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15 de agosto de 2011

LOS VERDUGOS MEDIATICOS


*Por Jorge Rachid

El canibalismo desatado por el conflicto de intereses que genera el próximo proceso electoral, se ha transformado en una despiadada competencia entre los medios de difusión por arrastrar la honra y cuestionar la moral de aquellos argentinos, que no responden a sus demandas. Una verdadera extorsión, por generación de miedo, intentando producir una parálisis en el accionar de los actores principales de la dirigencia política, empresarial, social, gremial y hasta de la cultura y el espectáculo.

Nadie está exento de ser sometido al destrato cotidiano desde el amarillismo, por sus opiniones si están en contra del pensamiento y andarivel marcado por los dueños del poder mediático y económico, afectados por la reconstrucción del estado como ordenador social y político, después de décadas de ausencia que no fue tal, sino propiedad de la Patria contratista y de los factores de poder económico. Visualizar el conflicto es parte de separar la paja del trigo para no dejarse enredar en una verdadera batería misilística, preparada desde hace meses para intentar alterar la percepción de los logros conseguidos, en un camino que puede tener demandas pendientes y de hecho son todavía importantes, pero que ha trazado un lineamiento de recuperación insoslayable a la hora de los balances.

El linchamiento mediático está lejos de la condena social, que se produce por la percepción de los comportamientos dirigenciales en todos los niveles, en especial desde que la democratización de los medios permite hoy escuchar y percibir múltiples miradas, rehacer el pensamiento propio en la lógica diferenciada de la información, en especial cuando esa información implica fusilamiento personal sobre determinados blancos elegidos, no al azar sino en una estrategia comunicacional y política, destinada a deteriorar las políticas públicas que afectan sus intereses, en especial la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual, verdadero ariete en la concentración hegemónica de medios producido, desde la dictadura militar hasta esta revolución comunicacional, alcanzada por las mayorías populares con representación parlamentaria, aunque los afectados sigan denominando la Ley K con nombre propio, en un intento de denigración.

Dueños de la vida y la muerte, los medios acumularon poder marcando los pasos de la dictadura presentando como enfrentamientos verdaderos fusilamientos. Si hubiesen existido esos medios en la época de Lavalle y Dorrego seguramente publicarían que su fusilamiento permitió “recuperar el orden” desvastado por la dictadura popular de la chusma. Escondieron los desaparecidos, ignoraron los reclamos de familiares, se beneficiaron con maniobras empresariales a través de encarcelamientos y torturas, de grupos empresariales en especial de religión judía. Siguieron en democracia intentando ser los ejes de la política económica de cada turno democrático, constituyéndose en un verdadero poder detrás del poder. Lo hicieron cuando el despliegue tecnológico no era el de hoy, vislumbrando los dueños de medios,el desarrollo a futuro del poder comunicacional. Fueron instalando un discurso único, indiscutible, repetido por millones ante la única fuente informativa, asomándose asi a los abismos que vivimos, sin información que preanunciara las catástrofes por venir desde la convertibilidad al corralón, saludando alegremente el endeudamiento, las misiones del FMI que recomendaban ajustes y privilegiando aquellos economistas ortodoxos, que avalaban sus propuestas de descargar las crisis sobre los sectores mas humildes de la población y los trabajadores, mientras licuaban deudas empresariales.

Esos mismos medios fueron en la primer etapa del actual proceso democrático, privilegiados en las prolongación de sus concesiones, hasta que sus intereses chocaron con la necesaria democratización informativa o con sus intereses agropecuarios, o con el mercado de capitales en la recuperación de las AFJP al sistema previsional, que afectaba sus posibilidades de créditos a costa de los aportes jubilatorios. Sin embargo faltaba mas, como cuando se eliminó la posibilidad de la publicidad de oferta sexual que impedía un gran negocio al límite mismo de la legalidad, iniciando entonces la contraofensiva salvaje desde el amarillismo.

No hay que ser un erudito para darse cuenta de la demonización de todo aquello que expresa políticas que impliquen ampliación de derechos, recuperación de memoria , verdad y justicia, cultura popular cayendo  bajo la guillotina mediática, desde organismos de derechos humanos hasta prominentes hombres y mujeres, compatriotas de desarrollo humano y profesional que deberían ser verdaderos orgullos nacionales y hasta embajadores de nuestro talento, arrojados a una picadora infame en función de intereses subalternos, en una lapidación frívola y superficial, que a fuerza de repetir las tapas de los matutinos en los medios electrónicos. Así instalan cuando lo deciden, la inseguridad cuando la misma información es infinitamente repetida, o cuando la noticia es elaborada y sesgada por esos mismos medios, buscando nichos que demandan sin dudas mayor justicia social, pero convirtiéndolos en un universo “del todo mal”.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a destratarnos, a hacernos pensar en esta colonización cultural que todo es mejor fuera del país, que los argentinos “somos vagos y mal entretenidos” al decir por la mirada europea del siglo XlX, que repetimos como latiguillo, en una auto flagelación propia estimulada por la cultura neoliberal que llevó a comprar todo hecho, a cerrar industrias, eliminar empleos, endeudarnos sin límites, todo producto de nuestra supuesta incapacidad de generar riquezas, conocimiento y productos, con gobernantes que prefirieron seguir los dictados externos, de los organismos internacionales , antes que priorizar las necesidades del pueblo. Los peronistas tenemos una razón de existir y es nuestro compromiso con los argentinos mas humildes, desprotegidos y desamparados. Aún queda mucho por trecho por andar y muchas necesidades por suplir, quien lo niegue está viendo otra película de la realidad. Pero de ahí a desandar el camino recorrido, volviendo a viejos vicios y estafas a las mayorías populares en manos de grupos concentrados de poder, hay un abismo. Se puede criticar el proceso actual, lo que no se puede es enarbolar las batallas de los enemigos de la libertad y la democracia como consignas propias, por un simple hecho electoral.


*CABA, 5/8/11
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
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