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15 de abril de 2012

DE LOS HABLADORES


*Por Eliana Valci


Hablador/a: Que habla demasiado. Que por imprudencia o malicia cuenta lo que ve y oye. Valentón. Mentiroso.

Gran parte de las personas hablan, debido a que no cuesta nada, de la misma manera que el aire es gratis.

Pero si de costos se trata, los habladores no resisten un archivo. Sus dichos caen por su propio peso.

Desde el ceno familiar a los niños se los educa en el sentido de que, antes de exteriorizar un pensamiento, justamente se piense lo que se dice, para así no expulsar de sus bocas un improperio, una mentira, etc.

Es evidente que varios “niños” no han aprendido la lección y vomitan sus opiniones con total liviandad.

Quizás el sistema perverso de des-información, o el creer que la “libertad es libre”, les haya generado algunas confusiones en cuanto a su desempeño en la vida en sociedad.

Hay otra regla de oro que los padres enseñan a sus hijos, y es que la libertad de uno comienza donde termina la del otro.

Pero, qué es lo que lleva a una persona a que diga cualquier cosa de la otra? … será producto de una “avivada”, de un “chascarrillo”?

Volvemos a las mores maiorum, y lo cierto es que antes de lanzar un pensamiento al mundo hay que tener fundamentos y una sólida convicción de sostenerlos irrefutablemente.

Pero cuantos de los habladores pueden erigir “sus verdades”?... No hay que ser matemático para saber que la cuenta da cero, porque como bien surge de su definición, un hablador es un mentiroso en potencia.

Y la mentira, como dicen las voces populares, tiene patas cortas, por lo tanto es endeble, fácil de derribar.

Así y todo, los habladores son funcionales al sistema de estupidazación mundial,  en una carrera ascendente por el podio al mejor vendedor de espejitos de colores.

Por suerte, las caretas se van cayendo, y hoy son menos los consumidores de las habladurías de los opinólogos de turno.



*Directora Revista Ida&Vuelta
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