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28 de agosto de 2011

DEMOCRACIA Y COMUNICACIÓN



*Por Ernesto Laclau (*) Especialista en filosofía política.


En la explosión de 2001 en la Argentina, hubo una enorme expansión horizontal de la protesta popular. Una de las grandes intuiciones políticas de Néstor Kirchner fue darse cuenta de que había que complementar el desarrollo de esa protesta horizontal.
 
En Europa, se requirió del largo proceso de revoluciones y reacciones del siglo XIX para llegar a un cierto equilibrio entre ambos conceptos, de modo que liberal-democrático se considera una entidad relativamente unificada −subrayo “relativamente”, porque siempre hay una tensión entre la idea de un “gobierno de los de abajo” con sus demandas y la organización institucional de la comunidad−. 
Esa unificación que se dio en la tradición europea −y, hasta cierto punto, en la norteamericana−, no ocurrió en América Latina: democracia y liberalismo avanzaron por caminos diferentes. En la segunda mitad del siglo XIX, se organizaron los estados liberales en el continente. Pero eran expresiones de las elites oligárquicas, en general, terratenientes que tenían una estructuración clientelista del poder político, y eran incapaces de vehiculizar las demandas democráticas de las masas.
Por consiguiente, cuando, a comienzos del siglo XX, esas masas se expandieron, las demandas que plateaban respecto del sistema tendieron a manifestarse a través de formas no liberales. En muchos casos, estas formas fueron gobiernos militares nacionalistas, que eran la única vía de expresión de este nuevo tipo de demandas. Así, surgieron, combinados con las instituciones liberales, el Estado Novo en Brasil, el peronismo en la Argentina, el MNR en Bolivia o el primer Ibañismo en Chile. Se dio una bifurcación en la experiencia democrática de las masas: por un lado, la tradición democrático-liberal, y por otro, la nacional-popular. Recién en los últimos años, luego de vivir las dictaduras más sangrientas del siglo XX, que golpearon a ambas corrientes por igual, se logró una cierta fusión. Hoy vemos movimientos progresistas en todo el continente que afirman las demandas nacional-populares, pero lo hacen a través de los mecanismos institucionales del Estado.
En este punto advertimos algunos de los problemas que llevan a la polariza-ción de lo social entre el populismo y el institucionalismo. Si pensamos cómo se va constituyendo una voluntad nacional-popular, hay que precisar distintos elementos. Por ejemplo, supongamos que, en una cierta comunidad, los vecinos piden al municipio que cree una línea de ómnibus para llevarlos desde el barrio donde viven hasta el lugar donde la mayor parte de ellos trabaja. Si esa demanda se acepta, es absorbida por el sistema como demanda individual. Pero si es rechazada, surge allí una demanda frustrada. Y si la gente empieza a ver que, además de estas demandas, hay otras demandas no satisfechas que conciernen a la vivienda, la escolaridad, la seguridad, entonces, entre todas ellas, se constituye una cierta solidaridad, que es lo que se denomina cadena de equivalencias. Esta cadena representa un momento prepopulista, porque el populismo −que, para mí, no es un término peyorativo− es un discurso en el que los de abajo son interpelados frente al statu quo existente. Así, cuando se genera esta lógica de equivalencias, lo popular empieza a manifestarse frente a lo institucional.

Es decir, en uno de los polos, se ubica el momento del institucionalismo extremo, que sería una tecnocracia, un gobierno en el cual lo político es sustituido por la administración; y en el extremo opuesto, un populismo puro, en el que ningún anclaje institucional consigue constituirse. Pero entre estas situaciones polares, hay una serie de puntos intermedios. Allí hay un asunto fundamental. Por ejemplo, en los ataques al kirchnerismo, muchos de los cuales provienen de la intelectualidad liberal, hemos visto una insistencia pura sobre el momento del institucionalismo. La pregunta que cabe es: ¿las instituciones son un terreno neutral, de modo que defenderlas es defender un orden legítimo? Las instituciones son la cristalización de una relación de fuerzas entre los distintos grupos, y cualquier esfuerzo por cambiar la sociedad en un sentido más radical demandará reformar las instituciones. En el caso de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, esto ha sido evidente. 
Desde esta perspectiva, también es importante entender cómo cuaja política-mente el momento de la construcción de la voluntad popular. Un punto es la formación de cadenas equivalenciales entre una pluralidad de demandas. Pero esas demandas tienen que cristalizar alrededor de un núcleo representativo total, y ese es el momento en el que un cierto discurso –en general, surgido desde la cúpula del poder− empieza a establecer una relación con las distintas demandas que se dan a nivel de la base. Estos dos niveles son centrales: para generar el cambio, se necesita la movilización popular, pero, a la vez, es necesario un punto de apoyo a nivel del poder del Estado.
 En la explosión de 2001 en la Argentina, hubo una enorme expansión horizontal de la protesta popular. Una de las grandes intuiciones políticas de Néstor Kirchner fue darse cuenta de que había que complementar el desarrollo de esa protesta horizontal, a la que apoyó con canales verticales por los cuales esas protestas pudieran traducirse al ámbito político.
La experiencia del Mayo Francés fue un caso histórico de disolución de la pro-testa popular por falta de un proyecto de construcción política. Allí se dio una movilización enorme de la clase obrera y de los sectores estudiantiles; pero nadie pensó cómo traducir eso en un cambio del sistema político global. Entonces, no hubo ninguna forma de continuidad para esa movilización de masas. El resultado fue que, a los pocos meses, De Gaulle ganó las elecciones. No porque la gente fuera gaullista −la prueba está en que De Gaulle perdió el referéndum un año después−, sino porque, cuando la gente advierte una situación de desorden radical, empieza a necesitar algún tipo de orden, con independencia de su contenido.
Hoy día, en Medio Oriente, con los indignados españoles y en toda Europa, seguimos el surgimiento de muchas formas de protesta. Habrá que ver de qué modo esos movimientos pueden cuajar en un proyecto político alternativo. Por consiguiente, debemos explorar la naturaleza del modelo democrático-popular que se está implantando en este país, y hacérselo comprender a cuanta gente sea posible en el mundo, porque las democracias latinoamericanas actuales pueden servir de modelo a las europeas. Para eso, hay que atravesar toda la parafernalia tradicional a la que están ligadas las democracias europeas, que les impiden entender los nuevos tipos de movilización y la forma en que pueden integrarse institucionalmente. América Latina está dando un ejemplo de cómo los dos teclados, el institucional y el de la movilización popular, pueden combinarse realmente.  

(*) Extracto de la exposición de Ernesto Laclau en la Mesa “Hacia una teoría polí-tica democrática de la comunicación: medios, regulación y contenidos en la construcción de una Argentina democrática”, realizada el 30 de mayo de 2011 durante el ciclo de filosofía y política “Debates y combates” organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación.
Gentileza: Lanchodebasto


¿CÓMO RESPALDAR A CRISTINA?


*Por Alberto Nadra, Presidente de Izquierda Democrática Blog

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 24/08/11.- O cómo no hacerlo…. En un momento crucial para la sociedad argentina, con octubre presentando la opción de confirmar un modelo nuevo –con avances y conquistas en sectores medios y bajos– o retroceder 10 años en historia económico-política y social, las respuestas son variadas.
Algunos claramente se oponen al modelo, ignoran sus logros y lo denostan con crtíticas destructivas, que plantean un “desde 0” al que no explican cómo llegar. Otros sectores optan por el apoyo. Pero no por un apoyo efectivo, sino con una mera adulación superflua, con la adhesión a la figura de Cristina, pero sin pensar si cada sus acciones ratifican el curso del modelo que ella misma inició. Este seguimiento “incondicional” suele estar acompañado por una postura de abierta intolerancia a cualquier postura, aún de apoyo que tenga un matiz.
Como uno de los dirigentes de “la Che”, afirmo como posición de nuestra organización, que en una sociedad que pretende ser abierta y democrática, el mejor apoyo a Cristina es una valoración concienzuda, analítica y constructivamente crítica de su modelo.

Una Propuesta Central de “la Che”: Apoyamos a Cristina
Cuando, el de este año convocamos a hoy ya más de 2300 compañeros, a participar en “la Che”, tres de los puntos que nos definieron como fuerza política en formación fueron: 1) nuestro apoyo militante al proceso iniciado en 2003 por Néstor y, AHORA, PARTICULARMENTE, NUESTRO APOYO A CRISTINA; 2) que ese apoyo lo hacemos desde una utopía que simboliza el CHE, si se quiere desde una izquierda nacional, popular y latinoamericanista, pero también moderna, adaptada a las necesidades y las formas populares, nacionales y latinoamericanas que ofrece el presente; 3) que nuestro apoyo es sin vacilaciones, pero no implica callar los aspectos que no compartimos, sino ayudar decidida y contractivamente a corregirlos y profundizar todos los importantísimos pasos dados por esta gestión.

Nuestra Utopía
Tenemos los pies muy firmes sobre esta realidad, pero al mismo tiempo, no olvidamos nunca que nuestro sueño apunta más allá, cerca del horizonte. Nuestra utopía es una sociedad donde el hombre no nazca para ser esclavo de otros hombres; una sociedad que supere este capitalismo que desde hace mucho más de 200 años no ha resuelto uno solo de los problemas de la humanidad. La producción social de la riqueza y su apropiación privada, por un puñado de dueños del poder, ha generado la sociedad más injusta que ha conocido el hombre. La que más riquezas produce y la que más injustamente las distribuye, con 2/3 de la humanidad en la miseria en pleno siglo XXI. En la miseria misma: sin salud, sin vivienda, sin servicios sanitarios básicos, con millones de niños muriendo diariamente por causas evitables. Este sistema que no vacila en invadir países y exterminar pueblos para apropiarse de sus riquezas, como estamos viendo en estas horas en toda su crueldad e hipocresía. Póngale a nuestro sueño el nombre que quiera, y sabemos que falta mucho para su concreción, que tal vez no la vivamos; pero no es esta sociedad capitalista.
Néstor y Cristina como iniciadores de un modelo en la dirección que soñamos. La oposición y el falso apoyo al que se enfrenta el modelo nacional y popular
Pues bien, es mi posición y aquella de “la Che” que luchar por esos principios HOY supone apoyar a Cristina. Y esto nos devuelve a la pregunta inicial: ¿Qué significa HOY apoyar a Cristina y el proceso de cambios iniciado en 2003?
Cuando aún era él el presidente de los argentinos, tuve la oportunidad de hablar con Néstor Kirchner. Personalmente, y con toda franqueza, acerca de la necesidad de conformar una fuerza político social de apoyo, que necesariamente debería exceder el peronismo e incorporar otras culturas –entre ellas la izquierda de la que yo me siento parte–, que históricamente conformaron el movimiento nacional y popular en Argentina. La mayoría de las veces, trágicamente divididas, y siempre pagando con su libertad y su sangre la voluntad de cambio por el bienestar de nuestro pueblo.
Seguramente con el aporte de muchos otros, el “flaco” me sorprendió por primera –aunque no por última– vez y, de su inspiración, nació la “transversalidad”; un intento, que mucho tuvo que batallar contra la incomprensión de muchos supuestos “paladines” del rumbo, que agitaban tan fanática como falsamente, la figuras del entonces Presidente de los argentinos para impulsar todo lo contrario a lo que él proponía: la pejotización. Muchos de ellos saltaron la tranquera durante el conflicto con la patronal rural; otros quedaron a resguardo, pero manteniendo su política de “pelear desde adentro” para frustrar el proyecto popular y volver a su manía hegemónica y reaccionaria.
Porque esto es lo que se logra con el fanatismo y la cerrazón, con el mirar para otro lado, cuando fuerzas distintas llegan a sumar manos para el cambio. Se logra un alejamiento del pueblo. Porque no estamos en una sociedad autoritaria y verticalista; estamos en una democracia, donde todos los esfuerzos para sumar deben tenerse en cuenta para ampliar la base de apoyo popular. El fanatismo falso que rodeaba a Néstor también es característico de muchos de los que hoy apoyan a Cristina, y con ese “apoyo” la alejan de la sociedad. Generan la falsa idea de que, para apoyar este proceso, hay que ser peronista.
A todos los compañeros de todas las fuerzas que creen en este modelo, les pregunto: ¿cómo creen ustedes que se defiende a Cristina? ¿Agitando su retrato? ¿Subrayando sus inocultables virtudes con frases a las que no acompaña la acción concreta? Pues es una forma, respetable por cierto, pero no la nuestra, pues la consideramos, al menos insuficiente y, de hecho, nociva para la propia presidenta y su proyecto.
Muchos de quienes integramos “la Che” no somos peronistas. Pero venimos a poner el cuerpo, porque SOMOS PARTE de este proceso desde su inicio. Porque con los avances que logró el kirchnerismo, estamos más cerca de nuestros compañeros del peronismo combativo que de la izquierda tradicional, irracional y mesiánica –para no hablar de la reformista– que oculta su conservadorismo bajo rosas rojas sin perfume y marchitas de ideología.
A muchos peronistas, a su manera, les pasa lo mismo. Por eso trabajamos codo a codo. ¿Por qué creen ustedes que Cristina llama incansablemente a todos los sectores que quieran empujar este modelo, “sin preguntarles partido ni ideología”? ¿Por qué creen que Cristina llama, una y otra vez, a sólo preguntar si están de acuerdo con la Asignación Universal por Hijo, con la Verdad, la Memoria y la Justicia; con la pluralidad de voces que impulsa la nueva ley de Medios; con privilegiar el mercado interno y el consumo de los argentinos como motor del desarrollo; con romper los vínculos de la dependencia con los organismos internacionales; con reivindicar el papel regulador –y protector de los más humildes— del Estado?

Ocupando Espacios y Apoyando Críticamente, pero sin vacilaciones
Ahora bien, hay logros a los que Cristina no puede llegar sola; quizás ni siquiera llevar la iniciativa. Es la presidente de todos los argentinos; debe respetar determinadas relaciones de fuerza. La dirigencia y la militancia estamos para llenar esos espacios: para ayudarla a que se apoye en nosotros para que los Blaquier no sigan eludiendo la responsabilidad en el Terrorismo de Estado, la masacre de sus propios trabajadores de Ledesma; para que los Biolcatti no quieran negociar a costa de los pequeños productores y los obreros rurales; para que los grandes pulpos de la economía no se enriquezcan, aún más, manejando la cadena de formación de precios, se opongan a cualquier control popular de precios, y encima consideren “exorbitantes” los aumentos salariales que solo compensan la pérdida de valor de compra del salario.
Creo, creemos desde la Che, con toda franqueza que se equivocan quienes creen que defender a Cristina es callar que las fabulosas rentas financiera, pesquera, petrolera y minera –con una rapiña descomunal sobre nuestras riquezas y envenenando a nuestros compatriotas– están intactas, o apenas rozadas; que se trata de recursos que necesitamos vitalmente para más salud, más educación, más vivienda.
Nosotros no hacemos política, ni nos jugamos el todo por el todo por este proyecto, silenciando la corrupción y la complicidad en el delito de droga, prostitución o juego, de tantos supuestos “peronistas” –como de tantos otros que no lo son– del conurbano y del país. Nosotros no trenzamos con quienes tienen una historia negra contra el pueblo y ahora pretenden defender a Cristina SIN Cristina, pues acumulan para su proyecto, que no es de ella, empapelando los barrios con declamada lealtad a la Presidenta.
El de los que apoyan ciegamente, sin crítica y sin consciencia es un camino equivocado, que aleja a la sociedad y a toda otra fuerza que puede brindar apoyo, entusiasmo y nuevos espacios para el proyecto nacional y popular.
Por eso nosotros, insisto, apoyamos a Cristina construyendo la fuerza político social que este a su disposición para defenderla del ataque de sus adversarios, y mucho más de los enemigos, frente la presión del insaciable capital rentístico y especulativo local e internacional, la acción de los intereses afectados por cada medida –tomada y por tomar– favorable al campo popular, al ciudadano humilde y desprotegido. Nosotros, con estas banderas, con estas convicciones, sin especulaciones electorales pues no integramos ninguna lista, estamos junto a Cristina, LUCHAREMOS POR REVENTAR LAS URNAS el próximo octubre, y seguiremos apoyando, defendiendo, contribuyendo a corregir y profundizar este modelo, con las fuerzas que sepamos conseguir.

LAS ESTALACTITAS DEL PRESENTE


*Por Jorge Rachid


Hay unas estalactitas especiales, llamadas excéntricas, que crecen en cualquier dirección. Las estalactitas no se forman solamente en cavernas kársticas naturales: pueden formarse en cualquier cavidad, natural o artificial” Diccionario Español

Cuando se entra a las cavernas, en la oscuridad, las estalactitas parecen personajes del tiempo que observan nuestro devenir con la calidad que dan los siglos y siglos de voces que han recorrido sus silencios, a veces como refugio, otras como curiosidad. Ese tiempo detenido es el que sale ahora por boca de actores de la política, que lejos de reconocer y dar paso a las nuevas generaciones, se pertrechan para supuestas batallas finales, en nombre de epopeyas que no le pertenecen a nadie mas que al pueblo argentino, entre ellas el peronismo y el movimiento nacional y popular. Se olvidan que sólo el pueblo determina los tiempos históricos y los nuevos paradigmas surgidos de la conciencia colectiva, que cuando se expresa suele desparramar las historias preparadas en espacios virtuales.


Estas formaciones calcáreas, las estalactitas, de depósito producido al correr del agua mineralizada por cientos y miles de años se pueden parangonar con el tiempo y la política. El agregado continuo al consumo electoral y político, producido por sectores desprendidos del movimiento nacional, en su confrontación en tiempo real, con la conducción del peronismo en el poder, han permitido la sedimentación pétrea de los peores conceptos ideológicos–doctrinarios, de los componentes reaccionarios que se dieron, por etapas, en el seno de los movimientos nacionales. Como todo proceso dinámico en continuo desarrollo, de búsqueda, de ampliación de nuevos horizontes y detección de necesidades que lleven a nuevos derechos, el actual genera rechazo de sectores conservadores, atados a la dinámica de los grupos concentrados de poder y hegemónicos por décadas, con los cuales siempre fue mas fácil negociar que confrontar, mientras el pueblo, ajeno a esa circunstancia sufría las consecuencias del alineamiento automático, dentro y fuera del país.


Los estalactitas del hoy, representan la imagen de un pasado, que ha endurecido su fluidez, si alguna vez la tuvo, transformando en piedra las esperanzas, utopías, amores y compromisos generados en la participación activa y militante de la búsqueda de una sociedad mas justa. Todo revolucionario o transformador ha sido vilipendiado e injuriado en su vida pública, en especial cuando su accionar ha herido intereses poderosos, los ha puesto a descubierto, los ha visibilizado ante la opinión pública y de esto el peronismo tiene una larga historia. Hemos sido juzgados, perseguidos, encarcelados y muertos por el delito de pretender una patria justa, libre y soberana. Vaya pretensión frente a aquellos personajes y grupos de poder cuya única guía fue siempre el hacer los deberes de los mandantes, repetir las frases preelaboradas de las operaciones políticas con eje mediático, producidas para “esmerilar” a los nuevos actores que entran a escena cuando el pueblo irrumpe. Siempre es una situación de choque de dos mundos cuando el pueblo expresa su opinión, sin intermediarios. Es una sensación del choque de dos realidades, las que describen los opinólogos al servicio de intereses sectoriales por un lado y las vivencias del pueblo argentino, completamente diferente.



Nuestra historia tiene muchos ejemplos de ello que no repetiré para no ser reiterativo pero apelo a la memoria de todos nosotros. Pensemos durante cuanto tiempo se acumuló lucha, esperanza-desesperanzas, firmeza y compromiso en una realidad que nos era hostil en apariencia, hasta que el pueblo hacía escuchar su voz. Pasaron años en la Resistencia heroica en donde era mas fácil caer en la melancolía del francotirador que en la exaltación de los ideales. Sin embargo se persistió en el camino marcado por el compromiso con el pueblo, se reafirmaban conceptos puestos en duda por el enemigo, se profundizaba a la búsqueda de nuevos caminos, que eludiesen las encerronas del , que pretendía invisibilizar al pueblo. Actores, escritores, cantantes, trabajadores, delegados de fábrica, estudiantes, investigadores todos corriendo la suerte del pueblo en el silencio, la persecución y la desaparición en las noches mas oscuras de las dictaduras militares, que no fue una sino muchas, destinadas a silenciarnos a todos.


La imagen pétrea de la estalactita, expresada en los discursos justificativos ante la derrota, de los portadores de agravios gratuitos por años, al pueblo que dicen representar hasta que llega la hora de las urnas, es el mejor ejemplo de cómo se convierte en roca algo que alguna vez quiso fluir como el agua. Los pensamientos ahí expresados al calor de la humillación, que solamente el pueblo con su sabiduría suele hacer sentir, no se vio reflejada en ninguna disculpa pública al movimiento nacional y a la Presidenta, por el caudal de barbaridades acumulado en la campaña. No es que no haya críticas o planteos que formular, para mejorar puntualmente situaciones que merecen la máxima atención social. No es que de la noche a la mañana todo está bien, por lo contrario el pueblo percibe el largo camino a recorrer, que la direccionalidad transitada, es la correcta, que el estado vuelve a tener un rol ordenador, que los hombres y las mujeres somos tenidos en cuenta, que en mundo que se derrumba económicamente, nuestro país avanza con integración y mayor justicia social. Que ese camino ha sido torpedeado desde el vamos por sectores desplazados, en especial del movimiento nacional que pretenden recuperarse ahora desde un discurso que siempre fue empleado por los enemigos del pueblo y en especial del peronismo.


El devenir histórico cuenta en esta etapa con dos herramientas esenciales que se han recuperado para el pueblo: el estado como eje ordenador de los conflictos de intereses que existen en toda sociedad, desplazando al mercado que en su afán indiscriminado de lucro avasalla derechos y sociedades y por otro lado la política recuperó la centralidad en la construcción de un modelo social con el hombre como articulador de las prioridades. “Un capital al servicio de la economía y la economía al servicio del pueblo”. Después de décadas neoliberales donde la subordinación a la macro economía era plena, esa recuperación marca la vigencia doctrinaria del peronismo en un mundo que hoy revitaliza “la hora de los pueblos” marcando un camino hacia el protagonismo social en el marco de la “comunidad organizada”. Esa vigencia nos permite afirmar nuestra pertenencia e identidad y redoblar el compromiso con los mas humildes, los trabajadores, los desprotegidos que junto a la Patria son la razón de ser del movimiento nacional.



*CABA,22/8/11 en el día del Renunciamiento de Evita y los Fusilamientos de Trelew
jorgerachid2003@yahoo.com.ar



CRISIS FOR EXPORT: UN PRODUCTO DEL "PRIMER MUNDO"



Por Jorge J. Locane*

Der Spiegel (El espejo) es el semanario de actualidad política más vendido en Alemania. Su formato es similar al de publicaciones locales como la Noticias o la Veintitrés . Como ocurre con estas últimas, una prosa laxa acompañada por abundantes imágenes y una cuota de sensacionalismo intentan seducir a un lector que busca información rápida pero con una reflexión más elaborada que la que ofrecen los noticieros o incluso los periódicos. En tanto revista de consumo masivo, resulta indudablemente de gran influencia en la formación de la opinión pública alemana.


La edición del último ocho de agosto lleva de portada una imagen de dos aviones, hechos con un billete de cincuenta euros y de un dólar respectivamente, prendidos fuego y en picada. El mensaje es prácticamente explícito: tanto el dólar como el euro hoy se encuentran debilitados como nunca antes en sus respectivas historias. Es más, su fin, parece, es inminente. Hasta aquí, cualquiera que revise los evaluadores económicos internacionales de los últimos años podría estar de acuerdo. Curioso resulta, sin embargo –al menos para un lector brasilero, argentino o peruano, por ejemplo–, el título que encabeza la página y que, por supuesto, orienta la lectura de la imagen: “Geht die Welt Bankrott?”. Esto es: ¿cae el mundo en bancarrota?
 La operación de universalizar interpretaciones de fenómenos europeos o estadounidenses, incluso por parte de analistas no propiamente europeos o estadounidenses, no es algo nuevo. La maniobra, consciente o no, tiene que ver con las históricas relaciones de colonialidad que mantenían a las zonas periféricas enlazadas al destino de las metrópolis. Por otra parte, puesto que en los territorios dependientes el nivel de “civilización” nunca podía ser igualado al de los centros de poder colonial, las “verdades” enunciadas en estos últimos pasaban a ser automáticamente aplicables al resto del mundo; y esto, cabe aclarar, tanto para los exégetas europeos como para los vernáculos. En relación con estos últimos, ya escribía Arturo Jauretche en su momento que “La incapacidad para ver el mundo desde nosotros mismos ha sido sistemáticamente cultivada en nuestro país”. Al margen de este coloniaje epistémico que, por cierto, aún hoy no ha sido del todo conjurado, lo que me interesa aquí es destacar cómo los diferentes medios que hacen a la red global de información procuran generalizar una crisis que no es más que la coda de un proyecto neoliberal vigente e incluso defendido con entusiasmo en los centros históricos de poder internacional.

La respuesta a la pregunta formulada por Der Spiegel es sencillamente no, pero no porque no exista tal crisis sino porque –como lo exhibe la imagen del euro y el dólar en picada, en tanto monedas exclusivas solo de algunos países– no es universal, no atañe estrictamente a “el mundo” sino antes a aquellas economías que siguen aferradas a un modelo de desarrollo fundado en la especulación y el libre comercio ortodoxo. Más aún, la crisis que afecta a estos bastiones del neoliberalismo es múltiple y profunda, de carencia de ideas e incluso, quizás, irreversible; mientras que los indicadores políticos –gobernabilidad, profundización de la democracia, legitimidad de los gobernantes, etc.– y económicos –desarrollo industrial, mejora de la distribución, crecimiento del PBI, etc.– especialmente en los países latinoamericanos  no admiten más que lecturas esperanzadoras. Consideremos, pues, algunos aspectos en más detalle.

El debilitamiento de la economía estadounidense, su creciente falta de credibilidad, ha conducido a una devaluación del dólar que a su vez ha repercutido rápidamente sobre el euro llevándolo a una sutil depreciación en vistas de mantener el nivel de competitividad. Alemania, asumiendo el rol de economía más sólida de la zona euro, busca contener a cualquier precio esta tendencia porque un euro caro le sirve para pagar materias primas, servicios y mano de obra fuera de su territorio de influencia. La industria alemana, de tanto prestigio internacional, es en realidad una serie de procesos encadenados y sucesivos que, después de recorrer las zonas más pobres del planeta, concluye en Alemania cuando al producto final se le estampa la valorada denominación de origen “Made in Germany”. Queda claro, por lo tanto, que un euro empobrecido le crearía grandes dificultades para cancelar deudas en el extranjero y mantener el ciclo productivo en sano funcionamiento. Por el otro lado, los países más débiles de Europa, que hoy en día son prácticamente todos excepto Francia y Alemania, se hallan en la encrucijada de sostener una divisa no competitiva para países altamente endeudados y con escaso desarrollo industrial o abandonar el euro, retomar políticas proteccionistas y ganarse la enemistad del poderoso vecino teutón. Para estos últimos, la situación es muy similar a la experimentada por nuestro país durante el Plan de Convertibilidad: una moneda cara, no representativa de los niveles de desarrollo económico reales, genera necesariamente desempleo, desequilibrio en la balanza comercial y, finalmente, una cesantía en los pagos de deuda.


Ahora bien, este desbarajuste económico tiene, a su vez, una dimensión social que se expresa en un crecimiento de la brecha entre ricos y pobres y en la progresiva precarización de estos últimos –todo esto empeorado por los planes de ajustes estructurales– y una dimensión política manifestada en la pérdida de credibilidad en la clase política y, por extensión, en el sistema representativo de la democracia formal. El movimiento de los indignados españoles 15-M, así como los argentinos que padecimos el experimento neoliberal, salen a las calles no a reclamar reformas moderadas y puntuales que descompriman la tensión momentáneamente sino antes el retiro de todos los representantes políticos y una redefinición radical del orden político, social y económico. Manifestaciones similares, aunque a veces más disruptivas y menos orgánicas, como sucedió hace pocas semanas en Inglaterra, son convocadas a diario a lo largo de todo el continente.


En lo que respecta a Nuestra América –sin perder de vista, claro está, las diferencias internas–, tanto los indicadores económicos como los que arrojan luz sobre el actuar de la conducción política tienden a ser relativamente alentadores. Tendencia que, conviene recordar, comenzó a perfilarse en mayor o menor medida para la mayoría de nuestros países hace alrededor de diez años cuando se emprendió un abandono e incluso un rechazo regional a las soluciones neoliberales. Brasil es, sin duda, el gran “milagro” que deja perplejos a los economistas internacionales, pero también Argentina, Ecuador o incluso Perú –un país que hasta la reciente llegada al poder de Ollanta Humala siguió con distancia el actual proceso de fortalecimiento identitario y económico de América Latina– muestran grandes avances y números positivos en la mayoría de las áreas. La fórmula, como nuestra presidenta intentó hacerles entender en vano a los españoles en su visita a la península del año pasado, consiste en un programa de desarrollo sostenido acompañado indefectiblemente por un plan de redistribución. En otras palabras, Argentina no solo salió de la crisis a la que nos condujo el neoliberalismo sino que también logró posicionarse como un país confiable, tanto para sus ciudadanos como para los inversores internacionales, dinamizando la economía por medio de un aliento constante y ampliado del consumo, es decir, precisamente aquello que las medidas europeas y estadounidenses de “salvataje” proponen limitar.


Recordemos para concluir que la presente crisis que efectivamente recorre Europa y EEUU, y especialmente a sus sectores sociales vinculados a la especulación, no es estrictamente un fenómeno de hoy. Por el contrario, sus primeros síntomas preocupantes comenzaron a advertirse a mediados del 2008 con la llamada crisis financiera de EEUU y en seguida con el estallido de la “burbuja” inmobiliaria en España. Desde entonces, hemos asistido a una seguidilla de iniciativas políticas equívocas que lo que han conseguido es agravar el desconcierto, trasladar la crisis a otros países y acentuar el descontento popular. Sin duda, la inepcia de los tecnócratas de los países más industrializados repercute indirectamente en las economías periféricas, la globalización nos ha hermanado a todos especialmente en la desgracia, pero como ya lo comprobamos en el 2008, en la medida que nuestros dirigentes mediten con responsabilidad e implementen las políticas adecuadas, lo único que tenemos que temer es una moderación en los vertiginosos ritmos de crecimiento económico de los últimos años. Una razón que justifica este pronóstico, y que la prensa internacional busca maliciosamente ocultar, es el hecho de que las redes comerciales coloniales que mantenían a los países latinoamericanos atados a un intercambio unidireccional con la metrópoli y más tarde con EEUU, si bien no se han desvanecido del todo, se hallan en un profundo proceso de descomposición. Basta recordar, por ejemplo, que los dos principales compradores de productos argentinos son actualmente China y Brasil, y recién después EEUU. Asimismo, en la medida que los mecanismos de redistribución en nuestros países se mantengan firmes en pos de sociedades más justas, los mercados internos se verán fortificados y consecuentemente con mejores chances para afrontar los coletazos del dragón agónico que eventualmente nos puedan alcanzar antes de su irremediable ocaso.


* Licenciado en Letras recibido en la UBA. En la actualidad está radicado en Berlín, Alemania, donde dicta clases de español.


Gentileza: Megafón

RECOMENDAMOS: LIBRO: CRISIS FINANCIERA GLOBAL



CRISIS FINANCIERA GLOBAL
La Lucha por la configuración del orden mundial


Este libro es el resultado de un programa de investigaciones que forma parte del plan desarrollado por el CIEPE – Centro de Investigación en Política y Economía – desde1995. Este programa tiene en proceso de finalización el trabajo de investigaciones acerca de la nueva forma de capital en Red Financiera Global que esperamos esta concluido para febrero 2010.

(…)

Esta crisis financiera en el desarrollo de su transición, abre sus caminos posibles para restauraciones neoconservadoras pero también para revoluciones políticas neoliberales y, también, para revoluciones sociales de masas populares nacionales latinoamericanas, que es importante reconocer para diferenciar, no confundir y acertar.

Este es el compromiso que hemos asumido para aportar al debate, al conocimiento y a la reflexión.

Prof. Lic. Walter Formento
CIEPE – Presidente
Abril del 2011
 

Extracto de la PRESENTACION del Libro
“Crisis Financiera Global”. Autores: Walter Formento y Gabriel Merino.


 

ENPL 
- ENCUENTRO NACIONAL POPULAR LATINOAMERICANO-

Pagina: www.enpl.com.ar 

 

HASTA LUEGO HIJO DE LA MUSICA , JUAN ENRIQUE FARIAS GOMEZ


*Por Pedro Valci - De pronto se quedaron en silencio los instrumentos que de antaño son los señores del folklore, la musica popular se quedo muda, y en el aire se dibujaba un musiquero que habia hecho criolla la misa con su percusión del alma, el alma que se alzaba entre las figuras de los instrumentos y les recordaba esa vida militante  que nunca se olvidara, y que desde hoy es una estrella más en el firmamento de los descamisados.
Tallo, de un árbol de músicos, de una familia simbolo de la cultura como otras tantas de nuestra historia del canto,... pero se nos iba un compañero para los que seguimos en esta doctrina del amor, se nos iba una pasion hecha musica.
No lloramos, miramos su guitarra, adentro nuestro suena su musica y se nos imprime en el alma ...."Siempre fui peronista. Esto no tiene que ver con lo partidario sino con una forma de pensar el país"....y nos estremece aquella sentencia, tan actual
..."La cultura de su pueblo tiene que ver con la mirada de sus sueños. "Si un pueblo no tiene capacidad de soñar, su cultura es chiquita, es mezquina. Y los sueños normalmente los cuentan los artistas. Porque nos nutrimos del imaginario popular. Y eso nunca se agota"...., valio la pena escucharlo, conocerlo, imitarlo en la militancia, vamos a extrañar a este CHANGO ARGENTINO.