por el ex presidente Néstor Carlos Kirchner y su antiguo Ministro de Economía (el primero de su gestión) y ex contendiente político Roberto Lavagna para incorporar al último de los mencionados al proyectado reordenamiento del Partido Justicialista (P.J), reactualizó, según el primer presidente de la democracia recuperada, el radical Raúl Ricardo Alfonsín, “un gorilismo rabioso”, situación que, “dividió hace muchos años a las familias argentinas”. (Diario Página 12 del 5/02/08). En realidad y en rigor a la más estricta verdad, semejante fraccionamiento no puede deberse a causas catastrófico-naturales; si no más bien a circunstancias sociales y culturales que analizaremos con cierto detenimiento en el artículo presente, tanto en su origen histórico como en sus implicancias actuales. Por cierto que la intencionalidad humana no puede hallarse ausente en la existencia de las referidas miradas animales acerca del país y de su pueblo. Lo que tal vez no comprendía el ex presidente radical es que un cultor del gorilismo sería su mejor imitador e hijo Ricardito. En declaraciones vertidas por el matutino Página 12 del 24-07-2012 el sempiterno candidato a la derrota culpa (con un sesgo absolutamente arbitrario para analizar la realidad) al gobierno nacional de las dificultades económicas y según él “el mundo todavía sigue siendo favorable y la gran mayoría de los problemas que tenemos no tienen que ver con el mundo". Como se ve la peor crisis internacional desde la tercer década del pasado siglo no existe. En rigor, ni la U.C.R ni el Ricki descarriado tienen mucho que ofrecer al pueblo en términos de construcción política; por lo cual, los exabruptos goriloides son lo único que pueden proferir, es el modo que tienen para ocultar la terrible indigencia intelectual que los corroe.

Para decirlo de modo simple y tautológico: si existe gorilismo es porqué hay gorilas. De modo que en el texto siguiente será tratada la desgraciada vigencia de un modo de leer la realidad social y política argentina (curiosamente) zoológico, intentando destacar lo contraproducente que resulta semejante mirada para que el pueblo argentino pudiere acometer sus tareas decisivas.

Pero a decir verdad, el gorilismo no ha vuelto, ya que nunca dejó de estar instalado en el paisaje político nacional desde aquel ya lejano 1945 que señaló el nacimiento del peronismo. A comienzos de la década del ’70, por ejemplo, se vio relativamente acotado por haberse verificado un cierto proceso de convergencia de jóvenes provenientes de las capas medias con el movimiento nacional. O en la última elección nacional- en la que el proyecto nacional obtuvo nada menos que el 54% de los votos- se agravó, ya que las minorías se abroquelaron en su gorilismo cerril. Por de pronto, partiremos de una definición mínima del concepto y de sus orígenes históricos- tanto en nuestro país como en otras latitudes, en la época contemporánea y en la propia antigüedad- para luego concentrarnos en las implicancias actuales de la problemática señalada. A modo de intermezzo humorístico serán vistas a vuelo de pájaro algunas circunstancias cómicas de la referida categoría zoológico-política.

Por cierto, tal vez resulte necesario decirlo de modo explícito, pero las notas presentes funcionan también a modo de autocrítica, ya que el autor ha sido participe de posiciones gorilas durante no pocos años de su vida consciente.

Hacia una definición del gorilismo y un
breve recorrido por sus raíces históricas

Curiosamente o no, el término gorila designa dos realidades con ciertos matices diferenciales, ya que es diferente relativamente el significado en la Argentina; por un lado; y en el resto de nuestra América, por el otro. Si en el subcontinente designa prácticas y sujetos marcadamente derechistas, conservadores y reaccionarios; en el país del asado, el mate, el dulce de leche y el tango denomina más específicamente a aquellos opositores cerriles al peronismo. Y ciertamente que en tal posición, existen individuos, fuerzas sociales y agrupamientos políticos de derecha, centro o izquierda. Por otra parte, lo análogo ocurre en la fuerza creada por Perón. De modo que en lo inmediato el problema que nos aparece- y para peor, lo hace mucho más complejo- es el hecho que la etiqueta de peronista (llamado significante vacío por Ernesto Laclau) no define nada muy preciso en términos de contenido. En efecto, en el pasado fueron integrantes del referido movimiento criminales fascistas como José López Rega (astrólogo esotérico y secretario privado del jefe, ministro en su último gobierno y jerarca con la suma del poder público durante un año luego de la muerte del líder por añadidura), burócratas sindicales que traicionaron a su clase (ejemplos innumerables, por no decir infinitos) u opuestamente; abnegados militantes como Gustavo Rearte o Envar El Kadri, por citar nada más que dos compañeros ya fallecidos. En honor a la verdad la lista de peronistas entregados a la causa popular es, por cierto, más extensa que la que conforman quienes la han traicionado. En nuestros tiempos las cosas no son muy diferentes. Integran la incandescente formación política Carlos Saúl Menem (rematador al peor postor del patrimonio nacional y gestor incansable e implacable de la disgregación nacional), Francisco de Narvaez, neoliberal que pasea su imagen de caferata tatuado y posmoderno por la cadena privada de medios de comunicación o Luís Abelardo Patti, torturador confeso y asesino a sangre fría de militantes populares; por mencionar sólo tres ejemplos. Mientras tanto ya se ha dicho que en el mismo movimiento transitan luchadores, referentes populares, dirigentes gremiales y políticos e integrantes de movimientos sociales cuyas trayectorias ético-políticas están más allá de todo cuestionamiento. Por lo tanto, al no decir nada sustancial en términos de contenidos definitorios y sustantivos la sola mención de la palabra peronista, el concepto de gorila caería por carecer de objeto referencial por oposición. Pero no nos apuremos. Tanto el general Juan Perón, antaño; como Néstor Kirchner o Kristina Fernández, en estos tiempos, reciben las críticas de los sectores gorilas en razón, no de sus indudables errores y defectos, que sin dudas los tienen o han adolecido de ellos. Más bien los ditirambos se originaron en el hecho que- aún con limitaciones, errores, desviaciones e inconsecuencias- los dirigentes señalados mantuvieron a grandes rasgos un rumbo favorable a la independencia nacional y beneficiaron al pueblo de modo evidente, concreto e irrefutable. Digamos que un rasgo central del (mejor) peronismo es conceder y ampliar crecientemente derechos a las mayorías populares. De manera que por obvia decantación hemos arribado a una primer y mínima definición del remanido concepto de gorilismo: se trata de una oposición arbitraria, cerril y sin concesiones que se realiza contra el (mejor) peronismo; y más profundamente contra la autonomía nacional y la mejoría en las condiciones de vida de los sectores populares. Tal es su signo fundamental, ser la expresión impersonal devenida discurso de las fuerzas sociales del privilegio, "humilladas y ofendidas" por el ciclo de ascenso popular que los gobiernos de Perón, Néstor y Kristina han abierto. El gorilismo es una reacción en toda la línea contra los derechos a los cuales acceden los sectores populares durante los mejores elencos gobernantes peronistas.

Por cierto que en la historia nacional han sido las marcas distintivas ciertos gobiernos peronistas (no todos; por cierto que el decenio de Menem es claramente la excepción). La mejor demostración que el verdadero oponente del gorilismo es el mejor peronismo resulta del hecho que el riojano de la triste fama no recibió similares críticas por parte de la poblada fauna de primates que puebla el escenario socio-político argentino. Cierto es que la U.C.R. se opuso cosméticamente al señor de Anillaco. Pero cuando el susodicho necesito los votos radicales para lograr la reforma constitucional los tuvo, merced al trueque de favores. Si se trataba de destruir la obra mejor de Perón (un país industrial con un fuerte grado de integración social y un estado con variedad de herramientas y decisiva capacidad de intervención a favor de los sectores populares) póngidos de diverso pelaje votaban P.J y podían tolerar la liturgia peronista; escudo, retrato de ambos fundadores, bombos y marcha incluidos. Otro tanto ocurría en tiempos de las tres A (1973-1976). Si se trataba de matar militantes populares (entre ellos, muchos peronistas) la primitiva derecha argentina disminuía su antiperonismo visceral. Sin ir más lejos un gran mascarón del gorilismo, el lenguaraz greco-latino Mariano Grondona, no tuvo empacho en publicar una égloga de López Rega y sus crímenes; texto editado no porqué desconociera las tétricas andanzas del astrólogo y sus freiekorps. El libelo lo hizo público porque tenía pleno conocimiento del significado de lo que escribía y pretendía sentar doctrina induciendo a vastos sectores de la sociedad para legitimar los asesinatos de la triple A. El colmo del gorilismo pétreo facial lo configuraba el capitán ingeniero Álvaro Alzogaray, quién reivindicaba explícitamente el riojano-peronismo de Menem, diferenciándolo de la creación del general muerto en 1974. Al mismo tiempo, su bufón, el periodista al servicio de las peores causas el batracio occiso Bernardo Neustadt, cerraba el círculo de la aceptación del (neo)peronismo menemista afirmando que el riojano era “alto, rubio y de ojos celestes”, dando el condigno cierre racista para la operación de bienvenida, por parte de sus enemigos históricos, de la lectura o versión Anillaco para la fuerza creada por Perón. Tal vez los lectores de nuestra América no estén habituados aún al retrato de Menem, pero nunca fue alto ni siquiera con botas de largos tacos y parece tan rubio como un zulú, pese a los diversos tratamientos cuasi o para quirúrgicos que se realizó para recomponer su figura y cabellera.

Más adelante analizaremos más detalladamente la cuestión de la operatoria del discurso gorila, así como distinguiremos entre creadores de los contenidos goriloides (los sectores dominantes) y quienes resultan seducidos por el mismo; básicamente los sectores medios, entre los cuales halla sus mayores difusores. Antes de avanzar, realizaremos un somero recorrido por la historia del término.

Breve historia universal
del gorilismo

Los antecedentes más remotos del gorilismo- una suerte de protogorileidad- deben ser buscados en la experiencia de más de cinco milenios de historia escrita. Observando, con mirada entre curiosa y crítica, semejante archivo inagotable de experiencias aleccionadoras podemos decir que toda clase dominante se afirma como tal en ciertas circunstancias del imaginario social; tales como un discurso caracterizado por una (auto) conciencia o imposición hacia sus dominados de su condición de elite superior y fundando su dominio en razones raciales, económicas, sociales, culturales, educacionales, religiosas o del orden que fuere. Tal relato parte del génesis de su existencia, en el cual fundamenta su dominio; para llegar hasta sus tiempos contemporáneos en los que debe servir para legitimar su supremacía. Además, dicha circunstancia opera tanto manteniendo su cohesión interna, como afirmando la desigualdad jerárquica hacia el resto de la sociedad. Por cierto que un mecanismo fundamental reside en introyectar a sus dominados la naturalización de semejante división. En la antigüedad, tal “superioridad” los lleva a considerarse verdaderos dioses (faraones egipcios o sectores dominantes en algunas polis griegas) por oposición a los sectores subalternos que no podían “trascender” la condición humana; y, por lo tanto, estaban obligados por indestructibles deberes sacros a la insalvable e inevitable obediencia para toda la trayectoria histórica.

Similar es el desempeño en tiempos medievales de la Iglesia Católica. Por cierto que, en su condición de fuente de legitimidad del orden social, el discurso religioso tenía la finalidad de fundamentar y argumentar a favor de la terrible desigualdad característica de aquellos tiempos. El respeto al feudalismo era difundido por los clérigos como inspirado por la propia divinidad. En todo análogo y avanzado en el tiempo es el desempeño de los tonsurados en lo relativo a enmascarar la ausencia de derechos político-electorales de las masas bajo la formula de soberanía de Cristo; opuesta por entero en su visión a la voluntad popular (con la cual las masas combatieron por sus referidos derechos políticos), desde la revolución francesa hasta muy avanzado el siglo XX. Las formas electivas democráticas se impusieron de modo casi inevitable en casi todo el orbe y sólo así fueron aceptadas (a regañadientes) por Papas, obispos, cardenales, curas y burgueses. A modo de conclusión podemos afirmar que la raíz histórica del gorilismo- más allá de nuestras fronteras- no es otro que la creación, difusión, legitimación y naturalización de discursos que expresan el punto de vista de los sectores dominantes; que, en toda sociedad, basan su poder en diversas desigualdades del orden que fueren.

Gorilismo argentino,
una variante particular

En nuestra Argentina, el moderno gorilismo nació por reacción derechista al movimiento gestado por el General Juan Domingo Perón; fuerza que apareció sensiblemente el día décimo séptimo de octubre del año 1945. Pero también tiene su prehistoria. Los exaltados llamados de Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi para reemplazar la "barbárica" población autóctona por “civilizados” europeos- agravados en el caso del sanjuanino por sus apasionadas apologías del genocidio realizado contra los gauchos- perfectamente pueden ser encuadrados como primitivos jalones en la construcción de un discurso gorila argentino. También el juego entre burlón y despectivo implementado por la oligarquía al interpelar a los inmigrantes- denominado “titeo” por el escritor David Viñas- y el posterior desprecio por la “chusma” radical (nombre despectivo dirigido a las masas populares) son sucesivos momentos en la edificación señalada. Su faz sangrienta apareció durante la semana trágica de 1919, episodio en el cual el término judío resulto prácticamente equivalente a comunista, ácrata o maximalista. Pero- como ya habíamos dicho- el punto de partida del moderno gorilismo nacional lo configuran las trasformaciones económicas, sociales, culturales y políticas operadas por el Peronismo, aún antes del advenimiento a la presidencia del general socarrón.

Independientemente de los múltiples y polifónicos balances que pueden hacerse de más de medio siglo de la Argentina orbitando en la galaxia peronista, lo cierto es que el furor mayor de la gorilería se debe a que el movimiento emergido hacia fines de la segunda guerra mundial le permitió a los explotados, oprimidos, humillados y ofendidos de nuestro país tomar conciencia que podían agruparse colectivamente e interpelar colectivamente al estado para mejorar su condición social; es decir, para alcanzar un más alto nivel de vida. El vocablo conciencia lo usamos en sentido lato (representación del mundo; en el caso del justicialismo la oposición pueblo-oligarquía), no en su connotación marxista. Esta última concepción exige por cierto la formulación de proyectos políticos anticapitalistas. Y el peronismo sólo trascendió el orden burgués en la visión (imaginaria) de los jóvenes de los años ’70, básicamente pero nadie puede adjudicarle con seriedad y rigor científico semejante perspectiva ni al fundador ni a las grandes masas entusiastas adeerentes .

Las mujeres solas provenientes del interior del país (empleadas centralmente en el servicio doméstico), los trabajadores agrarios y campesinos, los nuevos inmigrantes internos ubicados en los puestos menos calificados y no industriales y los obreros manufactureros (el corazón del nuevo movimiento o- en palabras peronistas- la columna vertebral y que se habían fortalecido socialmente con el crecimiento de la producción de bienes secundarios operada desde 1935) se sumaron al peronismo naciente, en razón que les permitía reclamar de modo colectivo, superando la atomización individual, en la que el poderoso siempre lleva las de ganar. El carácter militar y paternalista del líder no altera el hecho que las masas populares obtuvieron beneficios inéditos y no puede omitirse que las opciones (reales) que se les ofrecían eran el retorno a la desfavorable situación previa… o la revolución social. De modo que el eje conceptual decisivo fue denominado en el discurso peronista como justicia social y, desde entonces, enriqueció la tradición jurídica argentina (y del constitucionalismo social de todo el orbe) con los llamados derechos sociales. Pero más importante que los formalismos jurídicos fue que se aseguró su vigencia práctica, efectiva y real. El pueblo trabajador interpelaba al estado y este le garantizaba derechos que no gozaban por aquellos tiempos símiles del primer mundo. La independencia económica (más un mito que algo real; en rigor corresponde hablar de autonomía) y la soberanía política (un concepto sustantivo de la democracia) completan las tres banderas históricas del peronismo. Frente y contra ellas se edificó el discurso gorila como lamento de los privilegios perdidos por las fuerzas dominantes. Si los dueños de estancia añoraban los tiempos en que acallaban a rebenque o metralla los reclamos de los peones por mejorías mínimas en las condiciones de trabajo y de vida (que no convirtieran la dignidad en un horizonte inalcanzable); las señoras (gordas) de su casa- sean aristócratas o de clase media- sentían ofuscada repulsión por sus mucamas que exigían trato respetuoso, días de descanso o incrementos salariales, entre otras reivindicaciones. La ofuscación no dejaba afuera a empresarios molestos por el control sindical sobre el funcionamiento cotidiano y- por ende- la productividad de las empresas. La narrativa goriloide servía para articular semejante coalición, integrada también por enormes sectores de las clases medias comerciales, intelectuales, profesionales y burocráticas. Y en rigor a la verdad, el peronismo se mostró- durante el período 1945-1955- bastante torpe e inhábil para rescatar sectores pequeño burgueses de la dependencia cultural hacia la oligarquía y sumarlos al frente nacional. De ese modo no lograba capitalizar políticamente la indudable mejoría económica que había logrado también para las capas medias. Dos ejemplos gráficos exaltan muy nítidamente la muy primitiva vulgaridad- a contrapelo de su autoadjudicada superioridad educativa y cultural- propia del gorilismo. El primero es la "leyenda negra" del asado con parquet. Para ilegitimar el derecho a la vivienda, que los dos primeros gobiernos peronistas desarrollaban generosamente entre los sectores populares, se difundió un relato ficcional consistente en decir que los beneficiarios levantaban las maderas de los pisos para hacer asado. 

Falso y patético además. Por otra parte, no hay momento que muestre mejor la profunda raigambre antipopular del gorilismo que las pintadas puestas en las paredes de los barrios distinguidos de Buenos Aires durante la agonía de Eva: ¡Viva El Cancer!. Por estos días se cumplen seis décadas de la dolorosa muerte de la "abanderada de los humildes" y es una excelente lección de historia mirar alternativamente las pintadas referidas junto con el desgarrador sufrimiento popular durante el velatorio de la segunda esposa de Perón
El contenido tumultuoso, movilizador y plebeyo del peronismo- que resultó el fundamento social para muchas de sus mejores transformaciones- tuvo aristas, implicancias y consecuencias muy ricas en contenido que podemos sintetizar con tres frases:
a) La economía resultó subordinada a la política a través de las tres banderas históricas del peronismo.
b) Los beneficiarios centrales de la obra del primer peronismo eran los trabajadores industriales, los sectores más pobres; el pueblo en general. Se trata de mejorías en sus condiciones de vida material, no en una marcha hacia el socialismo; en todo ajena al conglomerado fundado por Perón; salvo para algunos núcleos de avanzada peronistas, casi invisibles por aquellos tiempos.
c) Oponerse a semejante política (gorilismo) era y es, sin dudas, oponerse al pueblo. Por cierto que no era menester practicar el seguidísimo acrílico. Pero para no ser gorila era preciso formular un proyecto que contuviese los beneficios ya logrados y avanzase desde allí, no para afirmar la oposición gorilmente cerril, si no en la perspectiva de un programa de transformaciones más profundas. No decimos que ello fuese posible, si no que enunciamos la condiciones para una oposición no peronista que no fuese teledirigida por los antipopulares cenáculos gorilas. Casi no existió la menor intención para formular una iniciativa en tal camino. Concluyendo, el hecho que colaborasen diversos sectores de izquierda con la difusión del discurso gorila no lo hace menos reaccionario. Por el contrario, arroja a dichas fuerzas al campo de los adversarios del pueblo, más allá de la abnegación y loables intenciones de su militancia. O como decía un sabio: "pobre la izquierda, siempre más cerca del socialismo que de la realidad. Los errores del 45 y el 55 no fueron suficientes y varios destacamentos izquierdistas actuaron como idiotas inútiles al servicio de la oligarquía en el 2008, en su ofensiva golpista contra el gobierno nacional, popular y democrático presidido por Kristina Fernández de Kirchner.

Gorilas en
Las tinieblas posmodernas
(Intermezzo giocosso)

Nunca está de más desplegar algo del sentido lúdico que le confiere- por vía del humor- una dosis de alegría a todas las cuestiones, por complejas, tristes o desgraciadas que pudieren parecer. A tan loables fines se halla destinado el apartado presente que funciona a modo de instancia de relax entre dos apartados dedicados a una reflexión más seria que juguetona.

La mitología antigua es pródiga en extrañas criaturas o figuras, mixtura muchas veces caprichosa entre diversas bestias y la más sofisticada de todas: el ser humano. Así, un centauro es una cruza de caballo con cuello y cabeza de hombre y un minotauro lo propio que el anterior con un toro; fruto, por añadidura, de una relación entre una bella mujer llamada Pasifae y un ejemplar toruno- al decir de la leyenda- de portentosas dimensiones. El motivo del extraño acoplamiento no era alguna veleidad o pretensión femenina, sino una afrenta sufrida por las divinidades que obligaban a entregar en tributo la vida de jóvenes cretenses hasta que el (¿horrible?) monstruo fue liquidado por el héroe Teseo.

En la Argentina carecemos de Partenón, de un olímpico panteón teologal propio y de una histórica identidad raigal varias veces milenaria. Tampoco fuimos el origen de la dramaturgia universal, aunque supimos cultivarla. No obstante, no nos faltan zoomaquías (creaciones animales) extrañas ni mitologías exuberantes, que, al menos, en diversión no tienen nada que envidiar a las más antiguas. Si la divinidad bíblica creó al humano “a su imagen y semejanza”, ¿Por qué no creer en el origen divino del Carriotauro, mezcla entre risueña y monstruosa de hipopótamo y gorila, que circula por cuanto micrófono mássmediático se abre (a su boca)? El poco agraciado adefesio enhebra permanentemente las cuentas de un rosario de frente a las cámaras, vinculando de ese modo su origen con la propia divinidad. De lengua larga, falsa, embustera, filosa y envenenada y tan bronceado por el oriente punteño como por lámparas porteñas, guiña alternativamente uno u otro ojo orzuelado al tiempo que el citado esperpento asume su papel- a mitad de camino entre lo ridículo y lo operísitico- por diversos espacios comunicacionales desarrollando invariablemente la política del imperialismo. En la medida que lo último recién dicho es una cuestión por demás seria, los fundamentos de nuestras afirmaciones serán desarrolladas en el apartado siguiente. Cerremos nuestra semblanza sobre la trayectoria vital del Carriotauro con la que quizás sea su hazaña más lograda: haber evitado que el Frente de Izquierda haya quedado cola en el chart electoral fue su ¿última? hazaña política. ¿El futuro nos deparará nuevos logros para el guines?

Otro engendro resultado de cruzas zoológicas es el grondonatauro; en este caso, combinación de gorila con águila imperial. El padre de la monstruosa criatura no es el eterno y sempiterno presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (A.F.A), si no un periodista de nombre Mariano con trayectoria consecuente al servicio de los enemigos de nuestro pueblo: apoyó todos los golpes de estado ocurridos en la historia argentina entre 1955 y 1976, fue ideólogo de los mismos y pidió que ilegalmente fueran movilizadas tropas militares para reprimir saqueos por el hambre en 1989, entre otros desaguisados Habitualmente jeringosea más en latín y griego que en nuestra lengua, pero de todos modos queda absolutamente claro su incondicional alineación con la política de los E.E.U.U.. El grondonatauro regentea un pasquín televisivo de la peor derecha y se permitió cerrar un programa pidiendo la muerte del comandante Hugo Chávez, líder de la revolución bolivariana. Tal es la apología de la vida propia de los sectores reaccionarios. Desde la T.V y en zoológico dúo suele presentar a su hermano gemelo de padres distintos, el carriotauro, quien mirando fijo a cámara predica una cruzada contra el poder, según el citado engendro constituido casi en exclusividad por los Kirchner. Los grandes consorcios transnacionales, empresas capital intensivo internas, beneficiarios de privatizaciones y oligarcas agrarios- el verdadero poder- seguramente deben reírse internamente de tamaña e irreal caracterización tan funcional a los intereses de las fuerzas del privilegio. Así queda claro que la función de ambos esperpentos es ocultar a la percepción pública quienes son los verdaderos dueños de los recursos y responsables de los infortunios de nuestro pueblo. Pero no deberían engañarse. Las elecciones de 2011 demostraron que 54 % de los votantes no presta atención ya a tamañas incongruencias.

Por otra parte, ¿Cómo no conferirle connotación mitológica (y zoológica) a la división operada en la política argentina desde la aparición del peronismo? Si los peronistas resumen- tal vez con excesiva simpleza- toda oposición al movimiento también llamado justicialista con el mote de gorila; los antiperonistas no resultan menos esquemáticos al sintetizar la condición justicialista bajo el zoológico mote de monos adjudicado a los seguidores de Perón, con evidente connotación entre biologista y racista. De tal modo que en la Argentina se habría superado la “mítica” lucha de clases- verdadero motor de la historia, según Marx- reemplazada por un (ahistórico) enfrentamiento entre bárbaro y zoológico entre diversas escalas de primates: por decirlo de manera por demás simple monos contra gorilas. Tal vez un prurito intelectual y académico nos impida ver que ambas corrientes con semejante construcción intelectual le brindan un servicio sin par a la nación argentina. Es que al ser tales enfrentamientos propios de sus nomenklaturas zooformes, la auténtica argentinidad queda a salvo de luchas fraticidas e impoluta de cara a la construcción de una sociedad sin enfrentamientos: en rigor, una imagen por fuera de toda realidad, una verdadera palangana irrealizable e inexistente. Es que digámoslo de modo explícito por si no se entendió: no existe sociedad por fuera del conflicto, el hecho que en la Argentina los enfrentamientos se expresen- también- de semejante modo humorístico y zoológico no le quita a la contradicción su condición necesaria e inevitable.

Los diarios del 14 de febrero de 2008 traen una nueva vuelta de tuerca con relación a lo que podemos llamar ya- ironizando ligeramente acerca de la llamada por Tony Negri biopolítica- la zoopolítica. La coalición cívica (en rigor, cínica) llamó perros a los integrantes del gobierno nacional, textualmente “una jauría desbocada que pretende acallar y encarcelar a la líder de la oposición”. Por cierto que lo peor que podría hacer el gobierno es acallar a un personaje que cada vez que abre la boca da testimonio de su grotesca incapacidad para construir política de masas, que incluyera a los sectores populares. Por su parte, el por aquelos tiempos Ministro de Justicia, Aníbal Fernández, refiriéndose a la doctora Carrió declaró que “La señora no tiene los patitos en fila”. (Pagina 12 de la fecha citada). Es conocido el proverbio criollo que afirma del pato criollo que “ a cada paso, una cagada”. Aromáticos efluvios que- en el caso del carriotauro- provienen más bien de vía oral que de disímiles procedencias. Por fortuna existen muchas especies zoológicas que aún no han sido convocadas para ocupar su sitial en el escenario político y social en nuestro país, pero al ritmo que vamos deberán ser utilizados inclusive los nombres de las variedades unicelulares profusamente inventariadas por la ciencia biológica.

No podemos finiquitar este intermezzo giocosso sin hacer mención a la literatura (oral) épica de connotaciones míticas. Los (antiguos) relatos mitológicos argentinos- igual que sus congéneres del mundo mesopotámico y mediterráneo- se originan en primera instancia en circunstancias bélicas, resaltando el protagonismo del héroe combativo y combatiente. Pese a no revestir similar añosidad y riqueza en hechos bélicos, nuestro acervo no deja de ser sumamente rico. Pero por razones de espacio, haremos mención a sólo dos de sus historias. En nuestro país, dichas narraciones se entrelazan con la lucha ya señalada entre monos y gorilas. Pero las circunstancias en las que se desenvuelve, además de dantescamente heroicas, muestran un raro matiz de comicidad, relacionada- por añadidura- con circunstancias derivadas de los placeres sexuales. Por lo tanto, en muchas ocasiones, el campo de batalla es más bien furtivo, desarrollándose las diversas escenas en albergues transitorios (hoteles para parejas), más que en viriles y sangrientos campos de Marte. Pero semejante cambio de espacio territorial no le quita ánimo ni enjundia guerrera a la encomiable e indudable heroicidad de los personajes involucrados.

Cuenta una leyenda que una dama se presenta frente a su ginecólogo quejándose de su condición de virgen, pese a los tres matrimonios en su haber que había acumulado a lo largo de más de cinco décadas en este valle de lágrimas. Preguntada acerca de tan extrañas circunstancias, la dama respondió que su primer esposo fue un FREPASISTA (progresista), tras lo cual lo definió como “pura lengua”. En segundas nupcias, casose con un radical, “cuando están arriba no saben lo que hacer”, quejose amargamente nuestra dama de los lamentos. Finalmente, en su tercer esponsal, la intacta esposa debió resignarse a que el conyugue, un peronista, le “rompiese el culo una y otra vez”, determinando así de modo casi definitivo su poco satisfactorio estado. La apología del pragmatismo y la pura efectividad a cualquier costo subyacente en el relato (ética de los fines, más que de los procedimientos) hace que pueda ser catalogado como para o filo peronista. Por lo cual cerraremos el apartado con una leyenda gorila y tornaremos a la puntillosa seriedad de nuestros análisis.

Hace ya un cierto tiempo medianamente indeterminado, un gobierno peronista se debatía en una crisis que habría de finalizar con una infausta asonada militar. Un ministro- agotado luego de una auténtica sucesión de reuniones tan áridas como estériles- decide convidar a su secretaria a unas horas de relax en un célebre albergue que fuera escenario de diversos filmes en la celebrada industria cinematografía nacional. La cosa no iba mal hasta que el funcionario se sintió con deseos de emular a Bill Clinton, pero antes del tiempo en que las andanzas clintoneanas fuesen famosas y celebradas por los medios de comunicación de todo el orbe globalizado. Por desgracia (para nuestro mitológico héroe), el hombre no reparó en que la joven amanuense padecía epilepsia y, para peor, sufrió un ataque en el preciso momento en que- entre eficiente y gozosa- daba cumplimiento a la orden ministerial. Los labios cálidos quedaron en segundo plano con relación a una pirañezca dentadura que seccionó el miembro del sorprendido funcionario del ejecutivo. La leyenda cuenta con dos finales (uno gorilón, el otro peronista) que transcribiremos de modo provisional para ser lo más fieles posibles a una veracidad histórica, que no ha sido aún comprobada de modo científico. La versión antiperonista dice que el hombre salió disparado por los pasillos a los gritos y llorando. Logró salvarse de la muerte porqué entraban al mítico establecimiento un médico y una enfermera con ambulancia incluida. Los profesionales de la salud- en obvio cumplimiento de las obligaciones emergentes en el juramento hipocrático- dejaron el placer para más adelante y suturaron la copiosa hemorragia trasladando al accidentado al nosocomio del cual habían partido. Allí no pudo realizársele una operación similar a la de John Bobbit, en razón que (por aquellos tiempos) tal técnica quirúrgica no pasaba de ser producto de algunas imaginaciones afiebradas. Por otra parte, no fue hallado el trozo que faltaba. O- agregarían ciertos cronistas divertidos- lo que faltaba del trozo. El relato peronista del suceso muestra un costado nacional-machista del cual el justicialismo no ha querido abjurar del todo, pese a los indudables avances del género femenino, actual presidente mujer incluida. No es ocioso recordar que en los primeros tiempos del justicialismo era muy difícil si quiera imaginar a la fuerza impulsando el matrimonio gay o con una agrupación denominada putos peronistas. Resulta también incuestionable que, aún anciano, el líder era llamado “el macho” por millones de seguidores y seguidoras. Sintetizando el desenlace, el mutilado, presa de furor incontenible por su hombría mancillada (¿o masticada?), pretendió asesinar a la epiléptica por medio de golpes de muñón en la cabeza, luego de haber salido ambos por los pasillos. Empero fue contenido por personal de establecimiento y algunos pasajeros que colaboraron en la difícil y temeraria acción. Piadoso telón.

Peronismo y no peronismo:
proyecto popular, democracia y gorilismo

Volvamos al punto de partida del presente texto: el acuerdo Kirchner-Lavagna. Se trató de una iniciativa de raigambre indudablemente peronista; ya que el estilo de conducción del fallecido presidente consistía en la idea de ampliar constantemente (hacia la derecha) su movimiento político reteniendo siempre la construcción estratégica. Dicho estilo le permitió ampliar velozmente la cosecha electoral, pero mostró sus límites y debilidades en ocasión del máximo choque con el poder económico: el enfrentamiento contra la gauchocracia neoliberal. En dicha ocasión el gobierno sufrió el abandono parlamentario de fracciones del P.J. y luego recostarse casi exclusivamente en el peronismo fue una de las causas decisivas para la derrota electoral en el 2009. Por cierto que ceñirse al hemisferio no peronista del sistema político tampoco constituye una verdadera panacea y menos garantía de constantes triunfos. Se ha afirmado con frecuencia que la renuncia del Kirchnerismo a construir una organización propia (distinta al pejotismo) ha significado una debilidad estructural del proyecto nacional. En todo caso los movimientos afines que si se han lanzado a tamaña construcción (como el chavismo venezolano) lejos están de haber garantizado un camino sin sobresaltos para sus respectivas gestas emancipatorias. Como puede verse más que declamar panaceas profetizadas teóricamente es preciso afirmar un rumbo político y tratar de realizarlo con esfuerzo, iniciativa política, consecuencia empírica y necesariamente mucha suerte. Quienes se ufanan de tener resueltos todos los problemas teóricos se hallan más próximos a los bailarines en el Titanic que a la condición de fuerzas y militantes que comprendieren la realidad.

Por otra parte, no es que sea criticable en si mismo ser opositor; por el contrario, resulta factible no seguir al gobierno y ser parte de los espacios nacionales, revolucionarios y progresistas. Las distintas vías para la lograr una sociedad integrada y/o una trasformación social profunda pueden ser ciertamente complejas y diversas. Pero lo verdaderamente deleznable es el contenido insalvablemente antipopular y antinacional con que se posicionan en la arena pública la inmensa mayoría de los dirigentes refractarios al proyecto K. O dicho de otra manera, para avalar soluciones, democráticas, progresistas y revolucionarias no es preciso- ni mucho menos- ser peronista o parte del armado gubernamental. Pero seguramente el rabioso gorilismo coloca a quienes crean, difundan o legitimen semejantes narraciones en el póngido campo de los enemigos del pueblo; por decirlo al modo de del célebre dramaturgo noruego Henrik Ibsen.

La verdadera cuestión política central de nuestro tiempo en la Argentina no es peronismo-gorilismo, justicialismo-antiperonismo. El eje decisivo pasa por la construcción de un frente nacional que incluyere a los trabajadores (en sus diversas y complejas variantes; sindicalizados y precarizados, por ejemplo)y la mayor parte de las clases medias. Tal frente, denominado alianza plebeya por diversos referentes de la izquierda nacional, tiene por objetivo estratégico consolidar la (segunda) independencia nacional, en el marco de la alianza estratégica con los pueblos latinoamericanos con problemáticas y enemigos similares. Habida cuenta de lo recién afirmado resulta indiscutible que el gorilismo es una creación de los enemigos de los enemigos del pueblo argentino para que este no pudiere concretar sus objetivos más importantes.


*Docente. Escritor.
Colaborador habitual
del periódico socialista El Ideal
Columnista del Noticiero Señal de Noticias.
Canal Señal Oeste. Moreno.
Provincia de Buenos Aires. Director de la revista
Electrónica Redacción popular.
raulisman@yahoo.com.ar
www.geocities.com/raulisman
Publicar un comentario