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10 de octubre de 2011

NO ME OLVIDES

Un título alude a la memoria. Estos son los hechos que no figuran en los textos sino en la memoria popular y es necesario compartir estas historias sobre la vida y las actitudes de desprendimiento de aquellos militantes que se jugaron, dando un claro mensaje sobre lo que el Pueblo quería.

La "nomeolvides", esa sencilla flor, vistosa y colorida, tiene la curiosa y pertinaz característica de prenderse de la solapa de uno y no soltarse. Así, del mismo modo, se nos quedan prendidas en el alma, en la memoria, en las entrañas, las vidas de los militantes como Carlitos Caride, en este relato del compañero Alberto V. H.:

"Es un artículo sobre la Militancia de los 60 representada por mi compañero Carlitos Caride con quien tuve el honor de militar entre otros militantes de la resistencia Peronista, y Peronista hoy y salvo honrosas excepciones "la única verdad es la realidad", afortunadamente y gracias a Néstor y Cristina, hoy está surgiendo una nueva juventud que puede ser el transvasamiento generacional, en paz y democracia, que culmine este proyecto Nacional con éxito para la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Patria. Lo que sigue tiene que ver con aquel evento.


Falta aclarar que antes de ser detenido Carlitos quemó los U$S 300.000 que estaban en la bañera y se resistió a los tiros. Un abrazo Militante y Peronista Alberto". 



Carlitos Caride y el dilema de la bañera

Del primer gobierno peronista, deviene la liturgia nacional, popular y revolucionaria que instauró el 17 de octubre como el día de la lealtad. Sobrevive hoy a esa epopeya una corporación de millonarios y exitosos que acampan a la sombra del Partido Justicialista.
La historia me llegó contada por viejos militantes peronistas de la Resistencia, de esa época en que el peronismo era 90% de acción, y el 10% de debate restante era que Perón vuelva a la Argentina, y no había nada mas para hablar.

En un departamento de la calle Paraguay estaba escondido Carlitos Caride, el loco; podía estar con alguna otra persona, no lo recuerdo; el punto es que habían cometido un hecho y el producido del mismo estaba en el baño, mas precisamente en la bañadera, que rebalsaba de billetes.

La plata era para comprar armas, financiar diarios, mantener familiares de compañeros presos, no lo sé; el loco sabía que lo buscaban, también que se podía ir; era cuestión de salir del circuito de la política un tiempo y listo, eligió quedarse y esperar, y entonces llegó la patota con un comisario de la 19 a cargo, que reventó la puerta de una patada; adentro lo recibió el loco que lo cosió a balazos.

Dicen que Caride estuvo una semana secuestrado en el Departamento Central de Policía y allí le quemaron los testículos de tanta maquina que recibió, lo pasearon por las galerías del segundo piso delante de toda la oficialidad y la tropa que lo miraba desde los otros pisos y el patio del departamento.

Caride como otros muchos compañeros vivieron épocas de enormes privaciones y de enormes compromisos: la plata no era para uno aunque hubiese hambre. La pobreza, la sencillez y sobre todo la honestidad de esos tipos era brutal, se podía morir por todos pero nunca vivir para uno mismo.

La opción de Caride en el peronismo está muerta tanto como él, esa, la de morir por todos, la del coraje que esta solo reservada para algunos, pero también lo está la de la honestidad, ni siquiera brutal, tan solo simplona, cotidiana esa que termina poniendo en desvelo a esos iconos como él, habitantes de un santuario profanado, ya no por dinero rebalsando de una bañera, sino por el otro dinero, el que es atento y servicial, el que fabrica amnesias, tuerce voluntades y termina amasando olvidos.

De aquellos años del primer gobierno peronista, deviene la liturgia nacional, popular y revolucionaria que instauró el 17 de octubre como el día de la lealtad, recordando esa pueblada heroica que pugnaba por encontrarse con el líder inundando las calles de Buenos Aires, y corriendo con banderas en alto: era eso la expresión mas alta, mas pura y mas digna de un movimiento popular y revolucionario que murió cuando murió el líder.

Sobrevive hoy a esa epopeya, a esa pintura de millones de anónimos y de mártires una corporación de millonarios y exitosos que acampan a la sombra del Partido Justicialista; desde allí, desde esa carcaza maldita aniquilaron hace mucho la epopeya del movimiento político mas autentico y original de la Argentina, y seguramente también de Latinoamérica.

El Partido Justicialista, que signa hoy el destino de esta nación, es una fuerza política que gobernó o cogobernó el país desde el regreso de la democracia hasta la fecha, que es responsable del progresivo empobrecimiento de nuestro pueblo y el ofensivo enriquecimiento de toda su clase dirigente.

A diferencia de Carlitos Caride el dilema del llamado cuadro peronista de hoy es encontrar la bañera con plata y poder salvarse; por supuesto existen innumerables ejemplos de compañeros mas sacrificados y honestos que Cristo, pero el “cursus honorum” partidario, el encanto de la gestión de gobierno, la metáfora de la construcción y acumulación del poder tiene la salvación individual como única meta.

Es bueno entonces recordar a Carlos Caride y a los miles de hombres y mujeres que caminaron y caminan hoy los senderos de esta Argentina profunda.

Carlitos Caride seguro que esta caminando lento con las comunidades indígenas del Chaco y Formosa y resistiendo con fuerza el lento genocidio provincial, peleando el hambre con mujeres y chicos tucumanos, acompañando al obispo Olmedo en su pelea por los comedores escolares en Jujuy, resistiendo el remate de tierras y la depredación en Salta.

Estas vidas como la de Caride sobrevuelan ya muy alto junto a Perón y a Eva por encima del cotillón y el merchandising, y son referencia para conductas mas dignas y causas mas grandes y trascendentes que la del partido de los millonarios exitosos.


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