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30 de octubre de 2011

CORRERLA POR IZQUIERDA EN LA PISTA VERSUS "CORRERLA" POR IZQUIERDA DESDE LA TRIBUNA


*Por José Antonio Gómez Di Vicenzo

Agregar más a lo ya dicho después de lo contundente del domingo por la noche es casi tan redundante como redundante el triunfo del FPV. Este epistemólogo devenido periodista de opinión sabe cuáles son sus límites, reconoce la capacidad de sus maestros en la profesión para cocinar, en menos de una hora y a menos de un día de cerrados los comicios, artículos de una hondura formidable. Allí están. Cualquiera puede consultarlos y volar un poco con tan solo desplegar las páginas virtuales de los diarios progresistas. 

El silencio al que este intruso en la prensa se llama estos días tiene que ver tanto con ese sentir, ese saberse limitado para agregar novedad a lo ya dicho; tiene que ver, también, con dejar pasar, alejarse para ver un poco más, un poco distinto. Acallados los gritos triunfales, la euforia es seguida por la reflexión, la conmemoración y el recuerdo a pronto de cumplirse un año de aquel hecho histórico que, me animo a decir, marcó el inicio de un nuevo período. Muchas emociones juntas, muchos cambios estructurales.

Pero… Irremediablemente viene a la mente la pregunta: ¿Cómo sigue todo esto? Porque muchas cosas interesantes comenzaron a aparecer en el horizonte de la Argentina hace un tiempo: por ejemplo, ahora podemos pensar en el mediano y largo plazo, ahora los jóvenes pueden volver a sentir que desde el compromiso y el tránsito por el barro de la historia puede cambiarse el mundo y que si se aprieta por abajo la dirigencia y los representantes laburan. Y cuando ya no los individuos aislados sino los colectivos descubren que son pura potencialidad, pura capacidad de hacer camino al andar, entonces, las preguntas comienzan a rondar las mentes y a promover las acciones. Repentinamente al cómo sigue esto se le agregan cuestiones tales como: ¿Cómo continuar carcomiendo el poder de aquellos que gracias al dominio material siguen siendo los que entran a la cancha siempre con varios goles a favor? ¿Cómo lograr que cada vez más trabajadores tomen conciencia de sus posibilidades? ¿En dónde es prioritario avanzar? ¿Cómo continuar creando instrumentos que afiancen la presencia del Estado? ¿Cómo pasar de la redistribución a la generación de poder y riqueza de los trabajadores? Etc., etc.

Todas estas cuestiones exigen afinar el intelecto, exigen estrategia, desafían el presente, tensionan al creativo; obliga a hacer cambios concretos, transformar las circunstancias, ser hombre al hombre y no una piedra o un pedazo de carne inerte.

¡Uf! Y sí… ¡Está claro! Si no hay cambios materiales, si no hay un desbalance en las condiciones estructurales, lejos estamos de poder pretender grandes y trascendentes mutaciones y los trabajadores seguirán siendo explotados. Conozco el rosario. Pero sé hasta dónde su recitado surge de la paralización, glaciación del pensamiento, del olvido de que en algún momento y producto de las circunstancias, la teoría lo parió para expresarse, para convencer; pero que hoy (y ya hace más de medio siglo), dichas consignas aparecen como fósiles, hablan del aporte marxista así como las momias representan el esplendor del Anciano Egipto. Estrategia, intelecto, el pensar, todo es producción, es concreto cuando no es pensar por pensar. Y pensar cómo cambiar la base material es una buena manera de no perderse en la nube, de producir cambios concretos. Hay que embarrarse, hay que bajar de la tribuna y correr la carrera. Hay que hacer política en primera.

¡La pucha! ¡Pero si hasta los eximios representantes de la izquierda más dura y opositora al gobierno, tras desempolvarse los restos de maquillaje televisivo y digerir el champagne cebado por la derecha mediática, recordaron (¡en buena hora!) su lucha por el proletariado y en sus campañas publicitarias bregaron por los derechos de los trabajadores comenzando a “hablar de lo que les pasa”, tratando de conseguir “un lugar en el Congreso”, jugando el juego de la democracia liberal. ¡Si hasta parecía un discurso peronista el de los candidatos “izquierdistas”! “¡Salario mínimo que debe cubrir el costo de la canasta familiar! ¡Por una jornada de ocho horas de trabajo!” Cosecharon un poco más del 2% de los votos superando a Lilita “Descarrió”, todo un logro. Por lo menos los clásicos mantras fueron suplantados por consignas de la década del 40 del siglo pasado. En breve llegará el siglo XXI para nuestros amigos. Eso si no vuelven a derrapar flirteando con lo más rancio de la derecha y el conservadurismo autóctono. Eso sí, de caminar una fábrica ni hablemos.

Resulta evidente. Hay, al menos, dos maneras de ver la cosa. O continuamos pretendiendo defender al proletariado (y no me quiero introducir en el espeso problema que surge a la hora de definir hoy categorías como trabajador, proletariado, conciencia de clase y lucha de clase) mirando cómo la historia pasa desde la tribuna y entonces, empapados de ese tono grandilocuente que da la intelectualidad, creemos que estamos cambiando el mundo cuando en realidad lo estamos interpretando (¿será siguiera eso?)  o nos embarramos y corremos al gobierno por izquierda y desde adentro, sin comprar el paquete entero, pero yendo por más herramientas para que deje de haber pobres en la Argentina, para que los ricos sean cada vez menos ricos y los trabajadores tomen las riendas. ¿Qué es más transformador? ¿A esta altura se puede seguir corriendo al gobierno por izquierda desde afuera para terminar dándose la mano con los sectores más recalcitrantes de la derecha? ¿Da resultado esa estrategia? ¿O más bien de lo que se trata es de promover políticas concretas para ir cada vez más a la izquierda desde adentro?

Lamentablemente no tenemos la suerte de encontrar respuestas en las biblias seculares de nuestros padres fundadores. Hace rato que llegó la hora de construirlas haciendo nosotros nuestro propio marco teórico crítico-transformador. Siempre teniendo presente los núcleos centrales aportados por el gran cabezón: Praxis, centralidad de la producción (como producción ampliada), dialéctica y tesis 11. Eso implica no perder de vista que a veces correr por izquierda al gobierno desde la quietud y calma del espectador tribuno transforma los tablones en una escalera hacia el infierno de los funcionales a la nueva derecha. Implica no perder de vista que mientras la derecha se reinventa todo el tiempo no podes dormir. Implica jugar. Porque en la cancha se ven los pingos.

Tal vez el triunfo del domingo pasado tenga que ver con que algo de eso es lo que está pasando y que como resultado la gente de a pié, esos que no saben de la historia de rosarios y mantras escleróticos, comenzaron a notar que en sus vidas reales algo está cambiando para mejor. Porque muchos comenzaron a correr por izquierda desde adentro presionando para que no haya retorno.


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