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4 de julio de 2011

EL ROL DE LOS MONOPOLIOS MEDIÁTICOS DE CARA A OCTUBRE



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La Red de Observatorios Universitarios de Medios presentó su tercer informe. Se destaca el tratamiento periodistico sobre la oposición y el oficialismo, las especulaciones y conflictos instalados y las operaciones en contra de Amado Boudou y Gabriel Mariotto, flamantes compañeros de fórmula de Cristina y Scioli.
*Por Fernando M. López
Coordinador de la Red de Observatorios Universitarios de Medios
“Kirchner eligió morirse antes de volver a perder otra elección”. El exabrupto pertenece al diputado Francisco de Narváez, quien se presenta como candidato a gobernador bonaerense en el marco de una alianza con el radicalismo. Estas declaraciones de De Narváez, disparadas durante una entrevista radial el jueves 23 de junio pasado, tuvieron lugares destacados en las portadas de Tiempo Argentino y Página 12. En las tapas de Clarín y La Nación, en cambio, ni una palabra.
La minimización del hecho por parte de los diarios hegemónicos es clara. Hay que recorrer varias páginas de sus ediciones del viernes 24 para encontrar alguna referencia al tema. Cuando por fin se encuentra, lo significativo para Clarín es: “De Narváez se disculpó por un exabrupto sobre Kirchner” y luego afirma que el diputado “envió una nota a la Presidenta ‘y a su familia’ admitiendo que cometió un error”. La Nación, por su parte, titula con un escueto “Kirchner eligió morirse”, sin más.
No fue el primer derrape verbal de la semana. Otros candidatos opositores salieron con artillería pesada tras el anuncio de Cristina Fernández de Kirchner sobre su postulación a un segundo mandato en octubre próximo.
“Debo reconocer que logró engañarme con su dolor y sus lágrimas permanentes hasta la semana pasada. Su vestido negro y su carácter de víctima eran parte de la escenografía. Ahora que es candidata vamos a salir a confrontar este modelo trágico en términos de inflación, de mentira y de robo”, dijo Elisa Carrió para justificar otra de sus tantas predicciones fallidas.
Eduardo Duhalde tampoco se quedó atrás. Consideró que la Presidenta es “incapaz para gobernar” ahora que Néstor Kirchner no le mueve “los hilos”. “Esa condición se gana con el tiempo o no se gana nunca”, sentenció.
En estos casos, lejos de minimizar las declaraciones opositoras, las voces monopólicas alimentaron los exabruptos con especulaciones, tergiversaciones y manipulaciones de todo tipo.
Se especuló y tergiversó, por ejemplo, con el “faltazo” del titular de la CGT, Hugo Moyano, y de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, al acto en la Casa Rosada donde la Presidenta anunció su candidatura.
Con respecto a Moyano, Clarín y La Nación trataron de vincular su ausencia a un “creciente conflicto” por el armado de las listas, pese a que la propia central obrera negó cualquier tipo de tensión con el Gobierno y manifestó “una enorme alegría” por la postulación de Cristina.
“La relación es la misma de siempre. Jamás hubo ningún tipo de desencuentros. La relación, te repito, es la misma y además seguimos apoyando muy firmemente el proyecto que encabeza Cristina”, dijo el propio Moyano en una entrevista con Página 12 el 22 de junio.
Tiempo Argentino fue otro de los medios que dio lugar a la voz del titular de la CGT para despejar los rumores instalados por los diarios hegemónicos: “Con la misma responsabilidad que tuvimos hasta hoy, desde el movimiento obrero daremos nuestro total y absoluto apoyo y trataremos de contribuir en todo lo que la presidenta necesite”, expresó Moyano.
Sin embargo, Clarín y La Nación siguieron insistiendo en primera plana con el “malestar en la CGT”, así como siguieron insistiendo con un supuesto distanciamiento entre la Presidenta y Bonafini que se explica, según Ricardo Roa, desde “la lógica del oportunismo”. Para el editor general adjunto de Clarín, “Bonafini, primera figura que antes sumaba y ahora resta, quedó fuera de escena. En el kirchnerismo, lo ideológico es instrumental: las convicciones se corresponden con las conveniencias” (23/06/2011).
Para reforzar esta acusación, Clarín afirma en su portada del 24 de junio que “Cristina evitó inaugurar una obra de Madres” en Misiones para desvincularse del caso Schocklender. Pero cuando se analiza la nota correspondiente a ese titular, no se encuentra ninguna fuente ni hecho que respalde tal afirmación. El propio medio asegura allí que fue “el Gobierno provincial”, y no Nación, el que decidió “cancelar la entrega de las casas a los beneficiarios en un acto público, tal como estaba previsto”.
El artículo también sostiene que “no fue la única forma de tomar distancia del caso que eligió la Presidenta: este martes, cuando lanzó su candidatura a la reelección, Hebe de Bonafini no estuvo en el acto”.
Lo llamativo es que nunca se advierte –en ésta ni en ninguna otra nota- que no sólo Bonafini se perdió el anuncio de Cristina. Tampoco estuvo en la Casa Rosada la titular de Abuelas, Estela de Carlotto, sólo por citar a otra destacada representante de los Derechos Humanos que respalda las políticas inclusivas del Gobierno.
Lo cierto es que la Presidenta confirmó su candidatura de manera sorpresiva en el marco de un acto para informar sobre la licitación de 220 canales de TV abierta y un plan para la compra de televisores LCD en 60 cuotas. Nadie sabía lo de la postulación, y de eso pude dar cuenta el ministro de Trabajo y candidato a vicejefe de Gobierno porteño, Carlos Tomada, que llegó a Balcarce 50 cuando ya había concluido el discurso presidencial.
En cuanto al momento y el modo elegido por Cristina para el anuncio, Clarín y La Nación tampoco se privaron de desatar una serie de especulaciones de lo más descabelladas.
“Cristina podría lograr con su lanzamiento y el misterio de la fórmula algo que no logró con la acción de su Gobierno: sacar el foco de la atención público de los escándalos que la conmueven, desde el caso de Sergio Schoklender hasta el desbarajuste en el INADI. Cuestiones que han colocado bajo juicio severo dos aspectos vertebrales de la era kirchnerista: la franqueza de la política de derechos humanos, donde habrían confluido intenciones subalternas, y la decencia en el manejo de los fondos públicos”, escribió Eduardo van der Kooy en su columna del diario Clarín del 22 de junio.
Por su parte, Carlos Pagni, sostuvo en La Nación ese mismo día que “la decisión la ubica en la línea de largada hacia la eternidad”.
“El personalismo extremo de Cristina Kirchner no puede tener otro remate que el intento de una nueva reelección. Como cualquier otra fatalidad, ésta también esconde una debilidad. Su liderazgo depende de su postulación. Es decir, está determinado por la posibilidad de seguir presentándose como una candidata a manejar la estructura del Estado. ¿Qué sucederá el día que carezca de esa chance? Una crisis interna, o un intento de reforma constitucional”, aseguró el columnista.
Con esta misma idea de una futura reforma constitucional arrancó Adrián Ventura en La Nación el 23 de junio: “No era difícil predecir que la presidenta Cristina Kirchner se presentaría para otro período. Ahora, no es difícil prever que, en caso de resultar elegida, intentará reformar la Constitución nacional para asegurarse la reelección indefinida. Por lo menos, se reclamará esa reforma para evitar que la mandataria se convierta, después de diciembre de 2011, en un pato rengo, como se llama en los Estados Unidos a un presidente que se avecina al ocaso de su mandato”.
Y unos párrafos después, Ventura agrega que esa reforma “podría consistir en introducir una indigerible cláusula que autorice la reelección indefinida -como ocurre en Santa Cruz y en otras varias provincias- o bien un sistema parlamentario que prometa llegar revestido con todas las virtudes necesarias para poner fin al autoritarismo vernáculo”.
El gobierno nacional ha desmentido en varias oportunidades las especulaciones en torno a una eventual reforma constitucional. La propia Cristina Fernández salió a negarlo el 1 de marzo pasado al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso y dijo que se trataba de una campaña difamatoria y distractiva.
En los últimos días también tuvo que pronunciarse el juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, a quien le atribuían la elaboración de un proyecto en ese sentido. “Nunca me ofrecieron ser candidato a vicepresidente ni tampoco elaboré ningún proyecto para reformar la Constitución (…) Eso es ciencia ficción”, ironizó el magistrado.
Operaciones contra los vices
Los compañeros de fórmula que finalmente eligieron Cristina Fernández de Kirchner y Daniel Scioli para competir por sus respectivas reelecciones en octubre próximo son dos funcionarios que el Grupo Clarín y sus aliados no pueden digerir.
El candidato a vicepresidente, Amado Boudou, es el ministro de Economía que propuso y encabezó la recuperación de los fondos de los jubilados, frustrando los negocios millonarios que el monopolio ejecutaba con las AFJP a costa del sector pasivo. El flamante candidato a vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto, preside la autoridad de aplicación de la llamada Ley de Medios, el instrumento antimonopólico e inclusivo que permite democratizar la comunicación audiovisual en todo el territorio nacional. Por eso, ambos son blancos permanentes de la cruzada de Clarín, La Nación y otros medios concentrados contra el proyecto nacional que comenzó Néstor Kirchner en el 2003.
Cuando Mariotto empezó a sonar fuerte como posible candidato, los ataques se incrementaron. Para justificar la embestida, durante el acto del martes 21 en la Casa Rosada, muchos medios adoptaron el papel de expertos en la lectura de los gestos faciales y corporales de Scioli, al mejor estilo del Dr. Carl Lightman, personaje de la serie televisiva Lie to Me.
Clarín vio, por ejemplo, a un gobernador “con rostro adusto durante todo el discurso” de la Presidenta por “un enojo o disconformismo con alguna decisión”. Según Roa, “el problema de Scioli no sólo es el vice. Además de los candidatos nacionales, le impondrán los legisladores provinciales. Y en Buenos Aires manejar la Legislatura es administrar el corazón de la gobernabilidad”.
La Nación, por su parte, aseguró que “Scioli tiembla cuando piensa que aún no sabe quién será su ladero para la gobernación”. En este medio, fue Mariano Obarrio quien encarnó el papel del Dr. Lightman, tanto en la edición del 22 como en la del 23 de junio: “Un dato saliente, que llamó la atención de la prensa, fue el raudo retiro del acto del gobernador bonaerense, Daniel Scioli. Por su gesto adusto, parecía de un visible malhumor (…) Algunos en el Gobierno comentaron la versión de que la Presidenta le impondría a Scioli como vicegobernador a Gabriel Mariotto, director de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), una figura decididamente contraria al sciolismo y cultor de la batalla cultural’ de la izquierda kirchnerista”.
Una vez confirmada la candidatura de Mariotto, Clarín se despachó: “Disgusto del gobernador y malestar en el peronismo. Cristina impone a Mariotto como el vice de Scioli”, fue el titular principal de la portada del 25 de junio. El diario agregó que Scioli “intentaba resistir la decisión de la Presidenta” porque el titular del AFSCA “es el encargado de controlar los medios y Cristina lo quiere para vigilar la acción” del gobernador.
La edición intentó demostrar lo que editorializó más adelante Ricardo Roa. Por un lado, que: “Ni el propio Kirchner se atrevió a usar el lápiz electoral como Cristina. La Presidenta se asignó a sí misma el papel de único y gran elector. Y le ha pasado el escáner a todas sus listas de candidatos, casi sin negociar con ninguno. Ella bendice o excomulga”. Y por otro, que: “Mariotto le complicará (a Scioli) la relación con el peronismo provincial, que no es poco decir”.
La única fuente que respaldó la intencionalidad de Clarín fue el hermano opositor del gobernador bonaerense, José “Pepe” Scioli, quien se presenta como candidato a senador nacional por la Unión para el Desarrollo Social, la alianza de Ricardo Alfonsín y Francisco De Narváez. El resto es una larga serie de fuentes incontrastables: altos funcionarios, voceros, importantes dirigentes y allegados sin nombre ni apellido.
La cobertura de La Nación fue casi idéntica, desde el enfoque de la titulación (“Mariotto, el vice que la Casa Rosada le impone a Scioli”) hasta la calidad de las fuentes (anónimas, por supuesto).
La Nación ni siquiera desentona a la hora de caracterizar a Mariotto, a quien califica como “un controlador”. De esto se encargó el columnista Carlos Pagni: “Mariotto es un producto autóctono de la alfarería de Olivos. De él se espera que gatille una conspiración cuando sea necesario. Es lo que el kirchnerismo presume siempre que hará un vice, por el solo hecho de serlo. (…) El controlador de los servicios audiovisuales se ganó la candidatura cuando declaró: ‘Todos los votos son de la Presidenta’. Es la tesis que la candidata quiere demostrar el 23 de octubre en la provincia”.
Algunos analistas políticos consideraron que con sus anuncios, Cristina le ha puesto fin a las especulaciones que circularon en los últimos meses. En parte es cierto, porque ya se develaron las incógnitas de los vices y de los candidatos a legisladores del oficialismo. Pero los medios monopólicos ya están listos para el contraataque.
Todo parece indicar que las especulaciones editoriales serán moneda corriente de aquí a octubre. En las páginas de Clarín y La Nación del domingo 26 de junio, tras la oficialización de la candidatura de Boudou en la Residencia de Olivos, se intentó crear sentido común en torno a la idea de que Cristina profundizó varios frentes de conflicto: con el peronismo, con la CGT, con Scioli y con los intendentes bonaerenses del justicialismo.
Según Van der Kooy, Boudou representaría “un paso de distanciamiento más que Cristina podría haber dado hacia el peronismo”.
“Está claro que la Presidenta evitó a cualquier gobernador y legislador partidario para afrontar su reelección porque descree de ese sistema. El único puente que podría representar Boudou ahora sería con el sindicalismo de Hugo Moyano. Pero esa relación se enfrió a la par que creció la tensión entre Cristina y el líder camionero”, agregó el columnista.
En cuanto a Scioli, Van der Kooy también apeló al “estudio” de sus gestos para encubrir la propia parcialidad del medio: “Su rostro (durante el acto en la Casa Rosada) denotó sorpresa e indignación, como el de anoche en Olivos. Ese día, sin embargo, ignoraba que lo peor no había llegado aún. Llegó el viernes, cuando Cristina dispuso que Mariotto sea el postulante a la vicegobernación de Scioli. Un golpe fatal para su sueño presidencialista del 2015”.
Joaquín Morales Solá habló, por su parte, de “la colonización del peronismo”. Para el editorialista de La Nación, “Cristina Kirchner cometió en las últimas horas la audacia política más grande que haya perpetrado el audaz kirchnerismo: echó al peronismo de sus principales ofertas electorales. Amado Boudou y Gabriel Mariotto, colocados en los probables segundos lugares más importantes de la política argentina, son, con todo, sólo síntomas de una colonización mucho más amplia por parte del kirchnerismo de cargos y territorios que antes estaban reservados al peronismo”.
Y luego, con tono apocalíptico, Morales Solá sostiene que “ninguna decisión de tal envergadura carece de consecuencias. Gobernadores e intendentes peronistas amontonan ya un rencor sin medidas ni límites”.
Tras azuzar las supuestas tensiones con la CGT y criticar los lugares que obtuvo La Cámpora en el reparto de candidaturas, la edición de La Nación fue cerrada por Mariano Grondona, preguntándose si la Presidenta es “democrática o monárquica”, y por la propia editorial del diario que abordó el “unicato cristinista”, en donde se afirma que “la selección de candidatos a través del dedo presidencial es el reflejo de un modelo de conducción cada vez más autoritario”.
Pero el colmo de la especulación –no ya hacia octubre próximo sino con miras al 2015-, fue marcado por el editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum, y el periodista Juan Cruz Sanz, al tratar de reinstalar, como unos días antes lo había hecho La Nación, la posibilidad de una reforma constitucional para la “reelección indefinida” de Cristina.
“Aunque no sea admitido públicamente y sus promotores se muestren sorprendidos por las versiones, la hipótesis de una nueva reforma constitucional está siendo estudiada por el oficialismo. Son dos los ejes principales: la creación de un primer ministro elegido por el Parlamento o designado por el Presidente pero con la posibilidad de ser removido por los legisladores”, dice Roa para introducir el artículo de Sanz.
Basándose en “información” a la que Clarín habría tenido acceso, Sanz sostiene que los mentores del proyecto serían la “mano derecha de la Presidenta”, Juan Manuel Abal Medina, y el juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, aunque este último haya negado recientemente su participación en tamaña empresa.
De esta forma, los medios hegemónicos van adoptando el rol de organizadores de la oposición. A veces intervienen para salvar a sus candidatos del repudio generalizado, cuando los exabruptos desmedidos amenazan la eficacia discursiva; en otras oportunidades incitan los conflictos y las provocaciones; pero, fundamentalmente, se encargan de conducir la usina de sentidos en la batalla contra el proyecto nacional que encabeza Cristina Fernández de Kirchner.
En el último informe de la Red de Observatorios Universitarios de Medios, que presenta los resultados del análisis anterior a esta última semana de definiciones electorales, también se advierte de manera clara el papel encubierto de los grandes medios de cara a las elecciones de octubre próximo. Este nuevo trabajo destaca lo más relevante del período que va del 1 al 15 de junio, y no sólo contempla a Clarín y La Nación, sino que también aborda las coberturas periodísticas de varios diarios de las provincias de Mendoza, San Luis y Santa Fe.
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