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8 de febrero de 2011

ACTUAR .....NO SER COMPLICES


(*) ERNESTO LASERNA 
En vísperas de la gran batalla electoral de esta Democracia adolescente, las fuerzas se disponen a posicionarse de cualquier modo. El espectáculo es como ver una fuente de aguas danzantes con manifestaciones estruendosas cada tanto. Son pocos años de una democracia formal, no nos engañemos; con actores predecibles, ya que siempre son los mismos con distintos trajes, pero con los mismos argumentos y las mismas falacias.

En  toda contienda se enfrentan los sectores en pugna con una variada oferta de mentiras y falsas ilusiones. Es ofensivo escuchar a muchos candidatos que ya han estado en la gestión, dando recetas medievales; y es  una elocuente locura ver a un oficialismo borracho de encuestas. Lo cierto es que la DEUDA SOCIAL en la Argentina crece al mismo ritmo que su positiva economía, ampliando más la brecha entre los que depredan y sus víctimas. Dirán se han hecho muchas políticas a favor de los desposeídos, argumento lacayo. No se ha hecho nada, se le ha dado lo que se les ha quitado por décadas, y son limosnas: acá solo se devolvió parte de lo ROBADO.

En esa lógica, también es cierto que estos períodos kirchneristas, han tenido la voluntad política de reparar esas apropiaciones; un oficialismo con una corte que hace de cepo a la presidenta y que anida las venganzas del pasado. Un corral de nematóceros que ya aúllan la victoria, montados en la voluntad popular de la que ellos no son parte. No se han percatado que en el PUEBLO, crece la UTOPIA. Y como siempre han sido ladrones de caminos ajenos, se ponen al frente de lo que no les pertenece.

En el supuesto de que se gane esta contienda, y digo supuesto porque la URNA es la única verdad, ya que lo demás es papel prensa y fotos de inútiles, surge preguntarle  a estos Mesías que depredan bancas hace más de 25 años, dos cuestiones: ¿por qué no permiten la renovación de los cuadros políticos?...ó  ¿cuántos cargos más van a ocupar infinitamente?.. La realidad muestra que si recorremos el staff de la “clase política” vamos a encontrarlos ocupando todos los espacios y sus resultados, salvo raras excepciones, han beneficiado al Pueblo.  En manos de estos mediocres se genera una nueva contienda y no hay ni un gesto patriótico que no sea acumular arcas.

Ahora están todos colgados de la falda de una mujer que se esfuerza por seguir un camino arduo rodeada por chacales, trapecistas de ocasión y muñecos para la foto de sentadilla en cada acto. Aunque algunos tienen escasos méritos, no dejan de ser apropiadores de un  poder que reside en la MASA, una masa que ha recuperado la utopía y que bulle buscando una canal que los conduzca a la revolución.

Si no se hace paso a las nuevas dirigencias, especialmente a la JUVENTUD, este nuevo periodo será un desfile de traiciones. No es solo la victoria electoral lo que se está poniendo en juego. Es, ni más ni menos, la profundización de una revolución popular y estas caretas que arreglan candidaturas a dedo no son la garantía de esta nueva etapa.

Mientras la DEUDA SOCIAL, se profundice; mientras la juventud sea nada más que porta banderas; mientras estos mercenarios sigan siendo las únicas opciones; la banda del nuevo periodo no va a llevar los colores naturales, sino la leyenda TUS AMIGOS.

Entonces hay que ACTUAR. Y el momento es éste. Hay que limpiar la mediocracia y asumir desde las bases el poder que reside en sus venas, el poder que se siente en el pavimento. RENOVAR  es la consigna, es ahora ó callemos para siempre.

6 de febrero de 2011

DE LA DISCORDIA A LA GUERRA

“El ejercicio de la guerra no debe perseguirse con el fin de esclavizar a otros, sino en primer lugar para no ser esclavizados por otros y en segundo lugar para procurar la hegemonía por el bien de los gobernados”

                                                                                                 (Aristóteles, 1989:140)


 (*) JORGE RACHID            


Desde el fondo de los tiempos el poder ha intentado presentarse como erudito y sabio, repartiendo máximas y consignas sobre “el deber ser” –intentado ocultar “el ser”– complemento indispensable del supuesto “saber”. Para ello se remite a los griegos en un apuntalamiento frívolo de la supuesta herencia “occidental y cristiana” que tanto dolor y sometimiento le costó al mundo, al imponer por la fuerza el poder de su concepción cultural eminentemente materialista e individualista. Justo lo contrario a lo irradiado por el pensamiento de Platón y Aristóteles, es el que usan los dueños del poder, quienes no dudan en recurrir desde pliegues de su pensamiento antes que a una comprensión cabal de una descripción del mundo, de la vida y de los hombres que hicieron estos filósofos, que en definitiva permitió ir escalonando pensadores en la historia de los siglos posteriores,  capaces de encontrar respuestas desde su tiempo a las demandas de los pueblos.
Como no pretendo ni asumo poder desarrollar una discusión filosófica, transitaré el terreno más llano de la política, donde el conflicto define la ubicación del poder. Conflicto en general no asumido por el poder económico concentrado pese a provocarlo, siempre escondido detrás de los largos parámetros del “deber ser” políticamente correcto, siempre por supuesto para los demás. Sin embargo desde Platón y Aristóteles pasando por Maquiavelo, Spinoza, Hegel, Hobes y podemos seguir por Marx, Foucault, Sartre, olvidando sin dudas innumerables pensadores que plantearon la necesidad de definir los términos de la lucha por el poder en términos de confrontación y de guerra. En definitiva, eso es la política.
Platón en la República plantea que la comunidad y el alma del individuo son constituyentes de un sistema en tensión, tema que retoma en el Estado definiendo ambos o sea al Estado y al hombre con una concepción orgánica, sistémica, que necesita diferenciar sus métodos de lucha. El término guerra lo ubica en los bárbaros, es decir todos aquellos pueblos cuya cultura era diferente al de las “polis”, ciudades y territorios griegos que constituían el Estado. Con las polis griegas no había guerras, existía la discordia, porque se trataba de dirimir conflictos dentro del sistema de pertenencia cultural y de destino común. Los bárbaros venían a esclavizar; en la discordia se trataba de conflictos de intereses entre compatriotas. Con unos la guerra, con otros la batalla política y de las armas de ser necesario, pero en un contexto diferente al que se empleaba con el enemigo externo.
Perón, estupendo lector de los griegos, definió en alguna época de su mandato “al adversario puentes de plata, al enemigo ni justicia”. Sin dudas referido a los términos de discordia y guerra definidos por  Platón, convocaba a una correcta identificación de cada jugador en el mapa político, de manera tal de no equivocar la estrategia. Con el adversario se puede y se debe construir un destino, con el enemigo no. El enemigo, siempre representando los intereses externos, imperiales o de terceros, que nunca en la propia historia griega ni siquiera la oligarquía representaba, como ocurre en nuestros días, con verdaderos mayordomos de intereses ajenos. No hay más que detenerse en la comunicación tanto gráfica como electrónica de quienes tienen sus ideas fundadas en copias desgastadas de otros países, que pretenden imitar o servir.
De ahí que al definir desde los griegos la unidad sistémica del Estado, nos dicen y lo corroboramos nosotros hoy, que la fragmentación es una verdadera enfermedad que lleva a la diáspora social y a la discordia.
Fragmentación –como todos sabemos– producida por años de neoliberalismo cultural y económico que en nombre de la globalización arrasó los sueños de generaciones de argentinos.
Aristóteles avanza más en el concepto de la guerra preocupado por la gobernabilidad, plantea la necesidad de forjar una clase media que sirva de estabilización entre la pugna que se desarrolla entre ricos y pobres, ya que no puede encararse una guerra externa con un pueblo dividido en la discordia, descripta por Platón, su maestro.
Esta reafirmación de conceptos se sustenta en la necesaria pausa del pensamiento que debemos darnos en el marco electoral próximo, que posiciona candidatos y desplaza ideas, que dispara misiles de marketing antes que profundizar propuestas, que en función de ocupar espacios de poder se olvidan los procesos inmediatos anteriores que hoy nos permiten que los argentinos estemos en una situación de poder reafirmar la democracia y avanzar  para hacerla más participativa y popular. Es decir, democratizar el poder con participación activa del pueblo. Pueblo que intenta ser sacralizado en “multitud” por los cientistas sociales que aconsejan candidatos, de la misma forma que venden gaseosas o autos. Hay “clientes” que esperan un mensaje, no hombres y mujeres con pensamiento propio que están construyendo un nuevo paradigma social y  recuperar la solidaridad como eje de construcción política.
Es impensable e indigno, que en nombre del fortalecimiento de las instituciones algunos candidatos corran a las embajadas solicitando ayuda, otros que tomen la represión y el orden como elementos centrales de la constitución del Estado nacional sin mencionar que es para mantener los negocios y los privilegios de grupos concentrados de poder, que en nombre de la libertad y la democracia –como antes contra Rosas– había argentinos en los barcos ingleses y franceses contra Yrigoyen inaugurando los golpes de estado producidos por militares para las oligarquías del momento; contra Perón bombardeando Plaza de Mayo y fusilando camaradas con el visto bueno de EE.UU. e Inglaterra que brindaron públicamente por ello.
Proscripción tortura, muerte, desapariciones, persecuciones, exilios, genocidios sociales, cárceles produjeron quienes hoy definen “la crispación” como forma incorrecta de gobernar. Una verdadera hipocresía.
En especial una hipocresía para quienes desde hace tiempo –y acelerados por los tiempos electorales– son capaces de promover todos los conflictos necesarios para desgastar al gobierno nacional. No es una visión conspirativa de la historia; es un reconocimiento de la lucha política y donde se da la batalla, que niegan quienes la promueven, pero que será cotidiana a lo largo del año, recurriendo a todas las herramientas que han manejado hasta ahora, desde marcar la agenda con inseguridad, corrupción, aislamiento internacional, conflicto social, hambre, pobreza, indigencia, baja inversión, mano dura, confrontación de leyes como la de medios y del Banco Central, corridas bancarias, falta de mercado, cercenamiento de las libertades, intentos de represión, tráfico de drogas y todo aquello que corra los ejes de construcción política y realizaciones que el gobierno ha realizado para poner en marcha el país en los últimos 7 años.
Debemos asumir esa batalla porque se define el modelo social de los próximos años y hay intereses contrarios a la prosecución de la expansión del empleo, la recuperación de las leyes laborales, los derechos de los trabajadores, la integración latinoamericana, el ejercicio pleno de los derechos humanos con su cuota de memoria, verdad y justicia; la derogación de leyes de la dictadura, la búsqueda de nuestros hijos, sobrinos y nietos apropiados y todas aquellas realizaciones que sirvieron para recuperar soberanía política, ir construyendo independencia económica y soñar con una sociedad con justicia social.
Luchar políticamente con la verdad es crispación, sin dudas, porque se necesita enfrentar poderosos intereses que han prevalecido en el país por décadas,   planteando que se debe gobernar sin crispación porque no están dispuestos a enfrentar a nadie, ni de adentro ni de afuera y ya sabemos cómo termina.
Hoy está en marcha una nueva cultura política, diferente a todo lo que conocemos en la historia de los últimos 70 años. Diferente porque los protagonistas son producto de otro tiempo cultural, que se forjó y desarrolló con los parámetros del neoliberalismo, verdadero tumor que invadió nuestro país. Estos actores de hoy –las nuevas generaciones– han reconstruido los sueños por una sociedad más justa, más allá de contradicciones y errores,  vislumbrado y reencauzando el camino.
Apuntalar estos nuevos escenarios es el máximo aporte que podemos dar quienes desde siempre en la militancia y en el compromiso estuvimos presentes. La siembra sin esperar cosechas –desde la humildad y sin rencor–, desplegar la experiencia para acompañar esta construcción colectiva del pueblo, recuperando la memoria histórica y construyendo nuevamente su destino, es propio de una militancia peronista plena en la reconstrucción del movimiento nacional.

LA OPOSICIÓN Y EL CAMBALACHE

(*) RICARDO FORSTER


La oposición es una corte de los milagros en la que nadie logra, sin embargo, convertirse en el mejor exponente del alma bizarra que parece expresar con una elocuencia inusitada a todos aquellos que desearían, impulsados por la corporación mediática, enfrentarse a un oficialismo que parece contar con el caballo del comisario. Tan escasa y raquítica es la oposición que al propio gobierno le basta con seguir gobernando para garantizarse lo que, a esta altura, pareciera anticipar un cómodo triunfo en octubre. Incluso están los que sugieren que con simplemente hacer la plancha alcanza para dejar bien atrás a unos adversarios que no logran despertar ningún entusiasmo al mismo tiempo que no saben dónde buscar los argumentos que les abran una cierta simpatía pública.

De todos modos deberá cuidarse, el gobierno, de esos consejos demasiado triunfalistas que pueden ser portadores de un complicado empantanamiento. Nada mejor, para sostener las expectativas de triunfo, que seguir haciendo lo mejor que se hizo hasta ahora y más. Sabiendo, también, que siguen quedando importantes deudas sociales sin cancelar, deudas que se pusieron de manifiesto durante los últimos meses del 2010 en zonas especialmente vulnerables de la vida popular. El gobierno debe saber que la profundización de lo realizado hasta ahora supone eludir la tentación de dejarse llevar por la inercia triunfalista que, en estos casos, suele ser una pésima consejera. Pero también sabe que en la Argentina la disputa por el poder no suele desplegarse sin situaciones agonales y conflictivas.

Demasiado atrincherados en trifulcas interminables, incapaces de construir un discurso creíble o simplemente enfrascados en internas laberínticas que promueven todos los días un nuevo candidato, las fuerzas opositoras navegan por un mar tormentoso que amenaza con llevar al naufragio a más de un supuesto candidato, incluso a alguno que, no hace mucho, se creía el gran elector o, aquel otro que, subido al supuesto carro triunfal de la traición (llevado en andas por las rutas argentinas después de ejercer su “derecho” a quebrar su acuerdo de origen y la función que le otorgó su investidura constitucional), contempla horrorizado como dos figuras, Alfonsín Jr. y Sanz, antes menores o ausentes, le roban su preciada candidatura para devolverlo al anonimato del que nunca debería haber salido. El partido de Alem e Yrigoyen hace tiempo que extravió sus antiguos orígenes populares dejándoles a los herederos de Alvear la dirección de una fuerza política cada vez más conservadora. Sus originarias intensidades democráticas han menguado al calor de su plegamiento a los intereses del poder económico concentrado. Ni siquiera resulta creíble el discurso seudo socialdemócrata del hijo del padre que busca, con desesperación digna de mejor causa, parecerse en todo a su progenitor. Hace mucho tiempo que el radicalismo abandonó, si alguna vez la tuvo, la idea de una sociedad más igualitaria.

Por otro lado, la eterna pitonisa de catástrofes nunca cumplidas, la profetisa del Apocalipsis, después de hacer estallar todo tipo de alianzas y de devorarse a sus colegas en cenas pantagruélicas, ha decidido, cual Juana de Arco de los intereses más reaccionarios, montar su propio circo, elegir sus candidatos en el interior de su menguada fuerza política, e iniciar su periplo veraniego (habrá que recordarle que Punta del Este queda del otro lado del Río de la Plata y que pertenece a Uruguay, no vaya a ser que concentre su campaña exclusivamente en ese balneario tan fino y exclusivo, de esos en donde efectivamente no se puede hacer clientelismo porque no hay pobres a la vista, aunque sí se pueden hacer otros regalos, de los que siempre se han hecho, a los dueños de las riquezas para que sigan siendo todavía más ricos).

Todavía sin definirse, tratando de superar la feria de vanidades que suele atacarlos insistentemente como si fuera un acné juvenil, los llamados “progresistas” no saben muy bien de qué modo ser representantes de los intereses populares cuando no han hecho otra cosa, en los últimos tiempos, que aliarse con la más rancia derecha a la hora de intentar frenar casi todas las iniciativas progresistas del gobierno nacional. Alguno recorre, con insistencia digna de mejor causa, todos los programas de la televisión basura llevando su sonrisa a cuestas y sus frases de resonancias bíblicas mientras quienes lo suelen entrevistar se ríen por lo bajo disfrutando de tan inesperado aliado (lo recuerdan, tal vez, de las épocas en las que hacía películas clandestinas contra aquellos mismos que están detrás de la escena y que son los verdaderos dueños del poder). Los socialistas, como casi siempre en la historia nacional, juegan contra el arco de aquellos a los que dicen defender y, de modo imperturbable, siguen sosteniendo los intereses de la mesa de enlace y de las grandes cerealeras que han hecho de Rosario, y de sus puertos, su país privado. Poco y nada habría que agregar de aquellos otros supuestos portadores de tradiciones revolucionarias que terminaron aliándose, de un modo grotesco, con los terratenientes (todavía recordamos como flameaban sus banderas rojas, para vergüenza de la gran tradición de la que dicen provenir, al pie del monumento a los españoles y rodeados de señoras y señores de los barrios más conchetos de Buenos Aires).

Es una dura paradoja de la historia contemporánea que ciertos sectores enraizados en movimientos populares no se descubran como parte, incluso desde una crítica por izquierda, de un gobierno que ha venido, después de décadas, a reabrir las puertas de un proyecto emancipatorio. Carencia que entusiasma, como siempre, a las fuerzas conservadoras y que pone en evidencia una debilidad que también involucra al oficialismo allí donde no ha sabido, no ha querido o no ha podido incorporar un espectro más amplio de aliados para fortalecer el proyecto popular.

Al peronismo (sic) federal la cosa no le resulta tampoco sencilla. Felipe Solá no ha salido todavía de su pasmo ante tanto pueblo reunido para despedir a Néstor Kirchner (un último resto de sinceridad lo llevó a pronunciar una frase de la que es muy difícil luego arrepentirse: “si en esta Plaza de Mayo están estas multitudes acongojadas, los equivocados debemos ser nosotros”… pobre Felipe que se creyó, cual príncipe heredero, ser el elegido). Francisco de Narváez no sabe cómo regresar a una escena que ya casi no lo recuerda (sus incontables arcas tendrán nuevamente que destinar una parte de sus “ahorros” para financiar a un ejército de asesores, encuestadores, publicistas y afines para rearmarle su entretenimiento con la política, su deseo caprichoso de ser, al menos, gobernador de la provincia de Buenos Aires). Eduardo Duhalde, mientras tanto, sigue jugando el juego que más conoce pero que está algo chamuscado: la conspiración unida a la retórica de “déjenme a mí que les garantizo el orden”, “soy el mejor piloto para navegar en medio de la tormenta”, etc. Sus chances, siguiendo una compulsa electoral genuina, son parecidas a las que tiene All Boys de contratar a Messi para que juegue con Orteguita. En todo caso, este sector expresa la metamorfosis neoliberal de un sector del peronismo lo suficientemente grotesco como para reunir, bajo un mismo paraguas, a los Rodríguez Sáa, señores feudales con pretensiones de jugar en las ligas mayores (cuando les tocó, por azar, el turno se fueron directamente al descenso), a un eterno conspirador amante de la mano dura y de las grandes corporaciones, junto con personajes menores que sueñan con llegar a una meta que se les diluye rápidamente como Das Neves o el propio Solá. Reutemann, más pícaro, se corrió a tiempo pensando, tal vez, en seguir siendo la esperanza blanca del conservadurismo neoperonista.

Apenas sólo por el lado de una derecha fashion y cool (pero que a la hora de la verdad ha mostrado su rostro reaccionario y racista) es que aparece una posibilidad menor de disputar electoralmente. De una derecha, que hoy gobierna pésimamente la ciudad, pero que cuenta con el aval de los grandes medios de comunicación. De una derecha, la macrista, que responde con mayor elocuencia a lo que desea el poder económico aunque casi todo lo que hace no suele rendirle los frutos esperados. De una derecha que depende de las artes mágicas de Durán Barba o de alimentar el fuego destructivo del peor de los racismos mientras sólo tiene para exponer de su gestión de más de 3 años cientos de baches arreglados, más de una vez, con osada insistencia al mismo tiempo que la salud, la educación y las viviendas muestran la realidad de un proyecto que mezcla sin disimulos incapacidad estructural con la avidez nacida de proyectar y realizar negocios privados con bienes públicos. Ese ex niño rico que tiene tristeza porque su padre no lo quiere, se ha convertido en al esperanza blanca del grupo Clarín y de los vecinos de Barrio Norte. También, y para vergüenza de algunos sectores populares, ha encarnado el prejuicio xenófobo y racista y se ha convertido en la fuerza “restituidora de la pureza argentina”, en el portador de una retórica que fácil y rápidamente puede desembocar en el cualunquismo fascistoide cabalgando sobre los miedos y los odios de sectores medios bajos, que arrastran sus propios problemas y sus carencias, y que proyectan su resentimiento hacia quiénes son más pobres y vulnerables que ellos. El poder lo sabe y actúa en consecuencia.

Mientras la oposición sigue su lanza de los lobos hambrientos devorándose entre todos, los que han vuelto al centro de la escena pero con balas de fogueo porque la munición gruesa hace tiempo que se les acabó, son nuestros gauchócratas, los 4 jinetes del Apocalipsis agropecuario, aquellos que anunciaron con intachable certeza que no iba a haber más leche, ni carne, ni trigo ni maíz y que la pampa húmeda se iba a convertir en el desierto de Gobbi. Como una farsa de sí mismos y en medio de una bonanza inocultable creen que segundas partes pueden ser buenas. Ni siquiera la buena voluntad de sus periodistas aliados y de sus cadenas nacionales de radio y televisión más la prensa gráfica adicta pueden volver a posicionarlos. Ya nadie parece creerse, como en el 2008, el mito del “campo”.

Al gobierno le cabe la responsabilidad de seguir gobernando y de hacerlo profundizando todas aquellas medidas que terminaron por transformar a la oposición –política, económica y mediática- en una tienda de los milagros que no sabe a dónde ir ni con quién. Y deberá tener cuidado del contagio, de esa peste que suele asolar a las fuerzas políticas cuando se olvidan qué es lo importante y qué se debe defender. Por esas paradojas de la actualidad argentina, tal vez sus verdaderos adversarios estén en sus propias filas. La democracia saldría robustecida si, de cara a los cruciales comicios de este año, pudiéramos asistir no a enfrentamientos estériles o a provocaciones destituyentes, sino a un genuino debate que logre expresar lo que está en juego en este tiempo argentino.


DECLINA LA INFLUENCIA DE OCCIDENTE

(*) NOAM CHOMSKY

"
El mundo árabe está en llamas", informó Al Jazeera el 27 de enero, mientras los aliados de Washington "pierden rápidamente influencia" en toda la región.

La onda de choque fue puesta en movimiento por el dramático levantamiento en Túnez que derrocó a un dictador apoyado por Occidente, con reverberaciones sobre todo en Egipto, donde los manifestantes avasallaron a la policía de un dictador brutal.

Algunos observadores compararon los sucesos con el derrumbe de los dominios rusos en 1989, pero hay importantes diferencias.

Algo crucial es que no existe un Mijail Gorbachov entre las grandes potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus aliados mantienen el principio bien establecido de que la democracia es aceptable sólo en la medida en que se conforme a objetivos estratégicos y económicos: magnífica en territorio enemigo (hasta cierto punto), pero no en nuestro patio trasero, a menos que, por favor, se pueda domesticar en forma apropiada.

Una comparación con 1989 tiene cierta validez: Rumania, donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae Ceausescu, el más despiadado de los dictadores europeos, hasta que la alianza se volvió insostenible. Luego Washington encomió su derrocamiento cuando se borró el pasado.

Es una pauta típica: Ferdinando Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo Hwan, Suharto y muchos otros gánsteres útiles. Puede estar en marcha en el caso de Hosni Mubarak, junto con esfuerzos de rutina para asegurarse de que el régimen sucesor no se desviará mucho de la senda aprobada.

La esperanza actual parece residir en el general Omar Suleiman, leal a Mubarak y recién nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, quien durante mucho tiempo encabezó los servicios de inteligencia, es despreciado por el pueblo rebelde casi tanto como el propio dictador.

Un refrán común entre los eruditos es que el temor al Islam radical requiere una oposición (renuente) a la democracia sobre terrenos pragmáticos. Si bien no carece de méritos, la formulación induce a error. La amenaza general siempre ha sido la independencia. En el mundo árabe, Estados Unidos y sus aliados han apoyado con regularidad a los islamistas radicales, a veces para prevenir la amenaza de un nacionalismo secular.

Un ejemplo conocido es Arabia Saudita, centro ideológico del Islam radical (y del terrorismo islámico). Otro en una larga lista es Zia ul-Haq, favorito del ex presidente Ronald Reagan y el más brutal de los dictadores paquistaníes, quien llevó a cabo un programa de islamización radical (con financiamiento saudita).

"El argumento tradicional que se esgrime dentro y fuera del mundo árabe es que no pasa nada, todo está bajo control", señala Marwan Muasher, ex funcionario jordano y actual director de investigación sobre Medio Oriente de la Fundación Carnegie. "Con esa línea de pensamiento, las fuerzas consolidadas arguyen que los opositores y forasteros que demandan reformas exageran las condiciones en el terreno."

Por tanto, el pueblo sale sobrando. La doctrina se remonta muy atrás y se generaliza en el mundo entero, incluido el territorio nacional estadunidense. En caso de perturbación pueden ser necesarios cambios de táctica, pero siempre con la vista en recuperar el control.

El vibrante movimiento democrático en Túnez se dirigió contra "un Estado policiaco, con poca libertad de expresión o asociación, y graves problemas de derechos humanos", encabezado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad. Tal fue la evaluación del embajador estadunidense Robert Godec en un cable de julio de 2009, filtrado por Wikileaks.

Por tanto, para algunos observadores los “documentos (de Wikileaks) deben crear un cómodo sentimiento entre el público estadunidense de que los funcionarios no están dormidos en el puesto”, es decir, que los cables apuntalan de tal manera las políticas estadunidenses, que es casi como si Obama mismo los estuviera filtrando (o eso escribe Jacob Heilbrunn en The National Interest.)

"Estados Unidos debe darle una medalla a Assange", señala un encabezado del Financial Times. El jefe de analistas de política exterior, Gideon Rachman, escribe que "la política exterior estadunidense se traza en forma ética, inteligente y pragmática y que la postura adoptada en público por Estados Unidos sobre un tema dado es por lo regular también la postura mantenida en privado".

Según este punto de vista, Wikileaks socava a los "teóricos de la conspiración" que cuestionan los nobles motivos que Washington proclama con regularidad.

El cable de Godec apoya estos juicios, por lo menos si no miramos más allá. Si lo hacemos, como reporta el analista político Stephen Zunes en Foreign Policy in Focus, descubrimos que, con la información de Godec en mano, Washington proporcionó 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. En realidad, Túnez fue uno de sólo cinco beneficiarios extranjeros: Israel (de rutina); Egipto y Jordania, dictaduras de Medio Oriente, y Colombia, que desde hace tiempo tiene el peor historial de derechos humanos y recibe la mayor ayuda militar estadunidense en el hemisferio.

La prueba A de Heilbrunn es el apoyo árabe a las políticas estadunidenses dirigidas contra Irán, según se revela en los cables filtrados. Rachman también se sirve de este ejemplo, como hicieron los medios en general, para elogiar estas alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran cuán profundo es el desprecio por la democracia entre ciertas mentes cultivadas.

Lo que no se menciona es lo que piensa la población… lo cual se descubre con facilidad. Según encuestas dadas a conocer en agosto pasado por la Institución Brookings, algunos árabes están de acuerdo con Washington y con los comentaristas occidentales en que Irán es una amenaza: 10 por ciento. En contraste, consideran que Estados Unidos e Israel son las mayores amenazas (77 y 88 por ciento, respectivamente).

La opinión árabe es tan hostil a las políticas de Washington que una mayoría (57 por ciento) piensa que la seguridad regional mejoraría si Irán tuviera armas nucleares. Aun así, "no pasa nada, todo está bajo control" (como Marwan Muasher describe la fantasía prevaleciente). Los dictadores nos apoyan; podemos olvidarnos de sus súbditos… a menos que rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que ajustar la política.

Otras filtraciones parecen dar sustento también a los juicios entusiastas sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009, Hugo Llorens, embajador de Estados Unidos en Honduras, informó a Washington sobre una investigación de la embajada relativa a “aspectos legales y constitucionales en torno a la remoción forzada del presidente Manuel Mel Zelaya el 28 de junio”.

La embajada concluyó que "no hay duda de que los militares, la Suprema Corte y el Congreso Nacional conspiraron el 28 de junio en lo que representó un golpe ilegal y anticonstitucional contra el Poder Ejecutivo". Muy admirable, excepto que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y Europa al apoyar al régimen golpista y dispensar las atrocidades posteriores.

Quizá las revelaciones más sorprendentes de Wikileaks tienen que ver con Pakistán, revisadas por el analista en política exterior Fred Branfman en Truthdig.

Los cables revelan que la embajada estadunidense está bien consciente de que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica el rampante sentimiento antiestadunidense, sino también "crea el riesgo de desestabilizar el Estado paquistaní" e incluso plantea la amenaza de la pesadilla final: las armas nucleares podrían caer en manos de terroristas islámicos.

Una vez más, las revelaciones "deben crear un sentimiento tranquilizador de que los funcionarios no están dormidos en el puesto" (en palabras de Heilbrun), en tanto Washington marcha inexorablemente hacia el desastre.

El libro más reciente de Noam Chomsky, en coautoría con Ilan Pappe, es Gaza en crisis. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.

FUENTE : 
http://www.elortiba.org/
© 2011 Noam Chomsky, distribuido por The New York Times Syndicate

Traducción: Jorge Anaya

La Jornada, México

EL MOVIMIENTO EN EGIPTO

(*) SAMIR AMIN


Egipto es la piedra angular del plan norteamericano para controlar al planeta. Washington no va a tolerar ningún intento de Egipto de poner fin a su total sumisión a los intereses imperiales, algo que también necesita Israel para proseguir colonizando lo que resta de Palestina. Este es el objetivo excluyente de Washington en su “involucramiento” para impulsar una “transición suave” en Egipto. En vista de esta situación EEUU podría considerar que Mubarak debería renunciar. El recién designado Vicepresidente, Omar Solaimán, jefe de la Inteligencia militar, quedaría a cargo. Pero el Ejército fue muy cuidadoso en no quedar pegado a la represión, preservando su imagen.

Allí aparece entonces Baradei. Él es todavía más conocido fuera que dentro de Egipto, pero podría corregir ese defecto rápidamente. Baradei es un “liberal”, sin ideas sobre el manejo de la economía y por eso no puede comprender que es precisamente eso lo que ha producido la actual devastación social. Es un demócrata en el sentido de que quiere “elecciones genuinas” y el respeto a la ley (por ejemplo, parar los arrestos y las torturas), pero nada más.

No es imposible que Baradei pueda ser un aliado en la transición. Pero ni el Ejército ni las agencias de inteligencia están dispuestos a abandonar la posición dominante que han disfrutado en el manejo de la socidad. ¿Aceptará esto Baradei?

En caso de “éxito” y “elecciones”, la Hermandad Musulmana será la principal fuerza parlamentaria. Al parecer los EEUU verían con satisfacción este resultado porque han caracterizado a la HM como “moderada”, dócil, dispuesta a aceptar la sumisión del país a la estrategia norteamericana, dejando además que Israel continúe con la ocupación de Palestina. La HM está también a favor de la economía de mercado existente, que hace de Egipto un país totalmente dependiente del exterior. Ellos son, de hecho, los socios y aliados principales de la burguesía “compradora”, enfeudada de mil modos al imperialismo. La HM se ha manifestado en contra de las huelgas obreras y de las luchas de los campesinos por la propiedad de la tierra.

El Plan de EEUU para Egipto es similar al modelo paquistaní: una combinación de “Islam político” más Inteligencia militar. La HM podría compensar su apoyo a estas políticas siendo precisamente “no moderada” en su conducta hacia otras confesiones. ¿Podría un sistema de ese tipo merecer un certificado de “democracia”?

El movimiento actual tiene como sus componentes fundamentales a la juventud urbana, con estudios y diplomas pero sin trabajo, apoyada por segmentos de las clases medias educadas, demócratas. El nuevo régimen podría tal vez hacer algunas concesiones – por ejemplo, garantizar su reclutamiento para servir en los aparatos estatales- pero difícilmente algo más que eso.

Por supuesto, las cosas podrían cambiar si la clase obrera y los movimientos campesinos entran en la escena. Pero tal cosa no parece estar en la agenda. Por supuesto, en la medida en que el sistema económico sea manejado de acuerdo con las reglas de la “globalización neoliberal”, ninguno de los problemas que dieron origen al actual movimiento de protesta podrán ser realmente solucionados.


FUENTE : http://www.elortiba.org/

MILAGRO

(*) ORLANDO BARONE
No es del todo cierto que a Milagro Sala la hayan discriminado por colla: no, la discriminaron por su acción política. Porque si fuera blanca y radiante y ejerciera igualmente como la líder social que es también sería execrada por ir al Conrad de Punta del Este. Y aún si ella presentara las pruebas de que fue invitada por amigos de izquierda, o afines al partido popular de Pepe Mujica, o que su marido tiene sus propios ingresos etc, no bastaría como excluso ni argumento. El de Milagro es asunto delicado y vulnerable. Lo que ella representa no cuaja con Punta; combinaría mejor con Calamuchita o un modesto balneario de la costa argentina. Ese es el límite que impone el pensamiento dominante. Y que todavía nos domina. Un rico privado va adonde se le da la gana, incluso-si se encapricha- adonde van los pobres. Podría echar su reposera de oro en la orilla de una Tosquera. En cambio un líder social y popular debe responder de dónde saca sus recursos, sobre todo si es responsable de recursos que recibe del Estado. En el primer peronismo las clases trabajadoras poblaron de chancletas la Mar del Plata patricia y refinada y los hoteles antes palaciegos fueron colmados por los más sencillos afiliados a los gremios ¡Horror oligárquico! Tanto atrevimiento les causó pánico. También al medio pelo. Como ahora. En esos tiempos y en coincidencia de militancia y de clase, Perón y Evita veraneaban en Chapadmalal no en el Caribe. Milagro Sala tocó un lugar simbólico que la dejó vulnerable. Sé que su obra y tanto pelarse el culo en Jujuy le da resistencia y curricula para no doblegarse. Pero liderazgos como el de ella exigen-según el estereotipo de la opinión pública instigada- algún tipo de armonía, aunque esto sea arbitrario. A Milagro en un balneario sin prosapia, de familia clásica y de pic nic no la hubieran manipulado y tergiversado. Ese estuche es el apropiado a su estatus. El Conrad no. Es una paradoja de su lucha; es un cotrasentido de su sentido. Por eso el emblemático verano oriental del poder económico argentino dominante rechaza esas intromisiones que lo discuten. No sé si el entorno de Milagro es consciente o inocente acerca de esto. O acaso ella asume enteramente esta aparente contradicción escénica como un acto de desplante y autoestima. Después de todo hacer caca en un sanitario del Conrad ¿no empareja las deposiciones de una colla y de una millonaria de glúteos de plástico? ¿Y además por qué una colla no puede estar ahí si se le canta? Puede. Pero la duda es si eso no traiciona su mensaje. Sé, presumo que si Milagro se resigna a los límites que le impone el criterio dominante (y que la eximiría del chusmerío mediático) cede a favor de su estereotipo; pero que si tiene el coraje de rebelarse, comete sacrilegio ideológico. Se arriesga. Contradice su credo. Para ser justos: por eso la mayor parte de los representantes del gobierno se quedan en las playas del país y nada de tirar caracolitos al techo o al mar. Saben los riesgos de exponerse si cruzan del barrio popular al exótico. Si en lugar de sombrilla al hombro disfrutan de un parador top con servicio de trago largo servido por camarera en topless en la hamaca paraguaya. Ellos saben que sus papeles actuales no les permiten el caviar aunque pudieran comerlo. Solo por ser captado en una foto descorchando una botella de champán en la playa el funcionario queda sin siquiera sunga en el umbral del escarnio. La sociedad es también proporcionalmente hipócrita. Imagino que si a cualquiera de los que hacemos 6,7,8 nos "pillaran" comiendo sushi en un restó con velas, y en la puerta del restó hay un chico de la calle rogando monedas, y nos "cazan" saliendo alegres e ignorándolo porque ya le dimos monedas al entrar, nos caerían encima como pirañas. Al atacar a Milagro Salas se trata de matar el idealismo. ¿No la ven? Trabaja de pobre y vacaciona de rica. Los pensamientos no tienen clase social: tienen sustancia o vacío.

MEDIOS ESCLAVOS


(*) ALBERTO NADRA 


El G-6, que siempre ha nombrado los jueces laborales, se horroriza por designaciones de profesionales de intachable carrera académica y judicial, de los reclamos salariales y hasta de las formas de protesta, con el descaro de citar un llamado a la reflexión de la Presidenta. Bueno hubiera sido que hiceran lo mismo con sus definiciones acerca del trabajo esclavo de quienes jamás ganaron tanto en tan poco tiempo. Frente a las recientes denuncias, a las que hoy se suman otras en Azul y Salto, Roberto Samar y Ariel Lieutier ponen en evidencia de qué manera grandes medios de comunicación contribuyen al ocultamiento de estas situaciones reforzando la invisibilización social.

En la Argentina del siglo XXI hay trabajadores cuyas condiciones de vida y explotación lindan con la esclavitud. Sin embargo, los medios hegemónicos rara vez hacen referencia a ello. Frente a determinados temas que se contrapongan con los intereses o las concepciones de quienes dirigen su línea editorial, la salida es la omisión. Una noticia no es noticia, no por falta de interés sino precisamente por el interés de esos medios en que no lo sea. En el ágora mediático, a diferencia de un hospital, el silencio no es salud, sino ocultamiento.

La explotación existe por su invisibilización social. Pero la invisibilización es doble: también la reproducen los medios de comunicación, lo que refuerza y sostiene a la primera.

Un hecho puede taparse o puede hacerse tapa, reza un slogan de marketing comercial de un matutino. Eso ocurrió en el mes de enero, cuando Página/12 inició una amplia cobertura disparada por un procedimiento judicial, realizado en San Pedro donde se reveló que la transnacional Nidera, una de las mayores exportadoras de cereales, tenía reducidos a condiciones de servidumbre a 130 trabajadores, entre ellos 30 niños y adolescentes. El tema fue tapa no menos de seis veces en dos semanas. El país abolió la esclavitud en 1853, por lo que es razonable que para la política editorial de un diario el tema sea noticiable.

No lo fue, sin embargo, para Clarín y La Nación, para cuyos editores los ejes elegidos en esa semana fueron el golpe boquetero a un banco, la presión tributaria y la falta de billetes.

En dichos periódicos, la reducción a la servidumbre de trabajadores por parte de Nidera SA sólo obtuvo una cobertura marginal. Varios días después, cuando no se podía seguir negando la existencia de la noticia, el diario La Nación publicó en formato de nota periodística un comunicado de la empresa, sin dar lugar a otras voces. No hubo testimonios de las víctimas ni de las organizaciones que entienden en la problemática ni de las áreas del Estado que intervinieron.

Asimismo, en una editorial de La Nación, se tomaba el comunicado de Nidera como incuestionable y señalaba “cabe preguntarse si, tratándose de un trabajo migratorio, de pocas semanas, abonado en blanco y contratado de acuerdo con las leyes respectivas, se justifica la calificación de esclavitud y reducción a la servidumbre que se ha deslizado contra determinadas empresas agrícolas”. Cualquiera que haya visto las fotos y leído las crónicas y los testimonios de los trabajadores está en condiciones de responder a un interrogante tan malicioso. La editorial terminaba, en un increíble giro, deslizando sutilmente una sospecha de que en realidad Nidera podría llegar a ser víctima de una persecución política o ideológica.

Según los manuales de periodismo, la “actualidad” y la “novedad” son dos valores destacables que tiene que tener una noticia. Para Clarín el tema recién existió casi una semana después de su difusión. Su cobertura no superó los cuatro párrafos y también dio exclusivamente la versión de la empresa sobre los hechos.

Es probable que los vínculos con la transnacional Nidera influyeran en esa cobertura. Nidera es uno de los principales expositores en Expoagro, la exhibición anual organizada por una sociedad cuyos accionistas son esos diarios. Sin embargo, la reticencia de los medios hegemónicos a difundir noticias que puedan afectar sus relaciones comerciales va más allá de este caso puntual. Las noticias sobre las condiciones de trabajo esclavo en los talleres textiles clandestinos son otra muestra de esta lógica. Si bien este tema es abordado con cierta recurrencia por los medios más grandes, sólo excepcionalmente se hace referencia a las importantes marcas que han sido descubiertas contratando a estos talleres. Además, las coberturas tienden a dar más importancia a la falsificación de marcas que al trabajo esclavo.

Los medios de comunicación, ya se sabe, no reflejan la realidad, sino que muestran un botón de los acontecimientos y una primera interpretación. El abordaje sobre el trabajo esclavo, por lo general encubre la responsabilidad de los actores económicos, dotándolos de cierta impunidad pública que los deja indemnes de las sanciones sociales.

Rodolfo Walsh escribió que la historia en ocasiones se convierte en propiedad privada “cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. La agenda pública también lo es. Los medios son esclavos de sus intereses. Y eso también merece ser informado.
FUENTE : http://albertonadra.blogspot.com/